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La conciencia política no puede medirse por los resultados electorales. Siguiendo esa lógica tendríamos que decir que el pueblo colombiano, peruano, mexicano o panameño son pro-imperialistas

Andrés Avila Armella | Kaos en La Red


En los últimos días se ha podido leer a ocho columnas en los principales diarios que circulan en México que el PRI fue el principal triunfador en las recientes elecciones legislativas, estatales y municipales. Si nos atenemos únicamente a los porcentajes que obtuvo dicho partido con respecto de los otros, pareciera un dato irrebatiblemente cierto, sin embargo habríamos de preguntarnos si ese sólo dato puede satisfacer a quien se pregunta acerca de la realidad política de México.


Algunas personas preocupadas, estarán preguntándose si el pueblo de México carece de memoria histórica y está clamando por el regreso del partido que durante décadas representó una serie de desgracias para nuestro pueblo, si ya olvidamos la represión, la corrupción y la entrega del mal llamado proyecto revolucionario mexicano a manos del gran capital transnacional. Por mi parte considero que no hay tal cosa, la conciencia política de un pueblo no puede medirse por los resultados electorales. Siguiendo esa lógica tendríamos que decir que el pueblo colombiano, peruano, mexicano o panameño son pro-imperialistas, pero la rica historia de dignas luchas de los mismos ha demostrado repetidamente su voluntad de lucha. Implicaría reconocer que el derecho burgués y la forma en que gestiona los estados al servicio del capitalismo son verdaderamente representativos de la voluntad popular, implicaría dejar de cuestionar la forma en que los partidos electorales se constituyen y participan en la política.


En los últimos años el pueblo de México ha protagonizado importantes epopeyas de lucha en donde cada vez más la organización popular ha hecho política independientemente de lo que ocurre en las urnas, movimientos como el del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, La Otra Campaña, el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo, los movimientos obreros, magisteriales, campesinos y estudiantiles han sido prueba de ello…


Más allá de lanzar vítores al PRI, la clase dominante y la burocracia tripartidista que controla en su mayoría al Estado mexicano, debe estar muy preocupada por el desgaste del sistema político que cada vez resulta ser menos atractivo para el pueblo.


El enorme derroche de recursos en las campañas electorales fue insuficiente para convencer a la mayoría de la gente de que acudir a las urnas podía modificar en algo su situación de vida.


Dicho desencanto no es coyuntural, ha sido el resultado de la profunda y repetida decepción que han dejado los cambios de partidos en los gobiernos federales y locales; PRI, PAN y PRD, principalmente, se han encargado de hartar la paciencia popular, de demostrar que los intereses de la burocracia política, sea cual sea su color, no son los intereses del pueblo. El enriquecimiento de unos cuantos y el empobrecimiento de la mayoría ha sido una constante, lo mismo que los escandalosos hechos de corrupción y represión.


El pueblo de México no es priísta, tampoco es panista ni perredista, es un pueblo profundamente harto y cansado de tener esperanzas en la burocracia política y recibir a cambio puras decepciones. Esto no lo convierte en un pueblo resignado a su suerte, por el contrario, las experiencias recientes de movilización y organización popular dejan ver que es un pueblo ávido de transformaciones.


Sin embargo, es necesario ser prudentes, pues si bien existen fracturas al interior de la clase dominante que le dificultan seguir gobernando como hasta ahora, si bien la crisis económica está llevando al límite a millones de obreros, además del crónico deterioro en la calidad de vida de la mayoría del pueblo, esto no significa que debemos cruzarnos de brazos a esperar que el régimen caiga.


Es muy importante que las organizaciones revolucionarias no bajen la guardia y sigan haciendo la labor que las caracteriza, no podemos perder de vista que el régimen se ha repuesto de anteriores crisis económicas y políticas; en ausencia de opciones revolucionarias, la clase dominante puede adquirir de un momento a otro la capacidad de recomponerse, incluso apropiándose de algunas consignas y reivindicaciones de la lucha social.


El pueblo mexicano por ahora tiene claro que la solución a sus problemas no provendrá de las urnas, sin embargo las organizaciones y frentes revolucionarios que existen en el país aún no hemos tenido la capacidad de transformar el descontento social en conciencia de clase, ni de transformar la lucha social en lucha revolucionaria, para ello hace falta seguir desempeñando una ardua labor política, tomando en cuenta que ésta no puede ser la misma que practican los burócratas de los partidos electorales. Es necesario pues incrementar el nivel de colaboración y unidad entre las fuerzas revolucionarias, construir una política con independencia de clase, que organice y luche, que oriente al pueblo pero que también lo escuche, que se funda con él y eleve su capacidad transformadora y revolucionaria.


No se parte de cero, ésta labor está en marcha y ya hemos visto expresiones de su avance, en ese sentido, si se produce un entendimiento entre el pueblo y sus organizaciones, habrá una seria posibilidad de que el proceso madure a favor de las clases trabajadoras y la población oprimida elevando su capacidad de lucha, y con ello también la posibilidad de concretar muchas de sus aspiraciones.

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