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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si tu mal tiene remedio, preocúpate y ocúpate. Si no lo tiene, ni te preocupes ni te ocupes. Y si es mal de muchos, con mayor razón. Bajo esta lógica, las cúpulas de las organizaciones campesinas de nuestro país ni se han preocupado ni se han ocupado de los problemas sustantivos que aquejan hoy a la familia campesina.

Habiendo abandonado talante crítico, ideología, espíritu de lucha, y cercanía con los problemas que aquejan a los agremiados han perdido presencia y el liderazgo que antaño les distinguiera. Entre ellas, de manera destacada, la Confederación Nacional Campesina, paradigma internacional de avanzada en el impulso a la Reforma Agraria en Latinoamérica y, con ella, su estructura sustentada en las Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos que por vez primera vieran la luz en Veracruz.

Con la contrarreforma neoliberal salinista, respaldada por la estructura burocrática cenecista, se cerró el ciclo, dejándole libre el paso a la privatización del ejido y el retorno al latifundio, quedando en el hombre del campo sólo recuerdos, anécdotas y experiencias de lo que fuera su organización. Llamando la atención el que aún ahora, tras el brutal retroceso histórico, sean muchos los campesinos que aún ostentan con orgullo la credencial que les identifica como militantes de “la campesina”, como ellos le llaman y a la que no consideran muerta, en tanto late aún en el campo mexicano el espíritu agrarista que impulsara el reparto de la tierra, la educación rural y técnica agropecuaria, el crédito, el riego y tecnificación, los precios de garantía, el seguro social al campo, y otras tantas reivindicaciones que se materializaran con los gobiernos surgidos de la Revolución, gracias a la organización y al espíritu combativo del agrarismo.

Nos ha tocado escuchar a los hombres y mujeres más viejos del ejido narrar con entusiasmo antiguas experiencias de lucha, no exentas de sacrificio y sinsabores, así como sus logros al paso de los tiempos. Lecciones de ética y moral agrarista, en las que nunca faltara la referencia a la solidaridad, el compromiso ideológico y la entrega a las mejores causas de la comunidad y de México. Aleccionado con ello a las nuevas generaciones y sembrando en estas el gusanito de la rebeldía.

También hemos constatado que si bien los campesinos guardan recuerdos positivos de su paso por el Partido Revolucionario Institucional, al que identificaran como el garante de la Reforma Agraria, no se consideran atados a éste, anteponiendo su militancia en la “campesina”.Siendo conscientes muchos de ellos de que el apoyar al partido que ostenta los tres colores de la enseña nacional, votando por este cuando se les ha requerido, ha sido el precio a pagar por obtener del gobierno el respaldo necesario para hacer de la tierra su sustento y fundamento para alcanzar mejores niveles de vida.

Podemos no estar con el PRI, nos han manifestado, pero nunca renunciaremos a la Confederación Nacional Campesina, agregan con orgullo. Hoy se constata que tal convicción está vigente. No solo en diversas regiones del país y de la entidad se abandonan las filas del tricolor, también el campesinado concurre a las urnas para depositar su voto a favor de otros partidos. Y sin embargo, siguen siendo cenecistas.

Frente a la crisis actual del campo mexicano, el abandono en que lo tienen las autoridades, y que de manera anticipada a lo dispuesto en el TLCAN en el 2008 se agrava con la importación masiva y libre de arancel del maíz, así como con a embestida de las trasnacionales para que México apruebe el cultivo con semilla transgénica y se embarque en la producción de biocombustibles, como el etanol a partir de la caña de azúcar, obliga a pensar en la necesidad del rescate y nuevo impulso a la Reforma Agraria, bajo otras condiciones y diferentes modalidades acordes con los nuevos tiempos, cuyos resultados se reflejen en empleos, producción, productividad, mejores condiciones de existencia y fortalecimiento de la soberanía alimentaria.

Impulso que sin duda respaldarían miles de familias en el medio rural y que, como tarea inicial, se propusiera el rescate de las Ligas de Comunidades Agrarias hoy secuestradas, fortaleciendo sus Comités Regionales Campesinos, organizando gremialmente a los jornaleros y reconstruyendo desde abajo a la Confederación Nacional Campesina al margen de siglas partidistas. Retornando a la ideología y ética agrarista en que se sustentaran principios y valores solidarios de compromiso con la lucha por el fortalecimiento de la propiedad social de la tierra como forma de vida. Defendiendo cultura, tradición productiva y respeto al medio ambiente, afirmando identidad y resistiendo los embates de los enemigos de siempre.

Sin este esfuerzo por rescatar al campo mexicano, a sus hombres y mujeres y a su organización, la apertura comercial prevista por el TLC a la producción agropecuaria, terminará por enterrar historia, espíritu de lucha, identidad y soberanía alimentaria, retornando al latifundio y a la dependencia del capital extranjero. Quedando la CNC, paradigma de organización y de lucha, en simple y demagógico cascarón electorero, como ya se apunta en Veracruz.

pulsocritico@gmail.com

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