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Monthly Archives: agosto 2007

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Viernes 17 de agosto de 2007.- Dado el bajísimo nivel de quienes aspiran a gobernar a nuestra ciudad capital, vale la pena preguntarse si estos son conscientes de la tarea que pretenden echarse a cuestas.

¿Conocerán de cuales son los problemas sustantivos del municipio que pretenden gobernar? ¿De cuales, en un orden racional de prioridades, son los importantes y los urgentes por atender? Tendrán conciencia de que la problemática que aqueja a los xalapeños trasciende los límites geográficos municipales, inscribiéndose en un ámbito mucho más amplio de carácter regional?

Hasta donde se alcanza a percibir, todo indica que no está en sus prioridades electorales el hacerse tales preguntas y, mucho menos tener respuestas congruentes y acertadas. Lo urgente se privilegia: ganar la elección. Lo importante es tarea pendiente y ya llegará el momento de ponerle atención, a partir de que reciban la ansiada constancia de mayoría y sea ungido el triunfador como presidente electo.

Bajo esta tónica, lo primordial es acercarse al electorado, darse baños de pueblo y, con el mayor descaro, manifestarse con un mayor grado de altruista caridad que el oponente. Y digo descaro, por no utilizar un término más fuerte para calificar el que un candidato o candidata hable de que por encima de la obra pública está la calidad de vida de los habitantes de nuestra capital, cuando a nadie escapa el estancamiento, rezago y retroceso de una ciudad cuyo principal enemigo es el tiempo y su mayor obstáculo para salir de su marasmo, lo es sin duda el que el acalde en turno esté sujeto a las prioridades y caprichos del señor que gobierna cruzando la calle.

El separar en el discurso, obra pública de bienestar y calidad de vida, tiene su razón de ser. Independientemente de la ignorancia que conlleva, es parte de la estrategia electoral; el anteponer lo segundo a lo primero da la pauta para hablarle a los electores potenciales de medidas asistencialistas, de programas de caridad, de presuntas respuestas con las que el ayuntamiento concurrirá a coadyuvar a paliar las ingentes necesidades de una población en su gran mayoría en condiciones de pobreza.

Soslayándose el enfrentar a la ciudadanía con temas que podrían dar lugar a debate público y a la descalificación de más de un candidato por superficial e ignorante. Problemas reales, más que sentidos, de singular trascendencia para la ciudad, el municipio, y para quienes en este espacio geográfico habitamos, no son tema de discurso electoral. Su sólo planteamiento requeriría visión de mediano y largo plazo, en un escenario en el que la coyuntura política tiene para los candidatos un limitado horizonte de tres años.

Sin infraestructura y un crecimiento económico acorde a las necesidades de una ciudad estancada en el tiempo y sujeta a un crecimiento anárquico, fruto de la improvisación, el inmediatismo y la corrupción, no hay posibilidades de desarrollo humano, ni este podría sustentarse en el mejoramiento de la calidad de vida de la población. Optar por lo uno o por lo otro, evadiendo la integralidad de todo proceso de desarrollo es demagogia. Esto último es el común denominador del discurso electoral.

Y conste que no establecemos diferencias partidistas que pudieran interpretarse como parte del juego electoral. El común denominador se aplica por igual a tirios y troyanos. Las diferencias, más de forma que de fondo, queda establecerlas a los electores, quienes en última instancia serán los que en las urnas opten por la bella o por la bestia, dependiendo de quien ofrezca mayor cantidad de camisetas y paraguas; o en la capacidad de unos u otros en lograr reavivar la esperanza, ofreciendo clases gratis de peluquería, corte y confección o bordado de tru tru.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Miércoles 15 de agosto de 2007.- Al margen de las implicaciones políticas y delincuenciales del más que confuso caso del mexicano de origen chino, Zhenli Ye Gon, bien vale la pena detenernos en una de las tantas aristas que configuran el escándalo mediático que ha trascendido nuestras fronteras.

El racismo que nos fuera impuesto por el colonizador lo tenemos a flor de piel. Bastó dudar un momento de nuestra integridad como nación para que éste saliera a flote. Desde el presidente de la República hasta el hombre común, el de a pie, dejamos que afloraran prejuicios históricos, lingüísticos, culturales e incluso rescoldos de un nacionalismo trasnochado, patrioterismo pedestre, como el que nos induce a poner el honor nacional en once pares de piernas. No nos sorprendió y afectó tanto el que Zhenli Ye Gon, presunto delincuente de cuello blanco, hubiera puesto en jaque a la clase política, amenazando con hacer explotar la frágil estabilidad del país con sus declaraciones iniciales, como el hecho de que este personaje fuera de origen chino.

Congelados por el estupor y la indignación, cara a cara, nos observamos en el espejo como un país premoderno, dominado por la desconfianza, la falta de credibilidad en las instituciones, la opacidad de los tres órdenes de gobierno, la corrupción y la impunidad. Pero sobre todo víctimas de un extranjero. Nuestro complejo de inferioridad, síndrome racista y xenofóbico, nos llevó a calificar a una indudable colusión delincuencial que nos lastima y afecta, como “cuento chino”, haciendo mofa de nuestra propia ignorancia con chistes de mal gusto. Incapaces de aceptar nuestra responsabilidad y mucho menos de encontrar una explicación racional a un fenómeno que habla por sí mismo del nivel de descomposición de la sociedad mexicana, optamos por el camino fácil, el cómodo desprecio para con una raza, un pueblo, un país cuya cultura milenaria es digna de admiración, como motivo también de admiración es el que siguiendo un camino diferente, contra viento y marea, hoy se manifieste como la segunda potencia económica y militar del mundo.

