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Nueva York, 1º de junio. General Motors (GM), la empresa automotriz emblemática del poderío industrial estadunidense durante gran parte del siglo pasado, se declaró hoy en bancarrota y será nacionalizada de hecho por el gobierno de Barack Obama.


Obama explicó que para lograr lo que fue, durante los últimos cuatro meses, una quiebra administrada por el gobierno, los contribuyentes estadunidenses invertirán otros 30 mil millones de dólares en la empresa (en la cual ya se habían invertido 20 mil millones del tesoro público); a cambio, ahora el gobierno será dueño de 60 por ciento de las acciones de la empresa.


La que una vez fue la automotriz dominante del mercado mundial ahora buscará mantener lo que pueda de su reducida participación en el mercado nacional automotriz, el cual se ha desplomado a sólo 20 por ciento (gozaba hasta de 54 por ciento en los años cincuenta). Pero eso implica un desastre para todo un universo de empresas, desde las que producen insumos para la compañía (llanteras, vidrieras, autopartes diversas) hasta las concesionarias. De hecho, 40 por ciento de las 6 mil concesionarias de General Motors a lo largo del país ya fueron informadas de que la empresa les retirará sus licencias, o sea, que serán cerradas.


La empresa anunció hoy, como se esperaba, la clausura de 14 plantas de producción más en nueve estados, y con ello liquidará a otros 22 mil trabajadores sindicalizados. Eso dejará a la empresa con 33 plantas en Estados Unidos (hace un año tenía 47) para 2011.


El sindicato automotriz, UAW, aceptó este plan de rescate a cambio de ser dueño minoritario de la empresa (17.5 por ciento), a través de uno de sus fondos de jubilaciones. Pero esas acciones también están seriamente devaluadas: al comienzo de esta década estaban en alrededor de 70 dólares; a fines de la semana pasada estaban a 0.75 centavos de dólar.


A la vez, anoche un juez aprobó la propuesta respaldada por el gobierno de Barack Obama para que Chrysler saliera de la bancarrota que anunció hace un mes. Los bienes de la empresa serán vendidos a una nueva entidad que será administrada por Fiat, con 20 por ciento de las acciones, aunque el accionista mayoritario –con 55 por ciento– será el fondo de jubilación del sindicato automotriz UAW.


Nota completa en: La Jornada 02/06/09

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