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Monthly Archives: marzo 2008

Apunte para gobernantes.com

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Recuperar para la política su dignidad clásica como ordenadora y cauce del conflicto, dique férreo contra la violencia y la ignorancia, obliga a darle a la calle su papel primordial. La verdad de cada uno debe ir a ella para iluminar la esperanza y modular la crispación. Sólo así se puede probar congruencia y disposición democrática.

Rolando Cordera Campos

 

Más allá del ruido mediático, incluso ignorándolo, la pugna interna  del PRD por la renovación de sus dirigentes, debería ser para todas las corrientes que conforman a la llamada izquierda,  punto de partida para un tan necesario como amplio debate en torno al partido o partidos a que esta aspira le representen en el marco de la vida política institucional de nuestro país.

 

Si bien las baterías y reflectores se concentran en torno al proceso fallido de elección del partido del sol azteca, no puede hacerse de lado que este instituto político es apenas un instrumento más de las fuerzas progresistas y no el todo de la izquierda, como pretenden la mayoría de los medios de comunicación y la derecha hacernos creer.

 

El discurso de López Obrador en las tareas organizativas del movimiento social en pro de la defensa del petróleo, tiene este enfoque. Su llamado a organizarse bajo la premisa de una férrea convicción, disciplina y acatamiento al carácter pacífico de la resistencia frente a los embates del gobierno de Calderón y de las empresas trasnacionales, no está dirigido al PRD, como así lo interpretaran los reporteros que cubrieran la reunión del Comité Estatal de Defensa del Petróleo, celebrada en nuestra ciudad capital el pasado sábado. Es más, para quienes observáramos la composición del auditorio, no pasó desapercibido que la mayoría de los asistentes fueron militantes de Convergencia, del Partido del Trabajo y ciudadanos sin partido. Salvo Atanasio García Durán, los personajes más conspícuos del perredismo estatal brillaron por su ausencia.

 

Los destinatarios del mensaje del ex candidato presidencial, fueron todos los ciudadanos que de motu propio y de buena fe, como lo ha señalado José Agustín Pinchetti, “ni quieren posiciones, ni curules, ni remuneración, pero que si están dispuestos a correr el riesgo en un movimiento de resistencia civil, afrontando calumnias, descalificaciones e incluso represión”. Y así lo entendieron la mayoría de los asistentes, que en ningún momento hicieran referencia a sigla partidista alguna. Únicamente los representantes de los medios, poco informados o por consigna, pretendieron ver en el evento un acto de proselitismo perredista.

 

Sin embargo, el PRD y su crisis no dejan de ser referente obligado para la izquierda de este país. Mal que bien es el único partido que en la vida política institucional, aglutina a la mayoría de amplios sectores de las fuerzas progresistas. Lo que hoy le duele al PRD debe dolerle a toda la izquierda en su conjunto. De ahí la necesidad del debate a todos los niveles y en todos los foros; de un ejercicio autocrítico que coadyuve a hacer de esta dolorosa coyuntura, parte aguas en el proceso de renovación, unificación y fortalecimiento de la izquierda, y no pretexto para bajar la guardia, haciéndole el juego a la derecha.

 

Pero también la necesidad de sacar conclusiones de la experiencia vivida por el PRD a lo largo de sus 20 años de existencia. De una vez por todas debe considerarse que son muchos los llamados pero poco deben ser los escogidos. La fuerza de este partido no debería radicar en el número, alimentado corporativamente mediante el reparto de cuotas de poder. La verdadera fuerza debería sustentarse en la calidad de dirigentes y militancia, exigiéndose claridad y compromiso ideológico, honestidad y disciplina, que lo demás arribará por añadidura. En lo que toca al PRD, el discurso de López Obrador y las medidas organizativas adoptadas  para la integración de las brigadas para la defensa del petróleo, son más que elocuentes.

 

Por cuanto a la descalificación por parte de los medios y de la derecha, debería valorarse en el seno de las organizaciones de izquierda en su justa dimensión. No ignorarlo pero tampoco sobredimensionarlo. El llamado “cochinero”, no es privativo del PRD ni de la izquierda. Baste señalar la relevancia del daño a la nación infringido por el salinato priísta; el cínico contubernio de Calderón y Mouriño con el poder económico y, más claro aún, el saqueo de que los mexicanos hemos sido víctimas a manos de Vicente Fox, su familia y sus más entrañables amigos y colaboradores. Estas expresiones de corrupción e impunidad, son algo más que el desaseo de una elección interna partidista, y nadie se rasga las vestiduras por ello.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 

Parece que en la política algunas veces la lógica más simple tiene sentido. Por encima de la encrucijada que vive en lo interno y externo el PRD, sectores importantes de la militancia de base privilegian como prioritaria la defensa de la soberanía energética del país, frente a la difícil coyuntura por la que atraviesa el partido.

 

Ciudadanos a los que consideramos honestos, de buena fe, que confiaran en una elección limpia, democrática, universal, como un instrumento más para posicionar a su partido como expresión legítima de la izquierda, en Veracruz, con una no muy disimulada rabia, así lo manifiestan convencidos de que han sido traicionados.