¿O es que en medio de la burbuja mediática alguien pensó, acaso, en los miles de mexicanos de origen chino y sus hijos ya nacidos en México, que viven en paz y con respeto a nuestras leyes, contribuyendo con su trabajo al progreso del país?

Diluido en el chascarrillo pedestre, lo que debería haber sido motivo de alarma, punto de partida para hacer un alto en el camino y enfrentarnos a nuestros propios miedos, destapando la cloaca, terminó en un mal chiste coreado por el propio Calderón Hinojosa, quien sin pudor alguno ante un jefe de gobierno extranjero y en presencia de la prensa internacional, se hizo coparticipe de nuestros prejuicios ancestrales como nación dependiente y sometida. El cuento, carecía de relevancia. Lo implícito de una colusión entre el presunto delincuente y las esferas del poder, carecía de toda veracidad y credibilidad; no merecía preocuparnos y ocuparnos más allá del intrínsecamente ámbito de un asunto a dirimir en barandilla, en tanto el cuento fuera “chino”, así este fuera foco rojo, sintomático de un alto grado de descomposición política y del tejido social en un país que se derrumba.

El calificado con desprecio como “cuento chino”, se transformó en una caja de Pandora. El personaje protagónico, mexicano por así haberlo decidido el gobierno de México, más que una amenaza delincuencial es hoy “Espada de Damocles”, que pende sobre cabezas encumbradas de nuestra clase política.

Frente a ello, con el mismo desprecio con que se minimiza el valor de una raza, las autoridades expresan su desprecio a la inteligencia del pueblo de México, con otro cuento, no menos surrealista, basado en medias verdades y medias mentiras. Manipulado y controlado por alquimistas de corte medieval, intentan con este conciliarnos con la realidad, inventando al hombre invisible; al que nadie ha visto, al que nadie conoce, al que nadie escucha, al “chino” etéreo surgido de la nada. El personaje que en una obra maestra de ciencia ficción, ofende y lastima a la Nación, hablando de la pestilencia de una cloaca que sólo existe en su imaginación. Tan sólo bastó un acto mediático de prestidigitación, para confirmar la carencia de veracidad de cualquier implicación de orden político; de una tragicomedia más propia de los escenarios de la Opera China, que del surrealismo nativo de nuestra imperfecta democracia y su deteriorado estado de derecho.

El hombre invisible, el mismo que construyera un imperio en México a partir del soplo de un genio salido de las Mil y Una Noches, de facto, ya ha sido juzgado y condenado por tráfico de estupefacientes, lavado de dinero, contrabando, falsificación de documentos, y mil y una lindezas más; colocándole a la cabeza de las más peligrosas bandas de la delincuencia organizada. Pagará con cárcel, dijera Calderón Hinojosa dictando sentencia. En consecuencia, el gobierno se apropia de 205 millones de dólares, o más, que, igual de etéreos, se reparten sin mediar razón de donde vinieron, de quién son, cómo llegaron al domicilio de Zhenli Ye Gon, donde están, quién los tiene. Colorín colorado, el cuento se ha acabado.

Lo que queda del mal llamado “cuento chino”, a más de la pérdida de credibilidad en las autoridades, es el amargo sabor de boca que nos deja nuestra falta de capacidad para remontar el peso de prejuicios racistas guardados a flor de piel. Los mismos que reflejan el complejo de inferioridad no superado de un pueblo que tardíamente aspira a la modernidad. La idiosincrasia de un pueblo que si algo peculiar tiene, es vivir siempre del cuento; pueblo al que le está vedado afrontar la realidad.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Si algo rescatable tiene el mundo moderno, radica precisamente en la posibilidad de reconocer al otro –a los otros-, igual derecho a pensar y decidir el sentido de sus vidas; y esto es aplicable a los individuos, a los pueblos y a los Estados.”

Marcelo Ramírez Ramírez. “Ideas sobre democracia, política y educación”.Centro Regional de Educación Superior “Paulo Freire, A. C.

Viernes 3 de agosto de 2007.- Cuando el pensamiento político cede el paso al vacío ideológico, subordinándose a pedestres intereses personales y de grupo ajenos al interés más general de la sociedad, la política renuncia a su razón de ser. Dejando de manifestarse como ejercicio racional enfocado al bien común, y constituyéndose en obstáculo para la construcción de la democracia, como es dable observarlo en el proceso electoral en marcha.

La búsqueda del poder por el poder mismo, iguala a las fuerzas políticas y a sus candidatos. Carente de ubicación en el espectro ideológico, la clase política en su conjunto no tiene nada nuevo que ofrecer a la ciudadanía, salvo más de lo mismo: estancamiento y retroceso en todos los ámbitos de la vida cotidiana. La imagen mediática sustituye a ideas y propuestas, estableciendo como denominador común en todos los partidos contendientes cursilería y mal gusto frente a las demandas de la población; reciclándose prácticas electoreras, presuntamente superadas, que anuncian a bombo y platillo la permanencia de la demagogia, corrupción, opacidad e impunidad, enemigos naturales de todo esfuerzo por avanzar en la vida democrática.

