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Monthly Archives: septiembre 2009

Gilberto López y Rivas

La autonomía, esto es, regirse uno mismo por sus leyes, es definida como la capacidad de individuos, gobiernos, nacionalidades, pueblos y otras entidades y sujetos de asumir sus intereses y acciones mediante normativas y poderes propios, opuestos en consecuencia a toda dependencia o subordinación heterónoma.


En América Latina, a partir de la imposición de las políticas de trasnacionalización neoliberal y coincidiendo con un resurgimiento de las luchas de los pueblos indígenas por reafirmar sus seculares formas de autogobierno, las autonomías se tornan en procesos de resistencia a esta globalización capitalista, por medio de la defensa, fortalecimiento, recuperación y resignificación de sus identidades étnicas, culturas, instituciones, saberes, sentido de pertenencia, patrimonios, tierras y territorios, todo ello basado en la profundización, restablecimiento, recuperación o readaptación de formas de propiedad comunal, predominio de las decisiones de asamblea, cargos y tareas de gobierno como servicio; trabajo colectivo gratuito, solidaridad, ayuda mutua y comunalidad como base de la relación social; festividad también como cohesión sociocultural, concepción del territorio como relación sustentable con la naturaleza y reproducción material y cosmogónica de los pueblos.


Por ello se ha insistido en que la autonomía: a) constituye algo más que el autogobierno tradicional indígena, b) se expresa más allá de una descentralización de competencias, recursos y jurisdicción de los Estados, c) trasciende los marcos de los procesos nacionalitarios hegemonizados por las clases dominantes, d) no significa arreglos jurídico-administrativos que puedan ser establecidos por decreto o a través de reconocimientos formales de orden constitucional, e) se pone en práctica –en la mayoría de los casos– por la vía de los hechos, o más allá de la institucionalidad establecida, f) representa un fenómeno holístico en el que las dimensiones de economía, cultura, ideología y política tienden a integrarse y determinarse mutua y recíprocamente en lo que se denomina la integralidad del sujeto autonómico.


Las autonomías, en consecuencia, expresan un replanteamiento alternativo a las formas nacionales impuestas desde arriba por los grupos oligárquicos que se fundamentaron en el integracionismo –asimilacionismo, o en el diferencialismo– segregacionismo que constituyeron políticas igualmente provocadoras de etnocidios y negación de derechos ciudadanos y colectivos de pueblos y comunidades indígenas. Así, las autonomías son procesos de democratización, articulación nacional y convivencia política –desde abajo– entre agrupamientos heterogéneos en su composición étnico-lingüístico-cultural.


Estos procesos no son lineales ni armoniosos y, por lo tanto, se expresan en sus contradicciones, desequilibrios, avances y retrocesos de muy diversas formas, extensiones y profundidades, provocando cambios en la naturaleza misma de las etnias. Se trata de una reconstitución de pueblos e implica la construcción de un sujeto autonómico que modifica relaciones entre géneros, grupos de edad e instituciones colectivas, las cuales sufren asimismo los impactos de la migración, la explotación laboral, el narcotráfico, los racismos y el grave deterioro en las condiciones de vida de las clases trabajadoras de nuestros países.


Por su naturaleza antisistémica y por la presencia indígena en territorios codiciados por el capital y las características de su actual mundialización, estos procesos de autonomía se enfrentan indirecta o directamente al Estado, sus instituciones y fuerzas represivas, sus estrategias contrainsurgentes; a las estructuras políticas, ideológicas, militares y de inteligencia del imperialismo; a sus corporaciones económicas que buscan abrir los territorios, ocuparlos, apropiarse de sus recursos culturales, naturales y estratégicos; a denominaciones religiosas, partidos y mecanismos políticos encaminados a penetrar, mediatizar y destruir los autogobiernos y formas colectivas de decisión y organización. De ahí su precariedad y su constante batallar por sobrevivir y desarrollarse, por extender sus niveles de articulación intracomunitaria, municipal, regional y nacional, así como ampliar los ámbitos de resistencia, solidaridad y coordinación internacionales.


