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Monthly Archives: agosto 2009

Gustavo Esteva (gustavoesteva@gmail.com)

La caída de más de 10 por ciento en el producto nacional tendrá consecuencias trágicas para millones de personas… pero es también la oportunidad de recuperar el rumbo. Si fuera fruto de una decisión consciente, el achicamiento de la economía registrada sería una bendición. Implicaría que habríamos empezado a tomar un rumbo sensato, pensando en lo que interesa a la gente, no lo que importa a las elites y al capital.

Perseguir una alta tasa de crecimiento económico ha sido una de las más graves patologías de la era que termina, padecida por todos los partidos. Toda promesa al respecto es demagogia: ningún gobierno controla todos los factores que la determinan. Plantearla como meta es pretexto y cortina de humo para impulsar proyectos que habitualmente producen lo contrario de lo que prometen.


Es espléndido que los niños crezcan. En las personas mayores, llamamos cáncer a lo que les sigue creciendo. En todas las sociedades la patología del crecimiento económico ha producido innumerables protuberancias cancerosas y genera inevitablemente injusticia y destrucción ambiental. Por su impacto devastador, reducir el tamaño de la economía se ha convertido en una meta social sensata y saludable. El achicamiento progresivo permitiría deshacerse de ese cáncer y remediar los daños causados a la naturaleza y la sociedad.


Con la actual caída del producto se reduce el empleo, la producción básica, el ingreso de la mayoría de la población, la capacidad de supervivencia… Un descrecimiento económico consciente significaría reducir o eliminar cuanto sobra y daña para que florezca la subsistencia autónoma y crezca lo que realmente haga falta. Se achicaría todo el sector financiero, que saquea al productivo y a la población y vive de la especulación destructiva. Desaparecería la invasión de transgénicos y la obsesión por los híbridos, para estimular el cultivo campesino con semillas criollas, que se ampliaría hasta recuperar la autosuficiencia en los productos básicos. Se recortarían los salarios obscenos de funcionarios y dirigentes públicos y privados. En vez de centros comerciales monstruosos y destructivos, se multiplicarían las redes de establecimientos pequeños y medianos. Quedarían sin empleo desarrollistas públicos y privados, para que pudiera florecer la construcción autónoma, con materiales locales y sentido de la proporción y la belleza.


Hasta hace poco tiempo esta propuesta parecía una aberración insoportable, una herejía ridícula, dada la fuerza del dogma dominante. Hoy constituye un movimiento de alcance mundial que tiene en México manifestaciones claras, como se mostró este fin de semana cuando se reunió en Cuernavaca, para discutirla, un grupo destacado de académicos/intelectuales públicos/activistas como David Barkin y Jean Robert. Convocados por Miguel Valencia, de Ecomunidades, reflexionaron en torno a las siguientes preguntas:


¿Cómo salir de la droga que significa la idea del crecimiento? ¿Cómo descolonizar nuestro imaginario nacional, desescolarizar el país, frenar la manipulación mediática y recomponer las defensas inmunitarias de la sociedad? ¿Cómo revalorizar la naturaleza, las culturas, la historia, la filosofía, la convivencia? ¿Cómo crear nuevos conceptos de subsistencia, redefinir la riqueza y la pobreza, reconceptualizar la escasez y la abundancia, repensar la educación, cambiar la organización sicosocial y desconstruir las ideas de progreso, desarrollo y modernidad? ¿Cómo podemos contribuir a dar otra salida a la crisis económica de México?


El lugar de su reunión fue tan pertinente como su tema. Fueron hospitalariamente acogidos por Caminando Unidos, organización independiente que desde hace muchos años convive con un grupo especial de desechados del desarrollo: familias enteras arrojadas a las afueras de Cuernavaca, continuamente amenazadas de expulsión del espacio en que se han asentado, en el que intentan crear un barrio convivial y autónomo. Personas como ellos, que forman mayoría en el país, serían directamente beneficiadas por un empeño social que sustituyera el catecismo del desarrollo por un ánimo sensato y secular que se ocupara realmente de lo que interesa a todos.


