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Daily Archives: octubre 3rd, 2008

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Desde un destacado columnista que le calificara como show, hasta un secretario de gobierno que minimizara la relevancia social y política de un hecho insólito a todas luces lamentable en suelo veracruzano, nadie, en los círculos políticos y mediáticos de la entidad, interpretó el verdadero significado de la inmolación del luchador social y líder agrario Ramiro Guillén Tapia, o cuando menos eso reflejó el tratamiento a la información por los medios y opinión de diversos comentaristas. Hubo necesidad de que un hombre, conocedor del trasfondo espiritual de la conducta humana, alzara su voz para destacar y entender un hecho ya conocido por el mundo entero.

¡Ya basta!

¡Ya basta!

Sí. Únicamente el Arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, dijo que la muerte del dirigente indígena es una “llamada de atención a las autoridades para que tengan oídos y ojos abiertos a la realidad, siendo urgente hacer justicia y evitar que más personas recurran a medidas desesperadas para ser escuchados”.

Pueden surgir muchas voces justificando la actuación de las autoridades en este caso específico, o en otros similares. Fundamentadas o no, lo cierto es que en todo el país empiezan a surgir “llamadas de atención” que no pueden echarse en saco roto, ignorándolas o minimizándolas. Hoy, a cuarenta años de la masacre del 2 de octubre del 68, otro hecho insólito lo recomienda: un joven brillante, tras recibir de manos del Sr. Calderón Hinojosa en Palacio Nacional un valioso reconocimiento por su desempeño académico, cara a cara, de frente, le espetó a la máxima autoridad de este país el epíteto de “espurio”. Guardada la necesaria proporción, entre el acto voluntario del dirigente campesino auto inmolado y el atrevimiento del joven galardonado, no existe diferencia. El valor para manifestar el descontento social frente a un gobierno sordo y omiso les iguala.

Andrés Gómez Emilsson

Andrés Gómez Emilsson

¿Qué pasa en México? Es lo que deberían preguntarse las autoridades frente a hechos que hablan por sí solos de un país sin rumbo, víctima de la pobreza y la desigualdad, sumido en la corrupción, la impunidad, la desconfianza y el burocratismo. Pero también, para nuestro infortunio, en un cada vez mayor grado de indiferencia y deshumanización en amplios sectores de la población.

El Arzobispo Reyes Larios, por diplomacia o por no lastimar la imagen del gobierno que preside su amigo, Fidel Herrera Beltrán, se quedó corto. La “llamada de atención”, equivale a un “ya basta” y así se interpreta en los sectores más desprotegidos, especialmente en las comunidades indígenas cuya paciencia se agota, tras quinientos años de espera de un trato justo que nunca llega.

He escuchado algunos comentarios en los que se señala “que el mal ya está hecho, la noticia de la inmolación de Ramiro Guillen Tapia ha dado la vuelta al mundo para desprestigio de Veracruz”. U otros que consideran que “lo ganado por el gobernador con la promoción de la entidad en los círculos internacionales del poder económico y financiero, se derrumbó en unas horas a causa de un loco”. “Miguel Ángel Yunes capitalizará a su favor la pifia de la secretaría de gobierno”. “Ante la cercanía del proceso electoral del 2009, hay que meterle billete para parar el escándalo”. La pobreza de la política veracruzana así se expresa. Por encima de los intereses de las mayorías, sus carencias y sus actos desesperados, se impone el discurso vano; el falso baño de pueblo; los intereses particulares o de grupo de una minoría insensible y falta de visión, que todo lo tasa en votos y componendas.

Frente a ello, con la complicidad del silencio de los medios, la interpretación del Arzobispo quedará como una puntada anecdótica de la ultraderecha clerical. Para el pueblo común, para los indígenas, el sacrificio de Guillen Tapia es un hito más en la larga cadena de la memoria histórica de los mexicanos. El pueblo calla pero no olvida, así se refrendó ayer, 2 de octubre, a 40 años del genocidio.

pulsocritico@gmail.com

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Es evidente que el estado de cosas de la economía mundial en la que estamos insertos, indican que el ascenso del capital financiero como actor económico protagónico es cada vez más incompatible con el bienestar humano. Habitualmente se piensa en términos de ganadores y perdedores en la carrera hacia el desarrollo donde el eje Norte-Sur Global parecía indicar espacialmente dónde estaban ubicados unos y otros. El colapso actual muestra que somos todos perdedores.

