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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para quienes gustan de minimizar la importancia del movimiento social que encabeza Andrés Manuel López Obrador, cayó como anillo al dedo el bochornoso espectáculo que diera un grupo de provocadores, perredistas o no,  al agredir a los coordinadores de las bancadas del PRD en la Cámara de Diputados y el Senado,  Javier González Garza y Carlos Navarrete, señalándolos como traidores.

Y podrían tener razón los detractores de López Obrador, si partimos de la idea de que la violencia en las lides políticas es consecuencia de un sentimiento sectario de impotencia, de achicamiento frente al adversario,  así, como en el caso que nos ocupa, reflejo de un partidismo de izquierda que en México se ha dejado ganar por el pragmatismo pedestre y el oportunismo de ocasión,  alejándose del camino de las ideas que es en donde reside su verdadera fuerza. Más cuando la sociedad se siente amenazada por manifestaciones  antisociales con las que la delincuencia organizada lastima la tranquilidad ciudadana.

No así, cuando algunos de quienes alzan la voz para criticar acremente y no precisamente al pequeño grupo de revoltosos sino a la izquierda y en especial al PRD -sumándose a la cortina de humo que diera lugar a que mediáticamente se devaluara el acto en defensa de la industria energética nacional-,  cuando careciendo, entre otras cosas, de calidad moral y política, juzgan en función de sus propios y  mezquinos intereses, mostrando que son iguales o quizá peores que aquellos provocadores puestos en la picota. Los extremos se juntan.

Por ello resulta oportuno el que tanto la Convención Nacional Democrática como el Frente Amplio Progresista, e incluso el propio López Obrador, se deslindaran de los condenables hechos, haciendo un llamado a sus seguidores a mantener la estrategia de resistencia pacífica y evitar tanto la violencia como la intolerancia, lo mismo al interior de las organizaciones de izquierda que hacia el exterior. Toda vez que manifestaciones como las del pasado domingo 24,  perjudican más que beneficiar al movimiento social que se construye en defensa de los recursos energéticos de la Nación, como lo afirmara el propio ex candidato presidencial.

Privilegiándose, con ello, nuevamente en primer plano,  la prioridad sustantiva en las tareas de la izquierda hoy día, por encima de las diferencias  a que hay lugar en la contienda por la dirigencia del partido del sol azteca. Sin hacer de lado una realidad inobjetable como lo es la cada vez mayor polarización social derivada de la elección presidencial del 2006.

Al margen de lo anterior, debe considerarse como preocupante para el país el que la violencia se esté imponiendo por sus fueros. No ya en el terreno político que cuenta con sus propias fórmulas para atemperarla, pero sí en el ámbito de las manifestaciones antisociales de la delincuencia organizada que, permeando entre las fuerzas gubernamentales llamadas a combatirles, genera un clima de inseguridad y desconfianza que afecta a todos por igual, dañando el tejido social. La “guerra sin cuartel”, como le calificara Calderón Hinojosa, no parece rendir frutos y si son más frecuentes lo mismo las ejecuciones de servidores públicos  que los daños colaterales que victimizan a una población que sin deberla ni temerla, paga las consecuencias.

Hipotéticamente, sonando más a utopía que a expresión de sentido común, con la reforma judicial que está aprobando el Congreso de la Unión a iniciativa del ejecutivo federal, se pretende coadyuvar al abatimiento de este fenómeno delincuencial. Lo cierto es que como es del dominio público, en nuestro país la ley es letra muerta frente a la corrupción y la impunidad. De ahí que en tanto no se de una auténtica y eficaz depuración al interior del aparato del Estado, limpiando la casa,  la llamada “guerra” podría derivar en derrota para las fuerzas del orden. Situación nada deseable para una población que anhela vivir en paz.

 

P.D.: Con todo respeto señor Gobernador, la libertad de expresión no se preserva con llamados a la concordia, respeto y coordinación. Podría resultar un llamado más a misa.

Nuestra solidaridad con el reportero gráfico Gabriel Hugue.

http://pulsocritico.com 

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