Un proyecto social y político de esta índole no puede ser impulsado por partidos y funcionarios que son directamente responsables de las catástrofes que han hecho de México un Estado fallido. Según Wikipedia, las características comunes de un Estado fallido incluyen un gobierno central tan débil o ineficaz que tiene escaso control real sobre buena parte del territorio; servicios públicos insuficientes; corrupción y criminalidad generalizadas; refugiados y movimientos involuntarios de la población, y aguda declinación económica. La etiqueta es teóricamente frágil y políticamente espuria, pero resulta cada vez más pertinente para referirse a la gestión de Felipe Calderón… y a todos los partidos, que actúan como comparsas en su tarea destructiva. Sería absurdo confiarles la tarea de la reconstrucción, que se concibe e implementa, paso a paso, a ritmo consistente y perdurable, desde abajo y a la izquierda.

La Jornada 24/08/09

Planeando

Planeando

Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce


Tras la tormenta en el vaso de agua al interior del partido fiel, el diputado electo Javier Duarte de Ochoa tranquilizó las aguas. Sus declaraciones en entrevista banquetera fueron claras y contundentes: En ningún momento se ha manifestado como aspirante del PRI a la gubernatura de Veracruz. Palabras más, palabras menos, a quien se le considera el “delfín” del gobernador Herrera Beltrán cuando menos de dientes para afuera se auto descalifica como uno más de los adelantados que han hecho pública sus futuristas aspiraciones.


DuarteEl futuro legislador se dice respetuoso de los tiempos marcados por el PRI y ya llegará el momento en que de acuerdo a las circunstancias diga esta boca es mía, dejando en libertad a Héctor Yunes Landa, José Yunes Zorrilla y Ranulfo Márquez Hernández, más los que se les sumen, a actuar como mejor les plazca, corriendo estos el riesgo inherente a ir en contra de las disposiciones del ahora partido rojo fidelidad, que en tono amenazante emitiera la figura decorativa que representa el papel de líder formal del priísmo en la entidad.


Nueva estrategia mediática del diputado federal electo, o sincera y honesta actitud de respeto a lo que llegado el momento el partido disponga, lo cierto es que sus declaraciones no se las traga nadie. El señor está en campaña, su imagen en los medios es tema de todos los días, sus declaraciones no se corresponden con su actual status de diputado federal electo, y su protagonismo le lleva incluso a desconocer que la voz cantante de la futura bancada priísta veracruzana en la Cámara de Diputados le corresponderá llevarla al Maestro Juan Nicolás Callejas Arroyo.


Sea como sea, sana intención de acallar el desborde de los medios y asumir una actitud humilde de respeto a los tiempos previstos, o cambio de estrategia hacia el interior de su partido, es buena señal. El invento del gobernador  empieza a aprender a manejarse por sí solo, a frenar su verborrea y a concretar amarres, librándose del golpeteo mediático y evadiendo el insidioso acoso del ejército de reporteros que insten en hacerlo desbarrar, asumiéndose como el número uno entre quienes aspiran a suceder al Maestro Fidel Herrera Beltrán.


Sin embargo, nunca falta un pelo en la sopa. Así como inteligentemente se deslinda de un anticipado destape, en las mismas declaraciones se asume como revolucionario e institucional, pretendiendo ser congruente con la etiqueta de su partido. Como institucional no duda cabe, es leal a la camiseta y sobre todo fiel con el que dicen manda en Veracruz.  Como revolucionario estaría por verse,  pues hasta el día de hoy no da muestras ni siquiera de atender a discurso de tinte social demócrata de Beatriz Paredes Rangel, Presidente Nacional del tricolor, en su intento de mostrar el tan llevado y traído rostro renovado de la hoy primera fuerza electoral. El discurso de Duarte de Ochoa, pobre y repetitivo, es abiertamente neoliberal, contrario a lo que de la crisis espera como respuesta la ciudadanía; además, fuera de lugar porque en su calidad de diputado electo, no tiene ningún peso su reiterada propuesta de modificar rumbo y destino del presupuesto federal para el 2010.