 

Por diversos medios se escucha su voz. A nuestro buzón electrónico están llegando correos  cuyo contenido habla de traiciones, de componendas entre diversos y muy identificados personajes de la cúpula perredista veracruzana con operadores del PRI que se sumaran a lo que la propia dirigencia nacional ya califica como “cochinero”. La manipulación del padrón, la organización de la compra del voto, la entrega de miles de despensas en bolsas de color rojo, la manipulación de urnas y boletas, pasa, a decir de los emisores de mensajes, por personajes con nombres propios como Arturo Hervis, Rogelio Franco Castán,  Fredy Ayala y Celso David Pulido Santiago, entre otros. Pero también por Erik Lagos y adláteres priístas que operaran para reventar la elección.

 

La derrota, señalan, no es para el PRD ni para la militancia. Quienes se han derrotado a sí mismos son los integrantes de una cúpula corrupta, acomodaticia, a la que ya se conoce entre los perredistas como “la generación X”. La que llegó al partido impulsada por el afán de obtener poder para servirse de este en su propio beneficio. Una generación de porros sin formación ideológica, sin tradición de lucha social y sin compromiso con las mejores causas de México. Esta es la que ha pugnado siempre por manipular y utilizar a las bases para encaramarse en el partido, rematan.

 

No obstante, y en ello coinciden los contenidos de los mensajes, sus emisores insisten en que no todo esta perdido, con lo que pasó quizás en esta ocasión gane la derecha, pero la base perredista sabrá superar esta vergüenza, tragarse su rabia, en su momento fortalecer desde abajo la estructura y señalar a los traidores para echarlos del partido, pero hoy la prioridad seguirá siendo impulsar un amplio movimiento de resistencia pacífica en defensa de la soberanía nacional.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 

 

“Este debate histórico nos hace ver en los escenarios políticos la lucha que por un lado agrupa y cohesiona a las derechas y, por otro, divide y pulveriza a las izquierdas…”

Eduardo Pérez Roque

 

Aunque todo parece indicar que gracias a la conjunción cochinero-medios,  el PRD se ha derrotado a sí mismo, polarizándose al grado de una ya virtual ruptura entre las dos corrientes encontradas y con ello fortaleciendo a los sectores más reaccionarios de la derecha, que le apuestan a una muerte súbita del sol azteca y al desarme de la defensa de la soberanía energética de la nación, la moneda aún está en el aire. La situación prevaleciente no parece ser tan simple como la esperada por la reacción. Por encima de las contradicciones internas del PRD y de la incapacidad de la actual cúpula dirigente para conducir de manera racional el control de daños, la unidad de propósitos de una amplia y plural  base social hasta hoy no se ha perdido. El objetivo inmediato de defensa a ultranza de la soberanía energética flota en el aire. La concentración en el zócalo capitalino de la semana pasada y la programada para hoy martes, es la medida.

 

No se puede descalificar a toda la izquierda de este país por los groseros y antidemocráticos excesos de las tribus perredistas, registrados en el proceso interno de elección el pasado 16 de los corrientes. No es lógico pensar que se tire por la borda la fuerza acumulada a lo largo de medio siglo. La negativa experiencia de lo que pretendiera ser una elección democrática, es una más y de ninguna manera la última y definitiva, de una lucha por hacer de la vía institucional el camino políticamente correcto para acceder al poder. Insistimos. No hay bien más caro que el que no se tiene y hoy por hoy, el único instrumento con que cuenta la izquierda para incursionar con relativo éxito, en la búsqueda del poder por la vía electoral constitucional y hacer frente a los embates de una derecha retrógrada y entreguista, es el PRD.

 

Si la cúpula perredista no lo ve así, cegada por sus espurios intereses coyunturales,  y optara por profundizar la fractura evidente, arrastrando al partido a su desaparición como tal, la lógica más elemental orillaría a pensar que estos dirigentes serían desconocidos por una base movilizada que no está dispuesta a dar su brazo a torcer; la que recuperaría para sí la hoy maltrecha estructura sustentada en las cuotas de poder de las tribus. Si esto fuera así, tras la autoflagelación y la descalificación generalizada de que hoy es objeto el partido negro amarillo, este saldría fortalecido abriéndose la posibilidad de su rescate y reconstrucción desde abajo.

 

Para ello la militancia debería entender que en la normalidad democrática los procesos electorales no deberían ser mero trámite para el reparto de cuotas de poder ni sus resultados constituyen un fin en sí mismo. Un partido moderno de izquierda, dispuesto a servir a la sociedad y no a servirse de esta, debería comprender que el acceso al poder en la democracia representativa en que se sustenta la vida política del país, es históricamente una oportunidad  en la búsqueda de cambios profundos para lograr una sociedad más participativa y más justa y no objetivo per se. Por la casa se empieza, generando una cultura política al interior del partido, acorde con los nuevos tiempos, a la altura de los retos presentes,  y al ritmo que la sociedad demanda.

