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IRATXE GÓMEZ/01.08.08 – eldiariomontañez.es

El Camaleón

El físico de Radovan Karadzic ha experimentado notables cambios desde que fuera líder serbobosnio, prófugo y, actualmente, juzgado por La Haya

Como un camaleón, Radovan Karadzic cambia su apariencia para adaptarse al medio en el que debe desenvolverse. Esa facilidad para la mutación explica que se puedan emplear identidades variopintas para referirse al mismo ‘carnicero de Sarajevo’. Un psiquiatra especializado en la cura de las paranoias y la neurosis, escritor aficionado con ambiciones, líder político de tipo hitleriano, un curandero con alma errante, y un genocida sentado en el banquillo para ser juzgado por el Tribunal de La Haya. Las mil caras de un mismo genocida, que han evolucionado de forma paralela a su carrera personal y profesional.


Desde joven aspiraba a alcanzar el poder, pero sus intentonas en los ámbitos de la medicina y la literatura no le reportaron los éxitos que él esperaba. Su carácter fuerte y combativo se dejaba entrever en alguna obra de Karadzic, como el poema escrito en 1971 bajo el título de ‘Bajemos a la ciudad, matemos a algún inútil’. Su ejemplo a seguir era la retórica de Slobodan Milosevic durante la defensa de la Gran Serbia, que él llevó al extremo.

Su ascensión a la política fue meteórica. En 1989 fundó el Partido Socialdemócrata de Bosnia y desde el primer momento se erigió en líder iluminado de la minoría serbia, pero tuvo que imponer sus ideales a la fuerza. A principios de 1992 se proclamó presidente y jefe militar de la llamada ‘República Serbia’ de Bosnia y Herzegovina, y empezó una limpieza étnica. Bajo su cabellera aleonada se inspiraban las ideas más atroces que animaban al exterminio de los musulmanes.

La cabeza pensante ordenaba y las fuerzas serbobosnias eran los brazos ejecutores durante la guerra de los Balcanes. Una masacre capitaneada por un hombre de aspecto robusto, al que era difícil negarle nada con su 1,85 metros de altura, ojos castaños y pelo gris, que inducían al que le miraba a adoptar una actitud de respeto y sumisión.

Su tono socarrón y de superioridad desaparecieron totalmente cuando en 1997 las órdenes de captura por genocidio contra él y su mano derecha, el general Ratko Mladic, adquirieron un tono más amenazador. Karadzik se mordió la lengua y se fugó durante trece años. Su paradero durante todo este tiempo se mantuvo en secreto hasta su detención el pasado lunes.

Disfraz de gurú

El genocida se puso el disfraz de prófugo, lo que le permitió pasar desapercibido mientras andaba por las calles de Belgrado y veraneaba en Croacia. Algo comprensible a tenor de ver su nueva apariencia tras la detención.

Irreconocible. El arresto de Karadzic fue tan sorprendente como su nuevo aspecto físico. Una larga barba blanca, una impresionante melena recogida en un curioso moño en lo alto de la cabeza, gafas… En definitiva, un total mimetismo con un gurú de la ‘new age’. Bajo la falsa identidad de Dragan Dabic, se escondía un experto en medicina alternativa que atendía una consulta naturista privada en Belgrado. Sus vecinos, su casero y compañeros de trabajo le consideraban un apacible curandero. Un hombre incapaz de matar una abeja y dispuesto a curar a quien necesitase con sus pócimas mágicas. Por ello, a muchos les costaba ver detrás de esa imagen de beato a un criminal execrable.

Hasta el propio magistrado le preguntó ayer en la primera comparecencia del antiguo presidente serbobosnio en La Haya: «Es usted Radovan Karadzic, ¿no es así?». «Sí, soy yo», esclarecía el propio genocida. Y eso que el ‘carnicero de Sarajevo’ se afeitó la barba y se cortó su larga melena nada más entrar en prisión.

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