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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Vivir con miedo temor y angustia no es vivir, porque México ya no quiere más de lo mismo”. Expresó Enrique Peña Nieto al rendir protesta como candidato del PRI a la presidencia de la República. Nada más acertado para el México que en suerte nos está tocando transitar. El país entero está harto de vivir con temor; la mayoría de los mexicanos ve transcurrir su existencia en medio de la incertidumbre y la angustia de no saber que le depara el mañana.  El discurso del mexiquense, cala en lo más hondo del México profundo. Ya no se quiere más de lo mismo, es el clamor popular.

Oportunidad u oportunismo, cuando Andrés Manuel López Obrador a lo largo de los últimos seis años, interpretando el sentir de las mayorías, un y otra vez en su largo peregrinar por todo el país nos dice: “No más de lo mismo”.

El hartazgo ciudadano se expresa lo mismo en humildes hogares que en encumbrada cúpula empresarial. México se merece algo mejor, el más de lo mismo que oferta el PRIAN en nombre de una enquistada y reaccionaria partidocracia, no es opción. No más gatopardismo y simulación democrática, es reivindicación que agita lo mismo una juventud habida de expectativas de inclusión y desarrollo que la población madura, frustrada en sus intentos por heredar un mejor país a las nuevas generaciones. Peña Nieto tiene razón, no se puede vivir así.

En lo que no tiene razón es en el ofertar lo que por principio la partidocracia niega al pueblo de México. Resultando además de demagógico el ofrecer cambios que enderecen rumbo y destino, un insulto a la inteligencia de los mexicanos. Ni el PRI ni el PAN, como partidos políticos mayoritarios, cuentan con voluntad y visión de Estado para frenar la caída en el tobogán de la crisis globalizada. Muchos menos están dispuestos a sacrificar estatus político, económico y social en aras de un cambio estructural profundo que saque a México de su postración y atraso.

La dinámica de la dialéctica del subdesarrollo y el cambio necesario para revertirle, no figura en la agenda del PRIAN como prioridad a privilegiar. El candidato del PRI, como la del PAN, como se refleja en sus respectivos discursos, habla de librar al país del atolladero en que nos metiera Calderón Hinojosa. La seguridad publica mediante el combate frontal a la delincuencia, al costo que sea, sin antes atender a sus causas profundas, es la prioridad. Más de lo mismo, cuando la gente invoca necesidad de cambio.

Pésima estrategia discursiva del Sr. Peña, respaldada por la dirigencia nacional de su partido, como lo evidencia el reto a Calderón lanzado por Pedro Joaquín Coldwell, previo a la reunión que sostuviera con el titular del ejecutivo federal. No más miedo ni muerte” cuando el reclamo popular es de empleo pleno y salarios remunerativos, educación, salud, vivienda y recreación a la altura de las necesidades de un país que se debate entre la desigualdad y la pobreza.

No más democracia representativa simulada. No más secuestro de la ciudadanía a manos de una partidocracia insensible, corrupta y voraz, es tema cotidiano en un sordo debate que los sordos oídos de la clase política se niegan a escuchar. A este debate y lo que ello representa en el México profundo, deberían poner atención lo mismo el Sr. peña que la Sra. Vázquez Mota, antes que tomar prestado el tenor de los discursos de López obrador, en un pretendido intento por tomar como propias las banderas del Movimiento de regeneración Nacional.

Si, señor Peña. El pueblo de México está harto del más de lo mismo con el que se acompaña el fallido proceso de alternancia y transición democrática. Ni una ni otra cosa se ven materializadas en los hechos. De Salinas y Zedillo a Fox y Calderón, no hay nada que pueda indicar la intención de salvar los escollos neoliberales para darle a México nuevo rumbo y destino cierto que apunte a una sociedad en la que el bienestar de la gente esté por encima de las veleidades del mercado.

Una vuelta más a la noria, nada más. Otro ajuste a la tuerca mientras el pueblo de México se aprieta el cinturón ante la amenaza de una  profunda recesión económica y hambruna resultante de una alternancia y una pseudo transición democrática,  en la que el TLC, el Fobaproa, y la corrupción marcaran su destino. Nadie quiere repetir la experiencia no resuelta de un pasado que se recrea y recicla para ofrecer más de lo mismo.

En julio próximo, si Dios o Calderón no deciden otra cosa, ya se verá si el pueblo de México está por el más de lo mismo que ofrece el PRiAN, o la historia da un vuelco, atendiendo a la necesidad de un cambio auténtico y legitimado en las urnas en el que las mayorías cifran su esperanza. Andrés Manuel es la opción.

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