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Monthly Archives: octubre 2007

Opinión para Newsver

J. Enrique Olivera Arce

Lo dicho. En mi entrega anterior comentaba que la crisis actual del PRD es de identidad, no definiéndose aún si es un partido de izquierda o la suma de dispersas, disímbolas, y confrontadas corrientes ideológicas y pragmáticos intereses coyunturales. Cuando menos en Veracruz, esto se confirma, aunque debo reconocer un error en mi percepción que ya me fue señalado por una amable lectora: “la crisis no es del partido sino de la burocracia dirigente, que ha perdido el rumbo, alejándose de la militancia”.

 

Los actuales dirigentes del PRD en la entidad y quienes mueven los hilos al interior del instituto político, desde la comodidad de la mediocridad ven pasar la procesión y no se hincan. Simulando ignorar la confrontación entre la corriente conservadora de los denominados “chuchos” y las corrientes que confían aún en el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, tanto Franco Castán como el senador Arturo Hervis, pretendieron manipular una vez más a la militancia veracruzana del sol azteca, con los resultados de todos conocido alcanzados en su frustrado Consejo Político del pasado domingo.

 

El desaire, como respuesta, habla por sí mismo de lo inoportuno de la convocatoria emitida por la dirigencia estatal. La pretendida justificación atribuyéndole al gobierno estatal el sabotear la asistencia de los consejeros, fue una cortina de humo más para tratar de ocultar lo que ya es inocultable. Los actuales dirigentes carecen de autoridad moral y política para conducir al partido.

 

Pretendiendo tapar el sol con un dedo, la cúpula del perredismo veracruzano se niega a reconocer que su ciclo ha concluido; que la militancia le ha rebasado y que esta, tras el fracaso electoral del pasado dos de septiembre, ha madurado; sumándose a la búsqueda de aquellas definiciones que permitan superar la crisis de identidad que en el ámbito nacional acusan las cabezas visibles, formales e informales, que hasta ahora han conducido al PRD. Más que interesada en escuchar a Rogelio Franco Castán rindiendo el informe de una derrota anunciada, ó dejarse imponer a quien habrá de suceder a éste, la militancia está en lo suyo con vías a la próxima elección de la dirigencia nacional, tomando posiciones a favor o en contra de la corriente de “los chuchos”; la que pragmáticamente se ha sumado al reconocimiento de Felipe Calderón como presidente legítimo y que se asume como la izquierda moderna que requiere el país.

 

Las declaraciones a la prensa del diputado Uriel Flores Aguayo, reflejan lo anterior. Simulándose ajeno a la confrontación que domina en las filas del partido del sol azteca; quejándose de la conducción centralista que deviene de la fuerza real del partido en el Distrito Federal, pero, a su vez, dejando claramente sentado bajo que corriente se cobija, al señalar que los problemas del PRD a nivel nacional se derivan de una política errática dictada desde el centro, que oscila entre apostarle a la democracia o “jugar a la revolución”.

 

Para el diputado y sin duda para la mayoría de las cabezas visibles de la dirigencia del sol azteca en Veracruz, “jugar a la revolución” es apostarle a las corrientes que encabeza López Obrador, y ese no es precisamente el juego de su preferencia, ya que, como señala el legislador veracruzano, “cada momento político exige un comportamiento, opinión y actitud”. O lo que es lo mismo, acomodar conductas, convicciones e intereses a lo que la coyuntura exige y esta, hoy día, no es compatible con los objetivos y estrategias fundacionales del partido. Los tiempos y las condiciones son otros muy diferentes a los que prevalecieran en el pasado reciente, la democracia exige sometimiento y traje a la medida. Pragmatismo camaleónico y oportunismo a modo, con el que la dirigencia estatal del PRD no solamente se deslinda del tabasqueño, optando por la conservación de privilegios y prebendas. También con ello amplia la brecha entre la elite, la militancia, y la base social de apoyo del perredismo en la entidad, dilapidando capital político y profundizando la crisis.

