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Tag Archives: Elecciones en Veracruz

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con el ánimo y prisa de dejar atrás en el imaginario popular el aún inconcluso y cuestionado proceso electoral federal, gobierno y partidos políticos en Veracruz “afinaron” la iniciativa que turnada al Congreso local por el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa propone un nuevo Código Electoral

“La propuesta de ley se enriquece con el esfuerzo y talento de los legisladores del Congreso del estado, así como de diversos actores políticos y sociales de la entidad”, señaló el mandatario veracruzano tras reunirse con legisladores y dirigentes de PAN, PRI, PRD, PVEM, PT, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza, Cardenista y Alternativa Veracruzana, haciendo un reconocimiento a la “aportación y riqueza de ideas de los protagonistas de los procesos electorales”, según reza el boletín oficial.

Considerando que por principio la iniciativa del gobernador fuera todo un bodrio siendo rechazada lo mismo por los partidos políticos que por diversos estudiosos y analistas en tanto atentaba contra la libertad de expresión y coartaba  derechos democráticos de la ciudadanía, se considera un avance el que previa modificación de 118 artículos y la supresión de 4, se lograra el consenso necesario para que un día después la Legislatura local aprobara en “Fast track” las reformas de marras. Hasta ahí lo positivo del encuentro del gobernante con las diversas expresiones políticas representadas en el Congreso.

 No obstante queda en el aire la idea de que si bien el consenso se diera entre la clase política veracruzana, facilitando el que sin mayor discusión se aprobara al vapor y por unanimidad el nuevo ordenamiento, el electorado como protagonista sustantivo cual mirón de palo no fue consultado.

Como ya es costumbre, la diputación local respondió a los intereses de sus respectivos partidos políticos y estos a conveniencia de sus dirigencias. Así, un instrumento de vital importancia en la construcción de ciudadanía y democracia en la entidad, queda inscrito en la  telaraña de intereses copulares de espaldas al electorado.

Lo que ya no es extraño es que los partidos de la llamada izquierda,  que a nivel nacional dicen secundar el Programa de Defensa de la Democracia y Dignidad propuesto por Andrés Manuel López Obrador, se presten de buen grado tanto a la cortina de humo auspiciada por el gobierno priísta de Veracruz como sin pudor alguno den su aval al ahora prácticamente nuevo Código Electoral veracruzano,  aprobado con el desconocimiento pleno de su contenido por una ciudadanía no consultada.

Aunque esto último responde a la lógica del maiceo tan común en la relación entre el gobierno estatal y los partidos políticos, en forma y contenido peca de una desvergonzada incongruencia que, ni tardo ni perezoso, el gobernador Duarte de Ochoa capitaliza en provecho propio y, de paso, pone en bandeja de plata al PRI la oportunidad de asumirse como un instituto político democrático de avanzada, cuando en todo el país  se le juzga por autoritario, antidemocrático y falaz.

Llegará el momento en que las reformas al Código electoral veracruzano operen en contra de los intereses de los partidos opositores. Entonces estos  habrán de desgarrarse las vestiduras y llamar al pueblo a clamar justicia electoral, arando en el desierto. Sin autoridad moral y política que esgrimir, el electorado les dará la espalda.

Palo dado ni Dios lo quita, las reformas al Código Electoral están aprobadas y no obstante carecer de legitimidad de inmediato serán promulgadas para su aplicación n el 2013. Ojala y más que fuere a posteriori, la clase política veracruzana se tome la molestia de difundir ampliamente el articulado aprobado para que, cuando menos, el electorado sepa a que atenerse en los próximos comicios locales.

Una raya antidemocrática más en el lomo de la partidocracia. Ni hablar.

Lo que queda aún en duda, es si el artificio de una unidad política comprada será suficiente para que el Sr. Dr. Duarte de Ochoa logre remontar en el corto plazo los efectos colaterales de su reciente derrota electoral, logrando darle rumbo certero a su cuestionada administración. Mérida, Yuc. Agosto 1 de 2012.

