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Tag Archives: Inundaciones en Veracruz

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La reciente tragedia por la explosión de una  destiladora alcoholera en Orizaba dio lugar a que la Sra. Nohemí Guzmán Lagunes, secretaria de protección civil del gobierno de Veracruz, afirmara que alrededor de 1200 factorías en la entidad que representan alto riesgo para sus trabajadores y población en general, requieren de su regularización. A ello habría que agregarle el hecho de que miles de kilómetros de ductos de Pemex en territorio veracruzano tienen en absoluta indefensión a comunidades enteras. Lo cual pone de relieve que el error humano, la negligencia en algunos casos rayando en lo criminal,  o por qué no, el disimulo de las autoridades, puede dar lugar a tragedias como la de pluviosilla ya ampliamente comentada en los medios. Cuanti más como resultado de imponderables efectos de fenómenos naturales.

Lo anterior viene al caso por la inquietud que causa en la población la existencia de la nucleoeléctrica de Laguna Verde en la costa veracruzana, tras el percance nuclear en varias plantas de igual característica en Japón, originado por la fuerza de la naturaleza, el afán desmedido de lucro de las empresas generadoras de electricidad, y el aún incipiente dominio de la energía nuclear con fines pacíficos en ese país asiático.

Los llamados de las autoridades a mantener la calma, argumentando sobre la inexistencia de riesgo en la factoría nuclear asentada en Veracruz han sido insuficientes para una población que se siente amenazada.

La experiencia que vive Japón, pese a tales llamados, obliga a pensar a los pobladores en la periferia de Laguna Verde que el riesgo es latente, en una planta que en los límites de la obsolescencia ya registra señales de deterioro dignos de tomarse en cuenta y de ahí una inquietud social que no debe echarse en saco roto.

Llamando la atención sobre esto último, que se afirme de manera insistente que el litoral veracruzano no presenta riesgos sísmicos que pudieren afectar la seguridad en la mencionada planta en el litoral del Golfo de México. Como si la única posibilidad de un desastre tuviera origen en fenómenos naturales no previsibles como el sismo de 6.7 grados en la escala de Richter que el pasado jueves sacudiera a Veracruz. Descartándose el error humano, fallas técnicas u obsolescencia tecnológica.

El riesgo existe, quiérase o no,  luego vale la pena recapacitar sobre ello y tomar cuando menos el mínimo de previsiones para evitar se vea dañada la población en las inmediaciones de la planta en cuestión. Cosa que, hasta el momento, no ha sido tomada en cuenta en lo que se refiere a infraestructura vial suficiente y ad hoc para un pronto, ordenado y eficaz desalojo de quienes habitan en las áreas de mayor riego, como tampoco tiene lugar una permanente campaña de educación de prevención en la zona. Lo cual va más allá de contar con un “Atlas de Riesgo” que, al fin y al cabo, sólo tiene el carácter de indicador.

En este contexto, me parece absurdo e irresponsable  el que oficialmente se declare que Veracruz está preparado para afrontar contingencias derivadas del impacto de huracanes en la entidad,  cuando no es así, generando falsas expectativas e infundada confianza entre la población que pudiera verse afectada por fenómenos meteorológicos extraordinarios que anualmente  se presentan en el Océano Atlántico. Tras el paso del huracán Karl y la tormenta tropical Matthew el año anterior, con la consiguiente secuela de inundaciones, a la fecha ni se han desazolvado los ríos ni se ha reubicado a la población asentada en sitios de alto riesgo. Estando aún pendiente un buen número de acciones de reconstrucción en zonas afectadas.

Lo justo, a mi juicio, sería aceptar que no estamos lo suficientemente preparados para cualquier tipo de contingencia que pusiera en riesgo la integridad física de los veracruzanos y los bienes materiales e inmateriales de estos. Debiéndose tomar con oportunidad las providencias procedentes por parte de las autoridades y de la misma población. El hecho de que Japón, el país más preparado del mundo en materia de prevención de desastres, esté viviendo la pena de más de 17 mil personas fallecidas o desaparecidas a consecuencia de un terremoto y un tsunami, confirma que nunca se está lo suficientemente preparado frente a los embates de la naturaleza. El gobierno de Veracruz debería saberlo.

