Salte la navegación

Fábricas cerradas, trabajadores de patitas en la calle, puertos funcionando a medio gas y contenedores de mercancías varados en los almacenes a la espera de que los pedidos sean pagados.


china1

ABC.es /Domingo, 16-11-08


La crisis financiera mundial ya está afectando a China, la «fábrica global» que en los últimos años ha invadido los mercados occidentales con los baratísimos productos que salían de sus factorías en las provincias industriales de Guangdong, Zhejiang, Fujian o Jiangsu.

Debido a la caída de la demanda en importantes mercados como Estados Unidos o la UE, miles de compañías están cerrando sus puertas y dejando en el paro a sus operarios. Además, muchos de estos nuevos desempleados se quedan sin su finiquito porque algunos empresarios desaprensivos huyen con el dinero que logran salvar tras declarar la quiebra.

Es el caso de Tao Shoulong, que hasta el mes pasado dirigía Jianglong Group, una de las mayores firmas de tintes para ropa que tenía su base en Shaoxing, en la provincia costera de Zhejiang. Acuciado por unas deudas superiores a los 160 millones de euros, el magnate quemó sus libros de contabilidad, vendió su club privado de golf, se deshizo de su Mercedes S-600 y puso pies en polvorosa.

Atrás dejaba sus cuatro fábricas, 300 proveedores sin pagar -que también tendrán que echar el cerrojazo al no poder cobrar el dinero que se les adeuda- y a 4.000 trabajadores que, de la noche a la mañana, perdían lo poco que tenían: sus exiguos salarios de entre 50 y 100 euros mensuales. Aunque Tao Shoulong ha sido detenido hace poco junto a su esposa, durante las últimas semanas los periódicos chinos y de Hong Kong informan casi a diario de la bancarrota de grandes firmas que, hasta ahora, suponían un modelo del crecimiento y desarrollo del gigante asiático.

Una de ellas era Feiyue, que estaba ubicada en Taizhou, también en Zhejiang, y lideraba la venta mundial de máquinas de coser, sobre todo industriales, al facturar cada año más de 160 millones de euros y exportar a 127 países. Dirigida por Qiu Jibao, un antiguo zapatero remendón que era presentado por las autoridades del Partido Comunista como un ejemplo de empresario exitoso de la nueva China, Feiyue empleaba a 5.000 trabajadores que se han convertido en las víctimas colaterales de la caída de las exportaciones textiles.

Este sector constituye, junto a la industria juguetera, uno de los motores de la economía china, basada aún en producciones intensivas de artículos de escaso valor añadido manufacturados por una irrisoria mano de obra. En Guangdong, la provincia cercana a Hong Kong donde empezó hace tres décadas la apertura al capitalismo y de donde procede el 30% de todas las exportaciones chinas, la lista de quiebras es interminable a pesar del intento de las autoridades de incentivar el sector servicios o industrias más tecnológicas.

Mientras las ventas textiles al exterior caían un 3%, 3.600 fábricas jugueteras se han venido abajo. Aunque la mayoría eran pequeños talleres instalados en la «ciudad de los juguetes» (el área metropolitana que comprende Shantou y Chenghai), el mes pasado también cerraron las tres enormes plantas de Smart Union Group, que empleaban a 8.700 trabajadores.

Después de que sus patronos huyan sin pagarles sus sueldos, sean detenidos por la Policía o, incluso, se suiciden, a estos nuevos parados -casi todos emigrantes rurales procedentes de pobres provincias agrícolas como Henan, Anhui o Sichuan- no les queda más remedio que volver a casa o manifestarse, con el consiguiente riesgo de ser detenidos por la Policía por la inestabilidad social que las protestas populares entrañan para el autoritario régimen de Pekín.

Campaña de Navidad

«Los efectos del descenso del consumo global se notarán en 2009, ya que los pedidos para la campaña de Navidad se hicieron el año pasado o a principios de éste, antes de que estallara la crisis financiera. El próximo año va a ser incluso peor que éste», vaticinó en la reunión del Foro Davos de verano, celebrado el pasado mes de septiembre en Tianjin, Jack Ma Yun, presidente de Alibaba, el mayor portal chino de comercio electrónico en internet.

Según los datos oficiales, en los últimos meses se han hundido 67.000 pequeñas y medianas empresas, la mayoría en sectores que emplean mano de obra intensiva como el juguetero, textil y calzado. A finales de año, el número de bancarrotas puede llegar a las 100.000.

La Federación de Industrias de Hong Kong, que aglutina a 3.000 miembros, prevé que el próximo ejercicio cierre el 15% de las 70.000 fábricas que dirigen en el continente los empresarios de la antigua colonia británica. La mayoría lo hará después del Año Nuevo Chino, que en 2009 cae el próximo 25 de enero y en el que muchos trabajadores se pueden encontrar con la empresa desmantelada tras volver de las únicas vacaciones de las que disfrutan.

Lo mismo pueden hacer los 20.000 empresarios taiwaneses con intereses en Guangdong, algunos de los cuales ya han vuelto a su isla por la crisis junto a docenas de hombres de negocios surcoreanos que han huido de sus factorías en la provincia norteña de Shandong y han regresado a su país.

«Hace tres años, la situación era mejor, pero ahora es muy dura por la crisis, el aumento de los salarios, el encarecimiento de las materias primas y la reducción de las exportaciones, motivada no sólo por la caída de la demanda exterior, sino también por la depreciación del dólar y el euro», se queja Lan Qixiang, presidente de Sibide, una compañía textil de Tianjin con 1.500 empleados.

La disminución de las exportaciones queda patente con la ralentización del tráfico de contenedores de mercancías en 40 rutas de todo el mundo. Su índice ha pasado de los 11.793 puntos de mayo a los 891 de noviembre, en parte porque muchos pedidos siguen inmovilizados en los puertos a la espera de que sean pagados por sus compradores.

Según el Ministerio de Comercio chino, las órdenes sin abonar procedentes de Estados Unidos rozan ya los 81.000 millones de euros y se han extendido del sector de la construcción al textil, calzado y electrónico.

Parálisis en doble sentido


Pero esta parálisis es en doble sentido, ya que los compradores chinos de hierro, acero, cemento, metales y otras materias primas no pueden descargar sus pedidos al verse incapaces de conseguir cartas de crédito de los bancos. En los puertos de Shangai, Ningbo, Tianjin, Hong Kong, Shenzhen, Guangzhou o Dalian se han acumulado 70 millones de toneladas de hierro durante los dos últimos meses y tanto Ferrochina como otras grandes siderurgias han debido paralizar la producción al reconocer que no pueden hacer frente a sus préstamos.

Como consecuencia, se ha hundido la Bolsa china, donde millones de pequeños inversores han perdido los ahorros de toda su vida debido a la fiebre que se desató durante los dos últimos años por la compra de acciones, cuyos valores subían entonces como la espuma.

ABC.es Pablo M. Díez Corresponsal en Pekín

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: