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En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce


Ya era de extrañarse. Convergencia se estaba salvando o aparentaba estar al margen de la crisis generalizada de los partidos políticos en México. La división en este instituto político está a flor de piel y la polarización ideológica y de intereses cupulares ya es del dominio público.

En Veracruz, cuna del partido naranja, era previsible el conflicto, se veía venir y todo era cosa de tiempo. Tras un largo período de ayuno de ideas, propuestas, y compromiso partidista,  auspiciado por Alfredo Tress y su antecesor en la conducción del partido en la entidad, la frágil estructura se fractura confrontando a quienes están a favor de la «Coalición Salvemos a México» y los que comulgan con la equívoca intención de mantener al partido en un inexistente centro del espectro político nacional, ajenos a cualquier bronca que ponga en peligro el registro y el disfrute de canonjías y manejo de las prerrogativas.


La incapacidad de la dirigencia estatal para conciliar los intereses diversos de la militancia fue más que evidente. En tanto que la mayoría se inclinara por la defensa del petróleo, sumándose al movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador, la minoría, vinculada pragmáticamente a los intereses del titular del Poder Ejecutivo estatal a través del «Pacto de gobernabilidad», se mantuvo en el mejor de los casos, al margen de la movilización social en la que, incluso, participa en forma destacada el senador Dante Delgado Rannauro.


Hoy día, frente a la posibilidad de que la mayoría de la militancia de  base de Convergencia y el PT, se imponga en la definición de las candidaturas a la diputación federal de la «Coalición Salvemos a México», la minoría convergente se da por desplazada y pone el grito en el cielo. Manifestando su inconformidad en relación a una presunta violación a los estatutos del partido; cuestionando la designación de la Comisión Ejecutiva que encabeza Armando Méndez de la Luz, a sabiendas de que el ex alcalde xalapeño no se andará por las ramas. El rescate del partido en la entidad exige poner a cada quién en su lugar, reconstruir la estructura y concretar en los mejores términos la alianza con el PT; privilegiando a los militantes que se han mantenido firmes tanto en la defensa del petróleo como en el reconocimiento de Andrés Manuel López Obrador como «presidente legítimo».


Lo que reduce el conflicto existente, ya extensivo al Distrito Federal y algunas entidades federativas, primero,  a una clara intención de la minoría de sabotear a la coalición «Salvemos a México», quedándose con el control de la estructura convergente y el manejo de los recursos financieros del partido. En segundo término, sabotear la participación de Convergencia en el movimiento popular para, en alianza con los «chuchos» del PRD, restarle fuerza al movimiento social que encabeza el político tabasqueño.


Como era de esperarse, el bombardeo mediático se encarga de agregar leña a la hoguera. En Veracruz los medios de comunicación  exageran la nota respecto a  un  conflicto que es real pero superable,  para restar capital político a Dante Delgado y frenarle en sus aspiraciones de obtener la candidatura al gobierno de la entidad.


De cómo se maneje el conflicto por parte de la dirigencia nacional y la Comisión Ejecutiva en la  entidad, evitando el choque de trenes en las vísperas de las campañas que culminarán con la elección de diputados federales, depende el que las diferencias existentes no se desborden poniendo en riesgo el registro del partido. Pero también de la acción enérgica de la mayoría de la militancia, definiendo con toda claridad su postura y participación tanto en el movimiento lopezobradorista como en la «Coalición Salvemos a México».


No hay lugar para a estas alturas asumir una actitud vergonzante, negándose a lo que es obvio. Ante la nación Convergencia está con Andrés Manuel López Obrador y,  si no es así, que la militancia abiertamente lo manifieste y actúe en consecuencia.


Sea cual fuere la solución al conflicto existente, lo que hoy acontece en Convergencia es un aviso más de la necesidad de resolver la crisis del sistema de partidos políticos en México por la vía democrática. El país no puede ni debe seguir siendo rehén de las cúpulas de la  partidocracia.


pulsocritico@gmail.com

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