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Estimado Sr. Lino Perea:

En primer lugar agradezco se haya tomado la molestia de comentar en una larga misiva una afirmación que hago en mi más reciente artículo de opinión que titulé” Caída de Josefina complica escenario a Peña Nieto” respecto a la baja en las encuestas de la candidata del Partido Acción Nacional, Josefina Vázquez Mota.

A propósito de mi afirmación de que “la campaña de la candidata oficialista hace agua y que pese a los golpes de timón, la guerra sucia y el presunto refuerzo de personajes cercanos al presidente Felipe Calderón, el tour proselitista de la panista va rumbo al naufragio”, hace usted un amplio recuento sobre diversas cuestiones en abono a su tesis de que el estancamiento de la campaña de la candidata presidencial panista no es tal y repasa algunos aspectos de las nefastas prácticas políticas o de coacción del voto que caracterizan al PRI, la manipulación de los medios de comunicación, de sus percepciones sobre el posicionamiento de los candidatos y de la forma cómo se ha gobernado nuestro país, entre otros puntos que pretenden ser una defensa, al final, de la posibilidad de que Josefina Vázquez Mota gane la elección del próximo 1 de julio.

Entiendo desde luego que no comparta mis puntos de vista respecto al rumbo que lleva proceso electoral en curso, habida cuenta su militancia en Acción Nacional, y mis asertos sobre el estancamiento que cuando no caída en las preferencias electorales tiene la señora Vázquez Mota y mi opinión sobre el saldo de doce años de gobiernos panistas. Lo de la baja en las encuestas no es invención del suscrito sino una evidencia que puede encontrarse al revisar los más recientes sondeos de las casa encuestadoras y lo del desencanto que hay en amplias capas de la población sobre lo que han hecho dos administraciones blanquiazules queda de manifiesto justamente en los problemas que ha enfrentado su candidata para entusiasmar al electorado, pues si estuviéramos ante el final de un gobierno que deja ampliamente satisfecha a la población lo lógico sería que la abanderada del partido en el poder estaría cosechando el apoyo masivo de la gente y sería la candidata puntera en todas las encuestas. Pero es evidente que ello no está ocurriendo.

No obstante, en su comentario sobre mi artículo pareciera que usted interpreta que estoy defendiendo o que simpatizo con la posibilidad de que Enrique Peña Nieto sea el próximo Presidente de México. E incluso al final de su texto afirma “quedamos cien panistas a sus órdenes para un debate público, de quien gobernó mejor México, el PRI en el siglo pasado o el PAN en este siglo”.

Le doy mi respuesta: La posibilidad de un regreso del PRI a Los Pinos me parece que sería algo lamentable y que se explicaría antes que en las fortalezas o un nuevo rostro u oferta del partido hegemónico en el siglo XX en nuestro país, por el quiebre de las expectativas, enormes expectativas diría yo, que había entre la sociedad mexicana con la alternancia en el poder que se dio en el año 2000 y la llegada del PAN a la Presidencia de la República. Entusiasmo democrático que se convirtió doce años después en decepción y frustración.

En el año 2000 el triunfo de Vicente Fox sintetizaba el anhelo de cambio de millones de mexicanos –entre ellos el que escribe- por construir una nación más democrática, con una mayor participación de los ciudadanos en el escrutinio de los asuntos públicos, con rendición puntual de cuentas de los gobernantes, con equilibrios y contrapesos reales entre los poderes públicos, con un ejercicio republicano del poder, con el combate a fondo a la corrupción y la impunidad, entre una larga lista de temas pendientes, entonces y ahora -lamentablemente-, en la agenda nacional.

El PRI perdió en el 2000 por el hartazgo de los mexicanos con la simulación, la corrupción, la mezcla de los negocios y el uso patrimonialista del poder que eran moneda corriente en su forma de ejercer el poder y lo sigue siendo en las entidades que gobierna, y el PAN, o concretamente el ex mandatario Fox, enarbolaron la bandera del cambio, de acabar con las “tepocatas”, las “víboras prietas” y demás alimañas, como decía el guanajuatense, e iniciar una nueva etapa de transformaciones que consolidara nuestra transición a la democracia y la calidad de vida de las familias. Pero ello no sucedió. Ni se combatió la corrupción ni se fortaleció a cabalidad nuestra vida institucional o se abatieron rezagos en materia económica o social.