Luego entonces, cabe considerar que es de carácter de urgente en los tres órdenes de gobierno el avocarse a tareas tan obvias como el desazolve para el libre desfogue de los ríos que históricamente dan origen a inundaciones fuera de control; la aplicación estricta de la ley en materia de prevención en el caso de actividades industriales y comerciales que representen amenaza para la población, así como la reubicación de comunidades y familias asentadas en zonas de alto riesgo. Por cuanto a un por ahora improbable accidente nuclear en Laguna Verde, no está por demás el insistir que debe revisarse el plan regional de contingencias y actuar en consecuencia dotando de infraestructura idónea a la zona. Más vale prevenir que lamentar.

Nada ni nadie puede asegurar que estamos exentos de un tan imponderable como indeseable desastre provocado por la naturaleza y mucho menos de los que pudieran presentarse por negligencia o error humano. Lo acontecido en Japón, es ejemplo de ello. Poner las barbas en remojo para tranquilidad de la población  sería saludable.

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Prometer no empobrece…

Tlacotalpan, Ver.- Ante funcionarios y medios de comunicación, el gobernador de Veracruz exclamó, “los tlacotalpeños no tienen llenadera, piden y piden”, cuando al arribar a esta ciudad para presidir las Jornadas de Diagnostico y Servicios del gobierno del estado, cientos de pobladores le rodearan y a gritos le exigieron ayuda para poder reconstruir sus viviendas y parte de sus pertenencias devastadas por los meteoros de septiembre pasado. Molesto, Fidel Herrera se retiró  de inmediato del lugar. e-consulta

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tras la tormenta perfecta, combinación y retroalimentación de naturaleza desatada y malos gobiernos, nadie puede negar que en Veracruz vivimos una crisis dentro de otra crisis que para nada no es ajena, la globalizada de una economía mundial que no logra levantar cabeza, y a la cual México, por más que Felipe Calderón insista en convencernos de lo contrario, nos tiene patas arriba.

La nuestra, crisis que hoy nos atañe en la coyuntura doméstica, pese a sus efectos desastrosos, no deja de dejar lecciones respecto al pasado, presente y futuro de nuestra realidad. La interrogante que se plantea es si tales lecciones estaremos tomándolas en cuenta o, simplemente, como desafortunadamente es costumbre, así como retornarán las aguas a sus cauces, retornaremos a nuestra normal vida cotidiana, dejando hacer, dejando pasar, hasta que nuevos golpes, quizá más severos, nos vuelvan a poner de rodillas frente a lo que naturaleza y sociedad propiciamos.

Lo irracional, a mi juicio, sería esto último: superar la contingencia y avocarnos al rescate y reconstrucción, fincando nuestro futuro sobre los mismos, frágiles y endebles cimientos, perdiendo la oportunidad de enmendar y hacer de la crisis oportunidad.

No hay mal que por bien no venga, reza la conseja popular sustentada en el más primitivo sentido común que, confiando en algo tan irracional como la suerte o la mano bondadosa del creador, deja en manos de la resignación y una nada sustentable esperanza, el que el desastre de hoy por sí solo acarree bonanza y bienestar para el mañana.

la solución deseada a los pequeños o grandes avatares de nuestro infortunio presente, sin analizar origen, desarrollo y consecuencias del mal o males que nos aquejan, queda así a la buena de Dios, evadiéndose una responsabilidad personal y colectiva fincada en nuestras propias conductas, actitudes, costumbres; en la manera de hacer las cosas en el afán de satisfacer nuestras necesidades con el menor esfuerzo, el menor costo, y vivir el hoy con toda intensidad, ante la incertidumbre de si mañana veremos nuevamente el sol.