A partir de las experiencias autonómicas de los pueblos indios, recientemente Pablo González Casanova en un importante documento, presentado con motivo del aniversario 25 de La Jornada, ha reiterado la extensión del concepto de autonomía a otros sectores explotados y desposeídos de la sociedad como una forma de respuesta a la ocupación capitalista de nuestros países. De igual manera, el grupo Paz con Democracia en su Llamamiento a la nación destacó: Es necesaria e impostergable la organización de comunidades autónomas en todo el país; comunidades cuyos miembros se autoidentifiquen y se autogobiernen democráticamente para la producción-intercambio-defensa de su alimentación, sus artículos de primera necesidad, su educación y concientización, con niños, mujeres, ancianos y hombres para la defensa de la vida, del patrimonio público, de los pueblos y de la nación, para la preservación del medio ambiente y el fortalecimiento de los espacios laicos y de los espacios de diálogo, que unen en medio de diferencias ideológicas y de valores compartidos. (La Jornada, 16/11/07)


Los principios igualitarios, participativos, autogestionarios y colectivistas de las autonomías indígenas se transforman en uno de los pocos planteamientos estratégicos actuales para enfrentar con éxito al capitalismo, preservar la especie humana de su autodestrucción y democratizar nuestras sociedades.

A La Jornada, en sus primeros 25 años

La Jornada. 18/09/09

Para los escépticos, los cínicos y los pobres de espíritu.

J. Enrique Olivera Arce

9 mil jornadas de ajuste y lucha

Víctor M. Quintana S.

Las jornadas –término magnífico que expresa conjuntamente los trabajos y los días de Hesíodo– de un país que padece y se rebela ante el neoliberalismo es el destilado de 25 años de nuestra querida Jornada. Esfuerzo colectivo que nace casi simultáneamente y a contrapunto (sin el casi) de los programas de ajuste estructural de nuestra economía y de nuestra sociedad.


Por eso La Jornada en sus 25 años es una fuente invaluable para conocer el contenido y el impacto de las políticas neoliberales en nuestro país. Su sección Sociedad y Justicia ha sido cotidiano y crítico recuento de la destrucción, del desorden, de los desgarres que estas políticas han acarreado a nuestra sociedad. Como también han revelado, día a día, los episodios dolorosos de esa magna expropiación de la riqueza social, del patrimonio familiar que han constituido los programas oficiales ante la crisis, desde el PIRE de 1982, hasta los actuales despropósitos calderonianos y carstenianos, sin pasar por alto el Fobaproa.


Pero no sólo eso. Si bien la destrucción y el desmadre modernizador han sido draconianos, los grupos que componen esta muy diversa sociedad mexicana no se han cruzado de brazos. Han diversificado y multiplicado su resistencia. Resistencia que es contenido cotidiano de La Jornada, la cual ha hecho crónica de la sociedad que se organiza y se rebela. Ha dado voz a sus actores, ha reporteado sus causas, causas del pueblo. Desde la espléndida rebelión cívica-urbana-solidaria del 19 de septiembre de 1985, cuando La Jornada era apenas unañera, hasta el despertar con que los indígenas del EZLN sacudieron al país de su sueño primermundista el primero de enero de 1994, sin olvidar un campo que no aguanta más y las barricadas oaxaqueñas que Víctor Hugo lamentaría no haber relatado.


Las jornadas de los políticos han recibido aquí tratamiento diferente, porque son días, pero no siempre trabajos. Sin descuidar la importancia del sistema político, La Jornada no lo ha constituido en su centro ordenador; no es politicocéntrica. Tampoco entroniza figuras y dedica sus columnas al chismarajo de los de arriba. Si se quiere encontrar el último encuentro de políticos en restaurant de postín o el más reciente amorío, inútil buscarlo en astilleros o cafés políticos.


Como diría Boaventura de Sousa Santos, La Jornada es un esfuerzo de reportear, analizar y pensar desde el sur, desde los excluidos. Punto de vista asumido, reiterado, no rehuido, no sacrificado en aras de objetividades que no lo son. Punto de vista, pero no para autocontemplarse, sino para mirar al mundo, a los otros desde acá. Pocos lugares tan ricos en la consideración de la lucha del pueblo palestino, de los patriotas vascos, de las mil resistencias latinoamericanas, como las páginas del mundo jornalero.


La Jornada es, en buena parte, el dominio de la otra, de los otros. La otra visión del mundo que nos aportan Chomsky, Wallerstein, Walden Bello. El otro arte, el no comercial, el no dominante, el cuestionador y desafiante, aunque también los otros aspectos de las artes convencionales ni comerciales. Nada artístico le ha sido ajeno, ni Jagger ni Stone; tampoco los Tigres del Norte ni Manu Chao. Ha sido página abierta –Letra S–  para las otras preferencias sexuales.


No puede dejar de ser en buena parte periódico chilango. Lo son en buena parte quienes lo confeccionan. Pero se ha prodigado en Jornadas regionales: Morelos, Zacatecas, San Luís, Michoacán. Y nos ofrece espacio a quienes reconstruimos los trabajos y los días de la desencantada provincia mexicana.