Dentro de este marco que guarda como eje referencial la simulación y el desprecio a la sociedad, el partido que dice gobernar a Veracruz, se ostenta electoralmente como fiel seguidor del gobernante y este, a su vez, hace ostentación de un nivel de aceptación que raya en el absurdo: nueve de cada diez veracruzanos están convencidos de la bondad de las políticas públicas y obra de gobierno que emanan de la actual administración pública estatal. Borrándose, con ello, de un plumazo, diversidad plural tanto de las fuerzas políticas como del pensamiento de los habitantes de este generoso terruño nuestro. Acercándonos peligrosamente a la idea de un pensamiento único, impuesto por el grupo hegemónico que detenta el poder político en la entidad. O se es parte de los nueve fieles, ó se es ese uno solitario que no comulga con el gobernante. Dicotomía que mediáticamente se hace pesar ante la opinión pública, con el propósito manifiesto de convencer de que sólo hay un camino y por ese hay que inclinar la intención del voto.

Como uno no es ninguno, según reza la conseja popular, las fuerzas oponentes no existen. Descalificándose no al adversario sino al carácter plural de la sociedad veracruzana. Así, paradójicamente, pretendiendo unir a los veracruzanos en torno a un remedo de proyecto político de crecimiento económico, la llamada alianza por la fidelidad se descalifica a sí misma, en tanto descalifica y desprecia a sus oponentes; negándoles de facto la posibilidad de valorar bajo una óptica diferente, lo que se hace y se deja de hacer a favor de la familia veracruzana.

Negación que por parte de partidos y candidatos oponentes, no merece ser confrontada, aceptándose sin más; negándose con ello a sí mismas como fuerza opositora. Confirmándose en los hechos oportunismo político, ausencia de talante crítico, y de formación ideológica de todo el conjunto de nuestra vernácula clase política, cuya única y permanente aspiración no va más allá de acceder a los beneficios del poder.

El uno de diez que piensa diferente, se diluye en un mar de indiferencia, dejando a la sociedad a merced del pensamiento impuesto. Lo que en términos de racionalidad política ni se da en la práctica ni es viable en una sociedad plural que aspira a vivir en democracia.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Lunes 16 de julio de 2007.- Bueno. No sólo no se cuenta con un auténtico Plan Estatal de Desarrollo elaborado con el rigor técnico del caso, sustentado en programas regionales y sectoriales que concurran de manera congruente al logro de objetivos y metas de mediano y largo plazo. Ahora resulta que tampoco se cuenta con un sistema de evaluación de las políticas públicas del gobierno estatal, a decir del Coordinador del Comité de Planeación (COPLADEVER). Por lo que también habría que sacar en conclusión que en Veracruz no funciona este organismo.

Y ello es lógico. Un Comité Estatal de Planeación que no aterriza sus acciones con la participación activa de organismos homólogos a nivel regional y municipal, integrados por los sectores público, privado y social, carece de ojos y oídos, brazos y piernas para ejecutar su labor. Ciego, sordo y casi parapléjico, el organismo no puede estar en condiciones de controlar, dar seguimiento y evaluar el avance físico y financiero de la obra pública estatal, y mucho menos del estado de cosas que guarda el proceso de desarrollo económico y social de la entidad. Sin esto no hay forma de medir el impacto de la acción gubernamental.

Esto es entendible. Un Plan Estatal de Desarrollo que carece de un sistema de evaluación que permita medir, antes, durante y después, el impacto de las políticas públicas, simplemente no es plan, quedando sexenio tras sexenio como un simple catálogo de buenas intenciones y, en el mejor de los casos, de aquellas promesas de campaña que el gobernante en turno se sienta obligado a cumplir.

En todo caso se podría aceptar como un programa sexenal de gobierno, en tanto que estaría llamado a ordenar y jerarquizar las acciones de la administración pública, pero hasta ahí. Y aún en este caso, requeriría de un sistema integral de evaluación.

Por eso llama la atención que a estas alturas del partido, el COPLADEVER organice un taller para la construcción de indicadores de gestión gubernamental, cuyo objetivo pretende que la gestión gubernamental sea más eficaz y acorde con la globalización, cuando debería empezar por diseñar un programa integral de evaluación que permita conocer primero, el estado que guarda la administración pública en espacio y tiempo y, en segundo término, generar condiciones para elaborar con seriedad un diagnóstico sectorial y regional, previo al diseño de un auténtico Plan Estatal de Desarrollo con visión de mediano y largo plazo.

Y más llama la atención el que para estar a la moda, el COPLADEVER recurra a la “globalización” como paradigma, cuando a todas luces en materia de planeación y evaluación estamos en pañales, y marchando de espaldas a la realidad que hoy nos ofrece el mundo globalizado. Quizá por ello algunos medios señalan que Rafael Arias está bromeando. Y no es para menos, la construcción de indicadores de gestión es ejercicio estadístico de medición y no un esfuerzo conceptual por hacer de la planeación y la evaluación el eje rector de la vida económica y social de Veracruz.

Pero como en nuestra entidad, todo es posible, hasta el absurdo, lo importante para el COPLADEVER es mostrar que se hace camino al andar aunque desconozca el rumbo.