La previsión se constituye en algo aleatorio, ignorando el pasado y las lecciones de su legado, al mismo tiempo que para las generaciones presentes importe un bledo lo que heredaremos a las venideras. En tal manera de pensar y de actuar, se sustenta la inviabilidad de lo que hoy conocemos como desarrollo sustentable, utópica teoría que se escucha agradable en el discurso de políticos y galardonados expertos, pero inalcanzable en sus objetivos y efectos propuestos.

Así como también resulta cómodo atribuir los embates de la naturaleza que hoy nos daña y lastima, únicamente al “cambio climático”, (o al reparto agrario cardenista) como insiste Calderón Hinojosa, presidente designado de la República, y no a la conducta de la raza humana.

Científicamente está comprobado que mucho tienen que ver los cambios que sufre en el tiempo el planeta entero, entre ellos el climático, alterando el comportamiento de la naturaleza pero lo cierto es, siempre a mi juicio, el que no hacemos absolutamente nada para adecuarnos a estos y aliviar en la medida de lo posible sus efectos. La previsión, pese a las alertas tempranas de la comunidad científica, no entra en los planes de una sociedad inmersa en el acumular y acumular riqueza material, así sea a costa de acelerar el cambio anunciado y profundizar sus efectos, renunciando a tranquilidad y calidad de vida presente y futura.

No podemos seguir manteniendo tal actitud, so pena de lamentarnos mañana nuevamente de lo que hoy y siempre hemos propiciado y auspiciado. El cambio en nuestra sociedad, se reclama con urgencia; cierto, problema y búsqueda de soluciones es global, como lo es la crisis concurrente mundial –social, económica, política, ambiental, que a todos nos afecta, pero en nuestro entorno doméstico, frente a la coyuntura, su necesidad, urgencia e importancia, es evidente. No podemos sentarnos a esperar “que el destino nos alcance” año tras año.

El pueblo veracruzano en estos días aciagos, ha dado muestras palpables y extraordinarias de unidad, solidaridad y generosidad, frente a la tragedia que viven miles de familias hermanas. La espontaneidad de todos rebasa al propio gobierno y a los partidos políticos. En ello estriba el poder hacer todo lo que nos propongamos hacer, para cambiar conductas, actitudes y manera de pensar. Coincido con el gobernador, Mtro. Fidel Herrera Beltrán, cuando dice que “Veracruz está de pie”. Quizá exagera, cuando de todos es conocido que más bien estamos de rodillas, pero en su intencionalidad su postura en esta ocasión le considero correcta. Estamos doblados pero no vencidos, entre todos saldemos adelante.

Unidos solidariamente, con la misma generosidad y desprendimiento que hoy nos motiva, si hacemos lo correcto, atendiendo más a la racionalidad científica que a la corrupción, improvisación y al ahí se va, podríamos hacer de la crisis oportunidad, construyendo un Veracruz mejor que el que recibiera el embate de las fuerzas desatadas de la naturaleza.

La reconstrucción de la entidad exige nuevos cimientos, en lo económico y en lo social. No podemos ni debemos construir sobre lo viejo, a todas luces ya inoperante. Infraestructura de calidad y eficacia, rescate del campo con visión social, reconocer con honestidad intelectual fortalezas y debilidades de nuestra realidad orográfica e hidrológica y poner en marcha un gran esfuerzo de planificación integral en consecuencia, así como muchas otras cosas en las que los expertos deberán puntualizar.

Para ello no basta el espontáneo granito de arena aportado por cada quien, hay que sumar esfuerzos de manera organizada, hombro con hombro, comunidad por comunidad, la suma del trabajo de todos en torno a un solo objetivo: El Veracruz que deseamos para nuestros hijos. ¡Ojalá y nos cayera el veinte!