Una cosa tengo que reprocharle, muy de tripas a La Jornada. Estoy seguro que en este país habemos más beisboleros que taurinos. Y, sin embargo, nosotros no contamos con una sabrosa crónica semanal como La Fiesta en Paz. El beisbol es sólo escueta numeralia de resultados scores cotidianos. No hay espacio para contar las hazañas basadas en millones de dólares de los tan odiados –y admirados por el que escribe– Yanquis de Nueva York en sus iliádicos duelos contra los siempre eficaces Medias Rojas de Boston ni las proezas de nuestros migrantes de bola o bat de fuego como Joaquín Soria o Jorge Cantú. Si se necesitaran argumentos de autoridad para reforzar las demandas beisboleras habría que preguntarles a AMLO o al Vasco Aguirre.


Nadie es perfecto. No se le puede pedir todo a quien además de todo lo que he escrito, contribuyó a salvarme la vida publicando uno de esos regalos semanales que nos hace Eduardo Galeano. Ya lo conté y lo publiqué. Gracias, Jornada

18/09/09


Durante una gira por Chiapas en la que promovió el impuesto del 2 por ciento, el presidente Felipe Calderón afirmó que para lograr las transformaciones que el país requiere es tiempo de actuar ahora y subrayó que México necesita que todos unamos fuerzas para avanzar. “Necesitamos trabajar con responsabilidad y altura de miras para poner por encima de cualquier interés particular o de grupo, por legítimo que sea, el interés superior de la nación”, enfatizó.

Señaló que, por ello, presentó al Congreso de la Unión un paquete económico que considera la gravedad de la circunstancia económica que enfrentamos y a partir de esa base, plantea los cambios y las transformaciones que el país necesita. “No es que se trate de optar por lo mejor, cambiar y cambiar a fondo, no es sólo la mejor opción, también es ya la única opción, porque el tiempo y algunos recursos se nos agotan”, enfatizó el mandatario.

No cabe duda. Cartucheras al cañón, quepan o no quepan. El pueblo vale madre

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Primera corrección a mi afirmación sobre la naturaleza humana. Un buen amigo me mostró un párrafo de José Martí, en el que trata el tema de manera contundente y muy apropiada para la etapa que nos está tocando vivir:

Los pueblos no están hechos de los hombres como debieran ser, sino de los hombres como son. Y las revoluciones no triunfan, y los pueblos no se mejoran si aguardan a que la naturaleza humana cambie; sino que han de obrar conforme a la naturaleza humana y de batallar con los hombres como son,-o contra ellos.” José Martí.

La Guerra
,
Patria, Nueva York, 9 de julio de 1892.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En tiempos de crisis leer enriquece

En tiempos de crisis leer enriquece

Resulta cada día más difícil escribir sobre aquello que se contrapone a los circunstanciales intereses económicos o políticos de los propietarios de los medios de comunicación. El ámbito del periodismo crítico en la provincia  se reduce de tal manera,  que  el universo objeto de investigación, opinión, comentario o análisis, para el escribidor, amateur o profesional,  el carecer de tema para echar a volar la pluma a sus anchas y con plena libertad es cosa cotidiana.


El ejercicio de la autocensura personal para el escribidor, se convierte en el pan de cada día. No hay tema válido, social o político que abordar.  Debiéndose recurrir entonces al periodismo menor, aquel en el que lo más sano y políticamente correcto es decir lo que la audiencia en los círculos cercanos al poder, quiere leer o escuchar, o lo que al gobernador en turno le interese difundir.


Las reglas del juego son claras, y a ellas hay que atenerse si se quiere figurar en blanco y negro en los medios impresos, o a todo color en los electrónicos. Tratar de romperlas es bordar en el vacío. O el escribidor se condena a sí mismo al ostracismo, o recurre a su inventiva para laborar sobre pedido como texto servidor, con la esperanza de que el editor algún día extreme su generosidad y le salpique un poco de sus pingües ganancias. Existiendo siempre la posibilidad de negociar por su cuenta y riesgo y en su propio beneficio, lo que por principio mercantil corresponde cobrar al o los empresarios propietarios del medio que le emplea. Pero eso, más allá del tradicional e institucionalizado “chayo”, es mal visto y , además, condenado por las  empresas editoras en tanto constituye una falta a la “ética”  que norma al artesanal ejercicio periodístico.


Pero volviendo al restringido universo de la temática, son tan abrumadoras y en tal cantidad las noticias que hablan sobre el desastre económico y moral a que nos han conducido  los pésimos gobiernos federales a lo largo de más de cinco lustros, que el tema ya es del dominio público.  Habiendo sido ya abordado por las vacas sagradas de la prensa nacional, resulta para el escribidor local algo más que innecesario, salvo que el tan negativo escenario que se vive en el país, sea tomado como contexto referencial para destacar la corresponsabilidad que en ello llevan gobernadores y presidentes municipales en nuestro ámbito más cercano. Y ahí es donde la puerca tuerce el rabo. Tal tema cae en el tan sobado ámbito de la obligada autocensura personal o en el intercambio de favores entre las empresas editoras y quienes ejercen el poder formal de la entidad federativa de que se trate. En nuestro caso particular, Veracruz.