De rebote, esta actividad del organismo planificador se relaciona con la integración del Consejo del Instituto Estatal de Acceso a la Información. Lo importante es el organismo y la burocracia que genera, no la participación ciudadana en el control y seguimiento de la gestión gubernamental. Partidizada la integración del Consejo, se satisface a las cúpulas de la partidocracia y nuevamente esta secuestra la voluntad e intereses de la ciudadanía en un tema por demás relevante, como la rendición de cuentas.

Sin un Plan Estatal de Desarrollo con propósitos, estrategias, objetivos y metas claras, medibles cuantitativa y cualitativamente, y un sistema integral de evaluación que le de seguimiento en su aplicación, con o sin un Instituto Estatal de Acceso a la Información, la gestión gubernamental mantendrá discrecionalidad y la más absoluta opacidad, frente a una sociedad marginada de la toma de aquellas decisiones que le competen.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los objetivos históricos, mediatos e inmediatos, de carácter social, económico y político propiamente dicho, de la lucha de los partidos y de su razón de ser, han sido paulatinamente abandonados. En términos ideológicos, los partidos políticos en México se han vaciado.

Paulina Fernández C.

La afirmación del gobernador de Veracruz de que la iniciativa de miscelánea fiscal que el Congreso de la Unión recibe de manos de Calderón Hinojosa, saldrá de ésta soberanía como reforma hacendaria, fue secundada por el senador Manlio Fabio Beltrones al declarar a los medios que “estamos dispuestos a negociar con todas las fuerzas políticas una verdadera Reforma Hacendaria…” Dándose por sentado que el PRI en bloque pugnará porque así sea y que, de antemano, se parte de la idea de que se obtendrá el consenso de todas las fuerzas políticas en tal dirección. Supuesto que indudablemente se sustenta en el optimismo de ambos declarantes, que confían en primer término, en la capacidad de su partido para procesar en tiempo y forma una contra propuesta lo suficientemente fundada, que apunte a la integralidad que requiere una auténtica iniciativa de reforma estructural hacendaria como la que el país está exigiendo. En segundo lugar, en que en todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso existe la voluntad para lograrlo.

Optimismo aventurado. El horno no está para bollos. Las condiciones por las que en materia económica y social atraviesa el país no son a mi juicio las más propicias para una reforma hacendaria a fondo, que conjugue y satisfaga los intereses encontrados de los diversos actores económicos que concurren a la fábrica nacional. La tendencia recesiva de una economía que no crece, tanto por factores internos como por el peso de los externos, ha generado contradicciones sistémicas que inciden notoriamente en el deterioro del tejido social y que no se resuelven sin antes no resolver el tema pendiente de la reforma del Estado. Sin un rumbo definido y sin un modelo de país para el siglo XXI, que genere un nuevo contrato social consensuado con todas las fuerzas políticas, las contradicciones existentes se antojan insolubles.

El nudo gordiano, como muchos analistas lo han señalado, no está en el como hacer crecer el pastel sino en como distribuirlo. Pasando esto último por el abatimiento de la enorme desigualdad social y económica, reduciendo la pobreza pero también la insultante riqueza de unos cuantos amasada a la sombra de la corrupción y el tráfico de influencias. Mientras las políticas públicas no contribuyan a una mejor y más justa distribución de la riqueza; y el combate a la corrupción no se adopte como una política eficiente, eficaz y consecuente de Estado, el incrementar las disponibilidades de la hacienda pública y la capacidad de gasto del gobierno no tiene sentido ni contribuye al desarrollo.

Esto no es la invención del hilo negro. Es del dominio público y palabras más, palabras menos, esta impreso en el discurso de todos los partidos políticos y plenamente aceptado por la mayoría de la población. Y sin embargo, no se avanza en tal sentido al no existir la voluntad política para frenar inercias y cambiar de rumbo, en un escenario en el que la debilidad manifiesta del gobierno calderonista y la propia crisis de los partidos políticos que han abandonado su razón de ser, configuran una crisis generalizada que nos acerca peligrosamente al vacío de poder.

Sin la voluntad de cambio, una reforma hacendaria a fondo que modifique estructuralmente la vida del Estado Mexicano, no pasa. Eso lo sabe el PRI y la clase política en su conjunto. Así que ¿en torno a qué se lograría el consenso anunciado? Sin duda que no en torno a los legítimos intereses del pueblo de México, por lo que deberíamos estar conformes con una miscelánea fiscal más, que le tape el ojo al macho, que contribuya a legitimar al gobierno calderonista, y permita al gobierno seguir ordeñando a Pemex hasta que el futuro nos alcance.

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J. Enrique Olivera Arce

Ante una más que obvia indiferencia del grueso de la población, la cúpula de la clase política pretende encontrar el camino más cómodo que conduzca a la reforma del Estado. Cómodo en tanto que más que confrontar ideas y proyectos que apunten a un auténtico cambio de rumbo, a un nuevo modelo de desarrollo del país, todo pareciera que el esfuerzo se concreta en una conciliación de intereses que facilite adoptar el ansiado consenso en torno al tema electoral con vías a futuros comicios.

Si bien en el 2006 quedó demostrado fehacientemente que los mecanismos electorales para el ascenso al poder quedaron rebasados y obsoletos con la consecuencia de un proceso de polarización social y política que aún no toca fondo, ello no debería ser motivo para el diseño consensuado de nuevos parches, poniendo el énfasis en ello y perdiendo de vista el carácter integral de lo que el pueblo de México espera de su clase política: una auténtica reforma del Estado que permita a este afrontar los retos del siglo XXI en el mundo globalizado.