Para no variar en mi estilo crítico, podría sugerir también que en cuanto a nuestra clase política, lo más recomendable sería “que se vayan todos”. Entre menos estorben, mejor, pero que le vamos a hacer, sin políticos, sus ocurrencias y sus barbaridades, podríamos morir de aburrimiento antes de un nuevo ciclón y, entonces, saldría más caro el caldo que las albóndigas.

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Hace unos minutos escuche por la radio al alcalde del municipio de  Carlos A. Carrillo, ubicado en la Cuenca del Papaloapan en Veracruz y sede de uno de los ingenios azucareros más importantes del país, describiendo la situación que se vive tanto en la cabecera municipal como en sus diversas congregaciones, anegados bajo dos metros de agua. A la mayoría de los radioescuchas sin duda que ello despierta tristeza y pesar ante la desgracia de nuestros conciudadanos, sin embargo, lo dicho por el alcalde provoca impotencia y rabia a la vez. En el corazón de la zona cañera de mayor tradición, fortaleza económica y espíritu emprendedor de su gente, el Ayuntamiento sólo cuenta con una patrulla y una lancha para labores de rescate, auxilio y seguridad de los habitantes del municipio.

Lo primero que uno se pregunta es: ¿Dónde quedaron los varios cientos de millones de pesos que se destinaran a los Ayuntamientos veracruzanos tras la bursatilización del impuesto a la tenencia vehicular?, seguida de otra pregunta: ¿En que y con que montos contribuye el ingenio azucarero ahí asentado, para la protección de vidas y haciendas de los miles de proveedores que le abastecen de la materia prima para sus operaciones?

Preguntas, como las que se hacen muchos de los ahora afectados en gran parte del territorio veracruzano, habrán de quedar sin respuesta.

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J. Enrique Olivera Arce

Felipe Calderón Hinojosa llegó a Veracruz haciendo lo que tenía que hacer. Con la oportunidad a su favor vino, vio, y venció. Capitalizando el nivel más bajo de aceptación de un Fidel Herrera Beltrán incapacitado administrativa, económica y financieramente para enfrentar la emergencia, así como la psicosis colectiva frente a los efectos de fenómenos naturales recurrentes, con consecuencias graves en la mayor parte del territorio veracruzano. Esta vez no llegó únicamente a “tomarse la foto”: Con decisiones ejecutivas y con dinero en mano, demostró quien es el presidente, desplazando a la administración pública de la entidad en el control de daños. Y en lo que viene una vez superada la emergencia.

La prepotencia con la que se actuara en la entidad, subestimando la fortaleza y capacidad ejecutiva de quien nos guste o no nos guste es el presidente de México, quedó atrás. Ahora, con humildad, real o simulada, todo es reconocimiento y alabanza para Felipe Calderón al destrabarse la operación del FONDEN para atender la primera etapa de atención a la población afectada, y el anuncio de un apoyo extraordinario para reactivar la economía de Veracruz en tanto se procede a la reconstrucción y vuelta a la normalidad en la entidad.

La coordinación y complementariedad entre los tres órdenes de gobierno, se restablece, con la salvedad de que el recurso económico queda bajo el control de la federación, por conducto del secretario de Desarrollo Social, específicamente designado para ello. Calderón tiene a Veracruz en sus manos.

En este escenario, atípico pero presuntamente justificado para los objetivos de la federación, las condiciones políticas, siempre cambiantes, sufren un giro inesperado en el marco del asunto pendiente de la sucesión del Mtro. Fidel Herrera Beltrán. Si de la emergencia frente a las inundaciones y los efectos del huracán se pretendía sacar raja política para presionar socialmente al TRIFE para que este fallara a favor de la ratificación de Javier Duarte de Ochoa como gobernador electo, el tiro salió por la culata. La confianza en tal posibilidad se vino abajo entre el mismo priísmo en la entidad.