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J. Enrique Olivera Arce

Teniendo en perspectiva la elección presidencial del 2012, tras un conflictivo proceso electoral que aún no concluye en Veracruz, cabe a mi juicio hacer algunas apreciaciones en torno a la alianza de Convergencia, PRD y PT en la entidad. En primer término, reitero que tal coalición no fue derrotada al participar en condiciones asimétricas en una “elección de Estado”, como afirma Dante Delgado Rannauro. Se derrotó a sí misma, habiendo nacido electoralmente muerta. En su oportunidad lo señalamos observando que a Convergencia le convenía más ir solo que mal acompañado; el cargar con el lastre del PRD y su alianza con el PAN en otras entidades federativas, anunciaba por anticipado la derrota en la elección de gobernador.

Al día de hoy, tras los resultados en las urnas, Convergencia se ha negado a una autocrítica seria y opta por el camino fácil de la impugnación, colgándose de los reclamos del panismo veracruzano que podrían o no prosperar en el Tribunal Electoral de la Federación. Mientras su principal coaligado, el PRD azul, festina las migajas que alcanzaran con su traición, a la par que desnuda una vez más ante la opinión  pública su oportunismo y desverguenza, anunciando un día la expulsión de “los traidores” y, al siguiente, la reivindicación de éstos atendiendo a necesidades de “rentabilidad electoral”. El PT, quizá por su insignificante presencia en Veracruz, simplemente da por concluida su participación en la alianza pactada.

Con todo el respeto que me merecen los veracruzanos honestos que de buena fe militan en los partidos coaligados, debo decirles que se pasan de ingenuos si asumen que, con estos,  Veracruz tendrá una participación destacada de la izquierda en la búsqueda de la presidencia de la República en el 2012. Si con anterioridad al proceso electoral del presente año, afirmara que el PRD era un cadáver viviente, hoy hago extensiva tal apreciación respecto a lo que queda de Convergencia y el PT. En la inteligencia de que pequé de igual ingenuidad, estimando que Dante Delgado Rannauro podría tener oportunidad de hacer un papel más decoroso en una elección a todas luces polarizada entre el partido de Calderón Hinojosa y el del gobernador Herrera Beltrán. El candidato de mi preferencia no sólo fue derrotado, también contribuyó con su equívoca estrategia a la percepción generalizada del derrumbe de las fuerzas de “centro izquierda electoral” en Veracruz.

Tal percepción generalizada es hoy punto de partida para lo que viene. O la militancia recobra el control de sus respectivos institutos políticos en un esfuerzo por democratizarles e inyectarles nueva vida, o los abandonan en busca de nuevas expectativas de participación política. No hay de otra, con la salvedad de que la elección presidencial del 2012 está a la vuelta de la esquina.

En este escenario entra el movimiento lopezobradorista, que en la entidad deberá optar en seguir manteniéndose al margen de la Izquierda electoral, supuestamente representada por el PT y el PRD,  ó sumarse al rescate desde abajo de estos partidos políticos, trabajando por la unidad de la izquierda en torno a un candidato presidencial único. No hay otra opción de participación electoral del lopezobradorismo bajo las condiciones impuestas por la  legislación vigente, salvo entregar la plaza al enemigo, dejando las cosas como están, o entrando en una alianza “contra natura” con el PRD azul o con el PRIAN.

Convergencia perdió su oportunidad en la izquierda para el 2012. Sin identidad propia que le distinga en el espectro político, se corrió a la derecha entregándose al PAN como uno más de sus satélites. El lopezobradorismo le pasará factura. Al tiempo.

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J. Enrique Olivera Arce

La calma chicha domina el escenario político de Veracruz. Tras la espera a que los tribunales resuelvan lo conducente sobre la elección de gobernador,  pedida por el Maestro Fidel Herrera a los acelerados, la feria de las listas de los listos que ya le habían armado el gabinete al Sr. Duarte de Ochoa, se aplacó o, cuando menos, por el momento, no entra en los temas de interés mediático. Con razón o sin razón, rumores y especulaciones, a nivel de piso, se concentran en las últimas decisiones del aún titular del ejecutivo estatal.

