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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Dado que en un Veracruz próspero todo está resuelto, poco o casi nada queda por hacer para la maquinaria priísta. La elección del 2012 será la más destacada, pacífica y segura de la historia de la entidad, luego no tiene ningún sentido proponer candidatos de calidad y propuestas merecedoras de la aceptación unánime del electorado. La prosperidad reflejada en el bienestar de todos los veracruzanos, no exige otra cosa, de ahí que pueda darse por sentado que esa es la razón por la que el priísmo, confiando en su triunfo arrasador, ni se renueve ni deje espacios para las nuevas generaciones de aspirantes a políticos de primer nivel.

Mucho menos le interesa opinión y sentir ciudadano, pecata minuta si esta se compra con despensas. ¿No acaso Fidel, el ahora priista apestado, se regodeaba expresando que en política lo que se puede comprar con dinero es barato?

Cuando Veracruz requiera de sangre nueva porque así lo reclamen las circunstancias post prosperidad, entonces Carlos Brito, Manuel Ramos Gurrión, Amadeo Flores, Jorge Uscanga, y dos o tres gurús y caciques pueblerinos más cuyo nombre escapa a la memoria, cederán los bártulos a una camada de jóvenes veracruzanos que, para entonces, serán tan viejos, caducos y obsoletos como la generación que les antecediera. Cuando ese momento llegue, llamarán a Javier Duarte de Ochoa, docto estadista, para que se haga cargo de mostrar el camino a seguir, ¡siempre adelante! Montado en níveo corcel, casaca roja enfundada, dictará la consigna, “abatir la pobreza en un 50%, con orden, eficiencia y transparencia.

Todos los caminos llevan a “Roma” dirá el afable predicador mejor conocido como “El negro cruz”. No la capital del viejo imperio, sino la empresa que todo lo puede y que habrá de sobrevivir porque así lo dispone en bíblico texto el proyecto transexenal del encomendero dinástico. Entonces, como ahora, parafraseando al escritor orizabeño Rafael Junquera Maldonado*, pasado también será mañana para el PRI.

Mal de muchos, consuelo de unos cuantos. ¿Por qué cebarse entonces en el priísmo veracruzano si a nivel nacional es la misma y empolvada historia?

Valga el anticipo en el relevo del Congreso de la Unión. Democracia de cuotas y de cuates. Manlio Fabio a una diputación plurinominal y Gamboa Patrón –que por cierto no representa a nadie- al senado. Enroque de chapulines, de la Cámara de diputados al Senado y de este a la Cámara baja, los mismos rostros, las mismas mañas, los mismos intereses personales y de grupo a flor de tierra o encubiertos. Renovarse es morir en el intento, luego las nuevas generaciones de políticos tendrán que esperar su oportunidad, cuando ya viejos, caducos y obsoletos, sepulten a la generación que les antecediera para entonces entre esferas de naftalina reciclar el mismo libreto.

¿Y por qué cebarse con el PRI? Si todos, en todos los partidos son iguales. Pragmatismo, regla de oro de la partidocracia, los mismos para lo mismo. Impedir que el poder se diluya, se agriete y se pierda a manos de una nueva y bisoña generación política, que exige su derecho a cuota e inclusión para los cuates sin habérselo ganado.

Luego entonces resulta razonable elucubrar en torno a la ya manida idea de que a partir del primero de diciembre México cambiará para seguir igual. El gatopardismo por sobre el interés presente y futuro del Estado-nación. ¡Más de lo mismo! Gritará el respetable en los tendidos. ¿Y que querían? Si se pagó boleto para el mismo circo, para ver las piruetas del mismo elenco, en el mismo sitio.

La culpa no la tiene el indio, sino el que le hace compadre. Que más da si el señor Peña ni mudo ni manco sabe o no sabe usar el poco o mucho cerebro del que la naturaleza le dotara. Para el caso es lo mismo como más de lo mismo con encuesta o sin encuesta, nos receta lo mismo Josefina.

Resignación en Cuaresma, en el México de siempre más seguro lo comido; ya mañana, de quienes para entonces ya no estemos, quedará escrito a manera de epitafio: “Dios dirá a sus abnegados hijos que presente también es futuro.

Hojas que se lleva el viento

Calderón, “Farol de la calle”, diría Pablo Gómez a sus pares cuando todo se le niega a nuestros indígenas y todo se le da al FMI para rescatar al gran capital en Grecia. Kafkiano, pedir prestados 300 millones de dólares  para combatir pobreza y paliar la crisis alimentaria en México, cediendo 8 mil millones adicionales de billetes verdes al organismo internacional que nos tiene de rodillas. Visión de Estado en un país de ciegos conducido por tuertos lazarillos.

*“Mañana también es pasado”, novela política de Rafael Junquera Maldonado, Editorial Promexa, Primera edición 2003.

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