 

El PRD tocó fondo. Asegura el aún legislador. Posiblemente tenga razón y no solamente en lo que a Veracruz se refiere. Es hora ya de las definiciones y estas se tendrán que dar en el proceso de elección de la dirección nacional en previsión al proceso electoral del 2012. O se opta por el conservadurismo y entreguismo de “los chuchos” o se rescatan los objetivos históricos que dieran lugar al nacimiento de ese partido. Para un importante sector de la militancia perredista y sus simpatizantes, la definición está aun en el aire. Sin embargo, hasta donde se alcanza a observar, no son pocos los que están por optar por lo segundo o, de lo contrario, dar paso a la escisión, sumándose a la idea cada vez más generalizada del parto de un nuevo partido que represente a la auténtica izquierda electoral. Sea cual fuere la decisión mayoritaria, esta está sujeta a los tiempos políticos. O se concreta la definición cuanto antes, o frente al 2012 se pierde la oportunidad.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El absurdo en el pensar de muchos priístas, que dan por sentado que el 90 por ciento en los niveles de aceptación del gobernador del estado fue determinante en el triunfo en la elección del 2 de septiembre, deja muy mal parado al PRI en la entidad. Y, de paso, genera una clara inclinación a hacer del culto a la personalidad una herramienta electoral que substituye capacidad, eficacia y poder de convocatoria de dirigencia y estructura, subestimando el papel de la base partidista.

Si bien es entendible tal postura, dada la ínfima cultura política en amplios círculos del priísmo veracruzano y quienes les secundan en el coro, no consideramos sea justificable en tanto el partido tricolor -¿o rojo?-, no ha superado las condiciones que en su momento obligaran a pensar en su re estructuración o re invención, por lo que la confusión alimentada por el triunfalismo, podría dar lugar a pensar que, partiendo del éxito obtenido en la actual coyuntura, el partido goza de cabal salud, no habiendo necesidad alguna de someterlo a revisión.

Con vías al futuro, tal confusión debería ser motivo de reflexión, so pena de incurrir en el 2009 en actitudes de soberbia y prepotencia atribuibles, entre otras cosas, a la oposición como causa de su derrota en los recientes comicios. No puede restársele importancia a la participación ciudadana ni al carácter dinámico de la sociedad en su conjunto, dando por muerta a la oposición electoral gracias a la voluntad y carisma de un solo hombre, así sea el gobernante. No debiendo olvidarse que en la casa del jabonero quien no cae, resbala. Aclarar tal situación toca a la nueva dirigencia. El PRI en la entidad no puede dormirse en sus laureles bajo el influjo de las fanfarrias y la miel de un triunfo cuestionado.

En la confusión de la borrachera triunfalista, nadie, o casi nadie, entre los priístas,  ha tomado en cuenta al juego de números del Instituto Electoral Veracruzano. De acuerdo a proyecciones del INEGI, la población total de Veracruz para el 2007, ascendería a 7 millones 110 mil habitantes. A partir de esta cifra, para el IEV, el 70 por ciento, 5 millones 4 mil, integraron el padrón de ciudadanos capacitados para elegir a diputados locales y alcaldes. El 30 por ciento restante teóricamente son personas de ambos sexos, sin derecho a voto.

 De los 5 millones 4 mil asentados en el padrón electoral, 2 millones 764 mil sufragaron el día 2 de septiembre. Es decir, el  55 por ciento de los empadronados, en números redondos; de los cuales el 44.7 por ciento, 1 millón 236 mil, votaron a favor de la Alianza por la Fidelidad. El 55.3 por ciento, restante de los sufragios emitidos, se repartió entre la oposición y votos nulos. Así, a la luz de los números fríos, el nivel de aceptación del color rojo por parte de  de la ciudadanía, en relación al total de empadronados, alcanzó el 2 de septiembre ni más ni menos, que el 24.7 por ciento.