 

Bajo esta óptica, la lógica también indica que la participación activa, democrática, tolerante, solidaria e incluyente de las bases perredistas en el rescate de su instrumento político electoral, arrastraría a su favor a otras importantes expresiones de izquierda y de centro izquierda, sumando y multiplicando fuerzas y no dividiendo lo que con tanto esfuerzo e incluso pérdida de vidas humanas ha costado. Lo que propiciaría un significativo avance en los intentos por democratizar el sistema de partidos en su conjunto, enriqueciendo la vida política de la Nación.

 

Los principales medios de comunicación, haciéndole el juego a una derecha que no reconoce partido,  no lo ven así. Le apuestan a la desbandada y disolución del PRD y su salida definitiva de la vida política del país. Sin embargo, la orquestada campaña de descalificación y condena parece estar operando en contrario. Está resultando un elemento más de cohesión para la base militante que honestamente confía en su instrumento político institucional. La profusamente difundida carta de Cuauhtemoc Cárdenas y los lloriqueos de plañideras contratadas para anunciar la muerte anticipada del PRD, recomendando la nulificación de la elección como paso previo para su desaparición, sólo parecen hacer mella en aquellos que desde la derecha pretenden decidir sobre la vida interna del partido  y el futuro de la izquierda. Nadie parece estar tomando en cuenta que las bases también cuentan con opciones válidas para salir del embrollo,  y que la izquierda en su conjunto no es sólo el PRD

 

Querámoslo o no. Nos guste o no nos guste, lo que el futuro depare para el partido del sol azteca también pone en juego el destino de una legítima, plural, patriótica, y no siempre comprometida izquierda mexicana, que ya tomó partido a favor de la defensa de la soberanía energética.

 

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 

Considero no estar equivocado cuando estimo que en México vivimos una crisis en el sistema de partidos políticos. Así lo he venido percibiendo y opiniones de diversos analistas y comentaristas de reconocido prestigio, pero sobre todo los hechos lo confirman. La elección de dirigentes nacionales y estatales del Partido de la Revolución Democrática (PRD), son un claro síntoma de un padecimiento terminal que se hace extensivo a todo el sistema.

Toda crisis de crecimiento en la sociedad pasa por un proceso en el que dialécticamente necesariamente lo viejo debe ceder el paso a lo nuevo. De no suceder entonces el proceso se revierte y da lugar al estancamiento o al retroceso. A partir de las reformas de 1988, con la llamada apertura democrática, el sistema de partidos inició una nueva etapa, un nuevo ciclo de crecimiento de la vida política de la Nación en el que se pretendiera reformar a un Estado caduco y agotado, adecuándolo a la nueva realidad del país y a sus necesidades de inserción en un mundo que a pasos acelerados avanzaba hacia la globalización. El proceso de cambio se quedó trunco. Se modificaron las formas y el fondo ha quedado prácticamente intacto. Ni el viejo régimen termina de morir, ni el nuevo termina de nacer.

La necesidad hoy de una reforma estructural del Estado mexicano es más que evidente. Se ha pretendido en los últimos años llevarla a cabo, no obstante, paradójicamente sólo se ha agitado el avispero; oponiéndose a esta los mismos que la promueven, los partidos políticos. La sociedad ha avanzado más rápidamente que la llamada clase política, atada aún al pasado. La carga de intereses creados les impiden ser la vanguardia de un proceso de crecimiento cuantitativo y cualitativo de la sociedad, y esta les ha rebasado. Las llamadas reformas estructurales que han aprobado los partidos políticos en el Congreso de la Unión, responden más a sus particulares intereses que a las necesidades crecientes de la sociedad nacional. La reforma del Estado está estancada y sujeta a parches coyunturales, frenándose el proceso exigido de un auténtico cambio estructural, con el consiguiente estancamiento en todos los órdenes de la Nación.

No deberíamos darnos por sorprendidos y mucho menos acudir al desgarre de vestiduras, frente a lo que viene aconteciendo en la vida interna del PRD. Entre lo que no acaba de morir y no acaba de nacer, figura de manera relevante la cultura política heredada del viejo régimen. Los procesos electorales y la calidad democrática de estos, siguen siendo de manera repetitiva, expresión cultural arraigada de un pueblo educado en la simulación, la corrupción, y la impunidad y, en el mayor de los casos, de la exclusión de la ciudadanía en la toma de aquellas decisiones que por principio a esta le competen. En tal sentido, más que descalificar procede reconocer que pese al “cochinero”, el PRD abrió espacios de participación democrática a sus bases; la elección estuvo únicamente acotada y restringida a la participación de militantes efectivos; ningún candidato a dirigente fue impuesto como tal por la cúpula partidista, la postulación fue libre y espontánea para quienes quisieron hacerlo; cada candidato de cara a sus electores expuso su proyecto y estuvo sujeto a un amplio y público debate.

Gracias a la cultura política heredada y lo incipiente del cambio de ésta, de la libertad democrática se pasó al libertinaje; siendo rebasada la estructura burocrática del partido tanto por las virtudes como por los vicios de un proceso que se salió de control. Lo destacable, es que a diferencia de los procesos de elección de dirigentes de otros partidos, el del pasado domingo se dio de cara a la sociedad, confrontando proyectos de interés para toda la Nación. Si como afirman presentadores de noticias y comentaristas de los medios electrónicos, la elección fue un fracaso y el anuncio de la muerte por inanición del PRD, no fue en todo caso, de este instituto político en particular. El proceso fallido, al que por cierto no fueron ajenos algunos gobernadores, es reflejo y expresión de una cultura política nacional aferrada al pasado. Es la imagen reflejada en el espejo de una crisis general, sin excepciones, del sistema de partidos políticos en México; así como una exigencia de reformas estructurales de fondo por parte de una ciudadanía cada vez más dispuesta a participar activamente, a ser conducida y representada por una clase política responsable, honesta, congruente, y dispuesta a impulsar los cambios requeridos para salir del estancamiento.