Fox dilapidó el enorme capital político con que llegó a la presidencia. Parece que su agenda se agotó al recibir la banda presidencial, su único afán era sacar al PRI de Los Pinos y lo logró, pero luego o no supo qué hacer o encontró el camino fácil: apropiarse de los resortes, mecanismos y maniobras de la cultura política priista para beneficiar a unos cuantos –su familia en primerísimo lugar- y se olvidó de sus promesas de renovación. Recordemos los escándalos de corrupción en que se vieron envueltos los hijos de su esposa Marta Sahagún, los lujos y excesos con que vivieron en la residencia oficial, las denuncias penales contra el propio Fox presentadas desde la legislatura número 59 por legisladores de partidos de oposición, que no avanzaron por el encubrimiento de la PGR, y lo que todos vimos al final: el enriquecimiento del ex presidente que es totalmente explicable por la ecuación poder y negocios que inauguró en su tiempo el PRI y que siguió tan campante en ese primer gobierno federal de extracción panista. Ya lo dijo quien fuera su operador financiero de campaña en el 2000, el empresario Lino Korrodi: “cuando era gobernador de Guanajuato no tenía más que una vaca, y tenía una deuda de un millón de pesos. No tenía riquezas y ni con su sueldo ni el de Marta como vocera hay justificación de su fortuna”. Y hoy el ex presidente tiene hasta su Centro Fox.

¿Y qué decir del actual gobierno de Felipe Calderón? El hoy primer mandatario llegaría a Los Pinos después de una muy cuestionada elección de la que no pocos están convencidos que le fue robada a Andrés Manuel López Obrador, el entonces enemigo común de la pedestre derecha gobernante y de los grandes empresarios de este país reacios en ese tiempo y siempre a perder privilegios.

Felipe Calderón llegó a la presidencia precedido de esa mancha de origen que habría de seguirlo siempre y que hoy, a unos meses de que entregue la banda presidencial que recibió en medio de abucheos, mentadas de madre, a empujones y resguardado por panistas y priistas en una caótica y memorable sesión de Congreso General, arroja un saldo desastroso que mantiene al país en una situación límite, evidencia de nueva cuenta y con claridad el agotamiento del experimento de doce años del Partido Acción Nacional en el poder.

Ahora, a poco más de dos meses de la elección presidencial y de diputados y senadores, es más que evidente que el tan manoseado cambio nunca llegó y la transparencia gubernamental o la vigencia plena del estado de derecho se quedaron en el discurso.

¿En donde se torció el camino y se diluyó la posibilidad de impulsar una genuina renovación de la vida pública en México? ¿O es que nunca se tuvo la intención de llevarla a cabo, sea por cortedad de miras –donde la falta de preparación académica y de formación cultural en el caso de Fox jugaron un papel fundamental para explicarse los dislates y la errática conducción política, y donde la tozudez, el trauma de origen, el desgano y aún el aislamiento en su grupo de amigos y de copas, de Calderón prohijaron un escenario de catástrofe- o porque nunca se tuvo claro para que querían gobernar este complejo país los panistas? Lo cierto es que hoy existe un mayoritario sentimiento de desencanto por la alternancia fallida y los magros resultados de las administraciones de Fox y Calderón que, para pesar de su partido y de Josefina Vázquez Mota, ponen cuesta arriba la continuidad de su partido en el poder.

Ejemplos de esa pesada herencia abundan. Enumero algunos, los más visibles y que han sido en los años recientes tema obligado en editoriales periodísticos, en columnas políticas, en tertulias de café, en charlas de sobremesa, en el aula universitaria, en cualquier reunión de más de tres personas y, ahora, desde luego, en los discursos de los candidatos opositores al PAN:

1. La descontrolada guerra contra el crimen organizado que tiene acorralado al Estado mexicano y que es, sin duda, el más grave problema de seguridad nacional que se recuerde, que ha convertido a vastas zonas del país en escenario de ejecuciones y cruentos combates entre bandas de narcotraficantes y las fuerzas armadas, donde los muertos se cuentan por decenas de miles, con familias enlutadas, incontables desaparecidos, dolor y zozobra por doquier, mientras el poder corruptor del narcotráfico sigue tan campante pervirtiendo la vida pública, reclutando jóvenes sicarios, comprando conciencias, protección policial y apoyo logístico de quienes dicen combatirlo, y diseminándose entre clases sociales y gobiernos de todo signo.

