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Tag Archives: Fidel Herrera Beltrán

Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

En entrega anterior me refería a los cambios en el gabinete del gobernador de Veracruz, considerándolos irrelevantes en el marco de las necesidades presentes y futuras de la sociedad veracruzana que, en sus expectativas de desarrollo, no se ve correspondida por un clima político con visión de largo aliento y un gobierno de enanos jugando en el tapanco.

Esto en un escenario nacional en el que están a debate temas de la mayor relevancia para el país y para el pueblo de México.

Me sostengo en lo dicho, no obstante que la corriente mayoritaria se inclina a considerar que no puede dejar de ser relevante en la entidad el ajuste que, a su administración imprime el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, con vías a preparar el terreno para su sucesión en el gobierno de Veracruz. Mencionándose incluso que entre cinco cercanos más a Fidel Herrera que al propio gobernante, se dará la futura contienda. Eliminándose mediáticamente y a priori a José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa de, senadores de la república, con mayor estatura, sustento y alcance en sus más que obvias pretensiones.

Sin embargo, entre todos los cambios y enroques en la administración pública, suficientemente ya tratados por los medios de comunicación y dados por acertados en los círculos políticos, no puede dejarse de considerar como de especial relevancia, la sucesión en la rectoría de la Universidad Veracruzana (UV).

No por el personaje en particular que se va,  el que llegará  como relevo y el que la Junta de Gobierno de la institución descalificara de entrada no obstante ser el favorito del gobernador.

Lo que me merece especial atención, es el hecho de que por primera vez en muchos años, se frenó en la UV tanto el dedazo como el continuismo en automático de un estado de cosas que en el ámbito nacional, ubica a nuestra máxima casa de estudios en los últimos lugares tanto en términos de calidad educativa y aprovechamiento del alumnado, como en retribución a la sociedad que le sostiene.

En los próximos días la Junta de Gobierno ratificará si su independencia es tal respecto a los poderes formales o fácticos, que le presionan para inclinar la balanza a favor o en contra de quien entre cinco aspirantes será nominado como rector. O bien, reculando, se someta y determine a lo que, políticamente, convenga más a intereses creados internos o externos, que condicionan tanto la ansiada autonomía real de la Casa de estudios como la buena marcha de la institución.

Ya lo veremos. Lo cierto es que la Universidad Veracruzana, como institución pública de y para los veracruzanos, se debe a la sociedad y a esta, en teoría, debe responder la Junta de Gobierno y, para ello, corresponde a la ciudadanía expresar que quiere y espera de su Universidad. En ello radicaría en primera y última instancia el acierto o desacierto de una decisión independiente y autónoma de los ocho notables, si en su intención está el escuchar la voz de la sociedad.

No se requiere de consulta popular o un amplio ejercicio plebiscitario como en el ámbito de la partidocracia y la politiquería se propone para otros menesteres. Tampoco salir a la calle para convencer de una decisión  autónoma e independiente como órgano de gobierno de la Universidad. La sociedad por diversos medios ha venido expresando su sentir, sus exigencias y expectativas en torno a lo que debería esperar de nuestra máxima casa de estudios. Inclinándose a favor de un refrescante cambio que rescatando lo mejor de la institución, barra con todo aquello que hoy se opone a sus propósitos y objetivos trascendentes. Así como encausarla en un proceso de modernización organizativa, académica y administrativa, adecuándola a las cambiantes necesidades presentes y futuras de la comunidad.

La Junta cuenta ya con las propuestas de cada uno de los cinco finalistas enlistados. En ellas seguramente está plasmado el que y el como apegarse más a lo que la sociedad espera y demanda de la Universidad que a un gatopardismo a modo; así como seguramente reflejan el quien con su formación, experiencia, conocimiento, capacidad de gestión, sensibilidad social y voluntad política, con una visión integral de lo que la Casa de Estudios necesita, podría ser punta de lanza para el rescate obligado y puesta en marcha de un proceso de cambio y transformación.

No es nada fácil la tarea. Sabido es que en Veracruz puede más la simulación y los intereses espurios que la racionalidad y visión de futuro. Tampoco escapa al conocimiento público que intereses ramplones con un alto grado de corrupción, desde los sindicatos ejercen presión para que las cosas queden como están. A ello deberán enfrentarse los ocho notables de  la Junta de Gobierno en su difícil decisión.

Por el bien de Veracruz, esperemos no se equivoquen.

Hojas que se lleva el viento

 Al cierre de la presente, se reporta un vergonzoso atentado contra la Universidad Veracruzana. Grupos porriles de presuntos estudiantes, encapuchados impidieron que el rector Raúl Arias Lovillo rindiera su informe  de labores ante el Consejo Universitario. Esto no puede interpretarse de otra manera que como una reacción de los grupos de interés  que resultaran derrotados en su intención de manipular la designación del nuevo rector por parte de la Junta de Gobierno. Razón de más para que esta actúe en consecuencia haciendo respetar su independencia y autoridad.

Pero no sólo en la UV se dan casos de intolerancia, también en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, al más alto nivel lejos de privilegiar el conocimiento, la reflexión y el diálogo, la descalificación se antepone a la confrontación racional de ideas y posturas ideológicas. Y aún más, se discrimina y excluye a “millones de analfabetas” de este país, considerándolos incapaces e impedidos de opinar sobre lo que mejor conviene a México.

Así están las cosas en el enrarecido clima de simulación y corrupción que priva en Veracruz. Ni las Universidades como reflejo supraestructural de la distensión y descomposición de una sociedad enferma se salvan.

-ooo-

 Ya se observan los primeros indicios de que el ciclo de la titular de control de medios de comunicación del gobierno de Veracruz está por agotarse. El rumor corre, “… la relación entre la Sra. Gina Domínguez y la familia de la Sra. esposa del gobernador  acusa su más bajo nivel”. A ello se agrega el descontento de un buen número de propietarios de medios de comunicación y columnistas beneficiados con propaganda oficial, a los que la aún coordinadora les informara que se cancelan los llamados convenios y que, en adelante sólo se cubrirá el costo de inserciones específicamente solicitadas por el gobierno estatal. Ahora sí, se acabó aquello de que “perro no come perro”.- Xalapa, Ver., 23 de agosto de 2013.