 Partiendo del supuesto de igual número de empadronados que en el 2007, en el 2004 el PRI y sus pequeños aliados, llevaron al triunfo al hoy gobernador, Fidel Herrera Beltrán, con el 18.8 por ciento del padrón, 941,725 sufragios. Si la elección del día 2 de septiembre de 2007, fuera referente para medir los niveles de aceptación alcanzados por la Alianza por la Fidelidad, tras casi tres años de brega del gobernante, y si Pitágoras no nos deja mentir, estaríamos hablando entonces de un incremento de apenas 6 puntos porcentuales con relación al 2004;  muy posiblemente fruto del voto útil que abandonara a la oposición, por las razones que fueren,  para seguir las banderas de la fidelidad.

Luego no cabe tomar como referencia el triunfo de la maquinaria que aparentemente tiñera de rojo a la entidad, para medir la mayor o menor aceptación del gobernador y la influencia de esta en el electorado. A la luz de los números del IEV, para la mayoría de los  veracruzanos el PRI no fue su mejor opción.

Razón por la que la dirigencia del tricolor en la entidad no debería dejarse ganar por la euforia, perdiendo el piso y bajando la guardia. En términos numéricos se ganó la elección a costa del voto útil, que modificó sus preferencias tras la nefasta actuación de las dirigencias estatales de los partidos opositores a lo largo de pre campañas y campañas electorales, pero prácticamente el voto duro del PRI no creció.

Otra cosa muy distinta, motivo de una seria reflexión con vías al futuro cercano,  es la modificación substancial de la correlación de fuerzas políticas en la entidad, que se expresara el 2 de septiembre. Con el número de diputaciones y alcaldías logradas con el impactante triunfo en las urnas, indudablemente dicha correlación favorece al PRI y su alianza con la morralla, y con ello al gobernador. No así al PAN, PRD y Convergencia que prácticamente quedan fuera del juego del control político; viéndose en la tesitura de tener que remontar a contracorriente la cuesta en el camino al 2009. La ausencia actual de liderazgo, estructura y espíritu de cuerpo al interior de estos institutos políticos en la entidad, tras la apabullante derrota, así lo indican.

Conservar y acrecentar tal ventaja es el desafío en el camino al 2009 y al 2010 para la dirigencia que encabeza José Yunes Zorrilla. Sin perder de vista que la correlación de fuerzas, que hoy favorece a su partido, es susceptible de modificarse en el tiempo y, en política, 12 meses es mucho tiempo, pudiendo variar, entre otras cosas, factores externos a la entidad que contextualizan nuestra vida política doméstica. En previsión a ello, el priísmo debe valorar fortalezas y debilidades, aceptando que su talón de Aquiles reside en la ausencia de vida democrática al interior del partido y, al día de hoy, una inaceptable soberbia que más que sumar, divide.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Lo que parecía una tormenta en un vaso de agua, amenaza con transformarse en tempestad. Los dimes y diretes en torno a la ya mundialmente famosa estatua con la que un dolido panismo veracruzano pretendiera honrar la memoria de Vicente Fox, no sólo ha alterado el clima político de la entidad, sino que ya se han salido de control; tomando peligrosamente el rumbo de la especulación, la sospecha, la intolerancia y el odio, tras un proceso electoral en el que el PAN fuera derrotado estruendosamente por un PRI que, a la fecha, no alcanza aún a valorar el significado del éxito logrado.

 

Aunque el gobernador insiste, pese a las pruebas existentes, de que no fueron militantes del tricolor los responsables del desaguisado, y menos servidores públicos de su administración, e insinúe que las autoridades municipales de Boca del Río comparten la responsabilidad por no haber anclado adecuadamente al monumento derribado, la opinión pública, con base en los videos difundidos, está más que convencida de que los hechos vandálicos fueron obra de conocidos priístas, entre ellos el diputado Federal y ex presidente del CDE del PRI, Adolfo Mota.