La interrogante que ronda en los espacios públicos, parques y jardines, tertulias de café y corrillos palaciegos, es una sola: ¿Los cambios en el gabinete actual, anunciados por Herrera Beltrán, están pensados para beneficiar, o perjudicar, al Sr. Duarte de Ochoa, o a quien, Dios nos libre, se desempeñará como gobernador interino?

Sin la especulación y el rumor no se puede vivir en Veracruz, así esté la entidad en calma.

Y mientras se discute si la Constitución Política de la entidad será reformada a modo, para que Reynaldo Escobar Pérez pueda librar el filtro de la actual Legislatura, éste, viejo y mañoso zorro, pacta con algunos medios para que su nombre figure como favorito para ocupar el cargo de Procurador en esta y en la administración pública estatal del sucesor de Herrera Beltrán. Enturbiándose y encrespándose las tranquilas aguas de la espera obligada, como si la calma chicha precediera a ominosa tormenta.

Javier Duarte de Ochoa entendió el mensaje. No hacer olas sobre el proceso de entrega y recepción hasta que así lo decida el que dicen aún manda en Veracruz. Tomás Ruíz se quedó con el bat al hombro, alcanzando únicamente a intercambiar palabras amistosas con el actual secretario de planeación y finanzas. No tengo aún instrucciones del jefe, le diría amablemente Don Salvador Sánchez.

Mientras que Don Ranulfo Márquez, cariñosamente “Tonicho”, en medio de la rechifla, lanza bolas de humo para distraer a las galerías. “No habrá cacería de brujas”, dice el dirigente estatal,  mientras limpia la casa de alimañas menores y cubre costos de facturas donde así conviene al partido de la fidelidad. La deuda de Veracruz es de 9 mil millones y no de 47 mil, afirma desmintiendo a los voceros de la oposición; si los ayuntamientos no tienen para pagar a empleados y proveedores es culpa de los alcaldes, no de la SEFIPLAN.

Todo en calma. Fidel no quiere sorpresas en los próximos cien días en que habrá de hacer sentir su presencia hasta el último minuto de su mandato. Si se ha de evaluar su desempeño al frente del ejecutivo estatal, que sea la historia, a su tiempo y no antes. Parando así, en seco, a los que frotándose las manos esperaban que la entrega y recepción arrojara datos suficientes, y de peso, para poner en la picota al hijo distinguido de Nopaltepec. El tradicional “Muerto el Rey, Viva el Rey”, quedó en suspenso, más no así la valoración que del mandato del Maestro Fidel Herrera, hace un buen de ciudadanos que, sin estar obligados por el cortesano protocolo, exhiben públicamente las heridas de compromisos y promesas no cumplidas o bien, las laceraciones de medidas de política que beneficiando a los menos lastimara a los más necesitados.

Javier Duarte toma nota de ello y habla y habla sobre como habrá de enderezar entuertos. De cómo se debe gobernar para todos, para que fluyan inversiones, se facilite la creación de fuentes de trabajo y se generen cientos de miles de nuevos empleos, siempre acorde a lo que disponga el Sr. calderón Hinojosa, del que se manifiesta su amable y atento servidor, por lo que pudiera ofrecerse. Un ojo al garabato y, el otro, a las no muy claras intenciones de su benefactor, amigo y padrino, que le acerca a decenas de solícitos servidores públicos, currículo bajo el brazo, dispuestos a servirse del próximo festín sexenal y, de paso, allanarle el camino al patrón de ser este tocado por la diosa fortuna en el 2012.

Calma chicha, brumosa y  salpicada por la lluvia, en la que, parafraseando a García Márquez, se viven los últimos cien días del patriarca que, sabiendo de intereses pero no de amigos leales, va de la ceca a la meca llevando a cuestas la agonía de su soledad.