Para nada refleja la rebeldía que como joven de el se esperaría, antes al contrario, conservador y proclive a la vida muelle, su imagen refleja lo contrario.  Pero bueno, no se le pueden exigir peras al olmo, ya aprenderá si sabe abrevar de conocimientos y experiencia de no pocas vacas sagradas con las que habrá de compartir tareas comunes en la LXI Legislatura federal.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Contra toda señal de optimismo el horno ya no solo no está para bollos. La tormenta perfecta a la que habría que sumarle nuestra reiterada costumbre de recurrir a la corrupción y a la impunidad en tiempos lo mismo en la bonanza que en la crisis,  no cede. Antes al contrario, todo parece indicar que antes de tocar fondo habremos de quedar hasta sin repostero.

Si ayer los xalapeños amanecimos con la noticia de que el puente “Fidelidad” que por imprevisión y seguramente por un mal cálculo de futuras consecuencias de lo que para la obra pública representa el llamado “diezmo”, dejara de latir con fuerza, colapsándose. El despertar de hoy se da precedido de una verdadera pesadilla: ya no tenemos nada que bursatilizar, salvo angustia y desazón.

A las primeras horas de este aciago día, las primeras planas de los medios de comunicación dan cuenta del colapso de la vida económica de México. El INEGI anuncia que en términos anuales en el segundo trimestre del presente año la economía nacional sufrió una caída del producto interno bruto (PIB) del  10.3. Fenómeno sin precedente en los últimos 75 años que implica un retroceso de cuatro años y medio pero con 4 millones más de habitantes de los existentes al término de 2004.

Para los masoquistas irredentos, la información pueden consultarla, con pelos y señales, en la mayoría de los diarios nacionales. Pero podemos adelantarles que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, con números duros, comenta que si en el 2004 el pastel a repartir entre 103 millones 364 mil 441 habitantes ascendía a 8 billones 128 mil 442 millones, para el presente año una cifra similar tendrá que repartirse entre 107 millones 433 mil 499 personas. Así que échenle cuentas, en términos netos hoy estamos más jodidos que hace cuatro años y medio, no sin antes reflexionar que para aquel entonces se decía que gracias al TLC había inversión, producción, mucho petróleo y a buen precio, trabajo y menos pobres que lastraran el avance de la economía. Hoy ambas caras de la moneda aseguran todo lo contrario.

Y viene lo peor. Tanto el Banco de México como la mayor parte de analistas y consultores que conocen del paño, estiman que el 2009 habrá de concluir con un decrecimiento anualizado del 7.5 por ciento. En pocas palabras, el puente llamado “alternancia” está colapsado y este si que nos arrastra a todos en su caída.

La pesadilla va para largo. En el 2006 Andrés Manuel López Obrador la anunció, llamando a modificar el rumbo, a cambiar el modelo de país, y le calificaron de loco y peligro para México. Sigue insistiendo en ello y siguen llamándole demente y políticamente difunto. Bien me decía un taxista el día de ayer al comentar el colapso del puente “Fidelidad”: México es un desmadre completo, los perritos abren los ojos al tercer día de nacidos y los mexicanos, como buenos pendejos, nunca alcanzamos a abrirlos.

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Ricardo Robles O.

Acteal, en estos días, ha provocado tantas palabras –las más en repudio de la actuación de la Suprema Corte de Justicia–, que nada nuevo pretendo decir ahora. Así suele sucedernos, ante las conmociones necesitamos hablar, hay un algo que lo exige aunque el qué y el para qué no queden claros. Son las lealtades quizá, ésas que se van acumulando revueltas con los sueños y las amistades profundas. Son, tal vez, los antiguos sentimientos que reviven dentro sin expresiones conceptuales precisas porque ellas nunca logran expresar cabalmente lo profundo. Son, a lo mejor, los impactos que nos han transformado, impactos del amor o del dolor, de la injusticia, del otro o de los otros tan golpeados, tan ofendidos, que alguna vez no nos dejaron ser como éramos. Que sean lealtades, sentimientos o impactos es lo de menos, de cualquier modo son huellas gratuitas que nos deja la vida, ofrecidas como un don por los vejados, los pobres, los desdeñados. Y como al fin de las cuentas son esas huellas las que terminan dando sentido y rumbo a nuestra propia vida, son las que nos urgen a clamar ante el horror del poderoso sobre el menospreciado. Me voy, así, a los recuerdos de algunas huellas que me ayudan a decir lo que necesito detestar ahora.