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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

 Las campañas de los 4 presidenciables no sólo ya se estancaron, sino que de tanto manoseo el interés del electorado es más de morbo en torno a los dimes y diretes que atender al bombardeo repetitivo de propuestas y promesas. En este escenario cobra fuerza la especulación sometiendo a la razón. De ahí que la nada velada intervención de Calderón Hinojosa en el proceso electoral ocupe la atención de la tertulia.

 “El as presidencial bajo la manga”, más que destinarse a fortalecer la alicaída posición de Vázquez Mota tiene como propósito impulsar a Peña Nieto, dicen unos, en tanto que otros, apoyándose en el odio visceral del titular del ejecutivo federal para todo lo que huela a PRI, convencidos están que el respaldo es para López Obrador. Al calor de estas encontradas posiciones, sale a relucir la desinformación y el prejuicio aplaudiendo o condenando lo mismo al Sr. Peña que a su oponente más cercano.

 Descalificación a priori para el primero, odio visceral para el segundo. Peña Nieto es un riesgo para México, López Obrador es el peligro. La sinrazón alimenta la polarización política y social, en tanto que la razón que debería animar el voto ciudadano se pierde en un constante reciclar de dimes y diretes que ya permea en el segmento al que se ha dado en llamar “los indecisos”. Curioso, lo que menos tienen estos ciudadanos, es indecisión para hacer frente a las urnas. Como coloquialmente se dice, están hasta la madre de simulación, engaño y gatopardismo rampante; sin color definido en la camiseta para los llamados indecisos su decisión está tomada. No se contempla el voto útil, como muchos dicen, lo que está en el ánimo es el voto de castigo conforme a cada quien le va en la feria.

 El voto duro es voto duro, le pese a quien le pese y pase lo que pase. Ya no hay marcha atrás lo mismo en los corrales del pinto que en los del colorado y, porqué no, a escasos 17 días de la elección tambien en los abrevaderos de “los indecisos” ni para atrás ni para adelante, los que no votan no votan y los que optarán por el voto inútil ya lo tienen agendado.

 La moneda está en el aire. El tema ahora es si quien resulte derrotado aceptara de buen grado ser el perdedor de la contienda. Uno y otro de los dos punteros afirma respetar lo que las urnas determinen. La incógnita es si en los tendidos se respeta. Eh ahí el riesgo, o se juega con limpieza y transparencia ó hacemos un llamado a la violencia. El país exige paz social, malo sería abundar con más leña en la caldera. Hay que serenarse, dice Andrés Manuel y le asiste la razón. 

 Hojas que se lleva el viento

 En nuestra bucólica aldea el tema de la prosperidad es historia de lo que pudo haber sido y no fué. Si algo marcha hacia delante es la violencia, el miedo, rumor y maledicencia.  La oscura sombra de un Fidel Herrera bajo sospecha oficializada, contamina la elección y deja sin sueño a no pocos aprendices de brujo que al cuenqueño tienen de mentor. Peña Nieto se deslinda, si fue mi amigo hoy no le conozco, que la justicia haga su trabajo, advierte a su partido antes de que de la chistera presidencial salte la liebre. Más vale perder Veracruz que apostarle a la derrota, son sus cálculos. 17 puntos arriba en las encuestas aguantan eso y más aseverarán fanáticos y estrategas despistados.

“Recadito”:

La única manera legítima de que los candidatos de las llamadas izquierdas a senadores y diputados federales respalden a López Obrador, es ganando la elección. Lo demás es pretexto para justificar por anticipado una derrota anunciada desde endenantes.

Xalapa, Ver., 14 de junio del 2012

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J. Enrique Olivera Arce

Si aún grazna como pato, se mueve y  camina como pato, ¿podemos dudar que el ave dejará de ser pato? Para algunos ingenuos la duda persiste, no porque estén convencidos de que el palmípedo del estanque ha dejado de ser tal, sino por pensar que por su oscuro plumaje, su linaje hoy es de cisne real, ajeno al mundanal estira y afloja de la elección presidencial.

Y cuidado que son muchos los ingenuos que se han ido con la finta de que el distinguido ideólogo veracruzano, artífice de la corrupción institucional, el engaño y el desastre político y administrativo, deja la política para erigirse en académico de altos vuelos, politólogo experto en crisis y oportunidades, cuya palabra por sobre todas las cosas, debe ser escuchada lo mismo en el ámbito internacional que en los círculos del poder doméstico.

Fidel es Fidel, hoy y siempre, hasta el momento en que deba entregar cuentas al creador. La política a la mexicana está en su sangre y en su intelecto, irredento no puede abandonar, nació para la corrupción y en ella morirá.

Veracruz por derecho propio y de nadie más es su universo. Fuera del estanque quien se asume cisne negro, patito feo es, así está marcado en su naturaleza. Luego no podemos esperar que de buenas a primeras deje gobernar en paz a su próspero comodín, hechura fiel de sus insulares sueños de omnímodo virrey.

Erick Lagos al PRI. Así lo decidió Fidel. Y con el, Reynaldo Escobar Pérez a la candidatura priísta a la diputación por el distrito de Xalapa Urbano. El fidelato como proyecto trasexenal permanece incólume. Un paso más en el propósito de llevar hasta sus últimas consecuencias la imposición de la dinastía Herrera-Borunda. Le pese a quien le pese, el virreinato primero, la elección del jefe de jefes, materializado este en la persona de Enrique Peña Nieto, objetivo subordinado en tanto el fortalecimiento del presidencialismo a que aspira el mexiquense, resta autoridad e independencia a los gobernadores hoy virreyes emanados del tricolor.