Si de avergonzarse se trata -como lastimeramente lo expresa Ciro Gómez Leyva-, la tarea es de todos y no únicamente del PRD y sus corrientes diversas. A la sociedad en su conjunto corresponde decidir si seguimos adelante con una auténtica reforma del Estado, o damos marcha atrás y retornamos al viejo régimen.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 

“Más allá de la simpática y desesperada defensa del joven Mouriño; más allá de que sea o no culpable por tráfico de influencias, lo cierto es que para esos poderes fácticos que son la opinión pública y el árbitro mediático, el señor Juan Camilo Mouriño ya fue juzgado. Y sí, la sentencia dice culpable”. Escribe Ricardo Alemán en su columna de El Universal del 12 de los corrientes, agregando: “¿Que por qué es culpable el señor Mouriño? Y se contesta: “Por lo menos —y a reserva de que las investigaciones oficiales del caso digan lo conducente— por algo que los señores del PAN y del gobierno de Calderón parece que no quieren ver o no quieren entender. Por un asunto de principios que se llama ética.”

Opinión con la que coinciden diversos analistas políticos, cobrando relevancia en tanto que para la opinión pública en efecto, el “hombre fuerte” del presidente Calderón, pierde atributos que deberían ser consubstanciales a su encargo como secretario de gobernación y a su calidad de hombre público: la credibilidad, transparencia y autoridad moral y política.

Casuísticamente, la pérdida de tales atributos, en el marco de la simulación, corrupción e impunidad que caracteriza a la vida política de México, no pasaría más allá de lo anecdótico. La opinión pública en tal sentido ya está curada de espanto, una raya más en el pelaje del tigre. Lo verdaderamente trascendente es la implicación política y de gobernabilidad que el hecho lleva implícita. Querámoslo o no, se inscribe en un escenario en el que está de por medio la legitimidad del titular del poder ejecutivo federal,  y el ya de sí bajísimo nivel que ante la opinión pública acusa el sistema de partidos políticos en México.

El estira y afloja, dimes y diretes en el seno del Congreso de la Unión, se aleja de la cosa juzgada ya por amplios sectores de la población; poniéndose en duda la credibilidad y representatividad de diputados y senadores como expresión del sistema democrático que nos rige. La defensa que de Mouriño hacen gobernadores panistas desde la casa presidencial, secundada a tras mano por no pocos diputados, senadores y gobernadores priístas, confirma la profundidad de la crisis de un sistema político anacrónico que ya no aguanta más.

 Para Santiago Creel, líder de la bancada panista en el Senado, el tema es jurídico y corresponde  a las autoridades judiciales proceder en lo conducente. En este tenor se inscribe la acotada comisión investigadora de la Cámara de diputados que en un plazo de dos meses, de considerarlo procedente, pondrá en Manos de la Procuraduría General de la República y la Secretaría de la Función Pública las conclusiones a que haya lugar.

 Paradójicamente, el mismo Secretario de Gobernación, anticipándose, ya se puso a disposición de las autoridades citadas para que sean estas las que jurídicamente califiquen su posible responsabilidad o lo exoneren, si así en términos de ley ello es procedente. Luego la comisión investigadora del PRIAN y sus satélites,  está de más, salvo que su objetivo sea taparle el ojo al macho, evitando  crezca la ola mediática en un tema que podría dar lugar a la apertura de la “Caja de Pandora”. Cuando se tiene casa de cristal no se pueden tirar piedras a la casa del vecino.

Para la opinión pública, el conflicto de intereses, el tráfico de influencias,  y la opacidad existente en el manejo de la cosa pública, se inscribe en la esfera de la ética y la moral social. Frente a la cosa juzgada, lo jurídico es irrelevante. El “Mouriñogate” es político, incide en el conjunto de la vida nacional,  y en este ámbito debe actuarse en consecuencia.

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Apunte para Newsver

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 

El Dr. Hilario Barcelata (Reforma Fiscal y desarrollo económico en México, Finanzas públicas para el desarrollo, La economía mexicana frente a la globalización, Veracruz, el dilema del crecimiento económico, entre otras obras del autor), reputado como uno de los pocos investigadores serios al servicio de la administración pública veracruzana, nos ilustra sobre temas por demás relevantes en el marco de la economía nacional y estatal. Sujeto al espacio que le destinan los diversos medios y al nicho de lectores al que estos se dirigen, su aporte se nos brinda en cápsulas que, no por ello, dejan de reflejar con toda objetividad la realidad económica de una entidad federativa que como Veracruz, es considerada por propios y extraños como rica en recursos naturales; con una variedad de climas, calidad de suelos, y vocación productiva de una población especialmente laboriosa; a lo que habría que agregar su envidiable ubicación geoeconómica, con relación a los principales mercados del país y de nuestro vecino del norte. Y que sin embargo, no está a la altura de sus potencialidades.