Pensaba escribir este día sobre el joven cordobés cuyo sueño guajiro de llegar a ser gobernador de Veracruz le fuera impuesto, muy a su pesar, ya que en lo personal conoce a la perfección cuales son sus limitaciones y el reto de tener que contender con quienes han aprendido a lo largo de muchos años el ABC de la política, que, por cierto, algunos dominan a la perfección. El tema es tabú. El escribir con talante crítico sobre Javier Duarte de Ochoa, o la división que su anticipada y costosa promoción está dando lugar al interior de su partido, ni es políticamente correcto ni reditúa ganancia alguna para los medios en los que generosamente se me brinda espacio y oportunidad.


Con este antecedente, opto por escribir dirigiéndome a un público que por principio debería ser electoralmente neutro y ajeno a los valores entendidos, el de los filósofos, intelectuales libres, y aquellos ciudadanos que de buena fe, con camiseta de algún color, o sin ella, conservan el privilegio de pensar. Proponiéndoles substraerse tanto de la realidad real como de la virtual que construyen los medios de comunicación y que  tanto daña al espíritu; dedicándole tiempo, inteligencia, conocimiento y talento a un tema al que, hasta donde yo sepa, hasta ahora no ha sido tocado: La naturaleza humana. Esto en el contexto de la evolución de las especies que sustenta la hasta ahora no superada teoría de Charles Darwin (El origen de  las especies, 1859; El origen del hombre, 1871). Que, entre otras cosas relevantes, afirma que “la evolución es el proceso por el que una especie cambia con el correr del tiempo en las generaciones. Dado que se lleva a cabo de manera muy lenta han de sucederse muchas generaciones antes de que empiece a hacerse evidente alguna variación”.


Si la audiencia a que me he referido, parte  de tal sustento teórico y está de acuerdo con éste, podría preguntarse, especular sobre ello y olvidarse de la hambruna que amenaza al planeta: ¿En que etapa del proceso evolutivo se encuentra la especie humana, tras el salto dialéctico de la transformación del último de los Homo habilis, primer espécimen del género Homo, en los seres humanos modernos que hoy sobre poblamos el planeta que nos acoge? ¿Formamos parte de una generación cuyo proceso evolutivo de la especie ha concluido y se prepara para el salto hacia un nuevo tipo de hombre? ¿Nos encontramos a medias del proceso y de ahí nuestra imperfección como seres pensantes?


Buen tema, si estamos conscientes del primitivismo que parece dominar en el  irracional comportamiento de la naturaleza humana en los tiempos que corren y que, en suerte, nos están tocando vivir.


Ahí se los dejo de tarea.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Que tiempos aquellos

Que tiempos aquellos

Tan flaca nuestra memoria histórica que hasta hechos políticos recientes que repercutieran negativamente en la sociedad, los echamos al saco del olvido. El día de ayer el gobernador de Veracruz acusó de pendenciero al dirigente nacional del PAN, Cesar Nava, por lo que quedó asentado en un informe signado por toda la cúpula del partido blanquiazul, con el carácter de oficial.

“Las declaraciones de tipo pendenciero del dirigente nacional del PAN, César Nava, en nada contribuyen a generar los acuerdos para sacar adelante el Paquete Económico del presidente Felipe Calderón”, expresó Fidel Herrera Beltrán. Dando, por hecho, que una actitud menos beligerante, con mayor grado de civilidad y de respeto entre adversarios políticos, del dirigente nacional panista, permitirían generar acuerdos en torno al proyecto político calderonista secundado por una política fiscal recesiva expresada en la iniciativa de Ley de Ingresos para el 2010. Proyecto político e iniciativa de ley, que ya ha sido rechazada por la mayoría de los mexicanos.

Por principio de cuentas, pendenciero o no el tal Cesar Nava, el pueblo de México no espera del PRI y su aberrante alianza con el partido verde, ningún acuerdo con Calderón Hinojosa y su partido, tendiente a sacar adelante un  paquete económico contrario a los intereses de la Nación. Luego resulta ocioso que el gobernador Herrera Beltrán confronte mediáticamente, una vez más, al titular del poder ejecutivo federal, del que es vocero oficioso el presidente nacional del PAN.