Esta crisis también puede ser una oportunidad para visibilizar que una de las contradicciones más soterradas es el gran costo social y humano de no reconocer y por ende no valorar la gran contribución que hace el trabajo no remunerado (familiar y social) al trabajo remunerado. La morfología que adoptó el trabajo en esta segunda era global: precarizado, hipermovilizado, inestable e inseguro está asentado en el soporte de los cuidados familiares y en el trabajo de reproducción en sentido amplio, sostenido mayoritariamente por las mujeres en simultáneo con sus actividades asalariadas.

Pero como dice la economista Diane Elson “el tiempo de las mujeres no es infinitamente elástico” y eso queda palmariamente evidenciado en las drásticas transiciones demográficas de países del Norte Global como España e Italia. En inversa proporción del nivel de la discusión pública respecto a la democratización de la política y de las relaciones sociales en nuestro país y en gran parte del mundo, el trabajo doméstico y de crianza de los hijos no se democratizó, es decir no se produjo una asunción significativa de parte de los varones respecto a su participación en equidad respecto de los trabajos y obligaciones emergentes del cuidado biológico, psicológico y social que implica sostener el crecimiento de las personas en el marco de nuestras sociedades cada vez más complejas. Así como tampoco se asume que sin acompañamiento de las políticas públicas tampoco se puede conciliar la vida laboral y familiar. Hasta ahora las discusiones sobre la conciliación laboral-familiar en el mundo siguen haciendo destinatarias de este problema a las mujeres, es decir se las sigue considerando exclusivamente responsables del cuidado de la vida humana, no sólo de los hijos e hijas sino también del creciente problema de los adultos mayores dependientes.

Su gratuidad, es decir su negación de valor y reconocimiento, en términos económicos tiene que ver con que esos trabajos tan fundamentales para amortiguar las crecientes disparidades y zozobras de nuestra economía actual, son un ahorro fundamental tanto para el Estado como para el mercado. Concurrentemente ascienden en la esfera de la opinión pública los discursos religiosos que invocan a las mujeres a una vuelta a los “valores tradicionales” de la familia. Ya lo decía un estadista argentino hace unas décadas: invocar a la ética de la laboriosidad para “pagar” el trabajo tiene que ver con seguir extrayendo energías, dedicación y especialización a título gratuito. Y la especialización gratuita y constante en el trabajo doméstico y reproductivo ha corrido por cuenta de las mujeres históricamente. Las inseguridades económicas que viven las personas de la etapa actual, que parece ser la clausura de aquélla iniciada en la década de los ‘70 en los países desarrollados, ya no pueden seguir siendo absorbidas por la economía del cuidado. Los tiempos, los cuerpos, las violencias y sujeciones son un precio muy poco ético a pagar. La forma en que nos organicemos para sostener materialmente el bienestar humano nos incumbe tanto a varones como a mujeres.

Sin tapujos, Becker el referente neoclásico todavía venerado en muchas cátedras de Economía en la Argentina, habla de que este orden de cosas en las familias es emergente de un pacto racional entre iguales donde varones y mujeres pactan desenvolverse en mundos distintos desigualmente reconocidos, para aprovechar el “capital humano” que resultan de sus especializaciones divergentes: unos para el espacio público y del mercado y las otras en el privado doméstico no remunerado. Por analogía, expresa, el orden mundial tiene las mismas características: el Norte Global con capital humano que le permite especializarse en el desarrollo industrial y tecnológico y el Sur Global especializado merced a sus recursos naturales en producir commodities de bajo valor agregado y de disponibilidad casi absoluta.

En definitiva, el orden económico global está sostenido por la misma lógica desigual que sigue caracterizando la organización intrafamiliar en nuestras sociedades actuales.

La crisis alimentaria y financiera nos están indicando que el “pacto” global se rompió. Y que en el debate macroeconómico también deben ser consideradas las cuestiones del desarrollo humano en clave de equidad de género tan amenazadas en estos días. Sorprende que haya sido más sencillo aceptar como problema la sostenibilidad ambiental y todavía se siga sin asumir las necesarias condiciones de equidad de género para la sostenibilidad humana en la consideración mundial de los costos “económicos” de los modelos de desarrollo que forman parte de la dinámica global. Macro y microeconomía son esferas tan engañosamente interesadas en mantenerlas en estancos separados como lo fueron en su momento las dicotomías “naturaleza” y “cultura” y los espacios “público” y “privado”. Lo que está en juego en definitiva es la sostenibilidad de la vida humana ante sistemas económicos que la agreden en grado superlativo.

Tomado de: Página12.com

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