En una de sus últimas cápsulas, enriquecida con cuadros estadísticos bien sustentados, el Dr. Barcelata hace referencia a las empresas que asentadas en la entidad en número de 330, participan en la exportación de bienes y servicios. Y aunque en dicho aporte no señala el valor de la producción exportada, si se destaca que del total únicamente 197 acceden a los programas institucionales de apoyo al comercio exterior, reflejando la aún limitada vinculación entre el sector exportador y las autoridades encargadas del fomento y apoyo a la actividad. Llamando la atención el alto nivel de concentración geográfica de la producción exportada y limitado aprovechamiento del potencial productivo en el ámbito regional.

“Las empresas exportadoras de Veracruz se ubican primordialmente en el sector de la producción de alimentos elaborados y bebidas, en donde se ubica el 55% de ellas. En cambio, el 7% pertenecen al sector textil y de confección y otro 7 % a la fabricación de partes industriales. Las empresas exportadoras productoras de químicos representan el 4% del total, así como las productoras de bienes mecánicos. Es decir, el 81% de las empresas que exportan en el estado se concentran en sólo 6 actividades económicas. Otros 15 rubros de actividad concentran el resto de las empresas que participan en el comercio exterior.”, nos dice el Dr. Barcelata, al mismo tiempo que resalta que
”…las empresas exportadoras se concentran en un reducido número de municipios, lo cual resta posibilidades al sector exportador de ser detonador de la dinámica económica estatal. El 22% de este tipo de empresas se ubica en el municipio de Veracruz, un 15% en Martínez de la Torre, el 5% en Orizaba, el 5.6% en Ixtaczoquitlán, el 5% en Papantla, el 4.6% en Xalapa y el 3.6% en San Andrés Tuxtla. Es decir, el 71% del total de las empresas exportadoras del estado se ubican en sólo 8 municipios. El resto se distribuye en otros 27 municipios más, lo cual significa que tan sólo 35 municipios cuentan con empresas ligadas al comercio exterior”.

De las cifras manejadas por el profesional, es de destacarse lo referente a las empresas del sector agropecuario y pesquero que, en un número irrisorio, participan en la actividad exportadora. Y aunque no lo señala el Dr. Barcelata, se intuye que tanto la atención gubernamental focalizada a un número reducido de explotaciones de la actividad primaria con franco acceso a tecnología, financiamiento y nichos de mercado con ventajas comparativas como, en consecuencia, el bajísimo nivel de respaldo a las explotaciones que constituyendo mayoría en el medio rural, aplican su esfuerzo productivo con menores índices de capital, eficiencia y agregado de valor.

Estableciéndose una clara diferenciación entre las políticas públicas orientadas a los productores ricos, y las políticas pobres para beneficiarios pobres del sector agropecuario y pesquero que, dado el potencial existente, bien podrían contribuir de mejor manera a la economía de la entidad.

El ejemplo más palpable de ello es la actividad pesquera que reducida a su expresión de actividad primaria de subsistencia, está prácticamente abandonada y sujeta a la suerte de pescadores pobres, beneficiarios de políticas de fomento y respaldo a la actividad sensiblemente insuficientes, dispersas y de espaldas al potencial que nos ofrece el basto litoral veracruzano. Desvinculada del sector industrial y no como lo exigiría una visión integradora de las cadenas productivas, la pesca acusa un notable rezago al que no se le ha señalado prioridad. Lo mismo tratándose de su aporte al mercado interno que a la exportación. Baste ver lo que sobre el particular contempla el llamado Plan Estatal de Desarrollo y lo que de este se desprende en materia de prioridad, diseño y aplicación de políticas públicas de fomento.

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Apunte para Revista Análisis Político

En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

“Cuando Acción Nacional tomaba aeropuertos, puentes y carreteras era una sana “resistencia civil”. Cuando la izquierda lo propone, se trataría de desmanes incendiarios, identificables con el terrorismo. La fragilidad de su acusación revela el tamaño de su miedo. A ellos los mueve la histeria, a nosotros la historia”.

Porfirio Muñoz Ledo

A escasos días de la elección interna del PRD, en la que la militancia de este instituto político renovará simultáneamente su dirigencia nacional, las de las 32 entidades federativas y la del Distrito Federal, la polarización entre los seguidores de Andrés Manuel López Obrador y las corrientes ya ampliamente conocidas como “los chuchos”, es más que evidente aunque no se exprese de manera homogénea a lo largo y ancho del país. La incógnita está en el aire: o se le apuesta a la unidad pese a las diferencias ó se da paso a la ruptura, con los riesgos que esto último representa para la vida política de México.

Aunque para la derecha más recalcitrante en el seno del PAN y del PRI, al margen de las consecuencias al interior del PRD, triunfen unos u otros, la intransigencia será el común denominador en las estrategias políticas del partido del sol azteca y, por ende, habrá de mantenerse la idea de que este le apuesta a la violencia callejera y al no por principio como curso de acción, frenando el desarrollo del país; como en tal tesitura se ha manejado por la mayoría de los medios de comunicación la campaña orquestada que maximiza las diferencias y minimiza las coincidencias, descalificando por igual al PRD.