Lo paradójico, es que en Veracruz, tenemos a otro no menos pendenciero, el presidente del CDE  del PRI, que como vocero, también oficioso, del titular del poder ejecutivo estatal, mantiene abierta una guerra sucia en contra del panismo o de los partidos localmente opositores al régimen de la fidelidad.

Pero volviendo al tema de la memoria histórica, se nos olvida que cuantas veces se le dio la gana a Vicente Fox venir a Veracruz, siempre lo hizo bajo el cobijo y apapacho del Maestro Fidel Herrera Beltrán. Aprovechando ambos mandatarios cada ocasión para anunciar los acuerdos y voluntad política conjunta para otorgar a los veracruzanos las perlas de la virgen. Fox nunca cumplió y Fidel se quedo colgando de la brocha. Sin embargo, tan amistosa mancuerna alentó a muchos incautos a votar a favor de Felipe el breve en la contienda por la presidencia de la república, bajo el supuesto de que éste daría continuidad a los fantasmagóricos proyectos de primer mundo que quedaron en eso, simples fantasmas de lo que pudo haber sido y no fue.

Los tiempos y las circunstancias cambian. Hoy, frente a la posibilidad aún remota de que el PRI desbanque al PAN, recuperando la silla presidencial. O más concretamente, en tanto en  Veracruz otro fantasma, el de Miguel Ángel Yunes Linares,  siga rondando pensamiento y acción de Fidel Herrera,  a falta de ideas que echen por tierra lo expresado en el informe autocrítico de la cúpula panista, en el que simplemente se dice textualmente: “… que Acción Nacional perdió su mística y se alejó de sus orígenes, al grado que muchos mexicanos lo ven ahora como otro PRI”. En otro pasaje de dicho informe, se califica  a los gobernadores como “señores feudales”, nada nuevo bajo el sol, así se les identifica ya en la jerga política nacional. Se recurre al epíteto de pendenciero para el amanuense, pero bien se guarda la esperanza de llegar a acuerdos positivos con quien firma el nefasto proyecto político e iniciativa de Ley de Ingresos, el Sr. Calderón Hinojosa.

¡Vaya incongruencia! Menos mal que en Veracruz ya estamos acostumbrados a lo que se dice un día y al otro también, aunque lo dicho hoy se contradiga mañana.

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Bernardo Bátiz V.

Hacia el PRI vuelven los ojos los asustados clasemedieros mexicanos, olvidan los gobiernos voraces, la falta de democracia, el centralismo y la corrupción sindical, los negocios desde el poder y la persecución a los opositores, y sin pensar, sin repasar la historia y aprender sus lecciones, se aferran a lo que les parece el último clavo ardiendo para salvarse.

En estos tiempos turbulentos y angustiosos la nación mexicana parece que se hunde en un mar agitado en el que no puede encontrar puerto; todo pareciera que está mal, y muy mal algunos aspectos de la vida social y económica. No podemos llegar a la democracia, seguimos empantanados en las viejas prácticas de triquiñuelas, fraudes y gastos excesivos que aturden y apabullan a los votantes. En materia económica la situación es peor, porque toca lo más sensible de los ciudadanos, que es el bienestar de sus familias; el hambre llama a las puertas y quienes están al frente de esta sociedad parece que no pueden por su cuenta imaginar salidas y soluciones y no hacen otra cosa que voltear sus ojos angustiados hacia el exterior; todo nos tiene que venir de fuera: dinero, tecnología, organización, y hasta el lenguaje; esto evidencia su complejo de inferioridad.


En lo social tampoco estamos muy bien; los valores que han sostenido a la sociedad mexicana y que son la reserva moral con la que contamos se cuartean y amenazan con la ruina; la educación es deficiente, el campo está abandonado, la industria es improductiva y la corrupción campea a lo largo y ancho de nuestro territorio.

En un país democrático se buscarían las soluciones mediante la participación ciudadana en los procesos electorales, escogiendo candidatos, programas y líneas políticas para favorecerlos con el sufragio; aquí, parece que esta solución no tiene espacios adecuados para este momento. Ante el cierre de caminos y salidas, una parte importante de la gente, entre ellos las clases medias altas, vuelven los ojos al pasado y añoran los tiempos antes repudiados del régimen priísta.


El síndrome Santa Anna se nos aparece como una sombra que nos señala el camino. No aprendimos las lecciones de la historia.


Antonio López de Santa Anna fue 11 veces presidente de México, entre 1833 y 1855: cometía barbaridades, perdía las batallas, huía frente al enemigo, imponía altísimos impuestos, hasta por el número de ventanas de las casas y por los perros que tuvieran los ciudadanos, y así y todo, una y otra vez ante la primera crisis que se le presentara al país, los notables, la clase política de entonces, de todas las tendencias y convicciones, clérigos y militares, yorquinos y escoceses, corrían a llamarlo, ahí donde estuviera: en Manga de Clavo o en Venezuela, en el Caribe o en El Lencero.