 

Si como afirma el priísmo veracruzano, la entidad se  pintó de rojo tras su triunfo en las urnas el pasado 2 de septiembre,  no había necesidad alguna de recurrir a un acto de barbarie para restregarle en el rostro al panismo el peso de la derrota. En su momento el gobernador llamó a la conciliación y a dejar atrás las rencillas derivadas de la elección. Pidiendo a tirios y troyanos sumar trabajo y esfuerzo por el bien de Veracruz. En el partido que se dice mayoritario debió haberse escuchado este llamado y tenderle la mano a la oposición en un acto democrático y civilizado de caballerosidad. No fue así.

 

Todo por la pugna personal entre el gobernador Herrera Beltrán y el director nacional del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes Linares, a la que lambiscones de toda laya agregan más leña al fuego, dentro del contexto de la pugna por la gubernatura en el 2010.

 

Confirmándose, con esto,  la enorme debilidad existente al interior del PRI estatal, que no se asume como ganador y sí como temeroso ante la posibilidad, aún escasa, de que el PAN pudiera retornar por sus fueros y postular a Yunes Linares como candidato a la gubernatura. Exhibiendo impotencia, intolerancia y sectarismo, resultante de no haber digerido aún que la ciudadanía está con el partido tricolor y no con el panismo. Tan no están convencidos aún de la contundencia del resultado electoral, decidido por el voto popular y la modificación de la correlación de fuerzas a su favor que ello conlleva,  que a estas alturas temen que el triunfo se les pueda revertir en la elección federal del 2009, y ya no digamos en la del 2010 en la que se definirá la gubernatura estatal.

 

De otra manera no se explica la actitud priísta en contra del PAN en Boca del Río y la insinuación del gobernador sobre una posible responsabilidad de Miguel Ángel Yunes Linares en los hechos referidos. Bajo esta óptica, cabe pensar que Vicente Fox y la estatua, han sido tomados por el priísmo como un buen pretexto a modo para, con prepotencia, hacer sentir quien manda en Veracruz.

 

Pero en tanto la clase política veracruzana juega una vez más al circo electoral, caldeándose los ánimos entre los estrechos círculos cercanos a la pugna por el poder y los beneficios personales y de grupo que éste propicia, los problemas que aquejan a la entidad crecen y se multiplican. El grueso de la población, ajeno a los dimes y diretes y sin sentirse parte de los intereses partidistas en juego, espectador pasivo pero al mismo tiempo preocupado, observa el deterioro creciente de su nivel de vida y expectativas de desarrollo. Tema este último que no parece figurar en la agenda de los políticos, pese a la insistencia en contrario del gobernador Herrera Beltrán y sus tan  ilustres como ineficientes colaboradores.

En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

 
Fox, Calderón,  y los gobernadores del sur-sureste

 
En tanto en Costa Rica la posible firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica, polarizan al país, en México el Sr. Calderón Hinojosa insiste en revivir el Plan Puebla Panamá (PPP), punta de lanza del ya prácticamente muerto Acuerdo de Libre Comercio de América (ALCA) y al que en adelante en México se denominará “Proyecto de desarrollo integral de Mesoamérica”; quizá para no dar la impresión de que se continúa con la política de promesas no cumplidas de Vicente Fox.

Durante la Primera Reunión de Integración de los gobernadores de la región sur-sureste de México, que podría interpretarse como un principio de división al interior de la CONAGO, el titular del ejecutivo federal contrariamente a su ahora denostado antecesor, bien se cuidó de no garantizar la ejecución de la larga lista de peticiones de obras de infraestructura que le solicitaran los gobernadores, como el desarrollo del sistema multimodal del sur-sureste que uniría a los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz, la vía corta entre la ciudad de México, el puerto de Tuxpan, y la construcción y modernización de la carretera Veracruz-Tampico, entre otras, para las que los mandatarios sureños piden 50 mil millones de pesos.

Tampoco comprometió la promesa incumplida de Fox del llamado Proyecto Fénix, que seguramente permanecerá congelado en tanto no se de la Reforma Energética. Aunque eso sí, insistió en señalar la necesidad de impulsar el establecimiento de una refinería en Centro América, con capital privado, para procesar petróleo crudo mexicano mientras el “entramado legal” impida hacerlo en México.