Hasta donde es posible percibir, los genios del actual gobierno y de la clase política en su conjunto, piensan que la realidad del país es aquella que mediáticamente ellos mismos virtualmente construyen a su imagen y semejanza. Y no la de un México de más de 100 millones de habitantes, de los cuales la mitad se debate en la pobreza; de un país que lejos de crecer retrocede en todos los ámbitos; de una nación que mantiene una lacerante desigualdad y una insultante concentración del ingreso, que se magnifica con el nada alentador éxito personal de un solo hombre, el mexicano más rico del planeta.

La democracia no se construye con el estómago vacío. Pretender que con una reforma electoral que establezca reglas claras, en una competencia entre iguales en un país de desiguales, avanzamos en la vida democrática es una falacia. Sin desarrollo en su más amplia acepción, la democracia no va más allá del sufragio, con o sin reforma electoral; para diluirse un día después de las elecciones lo mismo en un sistema político presidencialista, semi presidencialista, o parlamentario. Democracia para qué y para quién, cuando los únicos beneficiarios a la vista son las élites empresariales y políticas.

No es el gobierno el que requiere reformas para administrar el poder, es el Estado mexicano que con el actual modelo de desarrollo está rebasado por la realidad y requiere de enmendar el rumbo. No lo quiere ver así la clase política. Su prioridad es obtener el poder por el poder mismo, en el marco de una lucha tribal en la que el canibalismo atribuible al PRD se hace extensivo a todos los partidos políticos. Un todos contra todos, con reglas o sin reglas claras.

La lacerante realidad puede esperar. Calderón Hinojosa puede seguir intentando legitimarse, Andrés Manuel López Obrador puede seguir su peregrinar sin mayores tribulaciones, y la corrupción, la impunidad y la simulación seguir medrando a la sombra protectora del poder.

En este escenario se percibe la intensidad y propósitos del actual debate cuyas consecuencias, sin duda, será la aplicación de nuevos parches a la Constitución General de la República, nuevos paños calientes para atemperar el descontento social, haciendo gala nuestra clase política del gatopardismo a ultranza para que las cosas, como siempre, queden como están.

Por lo pronto y de espaldas a la ciudadanía, se aprovecha el falso debate para el discurso elocuente, la magnificación de imagen personal de los participantes y, de paso, llevar agua al molino propio, en el inicio de un desangelado proceso veracruzano de elección de alcaldes y diputados locales.

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J. Enrique Olivera Arce

Martes 19 de junio de 2007.-Los medios de comunicación de Quintana Roo han divulgado una información que bien podría alertar a las autoridades estatales de turismo, prestadores de servicio y ciudadanía en general, respecto a la conveniencia o inconveniencia de que en Veracruz la industria sin chimeneas promueva sin mayor talante crítico la inversión indiscriminada en un sector económico especialmente sensible.

En Veracruz no sólo se privilegia la inversión por sobre necesidades vitales de conservación del medio ambiente, promoviendo obras y servicios que afectan el equilibrio ecológico y la sustentabilidad de los recursos costeros. También se habla de extrapolar experiencias que si bien han sido válidas en otras regiones del país, no necesariamente tienen que ofrecer ventajas en la nuestra. Y aunque es más que sabido que mucho de lo que políticamente se anuncia tampoco necesariamente ha de llevarse a la práctica, pues como dice el dicho “de lengua me como un plato”, debería ser motivo de preocupación el que el sector turístico veracruzano no encuentre mejor camino para su crecimiento y desarrollo que copiar al carbón aquellos renglones que, en los destinos más importantes del país, se consideran exitosos.

Tal es el caso de la idea manejada por la administración pública estatal de copiar el proyecto de escala náutica de Baja California, con marinas diseñadas para un turismo de primer mundo, o el promover el arribo de cruceros al litoral veracruzano, partiendo de las experiencias presuntamente exitosas de Acapulco, Puerto Vallarta, Cozumel, o Playa del Carmen, sin antes hacer un análisis acucioso del entorno geográfico, socioeconómico y cultural de estos destinos y sus diferencias con relación a nuestras realidades.

En Cancún, hoteleros, restauranteros, prestadores de servicio en general e incluso los residentes del municipio de Benito Juárez, se oponen al proyecto federal de construcción de un muelle y terminal de cruceros en ese destino turístico, el más importante y lucrativo de México. Nadie en su sano juicio está de acuerdo en que su paraíso sea considerado como escala en la ruta de esas ciudades flotantes. La razón, fundamentada en la experiencia vivida en Quintana Roo a lo largo de más de 30 años, es más que obvia: Los cruceros no contribuyen a la generación de empleos permanentes; no pagan impuestos ni propician negocios que aporten al fisco estatal y federal; auspician la proliferación del ambulantaje y el narcomenudeo y, para colmo, dejan su basura, contaminando el litoral y dañando al medio ambiente en el entorno.

Si algo caracteriza a la población permanente de Cancún es su organización, predisposición a la cultura de excelencia del servicio turístico, y su amor a un desarrollo estratégico que habiendo surgido de la nada hace 36 años, hoy es hogar, fuente de trabajo, generador de oportunidades y de acumulación de riqueza. El destino turístico, del que se sienten orgullosos, es ya parte de su vida. Su opinión en cuanto a la preservación y desarrollo de este importante polo de desarrollo es más que atendible por las autoridades, por lo que seguramente su oposición a la terminal de cruceros será escuchada.