Siempre mejor cabeza de ratón que cola de león asume el ideólogo que marca rumbo a Veracruz. La experiencia de la relación con Vicente Fox, no se escatima en los planes de quien sigue gobernando a la entidad desde los oscuros rincones de “la vida privada y académica”, pretendidamente impuesta “de facto” a Fidel por la camarilla que, desde Atlacomulco, aspira retornar al pasado para imponer en el futuro inmediato el viejo estilo de gobernar desde Los Pinos.

Sabedor de quien realmente gobierna en Veracruz, a regañadientes el priísmo estatal agacha la cabeza. Deja atrás rumores y maledicencia. Lo que piense el centro no atañe a la periferia. Erick Lagos va al PRI en tanto Alberto Silva vela armas en previsión a lo que para el futuro se  le tiene encomendado.

Duarte de Ochoa, entre la espada y la pared, como siempre, deja hacer, deja pasar en espera de la oportunidad que no llega ni desea. El cetro virreinal, lo sabe, es prestado y así lo manifiesta.

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J. Enrique Olivera Arce

Pasada la media noche del miércoles “Fuenteovejuna” tomó la iniciativa desatando la batahola. Los teléfonos celulares entraron en acción, el mensaje brincó a las redes sociales: “El procurador Reynaldo Escobar renunció”. Empezó la celebración, quienes se decían amigos del fiscal se declararon sus adversarios corriendo a cambiarse de camiseta, los adversarios iniciaron el protocolo de presentación de sus respetos al Lic. Jorge Uscanga. En la primera hora de la mañana del jueves un diario impreso, a ocho columnas publicó lo que ya se consideraba una noticia confirmada, siendo secundado por diversos portales noticiosos en internet.

El presunto rumor se expandió a lo largo y ancho de Veracruz, desatándose durante todo el día jueves toda clase de especulaciones, incluidas tanto las más elaboradas sustentadas en sesudos análisis, como las más descabelladas que hablaban de una confrontación verbal entre el gobernador del estado y su procurador, sin faltar aquellas que aseguraban que desde la capital del país Calderón Hinojosa dio instrucciones en el sentido de que el señor no se podría ir así como así, sin antes entregar cuentas claras sobre los nefastos eventos criminales en la conurbación Veracruz-Boca del Río.

Hubo incluso quien expresara que el abogado Escobar Pérez renunciaba por serios problemas de salud, derivados de su excesivo gusto por las pildoritas azules y las buenas viandas siempre rociadas por espirituosas bebidas de origen escoces y francés.

La responsable de comunicación social se durmió, evidenciándose una vez más la ineficiencia de Gina Domínguez y su incapaz equipo de trabajo. Dejó correr rumor y especulaciones sin salir al paso con la ratificación o desmentido de lo que ya era del dominio público. Fue necesario que el gobernador desmintiera en un encuentro con la prensa lo que ya se daba como un hecho, para que el boletín oficial sobre el espinoso tema se hiciera llegar a las redacciones.

La tardanza en la reacción oficial dio lugar a otra especulación. Esta vez en el sentido de que el gobernador se resistía a dar cumplimiento a una orden o sugerencia de Fidel Herrera Beltrán, de que no hiciera olas y dejara por la paz a su hombre de confianza.

En esta ocasión, dado que no aterrorizó a más de aquellos que se consideran el primer círculo de amigos y lambiscones del abogado Escobar, no hubo tuiteros a los que culpar de terrorismo o perturbación del orden público.

El contra rumor

Mientras de tomaba la decisión de afirmar o negar la especie difundida, el distractor echado a volar tuvo relativo éxito. El ventilar la vida privada con implicaciones públicas de la alcaldesa xalapeña, desplazó en parte el presunto rumor de la también presunta renuncia del procurador. El morbo, el rasgar de vestiduras, y también los chistes crueles y de mal gusto sobre las preferencias sexuales de Elizabeth Morales y su guapa secretaria, permitieron que el tema de Reynaldo, la delincuencia organizada y los que se hacen llamar “matazetas”, pasara por unas horas a segundo plano.

El salivazo

Tomada la decisión del gobernador de desmentir la especie, el triunfalismo de saliva no se dejó esperar para diluir los efectos del rumor sobre la presunta renuncia.. A los medios oficialistas y texto servidores de postín, el Dr. Duarte de Ochoa les dio tema para ratificar la bondad del programa “Adelante” y los esfuerzos gubernamentales por consolidar al prospero Veracruz que nos cobija. Reynaldo y su renuncia pasaron a la historia en tanto que se hacía gala de éxitos sin igual en materia económica, obra pública y capacitación de las fuerzas estatales del orden.

 

“En Veracruz no pasa nada”. Gobernanza de saliva, rumor, contra rumor, especulación, chismes y maledicencia, son simplemente folklórica expresión de nuestra riqueza cultural, hoy mercancía al servicio del mejor postor. Ni para qué preocuparse.

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 J. Enrique Olivera Arce

 El tema de moda en la aldea es el del “ciber terrorismo”, el Procurador Escobar Pérez, la policía cibernética, y la meteórica pesquisa que llevara a la detención de varios twitteros que presuntamente encajan a la perfección en lo dispuesto por el Código Penal de Veracruz. Cortina de humo por demás eficiente para cubrir lo ineficaz de las políticas públicas de información y comunicación social del gobierno duartista. Tanto se ha insistido en las altas esferas del poder que los ciudadanos somos estúpidos o retrasados mentales, que muchos ya estamos convencidos de que lo somos, así que mejor darle vuelta a la hoja, que cada quien lo interprete a su manera, y que las autoridades se encarguen de resolver el como cerrar la Caja de Pandora que destaparan en el ciberespacio,  y a otra cosa mariposa.

Al declarar el gobernador que con la nueva línea de crédito por casi cinco mil millones de pesos que autorizara el Congreso local, se podrá cumplir con las reglas de operación establecidas  en el nuevo esquema del FONDEN, se da por terminada la discusión a que diera lugar el Secretario de Finanzas en torno a  la responsabilidad del gobierno federal al retrasar el arribo a la entidad de los recursos del Fondo de Reconstrucción de Entidades Federativas.