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Dirigentes espurios

El “dirigente” estatal del PRD Celso David Pulido Santiago y el secretario general de ese instituto, Juan Carlos Mezhua Campos, dieron su espaldarazo al gobernador electo Javier Duarte de Ochoa a quien pidieron audiencia en los próximos días. Pulido Santiago dijo que pese a que aún siguen vigentes las impugnaciones ante el Tribunal Electoral Federal, aseguró que el Tribunal Estatal Electoral ya decidió y aseguró que la constancia de mayoría a Javier Duarte se dio “con apego a derecho”.

¡Desvergonzados!

¿Qué más pruebas necesita la militancia para mandar al diablo a la dirigencia espuria que vendió al partido?

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J. Enrique Olivera Arce

¿Usted entiende, estimado lector, qué está pasando con la elección de gobernador? Yo, para serle franco, tampoco. Para mí que de tanto pensarle se les pasó la mano y el arroz se les batió. Javier Duarte, es y no es quien afirma ser. Por disposición del Tribunal Electoral de Veracruz, es ya gobernador electo y así lo asume el joven priísta y su cauda de seguidores busca chambas, en tanto que, de conformidad con lo dispuesto por la legislación vigente, lo será hasta que el Tribunal Federal Electoral emita la última palabra tras haber sido impugnada su elección. Vaya enredo.

Pero no somos los únicos que estamos en ascuas. Los mismos priístas dudan frente a la incertidumbre, en tanto que los panistas tiemblan ante la nada lejana posibilidad de que sus argumentos legales no sirvan para nada, si la última palabra es inducida por la mano negra de una negociación cupular  en lo oscurito. Unos y otros al parecer tienen razón. Nadie sabe ni sabrá a ciencia cierta como habrá de concluir el atípico cochinero en que se transformara el proceso inconcluso de la elección de gobernador en Veracruz.

Lo único que queda claro, por obvio, es que el Tribunal Electoral veracruzano se excedió en sus facultades, anteponiendo el cumplimiento de consigna dictada a las formas a que obliga la alta investidura de los señores magistrados.

Si las cifras definitivas que arrojara el cómputo preliminar del IEV nunca cuadraran, los pasos dados por los señores magistrados para la dictaminación y emisión de la constancia expedida a favor de Javier Duarte de Ochoa, nunca fueron congruentes en tiempo y forma, como lo denunciara ya en comunicado de prensa el panismo veracruzano. En su prisa por dar cumplimiento a la orden superior de ungir cuanto antes como gobernador electo al delfín del Maestro Fidel Herrera Beltrán, se les cuatrapearon los tiempos y dictaminaron a posteriori de la entrega de la constancia de mayoría a favor de Javier Duarte de Ochoa. No lo digo yo. Lo afirma el equipo de Miguel Ángel Yunes Linares y da cuenta de lo anterior el consejero del Panal ante el IEV, Emilio Cárdenas Escobosa, quien de ninguna manera se traga el que los señores magistrados, aún sin recibir la totalidad de los paquetes de impugnación, en un proceso “Fast Track” calificaran como válido el triunfo del ex titular de Sefiplan.

Ya lo afirmaba en un apunte anterior, “A la par que se pierden las formas, exhibiendo el fondo, la vergüenza  pasa a segundo plano cediéndole el paso al cinismo”. Lo que hasta ahora ha filtrado la prensa sobre el comportamiento por demás irregular del Tribunal Electoral de Veracruz, es una cínica expresión de hasta donde la voluntad popular, la legislación electoral, y el prestigio del Poder Judicial, vale menos que nada, cuando está de por medio el autoritarismo y enfermizo afán de las altas esferas del poder por imponer su santa voluntad.

El arroz ya se batió y lo que debió ser un proceso transparente, apegado a derecho y, por ende, respetuoso de los tiempos y del respetable en galerías, se le revierte a la cocinera. Entre las impugnaciones se suma ahora de manera destacada la irregularidad en el comportamiento de los magistrados veracruzanos. ¡Pero que necesidad!.