Considerando que en términos prácticos el gobierno mexicano, no tiene recursos para, simultáneamente, afrontar compromisos derivados de los rescates bancario, carretero y los requerimientos estratégicos de infraestructura, salvamento y fortalecimiento de PEMEX, IMSS, ISSSTE, CFE, así como para modernizar el equipamiento destinado a fortalecer la lucha contra la delincuencia organizada, Calderón Hinojosa haría mal en comprometer a su gobierno en algo que si bien es deseable para los gobernadores, no es posible para la administración federal, cuando menos en la actual coyuntura de las arcas públicas.

Como novedad, se anunció que dentro del Plan Puebla Panamá se contempla el magno proyecto “Cuenca Forestal del Golfo de México”, con el que se pretendería recuperar y manejar más de 3 millones de hectáreas de bosques y selvas tropicales, con inversiones –en su mayoría privadas– estimadas en 2 mil 900 millones de dólares. Proyecto que de acuerdo a los objetivos no explícitos del Plan Puebla-Panamá, beneficiaría a empresas trasnacionales interesadas en apropiarse de los recursos bióticos del trópico húmedo mexicano.

Ahora bien, si los megaproyectos del Plan Puebla Panamá  en territorio nacional, que se han venido difiriendo en el tiempo, consideran para su ejecución inversión privada extranjera, su viabilidad o, caso contrario, su inviabilidad, estaría sujeta a decisiones políticas que rebasan al poder ejecutivo federal, en tanto implicarían un paso más en el proceso de privatización de los recursos estratégicos del país, pérdida de soberanía territorial y sometimiento económico a intereses privados externos, que tendrían que contar con el aval del Congreso de la Unión. Calderón lo sabe y evita comprometer más de lo que puede otorgar.

En el pasado reciente en Veracruz se llegó a extrañar a Fox, por ser prolífico en promesas no cumplidas, al grado de erigírsele hoy un monumento. Pero si de extrañamientos se trata, llama la atención que en la reunión de gobernadores del sureste estos no plantearan a Calderón Hinojosa el gravísimo problema en puerta de la apertura en enero próximo del sector agropecuario a lo dispuesto en el TLCAN, y que pondrá en una absoluta indefensión a los pequeños y medianos productores de granos básicos, carne, leche, azúcar, del sur-sureste mexicano; en su gran mayoría ubicados en tierras ejidales y comunales, a la par que constituye un duro golpe a la soberanía alimentaria.

Problema que en el corto y mediano plazo no se resuelve con voluntarismo ni buenas intenciones  de los gobernadores ó con grandes proyectos de infraestructura, forestales o de producción de materias primas para la producción de biocombustibles. Destruida una histórica forma de vida, como la que vincula al sector rural con las actividades agropecuarias primarias, incorporar al campo a un concepto de modernidad como el que exige el TLCAN, que implica productividad, competitividad y una sustancial modificación de la vocación productiva y social en la región, pasa necesariamente por un proceso de largo aliento de reconversión productiva, organización y capacitación de los productores, en su mayoría campesinos. Tarea nada fácil que a su vez requiere de inversiones tanto o más importantes que las exigidas por los megaproyectos contemplados en la larga lista de los gobernadores. Aún en el supuesto caso de que los agricultores estén siendo considerados únicamente como mano de obra asalariada de poderosas empresas trasnacionales.

Pero el tema da para más, como lo reconociera el propio titular del ejecutivo federal en Villahermosa. Al ahora sacrificado sector agropecuario en el sur-sureste, habría que agregarle el hecho de que en la región se registran los mayores índices de pobreza, la mayor marginación, la mayor tasa de mortalidad infantil y materna, los indicadores más altos de analfabetismo y la menor esperanza de vida para su población, que a su vez registra un alto componente de pueblos indígenas, históricamente excluidos. Lo que plantea un serio dilema para el gobierno federal en la jerarquización de prioridades, frente a una disponibilidad presupuestal de recursos escasos. A más de que así como el sur-sureste exige trato preferencial, otras regiones del país hacen lo propio.