Hace cinco años, en este mismo espacio, evoqué lo que ahora retomo: una plática en la selva chiapaneca. Fue unos meses después de Acteal. El motivo del encuentro era otro, pero yo traía una preocupación pendiente. Le pregunté al comandante Tacho cómo estaban, qué cambios del corazón les había traído Acteal. Me miró sorprendido y dijo, como solía decirme: don Ricardo, pero si eso ya lo habíamos hablado tú y yo, ya lo sabíamos. Y luego retomamos sus opciones zapatistas sobre la vida y la muerte, el ya estamos muertos tan sabido, sobre las provocaciones que montarían los gobiernos, sobre la necesidad de no caer en ellas y de cómo habría que resistir con lucidez y paz a la violencia gubernamental.


Años antes, el día de las únicas firmas que hubo en San Andrés, las luego perjuradas por los tres poderes, teníamos esa misma sensación de ver venir lo que ya nos sabíamos. Lo dijeron los comandantes con palabras cercanas a éstas: Hasta ahora los acuerdos son sólo papel, a ver si ahora sí cumplen, porque siempre nos han engañado, nos han mentido. En entrevistas al día siguiente, varios de los asesores decíamos lo mismo. Ésa había sido nuestra experiencia, no habíamos vivido un diálogo, sino una faceta diferente de la misma guerra de baja intensidad, decíamos. Ya lo sabíamos, aunque preferíamos pensar en la inesperable esperanza. Años después las Cámaras aprobaron una ley diciendo que así cumplían. Mentían de nuevo, y ya lo sabíamos desde antes de conocer la iniciativa de tal ley.


Ahora, ya sabíamos que con su larga trayectoria de acomodos jurídicos, la Suprema Corte de Justicia se vería una vez más en su espejo con su sonrisa de quien complace al poder. Lo ya sabido no provoca sorpresa ni decepción siquiera. Duele, avergüenza y nos deja cada vez más escépticos ante las autoridades. Nada más.


Hemos ido comprobando en numerables atropellos a los derechos indígenas que siempre existe la duda jurídica, si no, los casos no llegarían ni al juez. La duda puede serlo de verdad o puede ser fingida buscando algún resquicio legal que permita sacar algún provecho.


La justicia en México suele cantearse, con impresionante frecuencia, hacia el que tiene y puede. Quedan casos que no enlisto por fatiga y sólo ejemplifico. Están las controversias constitucionales, los casos de Atenco, Oaxaca y Puebla, los ecologistas muertos o presos de conciencia, las gastritis múltiples y multisomáticas, cobijando violaciones; los luchadores sociales criminalizados. Están los despojos para el turismo, las minas, la energía, los bosques, las aguas, y cualquier proyecto que conlleve inversiones y lucro. Están los funcionarios cupulares culpables e impunes, siguiendo en su gremio las leyes del narco: si estás más abajo cargas con el riesgo de perderlo todo y de ser chivo expiatorio, y mientras más arriba estés, eres más intocable.


La Corte tenía que colocar y soldar el siguiente eslabón de una cadena de injusticias de casi 12 años, extender cartas de impunidad a los que convenía que las recibieran, liberar de ese peso a las actuales y antiguas autoridades, abrir los espacios para el libre comercio de lo que los indios son y tienen, y para ello atemorizar, amenazar y humillar tácitamente. Tenía que dar el golpe y esconder la mano. Ya lo sabíamos.

La Jornada. 20/08/09

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La gripe porcina a la que para evitar complicaciones a las poderosas empresas productoras y comercializadoras de cárnicos se le rebautizara como H1N1,  ya tiene su propio videojuego («The Great Flu»), destaca la prensa mundial.  Diseñado por un grupo de reputados virólogos que con la idea de aprovechar con fines educativos el apego de millones de niños,  jóvenes y no tan jóvenes que en todo el mundo dedican gran parte de su tiempo a los videojuegos, conjuga un conjunto de estrategias que simulan las mismas herramientas con las que cuentan los gobiernos y las autoridades sanitarias: vacunas, antivirales, medidas de aislamiento, etc., para enfrentar la cada vez más extendida pandemia.