La percepción de una posible anulación de la elección de gobernador y la reposición del proceso, cobra fuerza. Conocidos y destacados operadores políticos de un PRI secuestrado por la corriente de la fidelidad, ya trabajan a todo vapor a favor de uno u otro prospecto que pudiera tener la posibilidad de hacerse cargo de la gubernatura interina. Hasta este momento se tienen identificados cuando menos cuatro grupos, cada uno con su gallo y por su lado, operando en tal sentido. En tanto que a Javier Duarte de Ochoa se le observa cada vez más aislado y desprovisto de la tradicional cauda de la histórica cargada.

La impaciencia frente a lo que pueda resolver el TRIFE, se impone. Y la incertidumbre, madre de la inseguridad y temor a lo desconocido, hace mella en los cimientos del priísmo veracruzano. A mi juicio esto ya se está evidenciando y es en los agrupamientos que no comulgaran con la imposición de Javier Duarte de Ochoa, donde sin rubor se manifiesta. No se habla de traición, como aconteciera hace algunas semanas descalificando a los que no pusieran empeño en sacar adelante la elección del “delfín”, se habla de objetividad y pragmatismo frente a una posibilidad nada lejana de que los dados estuvieran ya cargados a favor de la anulación.

La coincidencia en los diversos círculos de opinión, ya no es en torno a la seguridad plena del triunfo irrebatible de Javier Duarte. Lo que domina es la interrogante sobre la fecha en que habrá de emitirse el fallo inapelable del TRIFE, y sobre quien recaería la gubernatura interina, así como lo que vendría después en una segunda vuelta electoral.

Frente a ello, el PRI se divide y debilita. Fidel Herrera pierde el control conforme se acerca su salida. La correlación de las fuerzas políticas en la entidad se modifica y reacomoda de acuerdo a la circunstancia en la coyuntura. Calderón lo sabe y actúa en consecuencia. Con las finanzas públicas estatales en bancarrota, quien tiene el dinero para sacar al buey de la barranca en la emergencia,  tiene el control, le guste o no le guste a Reynaldo Escobar Pérez.

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Las intensas precipitaciones provocadas por Matthew desbordaron 11 ríos y varios arroyos al sur y centro de Veracruz, donde las autoridades estatales y municipales desalojaron unas 10 mil personas y las guarecieron en albergues.

En Santiago Tuxtla se reportó que Paula Pichal Isidoro, de 61 años, murió al ser arrastrada por el arroyo que atraviesa el poblado Salto de Agua, el cual llegó hasta su vivienda y la arrastró.

Coatzacoalcos, Papaloapan, Tecolapa, Uxpanapa, Chiquito, Calzadas, Blanco, San Juan, Tesechoacan, Aguadulcita y Tonalá son los ríos desbordados, a los cuales se les añade una docena de arroyos, informó Protección Civil.

Los torrentes fuera de cauce alcanzaron tierras agrícolas y unas 70 localidades y colonias de los municipios de Minatitlán, Nanchital, Ixhuatlán, Moloacan, Cosoleacaque, Agua Dulce, Las Choapas, Hidalgotitlán, Acayucan, Hueyapan, Santiago y San Andrés Tuxtla, Catemaco, Ángel R. Cabada, Lerdo, Uxpanapa, Tlalixcoyan, Tlacotalpan, Ignacio de la Llave y Coatzacoalcos. Sólo en este último hubo 22 colonias inundadas y la precipitación llegó a 300 milímetros.

En el municipio serrano de Tatahuicapan, Prisciliano Mateo Salvino, de 48 años, murió ahogado, cuando la camioneta en la que se trasladaba, junto con su hijo Tadeo Adrián Mateo, de 13 años, fue arrastrada por la fuerte corriente pluvial. Hasta el cierre de esta edición, el adolescente continuaba desaparecido.

El reparto de ayuda se volvió foco de disputas, y mientras la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, instaló el domingo en Veracruz el llamado Consejo Político Nacional de solidaridad para signar la participación priísta en las tareas de auxilio, el PAN censuró la medida. La Jornada

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