Más claro ni el agua. No bajaban los recursos porque el gobierno estatal no cumplía con las reglas de operación al no aportar la parte que le correspondía. Simplemente no se tenía el dinero para el pari passu al heredar el Dr. Duarte las arcas vacías. Así se pone fin a los dimes y diretes y aspavientos porriles de Héctor Yunes Landa, presidente del CDE del PRI en Veracruz, en contra de Calderón Hinojosa y Ernesto Cordero.

Lo que de ninguna manera queda claro, ni siquiera aún para la SHCP, pues se mantiene una hermética opacidad por parte del gobierno veracruzano, es lo referente al destino de los 10 mil millones de pesos de la línea de crédito autorizada por el Congreso en 2010 a Fidel Herrera Beltrán, titular del ejecutivo en aquel entonces. Toda vez que dicho monto presuntamente se destinaría a la reconstrucción de municipios devastados por lluvias y huracanes. Mismo destino que hoy se aduce para el voto a favor del Congreso para la autorización de una nueva línea de crédito por 4 mil 556 millones de pesos, con la salvedad de que ahora sí, a decir del gobernador, se está en condiciones de cumplir con las reglas de operación del FONDEN. Representando ello disponibilidades de 9 mil millones de pesos  para emprender la reconstrucción.

Tampoco se tiene claro como fue posible que Fidel Herrera Beltrán, en su carácter de titular del ejecutivo estatal (“el que manda en Veracruz”, decían sus panegiristas),  dejara de pagar al IPE, contratistas, proveedores y periodistas nada menos que 17 mil quinientos millones de pesos, heredándole la deuda a su sucesor. Lo menos que se dice en “radio bemba veracruzana”, es que se los robó, aunque en honor a la verdad concediéndole el beneficio de la duda, pudiéramos presumir que simplemente dio muestras de ser un pésimo administrador, como pésimo lo fue como gobernador.

Sea cual fuere el destino de la deuda pública acumulada y heredada al Dr. Duarte de Ochoa, algún día saldrá a la luz pública, como ya está aconteciendo con el caso Coahuila, cuyo gobierno ya fue denunciado por la Secretaría de Hacienda.

Lo verdaderamente grave en perjuicio del gobierno duartista, se da en dos vertientes, a saber:

La pérdida de credibilidad en el gobierno estatal por parte de una ciudadanía que se da por engañada, achacándosele al Dr. Duarte de Ochoa ser tapadera de los malos manejos de su antecesor;

La imposibilidad de la actual administración pública veracruzana para ocultar que no cuenta con dinero suficiente para atender con eficiencia y eficacia sus tareas, en el propósito de abatir la pobreza y consolidar la prosperidad en Veracruz.

En el primer caso, el gobernador tendrá mucho trabajo por delante para borrar tal impresión, actuando en consecuencia.

Por cuanto a la escasez de recursos, tendrá que admitirse que cuando menos que en lo que resta del año y en tanto no nos afecten nuevos huracanes, tormentas tropicales, lluvias y ventoleras, el énfasis del gobierno estará en aplicar los recursos del FONDEN en “la reconstrucción”, puesto que no hay para más.

Esto último sin que se sepa a ciencia cierta que se hizo en el 2010 y que se hará en el presente año; opacidad e impunidad cubren con un manto indeleble el verdadero alcance de las afectaciones a lo largo y ancho del estado.

Partiendo de esto último, el Dr. Duarte de Ochoa está más que obligado a imprimir a su mandato la más cristalina de las transparencias, so pena de ser juzgado con el mismo rasero con el que hoy se juzga a su antecesor, en una circunstancia clave como son las elecciones del 2012. Por el bien de Veracruz esperemos que el gobernador esté a la altura de lo que de el esperan los veracruzanos, empezando por una limpia de depredadores heredados y aún enquistados en las filas de su gobierno, así como la transparente y oportuna aplicación de los nueve mil millones que dice cuenta su administración  para hacer lo que debería haberse hecho el año pasado.

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J. Enrique Olivera Arce

Quizá la decisión más importante hasta ahora de la administración a cargo del Dr. Duarte de Ochoa, sea la iniciativa de reestructuración de la deuda pública, aprobada con dispensa de trámite el pasado 28 de julio por las bancadas del PRI y del Panal en la LXII Legislatura.

Medida audaz, con la que en principio se ponen los pies sobre la tierra, aceptándose oficialmente que el gobierno de Veracruz está en bancarrota, al mismo tiempo que puede considerarse como señal inequívoca de un claro deslinde del Dr. Duarte. Lo que no es de su año no es de su daño.

No sólo se propone redocumentar pasivos bancarios y los servicios de la deuda no cubiertos en su oportunidad, también la iniciativa contempla la autorización para contratar nuevos créditos para cubrir compromisos no cumplidos de la anterior administración contraidos con el IPE, empresas constructoras, proveedores y medios de comunicación, que ascienden a más de 17 mil millones de pesos.

No se puede hacer gran cosa ni se puede exigir más del gobierno de Veracruz, cuando se hereda una deuda pública de 30 mil millones de pesos. Pesada lápida con la que se inicia el mandato del Dr. Duarte, luego la medida más que obligada, contiene a mi juicio dos aspectos relevantes.

 

Reconocerla y de ahí partir para rediseñar propósitos, estrategias, objetivos y metas para conjugar lo deseable con lo posible y, dejar claramente sentado que el despilfarro, pésima administración y presunto desvío de recursos, representa un daño al erario público que no se puede atribuir al gobierno duartista.

Quedando asentado en el Congreso local que sólo hay un responsable, Fidel Herrera Beltrán y la administración a su cargo y, en consecuencia, ello es antecedente a considerar en la revisión de la cuenta pública del 2010. Con el salvataje propuesto por el Dr. Duarte de Ochoa, sin necesidad de rupturas políticas incómodas, el ex gobernador es exhibido ante la opinión pública y para la historia de Veracruz.