Volvía a cometer errores y al poco tiempo los que tomaban las decisiones se olvidaban de lo hecho por el general veracruzano y corrían a rogarle que salvara al país.


Pareciera que empezamos un camino parecido al que se vivió en aquella primera mitad del siglo XIX; ellos, nuestros bisabuelos, llamaban asustados a Santa Anna cada vez que había crisis política, económica o social; nosotros, olvidando aquellas lecciones, volvemos los ojos al PRI, que ya demostró con décadas de mal gobierno, que no es lo mejor para este país.


En el año 2000 el cambio de estafeta política que tuvo dos expresiones, una a nivel nacional y otra local en la ciudad de México, parecía el inicio de una nueva era; lamentablemente, el gobierno federal cayó en manos ineptas e irresponsables que no pudieron dar el paso siguiente para consolidar la democracia y entrar por el camino de la justicia social. En la ciudad de México las cosas fueron distintas y se demostró que es posible gobernar con honradez y eficacia simultáneamente; sin embargo, como fuera, se impidió que esa línea de cambio se consolidara y ante las dificultades y las de malas, hoy muchos sólo piensan en correr a buscar al Revolucionario Institucional, como antes corría a buscar al general de los entorchados y del apodo significativo, El Quince Uñas.


El PRI sigue siendo el mismo; su discurso no ha variado, su ambigüedad ideológica es la de siempre: hace gala del mismo sistema de control, del hermetismo de sus dirigentes y del control rígido de sus militantes que siempre esperan la oportunidad de ser ellos los que desde arriba dominen las cosas. Sus lemas siguen siendo los mismos: no me den, pónganme donde hay, vivir fuera del presupuesto es vivir en el error y un político pobre es un pobre político.


Hacia ese partido vuelven los ojos los asustados clasemedieros mexicanos, olvidan los gobiernos voraces, la falta de democracia, el centralismo y la corrupción sindical, los negocios desde el poder y la persecución a los opositores, y sin pensar, sin repasar la historia y aprender sus lecciones, se aferran a lo que les parece el último clavo ardiendo para salvarse.


Afortunadamente, hay un movimiento que ha mantenido la esperanza en un cambio desde abajo, que señala las fallas y las debilidades de los actuales gobiernos panistas tan iguales a los viejos gobiernos priístas, y a su alrededor podemos tratar de romper este destino que parece llevarnos a la repetición del esquema de Santa Anna, ahora no con un personaje, sino con un grupo político; es el momento de recordar las lecciones y de buscar otras formas de salir adelante. Si me tropiezo con una piedra, mal haya la piedra; si me vuelvo a tropezar con la misma piedra, mal haya sea yo.

jusbbv@hotmail.com

La Jornada. 14/09/09

Marcelo Ramírez Ramírez

Agradezco a Enrique Olivera Arce que se haya ocupado, en su espacio de la revista Análisis Político de un artículo de mi autoría, donde se exponen algunas reflexiones sobre la crisis por la que atraviesan los partidos políticos en nuestro país. La crítica de Enrique Olivera, seria y animada por el afán de exponer su verdad, me merece respeto y me estimula a precisar conceptos que analizó fuera de su contexto, cometiendo la falacia de incompletud; lo hizo, no me cabe la menor duda, sin asomo de mala fe, razón por la cual hago las siguientes observaciones en beneficio de la clarificación de tesis e ideas.


En efecto, mi texto no se presenta como un análisis exhaustivo, ni mucho menos, de las causas que han determinado la crisis de los partidos políticos en México. Desde luego, dicha crisis es “un pálido reflejo de una profunda crisis económica y política nacional”. Se necesitaría un estudio acucioso para mostrar la compleja trabazón existente entre los partidos y la evolución de nuestra sociedad. Es claro, pues, que incurriría en una simplificación imperdonable si enfocara a los partidos políticos como entidades autosuficientes y cerradas.

Enrique Olivera me califica de “idealista irredento”. Es una cualidad que sin duda compartimos, pues toda crítica al mundo tal como es, tiene su referente en un deber ser ideal que se quisiera ver realizado. Quien sostiene que el mundo puede ser mejor cae en esta categoría, tomando distancia de los conformistas y los cínicos que prefieren sacar provecho de las circunstancias. En lo relativo a “priista de cepa”, lo prefiero a “oportunista de cepa”; el PRI me dio la oportunidad de participar en la vida política de mi estado y prefiero hacer la crítica desde dentro, con la solvencia que da ser congruentes. No puedo negar mi íntimo desprecio por los tránsfugas que, sin el menor escrúpulo, cambian de partido porque así conviene a sus intereses personales.