Para todos queda claro que una cosa es el Distrito Federal, en el que se concentra la gran mayoría de la militancia perredista, y otra, el interior de la República. En el primer caso, la mayoría no sólo tiene peso numérico, también cualitativamente se impone tanto por estar gobernado el Distrito Federal por el PRD como por estar ubicados en esta ciudad los poderes de la Federación y lo más representativo de las corrientes que concurren a las filas perredistas, así como la dirigencia a nivel nacional. En lo tocante al interior del país, cuantitativa y cualitativamente el peso de la militancia guarda diferencias lo mismo por la ubicación geográfica influenciada por el grado de desarrollo económico, índices de pobreza, e intromisión de los gobernadores en la vida interna del partido, que por los niveles de participación e  integración de la estructura partidista, pasando por la representatividad y congruencia de las dirigencias estatales. Veracruz es un ejemplo de ello, donde el peso específico del partido del sol azteca en la vida política de la entidad, ha venido de más a menos; su estructura es difusa, no existe una corriente que se imponga por sobre las demás,  y prácticamente carece de dirigencia a nivel estatal o esta es proclive al maiceo de espaldas a la militancia.

Lo anterior se refleja en el tono y contenido de las campañas. En tanto en la ciudad de México estas han alcanzado altos niveles de participación, movilización y beligerancia de las bases de apoyo de las corrientes en pugna; los contendientes ocupan espacio cotidianamente en los medios y confrontan públicamente sus respectivos proyectos, al interior del país da la impresión de que la militancia está en espera de una definición a nivel central, antes que tomar un posicionamiento activo y consecuente.

En nuestra entidad federativa, la campaña tanto a favor de los contendientes por la dirigencia nacional como de los contendientes locales, parece todo, menos campaña política. Teniéndose la impresión de que esta tiene un claro carácter vergonzante, toda vez que la militancia no se asume abiertamente a favor o en contra de sus candidatos y el proyecto político de éstos. Ganándole la pequeñez numérica y cualitativa con la que inexplicablemente se ostenta, toda vez que la fuerza del PRD debería medirse por la que en conjunto tiene este partido a nivel nacional y no por lo que a nivel estatal representa.

La campaña se ha dado en lo oscurito, bajo el agua se pueblea y candidatos, promotores y militancia, brillan por su ausencia tanto en los medios de comunicación como entre la población en general. Sin temor a equivocarnos, el PRD en Veracruz está huérfano de ideas, de propuestas, de estructura y de dirigencia. A unos cuantos días de la elección, ni siquiera se tiene claro quienes contienden, con que corriente y proyecto se identifican y que es lo que puede aportar al partido en su conjunto.

Desde fuera lo único que se observa es a un partido timorato, con miedo a ser crucificado por la mayoría priísta y por los medios de comunicación; con una militancia temerosa de ser catalogada por una derecha reaccionaria que en los hechos se desnuda mostrando sus miserias, como pendenciera, terrorista, y enemiga de Veracruz,. En este marco, el domingo 16 y a partir de los resultados de la elección, se sabrá a ciencia cierta si la izquierda partidista en la entidad, está dispuesta a seguir en la brega y arribar fortalecida a la lección del 2009, o a recluirse, como en el pasado reciente, entre  las cuatro paredes de una capilla sin destino.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Debe ser una propuesta a favor de la soberanía,  en la que se proponga una apertura gradual de la inversión privada nacional y extranjera en exploración y perforación, en tierra y en mar. Debemos tomar una posición muy clara. Respetamos a la nación, pero tienen que escuchar nuestra opinión”.

M.C. Fidel Herrera Beltrán. Gobernador de Veracruz

El interés por conocer de las diversas posiciones que se manejan en torno a la reforma energética, nos lleva a los ciudadanos de a pie a formular nuestras propias especulaciones sin más sustento que aquella información  que nos proporciona la prensa nacional y sus opinadores. Por ello es relevante el que un intelectual  veracruzano mejor informado, como Cirilo J. Rincón Aguilar, salga a la palestra y nos ilustre sobre los fundamentos del actual debate.

Para ubicar especulaciones diversas, Cirilo establece que la extrema izquierda parece olvidar que la soberanía reside esencial y originalmente en el pueblo y no en el petróleo; que es potestad de nuestro pueblo darse a sí mismo su propia forma de gobierno; que el nuestro, el Estado mexicano, es representativo, democrático y federal; que nuestra soberanía es única, inalienable e indivisible, manifestándose frente a otros estados como baluarte que impide la intervención de naciones extranjeras en los asuntos que solo competen a los mexicanos.

Así las cosas, partiendo de tales precisiones, resulta estéril tratar de especular en torno al petróleo, cuya explotación no tiene nada que ver con la soberanía que reside en el pueblo ni con el gobierno que deviene del pueblo y, mucho menos con el Estado mexicano que es representativo, democrático y federal.