Vistas así las cosas, resulta harto difícil confiar con optimismo en que el gobierno federal avale, respalde y garantice que las multimillonarias peticiones de los gobernadores del sur-sureste serán materializadas en lo que resta del sexenio del Sr. Calderón Hinojosa. No por nada no cuajaron en la administración de Vicente Fox, quedando en vanas promesas salpicadas de demagogia. Tantas que en su momento le llegamos a extrañar.

pulsocritico@gmail.com

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Xalapa, Ver., 13 de octubre de 2007.- La política es una verdadera rueda de la fortuna. Quienes desde arriba escupen a los de abajo, tarde o temprano serán víctimas de los escupitajos cuando les toque en suerte estar en la parte inferior del artefacto. Todo lo que sube tiende a bajar y nadie escapa a esta ley física.

 

Hace apenas escasos doce meses, la clase política y gran parte de los medios de comunicación, festinaban las constantes visitas de Vicente Fox y su esposa a la entidad. Todo mundo quería salir en la foto y casi sin excepción a cual más festejaba las falsas promesas del ejecutivo federal. Al término de su mandato, no faltó quien expresara a voz en cuello que se extrañaba al ex presidente.

 

Hoy, a diez meses de distancia, las mismas voces vituperan y condenan a quien mal gobernara por seis años al país. Muerto el rey, viva el rey y los reflectores mediáticos se concentran en una nueva pareja presidencial, en declaraciones y promesas de una justa bonanza para Veracruz, vertidas por el presidente en turno y la satisfacción plena se refleja en el rostro de quienes ahora tienen la oportunidad de salir en la foto, arrimados o a la sombra, de los personajes centrales de un México que no logra desprenderse del culto al poder omnímodo de los Tlahtoani que gobiernan.

 

Sí, la misma clase política que gobierna a Veracruz y los mismos medios de información, se olvidan de su ignominioso papel jugado apenas hace unos cuantos meses y claman al cielo por una justicia a toro pasado, indignados por lo que en el pasado reciente celebraran. Coincidentemente, también son los mismos que desgarrándose las vestiduras no tenían ningún pudor para señalar a López Obrador, candidato entonces a la presidencia de la República, como un “peligro para México”. Condenándole a la hoguera por atreverse a callar a “la chachalaca”,  y mandar al diablo a las corruptas instituciones republicanas. Los mismos que sin escrúpulo alguno, califican de provocación al hecho de que un alcalde panista se tomara la libertad de erigir un monumento en memoria de quien fuera adalid de los veracruzanos, sumándose a la gritería que exige que el bocón hombre que no gobernara ni a su queridísima esposa, guarde silencio.

 

Sin juicio de por medio, no hay duda de que Vicente Fox es presunto responsable de los delitos que se le señalan, entre otros el de haber amasado cuantiosa fortuna de manera ilícita e impúdicamente exhibida. Pero su responsabilidad para con el pueblo de México es aún mayor al haber defraudado la confianza en el depositada, dejando al país en condiciones peores que las que recibiera. Sin embargo, no es con intolerancia ni con actos bochornosos por parte de una turba manipulada, como habrán de restañarse las heridas. Lo que de manera conciente, organizada y pacífica debe prevalecer, es el sentido de justicia y el imperio de la ley. Si Vicente Fox es responsable porque así jurídicamente lo determina la autoridad, que pague, como cualquier ciudadano, en los términos que procedan. Sentándose con ello un precedente que ratifique y haga valer el que nadie está por encima de la ley.

 

Pretender hacerse justicia por propia mano, no se justifica ni resuelve el problema de fondo: el imperio de la corrupción y la impunidad a la sombra del poder por sobre el estado de derecho que norma la convivencia civilizada de la sociedad mexicana. Sin resolverse esta lacra que lastima e impide el desarrollo del país, pueden derrumbarse mil estatuas con las que se rinda culto a la personalidad de falsos héroes, pero el pueblo seguirá postrado, empobrecido y manipulado, siempre víctima de los escupitajos de quienes ahora en suerte están arriba.

