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Daily Archives: enero 30th, 2008

Apunte para Revista Análisis político

En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

En memoria de Felipe Galván, camarada entrañable.


Al conmemorarse el  trigésimo quinto aniversario de la muerte de Alfredo V. Bonfil, de algo estamos  seguros muchos de los que trabajáramos en su cercanía y bajo su conducción: En los años que estuvo al frente de la Confederación Nacional campesina, existían  expectativas de rescate, recuperación y desarrollo para el campo mexicano con las que no se cuenta al día de hoy. Existía credibilidad en las instituciones de la República y en los varios miles de promotores, extensionistas y funcionarios, encargados de llevar adelante los postulados del Libro Tercero de la Ley Federal de Reforma Agraria a lo largo y ancho del país. Así como existía credibilidad y confianza en el liderazgo de  la más importante organización de masas surgida del cardenismo.

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Tales expectativas se fueron perdiendo a partir del sexenio priísta de la administración de la abundancia, muriendo más tarde con la reforma neoliberal  salinista que abría la puerta para la privatización de las tierras ejidales y la pérdida de oportunidades de desarrollo económico y social para el campesinado nacional. La renuncia por la vía jurídica del Estado a su obligación solidaria con hombres y mujeres del sector rural, se hizo acompañar con el desmantelamiento de las instituciones republicanas de soporte a la trunca nueva etapa de la Reforma Agraria en México  que impulsara el gobierno del presidente Echeverría.

A treinta y cinco años de la muerte de Alfredo y el grupo de jóvenes, sus más cercanos y leales colaboradores, al explotar el avión en el que sobrevolaban tierras veracruzanas — lo que originara la explosión nunca fue aclarado–, todo homenaje que con un falso  triunfalismo hable de un presente promisorio sin hacer un recuento objetivo de los logros alcanzados durante la gestión del líder indiscutible de la Campesina; de los poderosos obstáculos que desde el poder de la oligarquía se opusieran  al avance del renovado impulso a la Reforma Agraria, sustentado en la organización y capacitación de ejidatarios y pequeños propietarios rurales y en las instituciones al servicio de estos; de los pequeños triunfos y no menos importantes fracasos registrados en el camino, carece de sentido, de contenido y de honestidad intelectual. Más cuando estos huecos homenajes vienen de quienes no tuvieran el menor empacho en traicionar a los hombres del campo, sumándose y aplaudiendo en su momento tanto a la reforma salinista como al viraje neoliberal en el rumbo de la Nación.

En especial y por lo que se refiere a Veracruz, aquellos que desde la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos campesinos, carecen del mínimo de decencia para aceptar la profundidad y relevancia de su traición, ostentándose como líderes agraristas de un movimiento social al que le dan la espalda.

Hoy asistimos a una situación inédita en la que la sociedad y sus autoridades minimizan la importancia del papel jugado a lo largo de la historia de este país por un campesinado que, a lo largo de varias décadas, diera sustento al proceso de industrialización de México, con transferencias netas de capital vía precios de las materias primas, mano de obra barata y  disponibilidad de alimentos para sostener la fuerza de trabajo industrial y el surgimiento y desarrollo de de la clase media. Descapitalizado el campo, propiciada la migración desde el poder del Estado, abundando los pueblos fantasmas o habitados por ancianos, mujeres y niños, hoy importantes sectores de la sociedad y líderes de opinión, satanizan al ejido y a las comunidades agrarias, haciendo responsable al hombre del campo de una crisis que este no propiciara. El campesino no tiene nada que reclamar, el paternalismo lo hizo flojo y abúlico, dicen muchos. No se puede revisar el capítulo agropecuario del TLCAN a partir de la opinión de iletrados que no entienden de los beneficios que les acarrean las letras pequeñas del asimétrico convenio, dice el Secretario de Agricultura desde la comodidad de un campo de golf.

Se asegura que tras más de cinco lustros de abandono de la Reforma Agraria, hoy el campo está blindado contra los efectos del TLCAN y contra lo que se nos  viene encima,  a partir de los efectos de la desaceleración y posible recesión de la economía de nuestro principal cliente y socio comercial. No bastan inversiones, por muy cuantiosas que estas sean, si su destino está focalizado al sector moderno de la agricultura vinculado a los circuitos comerciales de exportación,  o al otorgamiento de caritativos paliativos a los productores más desprotegidos. Sin políticas públicas de gran visión, que rescaten el andamiaje institucional de apoyo al campo, con criterios de integralidad, solidaridad, y reconocimiento universal del derecho de la familia campesina a participar en libertad, con autonomía y autogestión, en la definición de su propio destino, el discurso oficial y triunfalista choca con la realidad. Hoy, a 35 años de la muerte de Alfredo V. Bonfil,  el campo mexicano y la soberanía alimentaria, acusan una franca indefensión.

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Apunte para gobernantes.com

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 

Resulta ya más que un lugar común, el que en amplios círculos de la sociedad veracruzana se pasen por alto los contextos más generales dentro de los cuales tiene lugar la vida económica y política de la entidad. Asumiéndose una actitud de desenfado, indiferencia o, en el peor de los casos de ignorancia, frente a hechos que teniendo lugar más allá de nuestras fronteras de una u otra manera, directa o indirectamente, nos afectan o benefician. Como si Veracruz fuera una autárquica ínsula atenida únicamente a sus propias fortalezas y debilidades.

Más llama la atención cuando esta actitud es asumida por líderes de opinión, cuyas declaraciones dadas fuera del contexto nacional o internacional, no contribuyen a dar claridad en el entorno más cercano, precisamente sobre nuestras ventajas y desventajas comparativas frente a las de otras entidades federativas u otras naciones, castrando iniciativas que bien podrían incidir en eso a lo que hoy con desparpajo llaman blindaje.

Como es el caso del debate en torno a temas torales para la vida política y social en el Congreso de la Unión o, en lo económico, a la presunta privatización de los recursos energéticos de la Nación, las ventajas o desventajas del TLCAN, o la inquietante amenaza de una posible desaceleración de la economía norteamericana. Temas que parecen no considerarse como de la incumbencia de los veracruzanos, mientras las políticas públicas, calificadas de exitosas por quienes simultáneamente las diseñan, aplican y evalúan, contribuyan a sumar votos a favor de la fidelidad.

Así, lo mismo se afirma que estamos blindados en el campo, en el turismo, en la industria, o en las finanzas públicas. Como lo estamos también en el terreno de la seguridad pública o en el ámbito de la procuración e impartición de justicia. Todo marcha bien, tenemos rumbo y mantenemos un imparable crecimiento económico con desarrollo sustentable, tranquilidad y paz social, ambiente más que propicio para la inversión extranjera, y tiempo para anticipar eventos electorales venideros. No existen elementos para preocuparse.

Los problemas nacionales son de otros, la desaceleración o recesión es cosa de los gringos. Estamos blindados. Mientras el desempleo,  la pérdida del poder adquisitivo de salarios congelados y el incremento de los precios, desde los bolsillos de los ciudadanos dicen lo contrario.

 

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