Coincidentemente, en Veracruz, pero con fines político futuristas y propósitos tendientes a fortalecer las estrategias de promoción turística,  en una tan inhóspita como abandonada y pobre región localizada en las faldas del Cofre de Perote, también contamos con un efectivo juego mediático que, a diferencia del videojuego citado,  no educa pero que para miles de lectores a los que no convence del todo el que en la entidad a la medicina veracruzana le baste un  simple tratamiento de paracetamol para erradicar lo que para el resto del mundo requiere de costosas y sofisticadas vacunas, también constituye entretenimiento y tema para intrascendentes tertulias familiares.


Como el videojuego concebido por  Albert Osterhaus -primer científico en descubrir que había una nueva cepa de gripe aviar que podía transmitirse entre los humanos-, que busca a través de las nuevas tecnologías del entretenimiento el mostrar lo difícil y costoso que resulta para los gobiernos el tomar decisiones de salud pública a gran escala, el nuestro tampoco presenta monstruos ni ejércitos a derrotar, reduciéndose a una simpleza sin precedentes: una estatua en bronce de 1.30 metros de altura, representando a un niño con no un cerdo sino una rana,  en la mano, acompañada de un discurso enternecedor en el que Fidel Herrera Beltrán afirma que virus que no mata, engorda.


Trivializándose el riesgo mortal que para una población indefensa, sin distingos de clase o posición social representa la presencia de la pandemia en tierras veracruzanas, la incapacidad manifiesta de servicios públicos de salud para controlarla, y la irresponsabilidad oficial en que se incurre al homenajear a una criatura que tuviera en el poblado de La Gloria la suerte de no morir a consecuencia del mal hoy extendido a todo el orbe; padecimiento, paradójicamente, negado por cierto, en tanto se niega categóricamente que fuera el primer ser humano en contraer el ahora denominado H1N1.


Así se juega con la pandemia en nuestra vernácula isla de la fantasía. No se requiere ni de sofisticados instrumentos electrónicos ni de conexión a internet. Si Albert Osterhaus pretende convertir a empedernidos jugadores en auténticos estrategas en el combate a la nueva amenaza biológica, en Veracruz la lucha contra el H1N1 lo conveniente es desarmar a la población, incitarla al abandono de la prevención y a confiar ciegamente tanto en  la bondad del paracetamol como en los servicios públicos de salud en los que sufridos médicos y enfermeras, mal pagados y peor equipados, están destinados a hacer milagros para evitar se erija otra estatua, esta dirigida al primer fallecido tras ser inoculado del virus de la gripe porcina.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La polémica en torno al endeudamiento de la administración pública veracruzana cobra inusitada fuerza tras haber anunciado el Gobernador Herrera Beltrán su voluntad de contraer nuevos pasivos mediante la bursatilización a un plazo de 15 años de un porcentaje de las participaciones federales que anualmente recibe la entidad.


No está ya a discusión si la bursatilización es o no endeudamiento. Esta parte de la polémica está superada. Los tenedores de bonos bursátiles exigirán en su momento el capital suscrito y el correspondiente servicio anual de la deuda.

El tema ahora es político y va de por medio la credibilidad a que se ha hecho merecedor el titular del poder ejecutivo estatal.


Para unos la medida anunciada y ya en manos del Congreso local para su revisión y,  en su caso,  aprobación o desaprobación, constituye un golpe maestro de Fidel Herrera Beltrán para subsanar el déficit presupuestal de la entidad a que dieran lugar los recortes de las participaciones federales y/o un presunto subejercicio por parte de la administración calderonista en aquellos renglones que para el impulso al desarrollo de Veracruz son sustantivos. El anuncio de la revolucionaria medida a adoptar por el titular del ejecutivo no sólo se aplaude, incluso se ha destacado que con ello se contribuye a dar luz al gobierno federal sobre las medidas más convenientes para salir avante del shock que calificado inicialmente como “catarrito”, hoy tiene en jaque a las finanzas públicas de la nación.