En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Xalapa, Ver., 30 de septiembre de 2007.-Una vez cumplimentada la aprobación de la reforma electoral por el cincuenta por ciento más uno de los congresos locales, se consolidará uno de los pasos más importantes de los nuevos tiempos en la vida de la Nación: la dignificación del Congreso de la Unión.

 

Senadores y diputados fueron  capaces de sobreponer el interés más general del pueblo de México a los intereses partidistas, frenando las intenciones golpistas del poder mediático de la industria de la radio y la televisión. Hicieron prevalecer  el principio constitucional de soberanía de la representación popular, y dieron inicio al proceso de rescate financiero de PEMEX. Paso este que, independientemente de los limitados alcances de la reforma en el proceso de transición democrática, que deja a los partidos políticos mayoritarios en la nada grata tesitura de seguir despachándose con la cuchara grande, debemos celebrar.

 

No así la presunta reforma hacendaria o el bodrio resultante de la intención presidencial de allegar mayores recursos al gobierno al costo que fuere.

 

Además de ser mínimo el incremento de la tributación esperada, muy por debajo de los deseos de Calderón Hinojosa, las modificaciones impresas no modifican significativamente el status fiscal de las grandes empresas, en su gran mayoría evasoras legales, ni apuntalan la capacidad del Estado mexicano en la lucha por abatir la pobreza y la desigualdad. Antes al contrario, propician que dichos flagelos sigan campeando en el escenario nacional, ampliando la brecha entre los que lo tienen todo y los que en términos del pastel a repartir, prácticamente no tienen nada. Lo que coloquialmente podría afirmarse, constituyen dos pasos para atrás en el esfuerzo de este país por establecer el mínimo de congruencia entre los avances democráticos en materia política y la democracia con justicia social, que se sustenta en la participación equitativa en la distribución de la riqueza generada.

 

El llamado popularmente como “el gasolinazo”, define el espíritu injusto del bodrio fiscal y el predominio de la irracionalidad política por sobre la razón de Estado. A cambio del visto bueno de los congresos locales a la reforma electoral, los legisladores premian a los gobernadores, asignándoles recursos adicionales provenientes del impuesto a los combustibles, que podrán manejar discrecionalmente a partir de enero próximo en apoyo a sus personales proyectos políticos y no al impulso del desarrollo regional, por más que se afirme que se destinarán a infraestructura, educación y salud.

 

Cambalache que fortalece a la clase política y en especial a quienes un buen número de autoridades municipales califican como “virreyes”, frente a la indefensión de la mayoría del pueblo de México, que ya empezó a sufrir las consecuencias de la escalada en el alza de los precios de bienes y servicios básicos; reduciendo aún más el ya de si deteriorado poder adquisitivo del salario y condenando al mercado interno  a una mayor contracción de la ya existente, aún antes de que cobre vigencia la nueva miscelánea fiscal.

Teniendo como corolario la pérdida de capacidad del Estado mexicano, frente a una sociedad que reclama urgentes e importantes respuestas en materia de infraestructura, educación, salud, vivienda, atención al campo y empleo remunerador. En suma, el Estado se reduce, tal cual se ha venido reduciendo la imagen presidencial.

 

La gente se pregunta si se cambió lo más por lo menos. Se da un paso adelante en el rescate de la dignidad de la representación popular frente a un sector del poder fáctico, con reformas constitucionales que en lo sustantivo no cambian las reglas de un  juego electoral en el que todo se vale, menos acatar lo dispuesto en la Carta Magna. Se dan dos pasos atrás en materia fiscal, con una reforma que daña el bolsillo de la mayoría de la clase trabajadora y que no contribuye en nada a salvar al gobierno de su crisis financiera. ¿Dónde quedamos, pues?

 

Lo cierto es que cada vez es más común que la clase política ignore que nadie se baña dos veces en el mismo río. La sociedad civil cambia y madura día a día,  en tanto que se insiste en seguir dándole atole con el dedo, despreciando la inteligencia popular. ¿Hasta cuando?

pulsocritico@gmail.com

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