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En el debate nacional sobre el sector energético –léase restructuración de Pemex–, me ha tocado intercambiar opiniones con mexicanos con cuyas posturas difiero, pero cuya honestidad reconozco. Lamentablemente no puedo decir lo mismo de la actitud de nuestro gobierno, que mañosamente sostiene un discurso contrario a lo que su propuesta de reforma plantea.

El gobierno dice no cambiar la Constitución, pero su propuesta la transgrede; dice fortalecer a Pemex, pero su propuesta lo hace renunciar a su capacidad operativa y a su crecimiento y lo condena a ser mero administrador de contratos; dice no privatizar, pero su propuesta cede a la iniciativa privada mercados enteros. En suma, nuestro gobierno tergiversa, miente, engaña.

Para ilustrar mi argumento hoy tocaré un asunto que ha pasado desapercibido en el debate nacional, pero que tendrá, de darse, un impacto sustancial. Está entre lo que llamo en las propuestas: “de las sorpresas subyacentes o el verdadero gasolinazo”.

La apertura del mercado de gasolinas a las petroleras privadas no se ha analizado en detalle en el debate, debido a que el gobierno no ha sido transparente respecto al mismo y lo tiene escondido en las letras pequeñas de la iniciativa. Independientemente de la opinión que se tenga frente a este asunto, pasar como bola rápida un tema que tanto impactará a la economía nacional no le debiera resultar aceptable a ningún mexicano.

Ver nota completa en La Jornada 17/07/08

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