Los veracruzanos tendrán que pagar en 30 años este conjunto de obligaciones que, a su vez, estarán garantizados por un porcentaje anual de las participaciones federales, lo que repercutiría en menores inversiones del gobierno estatal en bienes y servicios a favor de la comunidad. Como corolario, es de  considerarse que se incrementaría la dependencia financiera que se guarda con la federación e instituciones bancarias, reduciéndose en el futuro cercano el margen de maniobra de la administración pública estatal.

¿Quién será responsable de ello? Usted lo sabe estimado lector. Más claro ni el agua. Una vez que sea desahogado el trámite de redocumentación y contratación del nuevo crédito, será a partir de ahí que se podrá calificar el desempeño financiero de la administración pública veracruzana cargo de Duarte de Ochoa. Borrón y cuenta nueva.

Hasta aquí es lo que  puedo interpretar a grandes rasgos del contenido del texto del Decreto con el cual el Congreso de Veracruz autoriza al titular del ejecutivo la reestructuración de la deuda pública, asentado en la Gaceta Legislativa No.48 De fecha 28 de julio del 2011.

Lo que sigue es la gran interrogante: ¿Con qué recursos propios y de participaciones federales, sostendrá el Dr. Duarte de Ochoa el ejercicio financiero del gobierno en su sexenio sin recurrir nuevamente al endeudamiento? Esto no lo dice el decreto, puesto que las señoras y señores diputados del PRI y del Panal, seguramente o no lo analizaron o no lo tomaron en cuenta al aprobarlo sin mayor trámite, puesto que ni se relaciona la reestructuración con el Producto Interno Bruto de Veracruz ni con los presupuestos de ingresos y egresos del 2012 y años subsiguientes.

Al parecer ni Finanzas ni el Congreso tomaron la previsión de considerar un colchón que asegure un mínimo de liquidez para satisfacer las demandas de inversión y gasto corriente para lo que resta del presente año y el inicio del siguiente. Entre otras cosas, para terminar con el tiradero heredado de obras inconclusas. ¿O el reemplacamiento vehícular anunciado y la exigencia de pagos vencidos de tenencia no cubiertos en su oportunidad  es tal previsión?

2011 prácticamente ya se fue. Esperaremos lo que sobre el particular se apruebe en los presupuestos de ingresos e ingresos para el 2012.

De ahí que podríamos estimar que el sexenio del Dr. Javier Duarte de Ochoa, será el de un gobierno pobre que, parafraseando a Hank González, será un pobre gobierno, cuando los retos presentes y futuros por afrontar superan en mucho la capacidad de la administración pública veracruzana. Todo se lo debemos a Fidel Herrera Beltrán y aún así lo queremos como Senador plurinominal por Veracruz.

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J. Enrique Olivera Arce

 Ante la ausencia de una racional jerarquización de prioridades, mediáticamente todo es importante y pareciera que todo y nada es prioritario, en tanto se observan acciones reactivas de la administración pública veracruzana frente a una realidad que le desborda. Ya no se sabe si se atiende a lo dispuesto en el Plan Veracruzano de Desarrollo o se reacciona a los palos de ciego de un Felipe Calderón que, en su quinto y penúltimo año de gobierno, ya no quiere queso sino salir de la ratonera.

 La anterior administración a cargo de Fidel Herrera Beltrán, creo el caos, apuntalándole con el despilfarro de recursos públicos y el aplauso acríticamente mayoritario e irresponsable de la prensa. La actual, con inopia inmovilista, lo profundiza sosteniéndole con saliva, sin contar con el apoyo unánime de los medios de comunicación. El impacto del rumor en la calle es superior a las campañas mediáticas en una prensa desacreditada, malquerida y pusilánime.

 Esto en el marco de un adelantado proceso electoral, en el que los partidos políticos exhiben fehacientemente su pérdida de razón de ser, en el contexto de crisis del sistema político nacional e internacional. El hartazgo y la indignación sellan con broche de oro la pérdida de representatividad y legitimidad de la democracia representativa en el mundo.

 

En México, el conato de acuerdo del PRI, PAN y PRD para ir con candidato único a la elección de gobernador en Michoacán, es el rasero. No existe diferencia de fondo entre los tres partidos políticos más importantes del país. El oportunismo en la coyuntura les iguala dejando sin opción al electorado. En tanto que en Veracruz no gobierna más el PRI,  que va a la zaga de un ecléctico Poder Ejecutivo estatal que marcha a bandazos, sin brújula ideológica que le guíe en el azaroso contexto de un mundo en decadencia.

 En múltiples ocasiones desde diciembre de 2007, he destacado mi percepción personal de una profunda crisis en el sistema político nacional, expresado en notable pérdida de los partidos políticos tanto de ideología, principios, valores, como de capacidad de interlocución con una sociedad que les cuestiona. Hoy a mi juicio estimo que tal crisis está tocando fondo, sin que a la vista se observe el menor afán por recobrar lo perdido, reflejándose lo mismo en la conducción del país que en el deterioro creciente del tejido social.

 Considero que Veracruz no escapa a ello. En nuestra aldea, el reflejo se da tanto en la conducción errática de la administración pública como en la vulnerabilidad fáctica de la división de poderes. El endeble estado de derecho da paso al endurecimiento de un principio de autoritarismo, impulsado más por la impotencia del momento para encontrar el camino que por respuesta a una oposición política responsable, por ahora inexistente. El escepticismo y desconfianza de la población frente a la descomposición política, económica y social generalizada, se deja sentir en el ánimo del titular del Poder Ejecutivo de la administración pública de la entidad.

 

No es circunstancial tanto el vació informativo en torno a la última visita de Andrés Manuel López Obrador a la capital de Veracruz, como la respuesta positiva, en esta ocasión de un mayor número de asistentes convocados al mitin de “Morena” en la Plaza Lerdo. La autocensura inducida de los medios de comunicación y la aún tímida pero destacable respuesta ciudadana a la convocatoria de los organizadores, van de la mano.