Para otros, quizá los menos pero no por ello descalificados para juzgar la conveniencia o no de bursatilizar parte de las participaciones federales que le corresponden a la entidad, el anuncio de la colocación de emisiones bursátiles por 6 mil 800 millones de pesos en la bolsa de valores, a un plazo de 15 años, para subsanar el déficit que impide la conclusión de obra pública iniciada así como la prestación de servicios públicos indispensables para la buena marcha de la sociedad veracruzana, la medida no puede ser sana en tanto que lejos de eliminar gastos superfluos y canonjías fuera de orden, así como buscarse la ampliación de la base tributaria para que la administración fortalezca la hacienda pública, se recurre sin más a un endeudamiento multimillonario. Deuda que sumada a la ya adquirida con la bursatilización del impuesto sobre la tenencia de automotores, gravitará sobre las disponibilidades netas de las próximas administraciones públicas de la entidad en perjuicio de la promoción e impulso al crecimiento económico y desarrollo.


Vale la pena destacar que para los primeros, sin mayor análisis es simple seguidísmo. No conciben que el Maestro Fidel Herrera Beltrán, como cualquier mortal pueda equivocarse en la toma de aquellas decisiones que le competen. Contradecirle no es políticamente correcto, a la par que piensan en el presente y sus intereses mediatos,  y no en las consecuencias futuras.


Para los segundos, a la inversa. Lo sustantivo de su crítica apunta a las consecuencias futuras por sobre los presuntos beneficios en el presente, aún a sabiendas de no ser políticamente correcto opinar en contrario a lo dispuesto por el gobernador.


Parafraseando a Vicente Fox, el gobernador propone y el Congreso local dispone. La propuesta está ya en manos de la Legislatura y, atinadamente, el presidente de la Junta de Coordinación política antes que convocar a la bancada del PRI al tradicional mayoriteo, ha declarado su disposición a la consulta y busca del consenso entre las diversas expresiones partidistas que conforman el máximo organismo colegiado de representación popular en Veracruz. Cauta medida, pues de la decisión que tomen los diputados locales dependerá el juicio histórico que habrá de recaer sobre la actual Legislatura, como fuera el caso de la aprobación del adeudo contraído al final de la administración alemanista.


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J. Enrique Olivera Arce

Hasta hace unas semanas el proyecto transexenal del gobernador Herrera Beltrán, mejor conocido como “Fidelidad”, sin adjetivos, se daba mediáticamente como exitoso. Con los resultados de la elección del pasado cinco de julio en los que el PRI triunfara en 18 de los 21 Distritos Electorales federales, el priísmo veracruzano lanzó las campanas al vuelo. Propalando que el éxito obtenido en las urnas confirmaba  la fortaleza y aceptación ciudadana del gobernante, un mejor posicionamiento de este en la búsqueda de la presidencia de la República, y tener mano para imponer a su sucesor. Sentándose con ello las bases para que el proyecto fiel tuviera continuidad en la próxima administración pública veracruzana.


Al día de hoy la presunción del priísmo fiel no parece tener sustento. El optimismo que animara al proyecto transexenal de la “Fidelidad” se ve ensombrecido por aciagas circunstancias que operan en contrario. Las dos últimas declaraciones del Maestro Fidel Herrera Beltrán  sobre la situación que guardan las finanzas públicas de la entidad, no son nada alentadoras. Un sinnúmero de obras iniciadas o proyectadas no podrán concluirse en el presente sexenio por falta de disponibilidad financiera. Para paliar tal escasez de recursos el gobernador ha solicitado al Congreso local autorización para colocar en la Bolsa Mexicana de Valores emisiones bursátiles por 6 mil 800 millones de pesos, a un plazo de 15 años, respaldados por las participaciones federales que anualmente recibe Veracruz.


