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Daily Archives: septiembre 12th, 2009

Marcelo Ramírez Ramírez

Agradezco a Enrique Olivera Arce que se haya ocupado, en su espacio de la revista Análisis Político de un artículo de mi autoría, donde se exponen algunas reflexiones sobre la crisis por la que atraviesan los partidos políticos en nuestro país. La crítica de Enrique Olivera, seria y animada por el afán de exponer su verdad, me merece respeto y me estimula a precisar conceptos que analizó fuera de su contexto, cometiendo la falacia de incompletud; lo hizo, no me cabe la menor duda, sin asomo de mala fe, razón por la cual hago las siguientes observaciones en beneficio de la clarificación de tesis e ideas.


En efecto, mi texto no se presenta como un análisis exhaustivo, ni mucho menos, de las causas que han determinado la crisis de los partidos políticos en México. Desde luego, dicha crisis es “un pálido reflejo de una profunda crisis económica y política nacional”. Se necesitaría un estudio acucioso para mostrar la compleja trabazón existente entre los partidos y la evolución de nuestra sociedad. Es claro, pues, que incurriría en una simplificación imperdonable si enfocara a los partidos políticos como entidades autosuficientes y cerradas.

Enrique Olivera me califica de “idealista irredento”. Es una cualidad que sin duda compartimos, pues toda crítica al mundo tal como es, tiene su referente en un deber ser ideal que se quisiera ver realizado. Quien sostiene que el mundo puede ser mejor cae en esta categoría, tomando distancia de los conformistas y los cínicos que prefieren sacar provecho de las circunstancias. En lo relativo a “priista de cepa”, lo prefiero a “oportunista de cepa”; el PRI me dio la oportunidad de participar en la vida política de mi estado y prefiero hacer la crítica desde dentro, con la solvencia que da ser congruentes. No puedo negar mi íntimo desprecio por los tránsfugas que, sin el menor escrúpulo, cambian de partido porque así conviene a sus intereses personales.

Ahora consideremos el asunto de los orígenes. En mi artículo afirmo explícitamente que ningún retorno es posible, porque el pasado lo es justamente porque ya quedó ahí, en un tiempo irrecuperable. No puedo, por tanto, querer “volver a un México que ya no existe”. ¡Obviamente no! En cambio hay una forma de retorno cuando se replantean, en un nuevo contexto histórico las aspiraciones, propósitos y objetivos que dieron forma a una determinada institución; en este caso, a los partidos políticos. Coincido con Enrique Olivera en que los partidos, todos sin excepción, dejaron de cumplir su responsabilidad política al perder su identidad ideológica, en que necesariamente se encuadran diversos proyectos de nación; implícito en mi escrito, lo manifiesto ahora con toda claridad. Por otra parte, no presento mis ideas como una propuesta, sino como una invitación a un ejercicio de reflexión, al cual Enrique Olivera ya ha aportado interesantes puntos de vista.

En lo concerniente a mi crítica al gobierno del presidente Felipe Calderón lamento haber sido mal interpretado. Yo no atribuyo a la actual administración federal la responsabilidad de haber supeditado al país a las políticas neoliberales. Estas se impusieron en México a través de y con la complacencia de la tecnocracia formada en universidades extranjeras, aproximadamente desde los inicios de la década de los 80`s del siglo pasado; no obstante, a partir del año 2000 la responsabilidad de la conducción política del Estado mexicano ha sido de los panista o, más específicamente, de los neopanistas y éstos han ampliado y profundizado la dependencia, porque su óptica empresarial (iba a decir conservadora pero el termino tiene otras connotaciones más ricas políticamente hablando), los identifica con las recetas neoliberales, que han llevado a los Estados nacionales a renunciar a su papel de promotores de un orden con justicia.

Por último, hay un punto en el que advierto una discrepancia de fondo con Enrique Olivera y eso me permite fijar mi posición sustentándola en argumentos que estimo válidos, si bien en estas cuestiones es el hombre entero el que se compromete y no únicamente la razón abstracta. Concluye Enrique Olivera sus comentarios desacreditando los valores de la ética política, la solidaridad y la moral partidista, a la cual, por cierto, no me referí, sino a la ética política y en un sentido muy preciso que nada tiene que ver con la intención subjetiva de los individuos. A todo ello considera Olivera Arce simples “figuras retóricas en el manido discurso de una presunta renovación de la vida política nacional. Mientras la crisis sistémica global y sus nefastas consecuencias, sigue impertérrita orillando al país al desastre”.

Analicemos estos juicios que niegan por completo la posibilidad de un proceso democrático que sirva de contrapeso a los males de la globalización económica. Quienes en Europa han avanzado desde la posición de una izquierda dogmática a enfoques más abiertos y constructivos, apuestan precisamente a la solidaridad con los que menos tienen y a la ética política traducida en principios constitucionales para garantizar el derecho a una vida digna. La lucha por el Estado Social de Derecho ha sido y será todavía larga, más de lo que desearíamos, pero no parece haber otro camino para quienes estamos convencidos de que la autonomía y la dignidad humana, la mejor herencia del mundo moderno, deben preservarse a toda costa. Creo en estos valores, así como en la vía de la educación para transformar la conciencia de los seres humanos. No comparto la utopía de una sociedad tal donde éstos logran despojarse por completo de los impulsos atávicos de nuestra naturaleza, pero en el esfuerzo por conseguirlo, reconozco la dimensión ética de la existencia. La toma de conciencia de los pueblos puede movilizar, de hecho ya lo está haciendo, su resistencia organizada para buscar alternativas al pensamiento unilineal que trata de imponerse. Estos signos me llevan a rechazar la imagen de una impertérrita crisis sistémica global.

Revista Análisis Político

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