 No pasa nada en Veracruz, se dice en círculos oficialistas, y no precisamente por razones de seguridad y violencia, que si pasa. A mi juicio algo anda mal en la administración pública y que aún no se percibe de manera generalizada. Creo que es tiempo de ajustar las tuercas antes que el hartazgo y la indignación propiciada por el gobierno federal,  alcance los aparejos en la aldea.

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J. Enrique Olivera Arce

“No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre.” Sultana Aixa, madre de Boabdil, último rey de Granada.

Todo lo que tenía que decir sobre el peor gobierno de los últimos  cincuenta años en Veracruz, lo expresé en mis artículos a lo largo del sexenio de la administración fidelista, señalando y advirtiendo de la simulación y el engaño. Hoy estoy convencido de que ya no tengo nada que decir al respecto. Destapada la cloaca, la desconfianza le va ganando la batalla a la construcción de soluciones a los graves problemas comunes que enfrentamos. La mugre seguirá brotando para alimentar el morbo, la especulación, el rumor y la maledicencia, que destruyen más que coadyuvar en la construcción de ciudadanía y gobernanza, sin que ello de lugar a que la rueda de la historia de marcha atrás.

“Haiga sido como haiga sido”, el pueblo veracruzano no recuperará ni el tiempo perdido ni los miles de millones de pesos que, en su extravío, extraviara el gobierno priísta de la fidelidad. Lo caido, caido.

Políticamente incorrecto o todo lo contrario, guste o no, tratando de ser congruente sólo me resta afirmar que la gubernatura del Dr. Javier Duarte de Ochoa, la posición que hoy ocupan algunos de sus colaboradores, la mayoría de los diputados federales y locales priístas, así como los más destacados alcaldes en la entidad, son fruto innegable de esa perversa engañifa de la que fuimos víctimas a la par que copartícipes, dejando hacer, dejando pasar, aplaudiendo un mal sueño que en nuestra inconsciencia hicimos propio.

Así las cosas, por salud mental y para bien de Veracruz, deberíamos preocuparnos ya no por la pesadilla vivida sin que eso quiera decir borrón y cuenta nueva, los presuntos ilícitos en que incurriera la anterior administración deben investigarse y, en su momento, castigarse con todo el peso de la ley.

El presente y futuro cercano de la entidad reclama hoy ocuparnos de lo mucho que hay que hacer para su reconstrucción, así como en aquellas tareas que exige el retomar el camino del progreso y la esperanza. Recrear el pasado sólo acarrearía amargura y pérdida de la fe que merecemos.

Antes que dejar que nos vuelvan a saquear, la obligación común es participar activamente en una permanente vigilancia y cuestionamiento del quehacer público, constituyéndonos todos como responsable y avispada contraloría social. Se puede engañar nuevamente a uno, dos, tres, pero no a todos los veracruzanos.

A mi juicio, para empezar habría que partir de tomar conciencia de que si bien por ahora se confía en la nueva administración pública veracruzana, esta no cuenta con un cheque en blanco, expedido por una ingenua ciudadanía dispuesta una vez más a tropezarse con la misma piedra.

Tal toma de conciencia implica valorar el papel de cada quien en el ejercicio de gobierno, empezando por nosotros mismos como mandantes, para así saber a ciencia cierta que esperamos de quienes en nuestro nombre se desempeñan como mandatarios de la voluntad popular. Si no se tiene claro quien manda en Veracruz, sólo hay un paso a la sumisión y al dejar hacer dejar pasar en un gatopardismo que se repite sin cesar, y que se nos impone desde las esferas de un poder político y administrativo que hemos depositado en manos de unos cuantos mortales que, ni son superiores a nosotros, ni tienen por qué asumirse como tales, toda vez que les pagamos para desempeñarse como servidores públicos a nuestro servicio.

El segundo paso es el exigir transparencia en cada uno de los actos de gobierno. Pleno derecho y libertad para escudriñar hasta el más nimio detalle de cómo nuestros representantes disponen de los bienes materiales, financieros y humanos, que hemos puesto en sus manos para beneficio de toda la sociedad. La simulación y la opacidad son inherentes a la corrupción y a la impunidad; no se debe ni puede permitir que se nos vuelva a jugar el dedo en la boca con medias verdades, medias mentiras y desplantes demagógicos soportados con bombardeo mediático pagado con dineros del contribuyente.

Desde el más humilde servidor público hasta el gobernador del estado, deben desempeñarse en caja de cristal, hablando con verdad, humildad y honestidad intelectual, en un marco de congruencia que empezando por barrer la casa, elimine el lastre que para la opinión pública  representa el que los pillos de ayer sean los mismos que hoy rodean a Javier Duarte de Ochoa.

Es nuestra responsabilidad como sociedad que así sea y, para ello, debemos pugnar por una puntual y oportuna rendición de cuentas, lo mismo del Poder ejecutivo que del legislativo y el judicial. Insistiría en que todo plan de desarrollo o programa sexenal de gobierno, debería hacerse acompañar por un sistema estatal de evaluación y control de obras y servicios públicos, a cargo de un Comité de Planeación del Desarrollo de Veracruz (COPLADEVER) ciudadanizado y desconcentrado regionalmente en el que la población y no los partidos políticos tengan la última palabra. La democracia participativa es condición sine qua non.

El tercer paso, quizá el más importante, es aceptar que en democracia,  la tarea de gobierno se comparte corresponsablemente, actuando en consecuencia. No podemos exigir al otro que cumpla si nosotros como ciudadanos no cumplimos en aquellas esferas de nuestra personal y colectiva competencia y responsabilidad. La tarea es de todos y a cada uno corresponde aportar su grano de arena, contribuyendo al buen gobierno. Esperar que otros, ya sea el titular del Poder ejecutivo, el Congreso local, los partidos políticos o las organizaciones no gubernamentales, hagan la tarea a la que como ciudadanos estamos obligados,  perdidos en la comodidad de la abulia y apatía es aceptar sin mayor actitud crítica un destino incierto, en el que habremos de recibir no más que aquello que como pago a nuestra irresponsabilidad merecemos.