Ahora consideremos el asunto de los orígenes. En mi artículo afirmo explícitamente que ningún retorno es posible, porque el pasado lo es justamente porque ya quedó ahí, en un tiempo irrecuperable. No puedo, por tanto, querer “volver a un México que ya no existe”. ¡Obviamente no! En cambio hay una forma de retorno cuando se replantean, en un nuevo contexto histórico las aspiraciones, propósitos y objetivos que dieron forma a una determinada institución; en este caso, a los partidos políticos. Coincido con Enrique Olivera en que los partidos, todos sin excepción, dejaron de cumplir su responsabilidad política al perder su identidad ideológica, en que necesariamente se encuadran diversos proyectos de nación; implícito en mi escrito, lo manifiesto ahora con toda claridad. Por otra parte, no presento mis ideas como una propuesta, sino como una invitación a un ejercicio de reflexión, al cual Enrique Olivera ya ha aportado interesantes puntos de vista.

En lo concerniente a mi crítica al gobierno del presidente Felipe Calderón lamento haber sido mal interpretado. Yo no atribuyo a la actual administración federal la responsabilidad de haber supeditado al país a las políticas neoliberales. Estas se impusieron en México a través de y con la complacencia de la tecnocracia formada en universidades extranjeras, aproximadamente desde los inicios de la década de los 80`s del siglo pasado; no obstante, a partir del año 2000 la responsabilidad de la conducción política del Estado mexicano ha sido de los panista o, más específicamente, de los neopanistas y éstos han ampliado y profundizado la dependencia, porque su óptica empresarial (iba a decir conservadora pero el termino tiene otras connotaciones más ricas políticamente hablando), los identifica con las recetas neoliberales, que han llevado a los Estados nacionales a renunciar a su papel de promotores de un orden con justicia.

Por último, hay un punto en el que advierto una discrepancia de fondo con Enrique Olivera y eso me permite fijar mi posición sustentándola en argumentos que estimo válidos, si bien en estas cuestiones es el hombre entero el que se compromete y no únicamente la razón abstracta. Concluye Enrique Olivera sus comentarios desacreditando los valores de la ética política, la solidaridad y la moral partidista, a la cual, por cierto, no me referí, sino a la ética política y en un sentido muy preciso que nada tiene que ver con la intención subjetiva de los individuos. A todo ello considera Olivera Arce simples “figuras retóricas en el manido discurso de una presunta renovación de la vida política nacional. Mientras la crisis sistémica global y sus nefastas consecuencias, sigue impertérrita orillando al país al desastre”.

Analicemos estos juicios que niegan por completo la posibilidad de un proceso democrático que sirva de contrapeso a los males de la globalización económica. Quienes en Europa han avanzado desde la posición de una izquierda dogmática a enfoques más abiertos y constructivos, apuestan precisamente a la solidaridad con los que menos tienen y a la ética política traducida en principios constitucionales para garantizar el derecho a una vida digna. La lucha por el Estado Social de Derecho ha sido y será todavía larga, más de lo que desearíamos, pero no parece haber otro camino para quienes estamos convencidos de que la autonomía y la dignidad humana, la mejor herencia del mundo moderno, deben preservarse a toda costa. Creo en estos valores, así como en la vía de la educación para transformar la conciencia de los seres humanos. No comparto la utopía de una sociedad tal donde éstos logran despojarse por completo de los impulsos atávicos de nuestra naturaleza, pero en el esfuerzo por conseguirlo, reconozco la dimensión ética de la existencia. La toma de conciencia de los pueblos puede movilizar, de hecho ya lo está haciendo, su resistencia organizada para buscar alternativas al pensamiento unilineal que trata de imponerse. Estos signos me llevan a rechazar la imagen de una impertérrita crisis sistémica global.

Revista Análisis Político

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Por razones obviamente electorales y proyectándose al 2010 se observa que,  siguiendo un plan de “austeridad” acorde a los tiempos de crisis,  los diversos partidos políticos no han retirado las toneladas de basura propagandística con la que prácticamente tapizaran a toda nuestra ciudad capital, previamente a la elección federal del pasado cinco de julio.


De entre toda esta basura electoral  destacan algunos espectaculares de “Fidelidad por México”, en los que se utilizan imágenes de diversas obras públicas a cargo del gobierno del estado, llamando poderosamente la atención aquel en el que aparece en primer plano la leyenda: “El señor de los puentes”, en alusión a las obras que mayormente se presumen como la magna realización del gobierno fidelista. Mensaje subliminal con el que se evita destacar la imagen del gobernador en ilegales tareas de proselitismo a favor de los candidatos de su partido.