Lo que para el buen entendedor significa que las finanzas públicas actualmente son deficitarias. No hubo el tan cacareado blindaje ni lo proyectado en materia de obra pública respondió a un plan racionalmente jerarquizado y congruente con las más que anunciadas consecuencias del errático e inadecuado manejo de las finanzas públicas federales frente a la crisis global. Como tampoco se quiso aceptar por parte del gobierno de la fidelidad que si le va a mal al gobierno calderonista nos va mal a todos, en tanto la hacienda estatal depende de la federal.


Lo mismo podría decirse de la estrategia de combatir los efectos del modelo neoliberal arrojando más gasolina al fuego. Apostarle a la bolsa de valores es tanto como insistir en seguir uncidos a la crisis financiera y sus nocivos efectos. Bursatilizar, aquí y en China, es contraer deuda, debiendo pagar esta y los servicios financieros que genera. Corriéndose el riesgo de que los bonos bursátiles queden en manos poco escrupulosas, a más de que se pignora a futuro la hacienda pública veracruzana, en perjuicio de las administraciones venideras.


Sea que se acepte o no el nuevo y multimillonario endeudamiento por el Congreso local, una cosa queda clara: lo que empezara con sin igual optimismo y triunfalismo, terminará en el 2010 como estrategia fallida. El voluntarismo y pensamiento único como rector del rojo proyecto transexenal de la Fidelidad por Veracruz, se observa trunco, empantanado y carente de respaldo popular. Para nadie es aceptable que una administración pública entregue a la siguiente arcas vacías y obligaciones de pago de deuda, que mermarán la ya de si volátil disponibilidad de recursos para que el nuevo gobierno cumpla a cabalidad con el encargo constitucional.


Y por si fuera poco, bajo el supuesto de que el proyecto transexenal contempla que quien quede al frente del poder ejecutivo estatal a finales del 2010, dará continuidad al proyecto fidelista apechugando sin hacer osos el quedar financiera y socialmente atado de manos para responderle a los veracruzanos, políticamente las cosas no están a saliendo del todo acorde con lo previsto. Javier Duarte de Ochoa, presunto delfín, a la fecha no se le ven tamaños para aspirar a gobernar a Veracruz; no crece ante la opinión pública y la promoción de su imagen y discurso es ostensible y artificialmente mediática. Obligado por las circunstancias más que ofertarse de cara a la sociedad se enfrenta al interior del PRI estatal a adversarios de mayor peso, experiencia y presencia, en un clima de confrontación entre la vieja guardia del tricolor y el arribismo de un puñado de jóvenes que no ven más allá de la oportunidad de enriquecerse a la sombra de la Fidelidad.


La situación no está nada fácil para el Maestro Fidel Herrera Beltrán y su proyecto transexenal. En los próximos meses tendrá que enfrentar la disyuntiva: Concentrarse en poner a salvo financieramente a su administración para arribar al final con buenas cuentas, o concentrarse en hacer triunfar, al precio que sea, al sucesor designado.

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J. Enrique Olivera Arce

Entre tanta noticia desalentadora sobre la marcha de la economía de México frente a la crisis global, en Veracruz se recibió como un respiro de aire fresco la información que divulgara el INEGI sobre el desempeño de las actividades económica de la entidad en el período 2003-2007. Tanto oxígeno  que puede marearnos.


De acuerdo con el reporte de del Sistema de Cuentas Nacionales de México, en las que se presentan las cifras del Producto Interno Bruto (PIB) por entidad federativa, se destaca que el desempeño económico de Veracruz en el período citado  fue muy bueno. En promedio, la tasa de crecimiento real del PIB registrada es de 5.4 por ciento, es decir, mayor que el promedio nacional y 10 veces más que la estimada para el crecimiento anual de la población en la Entidad, lo cual se traduce en un consistente incremento en el PIB per capita.


En  2007 el valor total de la producción de la Entidad registró un crecimiento real, es decir, descontada la inflación de 4.2 por ciento, un punto porcentual por arriba del nacional. Un hecho interesante es que en 2007 el sector productivo que más contribuyó al PIB veracruzano fue el de las “Industrias manufactureras”, el cual aportó 15.5 por ciento del total de la producción en la Entidad. A éste le siguieron “Comercio”, y “Servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles e intangibles”, ambos con 14 por ciento, y en el cuarto lugar “Construcción”, con 9.1 por ciento, aportando en el período estas cuatro actividades un poco más de la mitad de la producción de bienes y servicios de la Entidad. (La Jornada Veracruz 13/08/09).