Parafraseando al ex presidente López Portillo, ya nos saquearon, no permitamos que nos vuelvan a saquear. Organicémonos para participar cuidando y fortaleciendo un patrimonio que es de todos.

No más engaño, estridente simulación y manipulación mediática,  por el bien de Veracruz. El gobernador lo debe entender así tanto como los ciudadanos estamos obligados a exigirlo.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Javier Duarte

En efecto. Es aún muy temprano, apenas cien días, para calificar el desempeño de la administración pública ahora a cargo del Dr. Javier Duarte de Ochoa. Los elementos hasta ahora visibles se aprecian difusos e inciertos. Más allá de golpes mediáticos  cuyo impacto inmediato se diluye en unos cuantos días, el panorama no es nada claro, percibiéndose parálisis y, peor aún, ausencia de estrategia para controlar la crisis financiera que tiene atado al gobierno estatal, así como a gran parte de los Ayuntamientos.

Pero si bien no hay elementos para juzgar el temprano desempeño, si los barruntos de tormenta son indicadores valiosos para estimar que el beneficio de la duda que se le otorga al joven gobernante, va en picada.

Conforme pasan los días, lejos de convencer sobre sus intenciones de conducir la nave a puerto seguro, el gobernador genera dudas y escepticismo. Al grueso de la población no le inquieta el saber si en el mediano plazo se generarán miles de empleos, en su mayoría en el sector servicios y, por ende, mal pagados, como tampoco le conmueve conocer de si el PRI está o nó en el camino correcto para dar la pelea en el 2012. Más que declaraciones que soslayan la problemática específica por la que se atraviesa, la población pide resultados en relación a rezagos, ya no históricos, sino de coyuntura en la atención a promesas no cumplidas de la anterior administración.

No hay dinero, se dice en las dependencias gubernamentales, haciéndose de ello eco los medios de comunicación, mientras el número de manifestaciones de descontento están a la orden del día. Si no son los pobladores de comunidades afectadas por los fenómenos naturales, son los jubilados, empleados gubernamentales, o los contratistas y proveedores que no saben para cuando se hará efectiva la promesa de pago. No hay dinero, es la respuesta aunada a la promesa de que en abril se restablecerá la liquidez.

Sin hacer de lado que el lento ritmo de  generación de nuevos empleos se frena y el desempleo real y el comercio informal se incrementan, a partir de cierres de pequeñas y medianas empresas incapaces de sobrevivir en medio de un mercado interno contraído y a la baja.

Las presuntamente esperanzadoras ofertas de apoyo a los productores agrícolas, pecuarios y pesqueros, no impactan en la medida de lo deseable. Pesa más saber que no hay fecha para su cumplimiento cuando a la par trasciende que el gobierno estatal se gastó 10 mil millones de pesos, sin haber resuelto la demanda de auxilio de los afectados por el mini huracán y la tormenta tropical el año anterior, con sus correspondientes secuelas de inundaciones y pérdida de infraestructura, hogares, enseres domésticos, cultivos y ganado.

Los funcionarios estatales se lavan las manos. El gobierno federal no abre la llave, los recursos federales no bajan, dicen. Al mismo tiempo que el gobierno calderonista, por lo consiguiente, afirma haber cumplido en tiempo y forma. Mientras el gobernador se exhibe mediáticamente como un acertado y efectivo gestor que recompone la relación perdida con el gobierno central.

Esperanzas y expectativas de cambio, alimentadas por un presunto cambio en el estilo de gobernar, se desmoronan. El combate a la corrupción al interior de la administración estatal y de los Ayuntamientos, tiene más contenido mediático que efectividad. La impunidad domina y está a la vista de todos, mientras que el gobernador declara no tener intenciones de provocar una ruptura con su amigo y antecesor, ocupado como está en salvar su relación con su partido y pesar en la toma de aquellas decisiones que habrán de desembocar en la designación del candidato priísta a la presidencia de la República. Lo sustantivo es el partido y la elección del 2012, lo accesorio es Veracruz. No porque así lo desee el gobernante, estimo de buena fe, sino porque frente a la incapacidad para administrar la crisis financiera derivada de cuantiosos adeudos heredados, requiere de la operación política para mantener en paz y trabajando a la entidad.

Si no hay dinero suficiente en las arcas públicas, el circo substituye al pan, mientras en el grueso de la población la falta de pan actúa como pésimo consejero. ¡Vaya enredo! Cuando lo que menos interesa en este momento a la mayoría de los veracruzanos, fuera del diario chacoteo sobre el tema, es el considerado aún lejano proceso electoral.

Se dio el cambio en  la presidencia del CDE del PRI, ¿y? ¿A quién le interesa si se designo de un dedazo a fulano o a sutano? Eso no resuelve en lo más mínimo la intranquilidad social y sí, paradójicamente, lejos de fortalecer al partido en el gobierno, le debilita, constatando la opinión pública que el PRI en Veracruz en lugar de evolucionar como se estableciera como compromiso ineludible desde el 2002, involuciona, a la par que se agudiza la pugna entre los anquilosados clanes regionales; dificultando esto último la conducción política a cargo del “gran elector” en turno, frente a la que el nuevo dirigente estatal del tricolor se lava las manos declarándose simple peón de estoque del gobernador, ante el asombro de sus correligionarios.

