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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


Nada es verdad, nada es mentira. Todo es según el color del cristal con que se mira, reza el viejo adagio refiriéndose a la percepción que cada ser humano tiene de su realidad circundante. Y así es en efecto, cada quien habla según le va en la feria, no siendo la misma percepción de quien desde la opacidad de la nómina gubernamental contempla la roja abundancia, que aquella de hombres y  mujeres comunes a nivel de calle,  cuyo sustento cotidiano está basado en el esfuerzo. Como tampoco la realidad es percibida de igual forma por quien percibe un salario mínimo que aquel que de una sola sentada  se  gasta más de tres mil pesos en alimentos, como el robusto secretario de hacienda del gabinete calderonista.


De ahí que el tema de la crisis sistémica global sea tratado de manera diferenciada. Desconocida en sus orígenes y consecuencias  por los más, lo que de esta se percibe se reduce a vivencias personales, intereses económicos en juego y lugar que se tiene en la escala social. Sin embargo, existen coincidencias que conforman denominadores comunes, dando lugar a imaginarios colectivos diversos y contradictorios que,  a su vez, dan lugar a que se afirme que toda percepción es válida en tratándose de política. No considerar esto último, da lugar a que una clase política, sin sensibilidad y visión de conjunto, escuche a unos e ignore a otros, descalificando a quien fruto de su particular percepción de la realidad piense diferente. En México se está dando tal fenómeno y Veracruz no se está quedando a la zaga.


Bastó que el senador veracruzano Dante Delgado Rannauro, apoyado en cifras oficiales, hiciera referencia a los barruntos de tormenta que amenazan a la frágil situación económica del país y, en contexto, a la de la entidad, para que sin mayores elementos de juicio, salvo su personal percepción, algunos amanuenses  que desde los medios informativos sirven a los intereses del régimen de la fidelidad, descalificaran al ex gobernador de Veracruz, colgándole la etiqueta de moda. Catastrofista que todo lo ve en color negro, incapaz de contemplar aquellas aristas en blanco o tonos de grises de una realidad medianamente aceptable, fue lo menos que expresaron. Sin parar mientes en el mensaje de advertencia y el llamado a construir un nuevo proyecto de nación,  frente a un modelo de desarrollo históricamente agotado que frente a la crisis global nos mantiene en un estado de constante indefensión.


Aldeanos al fin, nos gana el ver al árbol ignorando el bosque, construyendo cada quién su propio imaginario a partir de una personal, estrecha e interesada percepción. Ignorando que la crisis financiera internacional no marcha sola. Considerada por los estudiosos como multidimensional, multifactorial y multisectorial, se hace acompañar de otras manifestaciones críticas, como el deterioro de la economía real, la pérdida de confianza y credibilidad de la ciudadanía, el resquebrajamiento de la gobernabilidad, e incluso, la pérdida de principios y valores éticos y morales, paradigmáticos reguladores de la sana convivencia en sociedad, afectando a todos, hasta el último rincón del planeta. Nadie está a salvo, incluyendo a nuestra isla de la fantasía. Identificarla, tipificando su carácter sistémico, prever sus efectos presentes y futuros y,  en consecuencia tomar medidas estructurales congruentes para enfrentarla, es tarea del estadista. Ignorarla, minimizarla y optar por la cómoda fórmula de dejar hacer, dejar pasar, en espera de que amaine por sí sola, asumiendo actitudes tan triunfalistas como gatopardistas de ocasión, es quehacer del aprendiz de brujo.


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