Por cuanto hace específicamente a la explotación de los hidrocarburos, Rincón Aguilar agrega que hemos querido ver en el petróleo la fuente de la soberanía nacional, lo cual no es cierto desde luego, porque el México del 2008 nada tiene que ver con la precaria situación que en lo general vivía en 1938. (No aclara si en el nosotros el se incluye o se refiere a la extrema izquierda). Razón por la cual la explotación y beneficio de los recursos naturales debería dejar de ser trinchera política de quienes aferrados a la presidencia legítima, encuentran en el tema la oportunidad para mantenerse vigentes frente a los procesos electorales del 2009 y 2012.

De lo que se desprende que la condicionante para diferenciar al México de 1938 del de 2008, es la precariedad. Situación que afortunadamente no se da en los tiempos que corren. Ni el pueblo, ni el gobierno, ni el Estado mexicano padecen penuria alguna, luego  se infiere que no sólo es inútil, también políticamente incorrecto tomar como trinchera la defensa de los recursos naturales propiedad de la Nación que es una cosa muy distinta a la defensa de la soberanía que reside en el pueblo. Hacerlo por parte de la extrema izquierda se reduce a encontrar tema para -en uso de la potestad que le confiere ser parte del pueblo-, darse la oportunidad para mantenerse vigente frente a los procesos electorales en puerta.

A partir de tal razonamiento, Rincón Aguilar hace una advertencia: “Estamos a tiempo para dar paso a la modernidad tecnológica que nos permita sin perder autodeterminación, ni rectoría en materia de hidrocarburos, insertarnos ventajosamente en el mercado petrolero, para dejar de ser exportadores de crudos y dependientes de empresas petrolíferas extranjeras dedicadas a la producción de refinados.

Cirilo J. Rincón, desafortunadamente no aclara en que consiste dar el paso a la modernidad ni tampoco si autodeterminación y rectoría en materia de hidrocarburos, tiene que ver con soberanía nacional. Así las cosas, si la extrema izquierda, término de por sí difuso, y quienes sin conocimiento de causa opinamos al respecto, no tenemos claro lo anterior, estamos más perdidos que Mouriño frente al Peje.

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Apunte para gobernantes.com 

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En colaboración de fecha 17 de febrero, ante la insistencia por dar como iniciada la carrera en busca de la sucesión del titular del poder ejecutivo, comentamos que: “Quienes se precian de conocer al gobernador Herrera Beltrán, no de ahora sino de muchos años atrás, no les cabe la menor duda de que si alguien conoce y domina el complejo entramado de la política mexicana es precisamente el hombre de Nopaltepec. Forjado desde muy joven lo mismo en las duras que en las maduras, abierto siempre a aprender y a actuar en consecuencia, nada le es extraño o desconocido en ese ámbito al que por vocación innata ha entregado gran parte de su vida. Por lo que resulta harto ingenuo el sólo pensar que hace del ejercicio político una actividad lineal, ignorando tiempos, circunstancias, coyunturas y visión de futuro, jugando con todas las cartas abiertas. Si así fuera, no estaría donde está”.

Concluyendo que “Para que comer ansias, jugando al adivino y abrogándose una capacidad de interpretación de los gestos de un político tan brillante como impredecible”.

Al parecer seguimos en lo mismo. Tanto en los círculos políticos como en los diversos medios, no se quita el dedo del renglón, especulándose lo mismo en torno a la sucesión en la titularidad del ejecutivo estatal como en la correspondiente al ámbito federal, insistiéndose en colocar fuera de tiempo al gobernante en la carrera por la silla presidencial. Ante tal insistencia, en  días recientes, el  Mtro. Fidel Herrera Beltrán se vio obligado a ser muy claro ante los medios y, con un evidente mensaje a los adelantados, declarando que “quienes ya piensan en ocupar mi puesto en palacio de gobierno, si son del PRI, se irán al vacío y sin paracaídas”. Y por si fuera poco, consideró como una falta de respeto el que se hablara de la sucesión de Felipe Calderón Hinojosa, cuando apenas ha completado un año de gestión al frente del poder ejecutivo federal.

Más claro ni el agua y, sin embargo, las especulaciones no cesan, ocupando ahora la atención el brete en que se ha metido Víctor Arredondo Álvarez, con el asunto del IVEA, al que en los círculos políticos y entre no pocos comunicadores, se ha calificado como el “Waterloo del secretario de educación” en su búsqueda de la gubernatura de Veracruz.

Para los enterados del tejemaneje de la grilla palaciega, Arredondo está pagando el costo de haberse quejado  ante el gobernador de la manera discrecional y ajena a la institucionalidad con la que Guillermo Zúñiga Martínez venía operando los programas del Instituto. Fue escuchado por el gobernante y la educación para adultos retornó al redil de las autoridades educativas estatales, sin que hasta el momento estas tengan la menor idea del paquete que se echaran encima. Agregando que el grupo hoy desempleado de Guillermo Zúñiga, se está encargando de ponerle más leña a la hoguera.

La fidelina

Para los más avispados, Arredondo cayó en su propia trampa. Como en las corridas de toros, el gobernador ejecutó una magistral “fidelina”, allanándole el camino al Dr. Arredondo para su propia descalificación como aspirante a la gubernatura. Sacrificó a Zúñiga Martínez, dejando herido de muerte al quinto de la tarde.