¿Podríamos decir lo mismo del sector turístico veracruzano? Desorganizado, cultural y tecnológicamente atrasado, que deja en manos de miopes autoridades la promoción de la industria sin chimeneas, seguramente no. Siendo ello la razón por la que es fácilmente manipulable y propenso a dejarse envolver por simples ofrecimientos de saliva y demagógicas expectativas de crecimiento y desarrollo, ajenas a nuestra realidad.

Contamos con un potencial turístico de primer orden al que se le da la espalda deslumbrados por espejismos primermundistas. Vale la pena poner los pies sobre la tierra, correspondiendo a los prestadores de servicios asumir su propio papel promocional a partir de lo que ya tenemos, esforzándose por mejorar y crecer. No se pueden confiar en las copias al carbón que ofrece la autoridad turística estatal. La construcción de destinos turísticos atractivos, rentables y arropados por toda la comunidad, empieza por dar el primer paso, conocer nuestras propias fortalezas y debilidades. No todo lo que brilla es oro.

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J. Enrique Olivera Arce

Si tu mal tiene remedio, preocúpate y ocúpate. Si no lo tiene, ni te preocupes ni te ocupes. Y si es mal de muchos, con mayor razón. Bajo esta lógica, las cúpulas de las organizaciones campesinas de nuestro país ni se han preocupado ni se han ocupado de los problemas sustantivos que aquejan hoy a la familia campesina.

Habiendo abandonado talante crítico, ideología, espíritu de lucha, y cercanía con los problemas que aquejan a los agremiados han perdido presencia y el liderazgo que antaño les distinguiera. Entre ellas, de manera destacada, la Confederación Nacional Campesina, paradigma internacional de avanzada en el impulso a la Reforma Agraria en Latinoamérica y, con ella, su estructura sustentada en las Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos que por vez primera vieran la luz en Veracruz.

Con la contrarreforma neoliberal salinista, respaldada por la estructura burocrática cenecista, se cerró el ciclo, dejándole libre el paso a la privatización del ejido y el retorno al latifundio, quedando en el hombre del campo sólo recuerdos, anécdotas y experiencias de lo que fuera su organización. Llamando la atención el que aún ahora, tras el brutal retroceso histórico, sean muchos los campesinos que aún ostentan con orgullo la credencial que les identifica como militantes de “la campesina”, como ellos le llaman y a la que no consideran muerta, en tanto late aún en el campo mexicano el espíritu agrarista que impulsara el reparto de la tierra, la educación rural y técnica agropecuaria, el crédito, el riego y tecnificación, los precios de garantía, el seguro social al campo, y otras tantas reivindicaciones que se materializaran con los gobiernos surgidos de la Revolución, gracias a la organización y al espíritu combativo del agrarismo.

Nos ha tocado escuchar a los hombres y mujeres más viejos del ejido narrar con entusiasmo antiguas experiencias de lucha, no exentas de sacrificio y sinsabores, así como sus logros al paso de los tiempos. Lecciones de ética y moral agrarista, en las que nunca faltara la referencia a la solidaridad, el compromiso ideológico y la entrega a las mejores causas de la comunidad y de México. Aleccionado con ello a las nuevas generaciones y sembrando en estas el gusanito de la rebeldía.

También hemos constatado que si bien los campesinos guardan recuerdos positivos de su paso por el Partido Revolucionario Institucional, al que identificaran como el garante de la Reforma Agraria, no se consideran atados a éste, anteponiendo su militancia en la “campesina”.Siendo conscientes muchos de ellos de que el apoyar al partido que ostenta los tres colores de la enseña nacional, votando por este cuando se les ha requerido, ha sido el precio a pagar por obtener del gobierno el respaldo necesario para hacer de la tierra su sustento y fundamento para alcanzar mejores niveles de vida.

Podemos no estar con el PRI, nos han manifestado, pero nunca renunciaremos a la Confederación Nacional Campesina, agregan con orgullo. Hoy se constata que tal convicción está vigente. No solo en diversas regiones del país y de la entidad se abandonan las filas del tricolor, también el campesinado concurre a las urnas para depositar su voto a favor de otros partidos. Y sin embargo, siguen siendo cenecistas.

Frente a la crisis actual del campo mexicano, el abandono en que lo tienen las autoridades, y que de manera anticipada a lo dispuesto en el TLCAN en el 2008 se agrava con la importación masiva y libre de arancel del maíz, así como con a embestida de las trasnacionales para que México apruebe el cultivo con semilla transgénica y se embarque en la producción de biocombustibles, como el etanol a partir de la caña de azúcar, obliga a pensar en la necesidad del rescate y nuevo impulso a la Reforma Agraria, bajo otras condiciones y diferentes modalidades acordes con los nuevos tiempos, cuyos resultados se reflejen en empleos, producción, productividad, mejores condiciones de existencia y fortalecimiento de la soberanía alimentaria.