Así las cosas, la espera se prolonga acompañada de un clima cada vez más ominoso, en el que la víctima no es otra a la vista que Javier Duarte de Ochoa, joven bien intencionado y hasta ahora limpio y sin cola que le pisen. Estrategas y gran parte de la prensa, le inflaron de tal manera frente a sus adversarios, que hoy el priísta está a punto de reventar. Todo exceso es malo, diría mi gastroenterólogo, por algo lo afirma. Lo cierto es que ahora la paellada se pospone hasta noviembre o, si bien le va a los que gustan de acelerar los tiempos, a mediados de septiembre para con ello celebrar las fiestas del bicentenario.

Ni usted ni yo, estimado lector, entendemos maldita la cosa de los cochupos de nuestra clase política. Llámense priístas, panistas o pedorristas, pero la mera verdad es que frente a lo que observamos y escuchamos, ya no quedan ganas de cumplir con el sagrado deber de sufragar. ¿Usted que opina?

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J. Enrique Olivera Arce

A la par que se pierden las formas, exhibiendo el fondo, la vergüenza  pasa a segundo plano cediéndole el paso al cinismo. Aquellos políticos que diciéndose ser respetuosos de la ley, exigiendo de sus adversarios apego al estado de derecho, lejos de guardar las formas violentan la norma que defienden, exhiben desverguenza y se asumen como cínicos. Javier Duarte de Ochoa incurre en ello, al pasarse por lo más pando lo que el Código Electoral de Veracruz establece como paso obligado en el tránsito de candidato a gobernador electo.

El Sr. Duarte no es gobernador electo. El Tribunal Electoral de Veracruz no ha calificado aún la elección de gobernador y, por lo consiguiente, tampoco ha emitido fallo alguno sobre el particular. No obstante, el delfín del Maestro Fidel Herrera Beltrán a los cuatro vientos y por todos los medios a su disposición y alcance, se proclama anticipadamente como triunfador de un proceso electoral que no culmina del todo. Tomándose la libertad de nombrar a otro delfín, este de la Sra. Elba Esther Gordillo, quien en su carácter de coordinador del equipo de transición, le representará en los trabajos de entrega y recepción del Poder Ejecutivo de la administración pública veracruzana, habiendo trascendido que Tomás Ruíz ocupara el cargo de secretario de planeación y finanzas. ¿Pago de factura?

Pero no sólo violenta lo dispuesto legalmente en materia electoral desentendiéndose de las formas. Con su actitud triunfalista falta al respeto a quienes como adversarios enfrentara en la contienda, provocándolos, y lo más relevante, desprecia la inteligencia de tres millones de veracruzanos que sufragaran el pasado domingo 4 de los corrientes.

Con todo y lo que se diga en contrario en amplios círculos del priísmo, la mayoría de los sufragantes  no votó a favor del joven delfín. Esto debería ser suficiente para que el Sr. Duarte guardara compostura y discreción, esperando a que el Tribunal Electoral le declarara gobernador electo, respetando con ello los plazos que la legislación establece. Pero no, al presunto triunfador se le queman las habas, se adelanta como adelantara su campaña electoral y, con todo cinismo, se asume como el gobernador electo por la voluntad de la mayoría. Se engaña a sí mismo y pretende que la ciudadanía se de por engañada y satisfecha.

Para muestra basta un botón. Si antes de ser calificado por el Tribunal ya miente a los veracruzanos, que podemos esperar del Sr. Duarte cuando por mandato constitucional asuma el gobierno de Veracruz, si no pasa otra cosa. Guardar las formas es lo mínimo que deberían recomendarle sus estrategas post electorales.

Lo paradójico es que es y no es lo que pretende. Su subordinación a quien lo eligiera como candidato es más que evidente. Su estratega de comunicación social, una señora por cierto muy cuestionada y que le fuera impuesta, no ha tenido el cuidado de negociar con la prensa el como evitar que se exhiba en los medios el alto grado de dependencia del Sr. Duarte con respecto a su mentor. La imagen mediática del delfín se pone a la par de la de Fidel Herrera Beltrán, el mismo color escarlata y el mismo discurso triunfalista, sin el menor asomo de un obligado deslinde. Temas tan desgastados como la inversión, el empleo y el acercamiento de Veracruz al primer mundo, a los que tanto recurriera en su discurso triunfalista el aún titular del Poder Ejecutivo estatal, no deberían figurar en la agenda mediática de quien ávido de legitimación, insiste en cobijarse tras la sombra de su hacedor.