En este contexto, fuentes cercanas a la secretaría de educación, comentan que Arredondo no aguanta seis meses más al frente de la dependencia, enredado como está con los problemas derivados de la confusión y ambigüedad de la vigencia y validez de los programas de educación media superior y superior promovidos por el IVEA. Por cuanto al director del Instituto, también comentamos en su oportunidad que está entrampado y poco es lo que le puede aportar al secretario de educación, ni puede dar marcha atrás en los programas heredados, ni puede ir para adelante sin antes resolverse a cabalidad los temas  de la vigencia y validez de los estudios y la situación que guarda el esquema de financiamiento adoptado.

Vistas así las cosas, al resto de los suspirantes no les queda más remedio que atender al pie de la letra el mensaje emitido por doble vía por el gobernador, so pena de quedar en la estacada. En cuanto a los lambiscones que ya ven al Mtro. Herrera Beltrán despachando en Los Pinos, bien harían en dejar que sea éste el que, en su oportunidad y cuando así lo considere prudente, defina y haga públicas sus legítimas aspiraciones.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para quienes gustan de minimizar la importancia del movimiento social que encabeza Andrés Manuel López Obrador, cayó como anillo al dedo el bochornoso espectáculo que diera un grupo de provocadores, perredistas o no,  al agredir a los coordinadores de las bancadas del PRD en la Cámara de Diputados y el Senado,  Javier González Garza y Carlos Navarrete, señalándolos como traidores.

Y podrían tener razón los detractores de López Obrador, si partimos de la idea de que la violencia en las lides políticas es consecuencia de un sentimiento sectario de impotencia, de achicamiento frente al adversario,  así, como en el caso que nos ocupa, reflejo de un partidismo de izquierda que en México se ha dejado ganar por el pragmatismo pedestre y el oportunismo de ocasión,  alejándose del camino de las ideas que es en donde reside su verdadera fuerza. Más cuando la sociedad se siente amenazada por manifestaciones  antisociales con las que la delincuencia organizada lastima la tranquilidad ciudadana.

No así, cuando algunos de quienes alzan la voz para criticar acremente y no precisamente al pequeño grupo de revoltosos sino a la izquierda y en especial al PRD -sumándose a la cortina de humo que diera lugar a que mediáticamente se devaluara el acto en defensa de la industria energética nacional-,  cuando careciendo, entre otras cosas, de calidad moral y política, juzgan en función de sus propios y  mezquinos intereses, mostrando que son iguales o quizá peores que aquellos provocadores puestos en la picota. Los extremos se juntan.

Por ello resulta oportuno el que tanto la Convención Nacional Democrática como el Frente Amplio Progresista, e incluso el propio López Obrador, se deslindaran de los condenables hechos, haciendo un llamado a sus seguidores a mantener la estrategia de resistencia pacífica y evitar tanto la violencia como la intolerancia, lo mismo al interior de las organizaciones de izquierda que hacia el exterior. Toda vez que manifestaciones como las del pasado domingo 24,  perjudican más que beneficiar al movimiento social que se construye en defensa de los recursos energéticos de la Nación, como lo afirmara el propio ex candidato presidencial.

Privilegiándose, con ello, nuevamente en primer plano,  la prioridad sustantiva en las tareas de la izquierda hoy día, por encima de las diferencias  a que hay lugar en la contienda por la dirigencia del partido del sol azteca. Sin hacer de lado una realidad inobjetable como lo es la cada vez mayor polarización social derivada de la elección presidencial del 2006.

Al margen de lo anterior, debe considerarse como preocupante para el país el que la violencia se esté imponiendo por sus fueros. No ya en el terreno político que cuenta con sus propias fórmulas para atemperarla, pero sí en el ámbito de las manifestaciones antisociales de la delincuencia organizada que, permeando entre las fuerzas gubernamentales llamadas a combatirles, genera un clima de inseguridad y desconfianza que afecta a todos por igual, dañando el tejido social. La “guerra sin cuartel”, como le calificara Calderón Hinojosa, no parece rendir frutos y si son más frecuentes lo mismo las ejecuciones de servidores públicos  que los daños colaterales que victimizan a una población que sin deberla ni temerla, paga las consecuencias.

Hipotéticamente, sonando más a utopía que a expresión de sentido común, con la reforma judicial que está aprobando el Congreso de la Unión a iniciativa del ejecutivo federal, se pretende coadyuvar al abatimiento de este fenómeno delincuencial. Lo cierto es que como es del dominio público, en nuestro país la ley es letra muerta frente a la corrupción y la impunidad. De ahí que en tanto no se de una auténtica y eficaz depuración al interior del aparato del Estado, limpiando la casa,  la llamada “guerra” podría derivar en derrota para las fuerzas del orden. Situación nada deseable para una población que anhela vivir en paz.

 

P.D.: Con todo respeto señor Gobernador, la libertad de expresión no se preserva con llamados a la concordia, respeto y coordinación. Podría resultar un llamado más a misa.

Nuestra solidaridad con el reportero gráfico Gabriel Hugue.

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