Impulso que sin duda respaldarían miles de familias en el medio rural y que, como tarea inicial, se propusiera el rescate de las Ligas de Comunidades Agrarias hoy secuestradas, fortaleciendo sus Comités Regionales Campesinos, organizando gremialmente a los jornaleros y reconstruyendo desde abajo a la Confederación Nacional Campesina al margen de siglas partidistas. Retornando a la ideología y ética agrarista en que se sustentaran principios y valores solidarios de compromiso con la lucha por el fortalecimiento de la propiedad social de la tierra como forma de vida. Defendiendo cultura, tradición productiva y respeto al medio ambiente, afirmando identidad y resistiendo los embates de los enemigos de siempre.

Sin este esfuerzo por rescatar al campo mexicano, a sus hombres y mujeres y a su organización, la apertura comercial prevista por el TLC a la producción agropecuaria, terminará por enterrar historia, espíritu de lucha, identidad y soberanía alimentaria, retornando al latifundio y a la dependencia del capital extranjero. Quedando la CNC, paradigma de organización y de lucha, en simple y demagógico cascarón electorero, como ya se apunta en Veracruz.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Es más que sabido que en países como Japón los proyectos de obra pública se anticipan al futuro, destinándose varios años a estudios técnicos acuciosos, diseño, evaluación, presupuestación y asignación de recursos, como tarea previa a la etapa de ejecución. Una vez autorizado y licitado el proyecto la obra física tiene lugar en el mínimo de tiempo y con también el mínimo de imprevistos. En México sucede lo contrario, se planea sobre las rodillas y la ejecución de la obra pública por lo regular se lleva más tiempo del estimado y plagada de imprevistos, la mayor de las veces atribuible a la improvisación.

Veracruz no tiene porqué ser la excepción. Sobrando ejemplos de tal fenómeno, al que se agregaría la mala calidad de las obras, su dispersión sin ton ni son, y el notable dispendio de recursos.

En una entidad federativa en la que se privilegia lo urgente por sobre lo importante, y en la que lo urgente es mostrar a la ciudadanía que se cumple con promesas de campaña para no romper con el círculo perverso de los intereses partidistas, no es pues motivo de extrañeza el que cotidianamente salgan a relucir los resultados de la ausencia de planeación, carencia de rigor técnico, improvisación y pésima calidad de la obra pública. Pese a que se afirma que todo responde a los lineamientos de planes estatales y municipales de desarrollo que ni son planes en sentido estricto, ni mucho menos apuntan a un desarrollo integral y equilibrado del estado.

Perdida en la cotidianeidad de lo absurdo, en los últimos días ha salido a relucir el asunto del “acuífero de Xalapa”, obra dispendiosa a la que el presuntamente experto en el tema, Ing. Franklin Rendón, califica públicamente como “obra condenada al fracaso”. Argumentando, entre otras cosas, para sustentar su dicho, que existió una grave improvisación de carácter eminentemente técnico, a lo que habría que agregar por nuestra parte que también se contó con un buen componente de carácter político. La suma de irresponsabilidades arroja un costo que, como siempre, correrá a cargo de la ciudadanía.

 

A lo anterior habría que agregarle el enredo, trastupijes, medias verdades y medias mentiras, que las autoridades municipales se traen con las obras inconclusas de saneamiento en nuestra ciudad capital, para tener un cuadro completo de una problemática que en materia de agua entubada y drenaje afecta a los xalapeños de hoy y a los xalapeños de mañana, como resultado de la falta de previsión, irresponsabilidad de las autoridades, e intereses políticos y económicos en juego. Galimatías que como siempre habrá de quedar impune.

 

Algo similar podría decirse sobre las obras con las que se pretende resolver el problema de vialidad en Xalapa. Será el tiempo y las nuevas generaciones de xalapeños quienes se encargarán de juzgar si los puentes y distribuidores viales con los que hoy se pretende resolver la problemática existente sirvieron para algo. Lo que sí se puede afirmar es que tal obra pública no ataca el problema de fondo; el crecimiento anárquico de la ciudad, exceso de vehículos, ausencia de educación vial, ineficacia de las autoridades de tránsito, y la dispersión de los centros de trabajo y planteles educativos. Xalapa, por falta de previsión no se proyectó para las necesidades presentes de sus habitantes, ni ofrece respuestas satisfactorias para el futuro de una ciudad que no teniendo ya espacio para crecer de manera ordenada está al borde del caos.

 En el municipio que alberga a nuestra ciudad capital la superficie construida supera ya a las pocas áreas verdes existentes y en constante amenaza por parte de voraces fraccionadores y, a decir de muchos xalapeños, es notable la pérdida de calidad de vida de la mayoría de quienes habitamos en la otrora ciudad de las flores.

A jalones y estirones, la actual administración municipal hace lo que puede pero no es suficiente, por lo que resulta preocupante el que los diversos aspirantes a la alcaldía se muestren más ocupados en satisfacer sus intereses personales y partidistas que en conocer las problemáticas que aquejan a la población que pretenden gobernar. Todo a su tiempo, primero hay que alcanzar la nominación como candidatos, obtener recursos para una campaña electoral digna -sustentada en obsequios asistencialistas que más parecen limosnas-, ganar la elección y ya, en el ejercicio del cargo, si el presupuesto alcanza, posiblemente ocuparse de conocer una demanda ciudadana que no tiene solución en escasos tres años y que habrá de heredarse al alcalde siguiente, es la tónica que anima a los aspirantes.