Efectivamente, no hay elementos suficientes de peso como para juzgar el desempeño del Dr. Duarte de Ochoa en sus primeros cien días de gobierno. Es aún demasiado temprano en medio del caos. Sin embargo, la percepción se agudiza al paso de los días; ante la ausencia y/ o insuficiencia de elementos válidos de juicio las tendencias cuentan en el imaginario popular, y estas se manifiestan ya en contra de la esperanza en el joven gobernante.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Parte de la inercia que se arrastra tras el desastre fidelista en Veracruz se manifiesta, a mi juicio, en la reiterada insistencia en colocar gobierno y vida política de la entidad fuera de contexto; como si permaneciéremos anclados en la idea de una ínsula aislada de la realidad nacional e internacional que, a lo largo de seis años,  se nos impusiera por la concepción unipersonal tan peculiar de gobernar de Fidel Herrera Beltrán. Ignorándose lo real y tangible, como el que ya contamos con un nuevo gobernante en la persona del Dr. Javier Duarte de Ochoa, cuyo estilo de matar las pulgas es diferente en un Veracruz que, a su vez, es distinto al que hundiera su antecesor.

Se insiste en ver al joven gobernante como se viera en los últimos seis años a quien mal gobernara a Veracruz. Garrafal equívoco, a mi entender. El incapaz de delegar funciones, proclive al autoritarismo y corrupción, a quien le valiera –en aras de proyectar y fortalecer su imagen de virrey de la isla de la fantasía–, la necesaria y obligada relación institucional entre los tres órdenes de gobierno, ya no está, ya se fue. Así tendríamos que asumirlo como también debería asumirse que “El poder no se comparte”, Javier Duarte de Ochoa es hoy gobernador en tanto que el pasado debería ser historia superada.

Veracruz en lo local refleja objetivamente, la incertidumbre de los gobiernos del mundo para manejar y controlar la crisis global que acelera el deterioro sistémico, económico y social y, en el marco de la creciente descomposición de un país atrapado en el combate a la delincuencia, tiene hoy, en lo político,  diferente peso específico en el juego de intereses que desde el centro neurálgico de los poderes fácticos, determina el rumbo presente y futuro del Estado-Nación.

La administración pública veracruzana que encabeza Javier Duarte, no escapa ni a los efectos de la crisis global ni al juego neoliberal de intereses dentro del cual éste está inmerso con vías al 2012.

En este escenario el Dr. Duarte no sólo debe enfrentar el desorden y corrupción que heredara de su antecesor. También está obligado en su circunstancia a desempeñarse como buen gobernador, a la par que, en paralelo, como eficaz guía moral de su partido, si es que se desea que la entidad pese electoralmente en el relevo presidencial. Ser buen gobernador implica, por un lado, gobernar para todos en una estrecha coordinación y cercanía institucional con el gobierno federal de extracción panista, en tanto que, como guía moral del PRI en la entidad,  debe velar por la organización y fortaleza de su partido.

Dicotomía en la que el equilibrio es más que exigible. Cargarse en demasía a favor de uno u otro polo, implica riesgo en gobernabilidad y fracaso para una renovada administración pública que concita esperanza y expectativas de cambio.

Tarea nada fácil que pondría a sudar hasta al más pintado. No es de un solo hombre al que hay que cargarle toda la responsabilidad, esta debería descansar en un equipo prudente, preparado, y capaz de interpretar la más mínima señal del gobernante.

A diferencia del sexenio anterior en que se gobernara sin partitura y sin orquesta, bajo la conducción de un director tan chambón como ramplón, las nuevas circunstancias obligan a una estrecha coordinación y complementariedad entre todas las instancias de la administración pública en los tres órdenes de gobierno y, entre estas y la llamada sociedad civil; en lo local ello será posible si se da una acertada conducción por parte del titular del ejecutivo quien, a su vez, debe apoyarse en su partido sin desconocer la importancia de su relación institucional para con Calderón Hinojosa y su gobierno.

La dificultad estriba, siempre a mi juicio, en que en la integración del gabinete no se observa calidad y virtuosismo como para que la orquesta interprete una complicada sinfonía en la que se conjugue honestidad, eficacia y transparencia. La administración pública veracruzana renguea, hasta ahora. Cada ejecutante en los primeros círculos cercanos al gobernante, marcha por camino propio, estorbando o zancadilleando bajo la mesa a sus pares, en tanto que el PRI en el estado y las diversas corrientes políticas que a éste concurren, amparado en una falsa unidad, más virtual que real, atiende a sus propios asuntos e intereses al margen de los sanos propósitos de Javier Duarte de Ochoa, dejado llevar por la inercia e intereses heredados de pasadas glorias.

La asincronía y el “fuego amigo” se observa y se comenta en corrillos palaciegos y tertulias de café, en tanto que el grueso de la población no ve más allá de lo que le ofrecen discursos anodinos y entrevistas banqueteras, siempre en espera de que lo prometido se cumpla a cabalidad. Mientras, el tiempo pasa y, pese al cambio en el Comité Directivo Estatal del PRI, la inercia domina, el partido se divide y aleja de una administración pública estatal al borde de la parálisis, en perjuicio del equilibrio deseable en la nueva circunstancia a la que se enfrenta Javier Duarte de Ochoa.

El destacado periodista Quirino Moreno, recomienda a los duartistas ponerse las pilas. Yo me permito diferir. Es la clase política veracruzana en su totalidad la que debería ser consciente de la nueva realidad. Adicionalmente habría que aceptar que “el duartismo” al interior del PRI y en la correlación de fuerzas en la entidad, aún no existe como corriente política de peso. Alrededor del joven gobernante gira un avispero de chile, de dulce y de manteca, que aún no responde de manera unánime a los dictados del gobernador y guía moral de su partido.

El 2012 está a la vuelta de la esquina. El peso electoral del priísmo veracruzano en el concierto nacional, depende de un buen desempeño del gobernador en los próximos  meses, a la par que el buen gobierno, como factor determinante,  gravita en torno a la dudosa capacidad de su partido para interpretar la nueva realidad y actuar en consecuencia, allanándole el camino. En los próximos días seremos testigos de si Héctor Yunes Landa al frente del CDE del PRI, “se pone las pilas” o persiste inercialmente en dar valor político a la alabanza insustancial que tiñe de rojo a  su discurso.

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