El proyecto transexenal de la Fidelidad por Veracruz, quedó en eso, simple proyecto de pensamiento único al que se le opusiera con contundencia el pluralismo político de la gran familia veracruzana. Insistir en revivirlo y prolongarlo, es ocioso. El Sr. Duarte debería asimilarlo y ofrecer a los veracruzanos rostro e ideas renovadas, antes que incurrir en soberbia y triunfalismo anticipado.

Javier Duarte de Ochoa no es gobernador electo, pero aunque lo fuera, el hartazgo de casi seis años de políticas escarlatas antipopulares, exige humildad, discreción, diálogo y gobierno para todos sin distingo partidista. Piénselo Sr. Duarte, la legitimidad se gana respetándose a sí mismo y a los demás. Hay se lo dejo de tarea.

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Miyuli logró lo que quería, se salió con la suya enfermando de gravedad a su irreconciliable enemigo. Sólo así se explica que Herrera Beltrán declarara a los medios que “… la elección acabó y con ello se cerró el capitulo de tensión, ataques y secuestros que ocurrieron durante las campañas”. Ver información en Crónica del Poder

La columnista y escritora Guadalupe Loeza dio este domingo su espaldarazo al candidato priista a la gubernatura Javier Duarte de Ochoa, a quien prácticamente consideró como el próximo gobernador de Veracruz, pese a que los resultados de la elección aún se dirimen en tribunales.

Entrevistada previa a la presentación de su libro, “Mi novia la tristeza”, que recrea la vida del compositor Agustín Lara -la cual estuvo financiada por el Gobierno del Estado-, la ex candidata a jefa delegacional en el Distrito Federal, columnista de Reforma y entrevistadora especial de Radio Televisión de Veracruz al servicio de Fidel Herrera Beltrán, dijo que el priista representa a la generación de nuevos liderazgos jóvenes emergentes del país, mientras que el candidato panista Miguel Ángel Yunes Linares ya está viejo y lo invitó a retirarse a la dirección del ISSSTE.

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J. Enrique Olivera Arce

Bueno, está visto que los principales actores políticos de Veracruz están empecinados en que no acabe la mascarada electoral, pese a que algunos adelantados claman porque se de ya por aceptado un vencedor de la contienda por la gubernatura y, a otra cosa mariposa, que ya la elección del 2010 se empató con la del 2011 en Edomex y Michoacán, e incluso con la el 2012 por la presidencia de la República.

Paradójico, la prolongación de la contienda está estipulada en la reforma al Código Electoral de la entidad promovida por el PRI, al estipularse la judialización de la elección de gobernador con su calificación por parte del Tribunal Electoral de Veracruz. Hoy, gracias a dicha reforma, el Sr. Javier Duarte deberá esperar en su calidad de presunto, hasta  que el órgano colegiado dicte su fallo. Plazo de espera dentro del cual deberá declararse procedente o improcedente la impugnación presentada por los adversarios del delfín. Eso, sin contar que estos pueden optar por llevar el caso al Tribunal Federal y prolongar la milonga hasta el mes de noviembre.

Y mientras esto sucede, la soberbia del priísmo veracruzano, que ya se daba más que satisfecho con el triunfo preliminar otorgado a Duarte de Ochoa por el Instituto Electoral Veracruzano, se transforma en miedo. Su candidato, enredado en su propia trampa, no para de anunciarse a bombo y platillo como Gobernador electo de Veracruz, en un esfuerzo por convencer a sus correligionarios y a la ciudadanía de que no hay vuelta de hoja, las cosas son así y así se quedan, ante el temor de perder lo que ya considera suyo. Paradójico también resulta el que tal esfuerzo se está revertiendo en contra del delfín, extendiéndose las manifestaciones de duda, histeria y paranoia al interior del PRI que ya desata una cacería de brujas contra “los traidores”, así como la duda razonable entre los ciudadanos de a pie, que se resisten a tragar la píldora fiel que recetara el partido del gobernador.