2. La persistencia de un estado de derecho simulado, con un aparato de procuración e impartición de justicia corroído por la corrupción, con la impunidad como norma, con transparencia a conveniencia y rendición de cuentas acotada, sin que se persiga a los lavadores de dinero, a ex gobernantes, políticos y personajes varios profusamente señalados por sus abusos, latrocinios y complicidades con el crimen organizado que viven tan felices sin que nadie los moleste.

3. La falta de resultados tangibles en los bolsillos de los mexicanos en materia económica, donde la estabilidad macroeconómica en los indicadores –aunque se publicite que tenemos las menores tasas de inflación en los años recientes o de que nuestra economía está blindada para resistir crisis internacionales- no se ha traducido en capacidad de nuestro aparato productivo para revertir desequilibrios, fortalecer a las pequeñas y medianas empresas y lograr un crecimiento sostenido capaz de atender la creciente demanda de empleo y de mayor ingreso.

4. La derrota en el combate a la pobreza, al tiempo que crece geométricamente el número de mexicanos que se ve obligado a cruzar la frontera, no en busca del “sueño americano”, sino para encontrar el empleo y la subsistencia que no encuentran en el campo o en las ciudades.

5. La incapacidad para generar acuerdos con un Congreso opositor y la falta de reloj político y de estrategia para concretar las reformas estructurales, lo mismo en materia fiscal, laboral, energética, en materia de telecomunicaciones y en un largo etcétera, que abortó toda posibilidad de modernizar y poner al día a nuestro país para lograr con bases sólidas un crecimiento económico real y asegurar la reforma política e institucional que habría permitido acceder, de verdad, a la transición democrática que se ha quedado suspendida en el tiempo.

Puedo seguir la enumeración de las insuficiencias e inconsistencias de dos sexenios del PAN en la Presidencia de México, pero ya me he extendido demasiado.

Sin embargo lo hecho, hecho está y basta con conversar con cualquier ciudadano de a pie para ampliar la lista. La conclusión de algunos es que estábamos mejor cuando estábamos peor. Y ese es un escenario lamentable: el retorno del PRI de siempre, incorregible, ducho para los negocios y el ejercicio patrimonialista del poder, envalentonado porque ya le urge volver a las andadas desde Los Pinos, como lo hacen alegremente en las entidades donde gobiernan.
La gran pregunta es si la apuesta del presidente Calderón, el verdadero coordinador de campaña de la señora Vázquez Mota, es confiar en la flaca memoria de la gente, en la maquinita de repartir dinero y hacer votos, en el clientelismo que nunca falla, en la intromisión gubernamental en el proceso electoral sin que alguien lo impida, en la guerra sucia o en lo que sea para evitar entregar el poder a sus adversarios.

La sociedad mexicana, el ciudadano, tiene en el voto la mejor arma para hacer oír su voz, para castigar o premiar al gobernante, para decir hasta aquí llegamos, nos seguimos de largo u optamos por una tercera opción, según la visión de cada quien.
Ojalá despertemos del letargo y remontemos el desencanto que paraliza. Que los mexicanos ejerzamos a plenitud en la próxima elección y todos los días nuestra condición de ciudadanos.

Ya el 1 de julio, más allá de sus opiniones o las mías, los mexicanos dirán la última palabra en las urnas.

Lo saludo cordialmente, y celebro la posibilidad de que podamos contrastar nuestros puntos de vista.

Gracias por su atención y estoy a sus órdenes.

Emilio Cárdenas Escobosa

jecesco@hotmail.com

www.cronicadelpoder.com 

 

Réplica publicada en Periódico Veraz

 

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