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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

 

En aquellos lejanos días en los que el ser humano inició su aprendizaje como humano, la cultura giraba en torno a dos manifestaciones básicas: el conocimiento para sobrevivir conviviendo con una naturaleza hostil, y el correlativo conocimiento para hacer de esta, fuente sustantiva de su alimentación y abrigo. Satisfecha la necesidad básica de supervivencia,  la reproducción de la especie superior fue pecata minuta. Todo el conocimiento acumulado posteriormente ha resultado accesorio, simple y llanamente, pesado fardo cultural que hay que llevar a cuestas a lo largo del camino, en el afán nunca satisfecho de dejar de ser masa, parte, para convertirse en individuo.

Una cosa tan elemental, en la modernidad y lo que los profundos pensadores de nuestros días califican hoy como posmodernidad, parece haberse perdido al paso del tiempo en la memoria histórica de la humanidad. El fin último de la especie, la supervivencia, pasa a segundo plano en la jerarquización de necesidades y la manera de resolverlas. Lo accesorio se privilegia como manifestación sustantiva del quehacer cotidiano de la especie humana.

Ufff. Disquisición cercana a rollo filosófico sin sentido. Pero que bien puede ser modesta aproximación a lo que los sabios que profundizan en la entendedera del conocimiento enseñan como el pensar con la cabeza a partir de donde pisan los pies, cuando con la simple observación se constata que las hormigas, seres diminutos que menospreciamos por considerarles inferiores, de manera instintiva pactan con la naturaleza con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o algunos de los fines de su existencia.

Sabio actuar de estos pequeños seres vivientes, frente a la soberbia de lo humano. Ante la magnitud de la tarea a que cotidianamente enfrentan, la individualidad se diluye, la acción colectiva, fórmula de supervivencia, hace de la concertación y la cooperación instrumentos para la búsqueda del bien común; el miedo individual a confundirse con la masa, no existe para las hormigas. Lo superfluo para estas no tiene cabida al paso del tiempo. Todos a favor de todos, es la consigna, en tanto el hombre, ser superior, se inclina a favor del todos contra todos, ignorando el fin último de los primeros días.

Pero, ¿a que viene tanto rollo?  ¿Qué tienen que ver las hormigas y mucho menos el eslabón perdido, con el desastre que aqueja a nuestros vecinos tabasqueños? Posiblemente nada, pero a tal reflexión invita el Sr. Calderón Hinojosa, el mismo que en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara recibiera cara a cara de una fémina, el calificativo de “espurio”, cuando al margen de toda previsión resuelve individualizar la respuesta a la tragedia colectiva, otorgando a título gratuito y con cargo a fondo perdido, una compensación en vales de 10, 000 pesos a cada una de las familia que oficialmente son consideradas afectadas.

Paliativo que no resuelve ni resolverá nada sustantivo, como tampoco contribuirá a legitimar al Sr. Calderón en el cargo que ostenta, “de facto”, diría el escritor Fernando Del Paso. Antes al contrario, con la medida no sólo se enfrenta a los que menos tienen con los que tienen algo más o mucho más. A los que efectivamente perdieran su patrimonio vital con los que perdieran lo superfluo. Todos quieren y nadie desea quedar atrás. O todos coludos o todos rabones. También constituye un acto propiciatorio para que los grandes almacenes, como Elektra, por ejemplo, resulten ser los primeros beneficiarios de la tragedia.

Pero eso no es todo. Lo grave, lo verdaderamente grave, es que por falta de visión de Estado y desconocimiento del terreno que se pisa, se abre la Caja de Pandora y Calderón tendrá  por ello que asumir el costo político.

Con la medida adoptada, se reactiva en Tabasco no la vida económica de la entidad. Se abre la puerta a la llamada “industria de la reclamación”, que cobrara fama en la Chontalpa y región lagunar, ante las afectaciones derivadas de la ampliación de la Boca de Panteones por PEMEX. Todo tabasqueño, en lo individual y familiar, se sentirá con derecho a exigir del gobierno una justa compensación. El poco dinero disponible, 7 mil millones hasta ahora,  se canalizará a gasto corriente en la tarea de identificación, evaluación, pago de afectaciones y control contable de los egresos, así como a la adquisición de bienes de consumo por parte de la población beneficiaria, restándosele a las tareas sustantivas de beneficio colectivo y búsqueda del bien común, como la reconstrucción, el rescate agropecuario, y la dotación de infraestructura de previsión, control y reencauzamiento de los cuerpos de agua.

Pasado un tiempo razonable, apagados los reflectores mediáticos, las cosas seguirán igual que como estaban antes del desastre. La naturaleza, en su momento, presentará nueva factura. Las hormigas en una acción colectiva y concertada, pondrán nidos y alimentos a buen recaudo, asegurando su supervivencia, en tanto los seres superiores, los humanos, enfrentados y al grito de todos coludos o todos rabones, serán nuevamente  víctimas del desastre anunciado.

pulsocritico@gmail.com

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