La planeación del desarrollo requiere de varios años de múltiples esfuerzos multidisciplinarios y multisectoriales. No hay tiempo para ello en un trienio o en un sexenio cuando lo que domina es la politiquería electorera. De ahí que se privilegie lo urgente sobre lo importante. Contar con un plan de largo plazo es un lujo que no pueden darse los políticos que viven de y en la coyuntura. Xalapa, nuestro entorno más cercano, pagará las consecuencias.

pulsocritico@gmail.com

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si tu mal tiene remedio, preocúpate y ocúpate. Si no lo tiene, ni te preocupes ni te ocupes. Y si es mal de muchos, con mayor razón. Bajo esta lógica, las cúpulas de las organizaciones campesinas de nuestro país ni se han preocupado ni se han ocupado de los problemas sustantivos que aquejan hoy a la familia campesina.

Habiendo abandonado talante crítico, ideología, espíritu de lucha, y cercanía con los problemas que aquejan a los agremiados han perdido presencia y el liderazgo que antaño les distinguiera. Entre ellas, de manera destacada, la Confederación Nacional Campesina, paradigma internacional de avanzada en el impulso a la Reforma Agraria en Latinoamérica y, con ella, su estructura sustentada en las Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos que por vez primera vieran la luz en Veracruz.

Con la contrarreforma neoliberal salinista, respaldada por la estructura burocrática cenecista, se cerró el ciclo, dejándole libre el paso a la privatización del ejido y el retorno al latifundio, quedando en el hombre del campo sólo recuerdos, anécdotas y experiencias de lo que fuera su organización. Llamando la atención el que aún ahora, tras el brutal retroceso histórico, sean muchos los campesinos que aún ostentan con orgullo la credencial que les identifica como militantes de “la campesina”, como ellos le llaman y a la que no consideran muerta, en tanto late aún en el campo mexicano el espíritu agrarista que impulsara el reparto de la tierra, la educación rural y técnica agropecuaria, el crédito, el riego y tecnificación, los precios de garantía, el seguro social al campo, y otras tantas reivindicaciones que se materializaran con los gobiernos surgidos de la Revolución, gracias a la organización y al espíritu combativo del agrarismo.

Nos ha tocado escuchar a los hombres y mujeres más viejos del ejido narrar con entusiasmo antiguas experiencias de lucha, no exentas de sacrificio y sinsabores, así como sus logros al paso de los tiempos. Lecciones de ética y moral agrarista, en las que nunca faltara la referencia a la solidaridad, el compromiso ideológico y la entrega a las mejores causas de la comunidad y de México. Aleccionado con ello a las nuevas generaciones y sembrando en estas el gusanito de la rebeldía.

También hemos constatado que si bien los campesinos guardan recuerdos positivos de su paso por el Partido Revolucionario Institucional, al que identificaran como el garante de la Reforma Agraria, no se consideran atados a éste, anteponiendo su militancia en la “campesina”.Siendo conscientes muchos de ellos de que el apoyar al partido que ostenta los tres colores de la enseña nacional, votando por este cuando se les ha requerido, ha sido el precio a pagar por obtener del gobierno el respaldo necesario para hacer de la tierra su sustento y fundamento para alcanzar mejores niveles de vida.

Podemos no estar con el PRI, nos han manifestado, pero nunca renunciaremos a la Confederación Nacional Campesina, agregan con orgullo. Hoy se constata que tal convicción está vigente. No solo en diversas regiones del país y de la entidad se abandonan las filas del tricolor, también el campesinado concurre a las urnas para depositar su voto a favor de otros partidos. Y sin embargo, siguen siendo cenecistas.

Frente a la crisis actual del campo mexicano, el abandono en que lo tienen las autoridades, y que de manera anticipada a lo dispuesto en el TLC en el 2008 se agrava con la importación masiva y libre de arancel del maíz, así como con a embestida de las trasnacionales para que México apruebe el cultivo con semilla transgénica y se embarque en la producción de biocombustibles, como el etanol a partir de la caña de azúcar, obliga a pensar en la necesidad del rescate y nuevo impulso a la Reforma Agraria, bajo otras condiciones y diferentes modalidades acordes con los nuevos tiempos, cuyos resultados se reflejen en empleos, producción, productividad, mejores condiciones de existencia y fortalecimiento de la soberanía alimentaria.

Impulso que sin duda respaldarían miles de familias en el medio rural y que, como tarea inicial, se propusiera el rescate de las Ligas de Comunidades Agrarias hoy secuestradas, fortaleciendo sus Comités Regionales Campesinos, organizando gremialmente a los jornaleros y reconstruyendo desde abajo a la Confederación Nacional Campesina al margen de siglas partidistas. Retornando a la ideología y ética agrarista en que se sustentaran principios y valores solidarios de compromiso con la lucha por el fortalecimiento de la propiedad social de la tierra como forma de vida. Defendiendo cultura, tradición productiva y respeto al medio ambiente, afirmando identidad y resistiendo los embates de los enemigos de siempre.

Sin este esfuerzo por rescatar al campo mexicano, a sus hombres y mujeres y a su organización, la apertura comercial prevista por el TLC a la producción agropecuaria, terminará por enterrar historia, espíritu de lucha, identidad y soberanía alimentaria, retornando al latifundio y a la dependencia del capital extranjero. Quedando la CNC, paradigma de organización y de lucha, en simple y demagógico cascarón electorero, como ya se apunta en Veracruz.

pulsocritico@gmail.com

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