Con dicha información, en términos generales podría afirmarse que no estaba del todo disparatada la idea de que hasta finales del 2007 Veracruz marchaba por buen camino, bajo la conducción del Gobernador Herrera Beltrán y, sobre todo, por el esfuerzo concentrado de los actores económicos, empresarios y trabajadores urbanos y rurales, que con ideas emprendedoras, tesón e imaginación contribuyeran a la buena marcha de la economía veracruzana.


Hasta ahí, la información del INEGI es alentadora. No obstante, no debería ser motivo ni de una manifestación más de triunfalismo gubernamental ni mucho menos para echar las campanas al vuelo llamando a bajar la guardia. Si para finales del 2007 la situación se consideraba bonancible para la economía estatal, también se dieron las primeras señales de los barruntos de negros nubarrones que ya amenazaban con transformarse en los próximos meses en lo que ya se ha dado en denominar “tormenta perfecta”. La combinación del derrumbe financiero mundial, la recesión económica internacional y la implantación de políticas comerciales proteccionistas en los países más desarrollados del orbe a partir de los primeros meses del 2008, fueron configurando lo que se reconoce como “crisis sistémica global”, fenómeno que ha cimbrado al capitalismo en su fase neoliberal hasta los cimientos mismos del sistema.


De ahí que en el período 2008-2009 nos encontremos en un nuevo e inédito escenario nacional e internacional en el que la situación prevaleciente no puede calificarse aún como optimista para la buena marcha de la economía de México y, por lo que a nosotros toca, la veracruzana. Sobre todo si tomamos en consideración el crecimiento y desarrollo desigual entre regiones y lo focalizado de los bolsones exitosos de los cuatro rubros que para el período 2003-2007 soportaran el crecimiento del PIB estatal, que hoy por hoy se presume sean deficitarios a decir de los propios agentes económicos. A lo que habría que agregar la pérdida de mercados en el exterior para la industria maquiladora y producción agropecuaria, la reducción de remesas provenientes de los connacionales en el extranjero así como  el anunciado déficit de las finanzas públicas en los tres órdenes de gobierno. La crisis está repercutiendo en las tareas de impulso al crecimiento económico, empleo y capacidad real de compra de la población en el mercado interno, con el consiguiente desequilibrio entre oferta y demanda de bienes y servicios.

Entre paréntesis, vale la pena señalar que finanzas públicas y actividades productivas a cargo del sector privado son dos temas que deben diferenciarse. Paradójicamente en las actuales condiciones para que crezcan las primeras deben castigarse fiscalmente a las segundas, siendo por tanto diferenciado el impacto de la crisis.


No estando el horno para bollos, se debería ser cauto en la celebración de lo anunciado por el INEGI. No se ha tocado fondo frente a la crisis y lo peor está por venir. Por más que se insista en que desde el Congreso de la Unión la diputación veracruzana presionará para modificar las políticas económicas de la administración federal calderonista, lo obvio está a la vista: No hay dinero suficiente ni lo habrá en el 2010, para mantener el flujo de recursos necesarios para sostener el ritmo deseable de impulso al crecimiento y desarrollo de las entidades federativas. Si bien nos va, se sostendrán los programas asistencialistas federales destinados a paliativos que frenen el amenazante clima de estallidos sociales. Pero lo más grave es que tampoco  existe voluntad política para modificar el rumbo, avanzando hacia un nuevo modelo de país.


Así que lo que procede lo mismo para la administración pública que para los sectores social y privado, es apretarse el cinturón. Priorizar el destino de los recursos disponibles sometiéndoles a un severo y jerarquizado orden de atención a lo más urgente, dejando de lado el nocivo triunfalismo, la ostentación de lo superfluo y el deporte electorero que todo contamina.

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noserinde

Resistencia Morazán, Miércoles 12 de agosto de 2009

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