“Señor de los puentes”, suena bien. Dados los tiempos que se viven en Veracruz, no sólo obliga a pensar en obra pública o en la polémica entre el gobierno estatal y la delegación de la SCT, sobre la paternidad de la misma. En tanto constituye un anticipo para lo que electoralmente se vivirá en el próximo año, podría pensarse también en la sucesión del Maestro Fidel Herrera Beltrán y, lo más relevante, en lo que será la vida política del ahora gobernador de Veracruz una vez que haga entrega de la estafeta.


Se especula mucho al respecto tanto en los círculos cercanos al titular del Poder Ejecutivo como en las tertulias de café. Todo mundo pretende tener su propia bola de cristal y todo mundo se constituye en calificado rumorólogo.  Afirmando unos que es quien mayor mérito tiene para ocupar la candidatura del PRI a la presidencia de la República, en tanto que otros, más optimistas, de plano afirman que Fidel será el próximo titular del Poder Ejecutivo federal. Nunca faltan los que encuentran pelos en la sopa que, con diversos y sesudos argumentos, afirman que ya está negociado con la triada que conduce al PRI,  el que Herrera Beltrán ocupará la Secretaría de Gobernación en el mandato de Enrique Peña Nieto.


Y claro, los que de plano en su pesimismo sólo alcanzan a ver oscuros nubarrones, sin mayor argumentación afirman que si dios no lo quiera enfermara Beatriz Paredes Rangel, a lo sumo Fidel ocuparía la silla vacante en la presidencia nacional del partido ó, en su defecto, sería el coordinador de la campaña del mexiquense, aprovechándose su indudable capacidad para ganar elecciones.


Sin embargo, como es lógico suponer, nadie se atreve a dudar de que sea cual sea la situación que se viva al término del mandato del actual gobernador de Veracruz, éste esté llamado a seguir siendo figura protagónica en la vida política nacional. Nadie lo quiere ni lo contempla, el que el Maestro pudiera estar destinado a calentar la banca a lo largo de seis años, ó  a dedicarse a promocionar negocios con firmas internacionales para impulsar el desarrollo de Veracruz, como parece ser su fuerte.


Lo que no se dice, ni siquiera a manera de insinuación, es que el mandato del Maestro Fidel Herrera Beltrán, termina a finales del 2010. Un año antes del de Enrique Peña Nieto y su “gaviota”, y alrededor de 10 meses antes,  de que de inicio el rejuego de la selección de aquel  candidato que abanderará al PRI en el propósito de recuperar su lugar en “Los Pinos”.

Meses y días que para Herrera Beltrán constituirán el período de espera más largo de su historia. Fuera de la intensa luz de los reflectores, sin el cobijo de la prensa a la que tanto ha beneficiado, víctima de las maledicencias de los hoy lambiscones y mañana sus más acres detractores, sin más armas que su natural inteligencia,  indudable sagacidad y don de la ubicuidad, tendrá que transitar solo entre el punto de salida y el de llegada a su siguiente paso en su exitosa carrera política.


Cuando llegue ese momento, entonces no faltará quien refiriéndose a su persona, le cuelgue la etiqueta de: “El solitario del puente”.

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Los mexicanos más jodidos se salvarán a sí mismos pagando impuestos por lo que consuman.

El proyecto de Ley de Ingresos de Calderón Hinojosa para 2010, que deberá ser aprobado por el Congreso de la Unión, contempla un impuesto generalizado del 2% de IVA a medicinas y alimentos, con el que se golpearía a los sectores más pobres de la población. En la iniciativa de ley se plantea que el fisco tendrá una recaudación por el “impuesto para pobres” por 71 mil 755 millones de pesos en 2010, de los cuales 21 mil millones de pesos serían participables a las entidades federativas.

Para Calderón Hinojosa la medida es una forma de generar fondos para combatir la pobreza. El en extremo inteligente Ernesto Cordero Arroyo, secretario de desarrollo social, comenta que: “Las familias pobres de México recibirán mucho más con el paquete de política social de lo que van a erogar con el pago del impuesto generalizado de 2 por ciento propuesto por el gobierno federal.

Que bonito país el nuestro. Los mexicanos más jodidos se salvarán a sí mismos. No tienen empleo pero pagarán al fisco un impuesto sobre lo que consuman para así salir de pobres.

Los que deben estar felices y contentos son los gobernadores, que de aprobarse la Ley de Ingresos, se repartirán 21 mil millones para sus programas asistencialistas de promoción del “voto de los pobres”.

Así se enfrenta a la crisis sistémica global en México.

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