Entre tales manifestaciones se insiste en colocar el Código Electoral de Veracruz por sobre la Constitución General de la República, convencidos de que la ínsula escarlata se manda sola.

Todo parece indicar que no se entiende que pasa y, como consecuencia, el priísmo prolonga la guerra sucia arremetiendo contra los adversarios de Javier Duarte, descalificándoles por el simple hecho de ejercer un derecho que les concede la misma reforma legal que en su perversidad pretendiera capitalizar a su favor Fidel Herrera Beltrán. Otra paradoja, entre más se golpea y se provoca a Miguel Ángel Yunes Linares, más se fortalece éste en su afán de inclinar la balanza a su favor o, en su caso, nulificar la elección.

Pero no sólo sufre la espera Javier Duarte de Ochoa. Su mentor y padrino, el gobernador Herrera Beltrán vive los momentos quizá más amargos de su vida política. El tiempo se le escurre entre las manos y siente como cada día que pasa parece desvanecerse su proyecto de continuidad de la llamada Fidelidad. En un artículo anterior ya comentaba que para el “señor de los puentes”, el más largo y tortuoso de su carrera iniciaría el 5 de julio para desembocar el último día de noviembre con la entrega del poder. Al parecer no me equivoqué.

Pero no solo eso. La incertidumbre reinante también actúa en contrario de los planes futuros del hoy mandatario veracruzano. Conforme su pleito personal con el candidato panista apunta a un posible fracaso en su intención de imponer a Duarte, sus posibilidades de trascender y participar en el juego del 2012, también se diluyen. En el ámbito nacional su imagen se deteriora y la desconfianza alcanza a la cúpula de su partido, que se siente engañada y arrastrada a un pleito no previsto en el marco de las negociaciones con Felipe Calderón Hinojosa con vías al 2012. El miedo a perder Veracruz  tras no lograrse carro completo, se refleja en las histéricas declaraciones a los medios de la Sra. Paredes. Fidel Herrera le aseguró tener todo el control, cuando esta cuestionara la candidatura de Duarte, y las cosas no resultaron tan así.

Aquí cabe dar un punto a su favor al joven delfín. Públicamente al hacer un llamado a la unidad de los veracruzanos, reconoce la pluralidad política que se expresara en las urnas, confirmando que no todo es rojo en Veracruz. El control a que hiciera referencia el gobernador,  basado en la presunta aceptación de su administración por más del 90 por ciento de los veracruzanos, resultó ser un mito y, en un destello de madurez política, así lo reconoce Duarte de Ochoa, facilitándole la tarea a la cúpula priísta para su defensa ante el embate panista, pero dejando muy mal parado al gobernador.

En este escenario, nadie puede aún cantar victoria, la fiesta continúa pese a los buenos deseos de Javier Duarte, del gobernador,  e incluso de Doña Rosa Borunda, que ya la dan por terminada exhortando a los veracruzanos a cerrar el capítulo electoral y trabajar unidos por las mejores causas de Veracruz. Nadie se da por aludido y actúa en consecuencia Nadie quiere pasar por tonto, así que siga la pachanga y que retumbe la tarima, que para eso hay música de sobra. Si señor, que para eso nos pintamos solos.

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Javier Duarte de Ochoa da motivo para la indignación en diversos sectores de la población que ya ven de que color pintará Veracruz con la continuidad del despilfarro de recursos públicos, megalomanía y triunfalismo sin sustento a que nos tiene acostumbrados Fidel Herrera. Aún no es ungido como gobernador por el Tribunal electoral estatal y ya mandó colocar por toda la geografía veracruzana enormes espectaculares con la leyenda “Ganó Veracruz. Ganamos todos. ¡Unidos vamos para adelante! Duarte Gobernador”. Sus competidores siguiendo la tónica, no tardarán en colocar otros en los que a todo color se diga “Duarte, gobernador espurio”.

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