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Apunte para Revista Análisis Político

En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

“Cuando Acción Nacional tomaba aeropuertos, puentes y carreteras era una sana “resistencia civil”. Cuando la izquierda lo propone, se trataría de desmanes incendiarios, identificables con el terrorismo. La fragilidad de su acusación revela el tamaño de su miedo. A ellos los mueve la histeria, a nosotros la historia”.

Porfirio Muñoz Ledo

A escasos días de la elección interna del PRD, en la que la militancia de este instituto político renovará simultáneamente su dirigencia nacional, las de las 32 entidades federativas y la del Distrito Federal, la polarización entre los seguidores de Andrés Manuel López Obrador y las corrientes ya ampliamente conocidas como “los chuchos”, es más que evidente aunque no se exprese de manera homogénea a lo largo y ancho del país. La incógnita está en el aire: o se le apuesta a la unidad pese a las diferencias ó se da paso a la ruptura, con los riesgos que esto último representa para la vida política de México.

Aunque para la derecha más recalcitrante en el seno del PAN y del PRI, al margen de las consecuencias al interior del PRD, triunfen unos u otros, la intransigencia será el común denominador en las estrategias políticas del partido del sol azteca y, por ende, habrá de mantenerse la idea de que este le apuesta a la violencia callejera y al no por principio como curso de acción, frenando el desarrollo del país; como en tal tesitura se ha manejado por la mayoría de los medios de comunicación la campaña orquestada que maximiza las diferencias y minimiza las coincidencias, descalificando por igual al PRD.

Para todos queda claro que una cosa es el Distrito Federal, en el que se concentra la gran mayoría de la militancia perredista, y otra, el interior de la República. En el primer caso, la mayoría no sólo tiene peso numérico, también cualitativamente se impone tanto por estar gobernado el Distrito Federal por el PRD como por estar ubicados en esta ciudad los poderes de la Federación y lo más representativo de las corrientes que concurren a las filas perredistas, así como la dirigencia a nivel nacional. En lo tocante al interior del país, cuantitativa y cualitativamente el peso de la militancia guarda diferencias lo mismo por la ubicación geográfica influenciada por el grado de desarrollo económico, índices de pobreza, e intromisión de los gobernadores en la vida interna del partido, que por los niveles de participación e  integración de la estructura partidista, pasando por la representatividad y congruencia de las dirigencias estatales. Veracruz es un ejemplo de ello, donde el peso específico del partido del sol azteca en la vida política de la entidad, ha venido de más a menos; su estructura es difusa, no existe una corriente que se imponga por sobre las demás,  y prácticamente carece de dirigencia a nivel estatal o esta es proclive al maiceo de espaldas a la militancia.

Lo anterior se refleja en el tono y contenido de las campañas. En tanto en la ciudad de México estas han alcanzado altos niveles de participación, movilización y beligerancia de las bases de apoyo de las corrientes en pugna; los contendientes ocupan espacio cotidianamente en los medios y confrontan públicamente sus respectivos proyectos, al interior del país da la impresión de que la militancia está en espera de una definición a nivel central, antes que tomar un posicionamiento activo y consecuente.

En nuestra entidad federativa, la campaña tanto a favor de los contendientes por la dirigencia nacional como de los contendientes locales, parece todo, menos campaña política. Teniéndose la impresión de que esta tiene un claro carácter vergonzante, toda vez que la militancia no se asume abiertamente a favor o en contra de sus candidatos y el proyecto político de éstos. Ganándole la pequeñez numérica y cualitativa con la que inexplicablemente se ostenta, toda vez que la fuerza del PRD debería medirse por la que en conjunto tiene este partido a nivel nacional y no por lo que a nivel estatal representa.

La campaña se ha dado en lo oscurito, bajo el agua se pueblea y candidatos, promotores y militancia, brillan por su ausencia tanto en los medios de comunicación como entre la población en general. Sin temor a equivocarnos, el PRD en Veracruz está huérfano de ideas, de propuestas, de estructura y de dirigencia. A unos cuantos días de la elección, ni siquiera se tiene claro quienes contienden, con que corriente y proyecto se identifican y que es lo que puede aportar al partido en su conjunto.

Desde fuera lo único que se observa es a un partido timorato, con miedo a ser crucificado por la mayoría priísta y por los medios de comunicación; con una militancia temerosa de ser catalogada por una derecha reaccionaria que en los hechos se desnuda mostrando sus miserias, como pendenciera, terrorista, y enemiga de Veracruz,. En este marco, el domingo 16 y a partir de los resultados de la elección, se sabrá a ciencia cierta si la izquierda partidista en la entidad, está dispuesta a seguir en la brega y arribar fortalecida a la lección del 2009, o a recluirse, como en el pasado reciente, entre  las cuatro paredes de una capilla sin destino.

pulsocritico@gmail.com

 http://pulsocritico.com

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