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México SA

Carlos Fernández-Vega

Logran Calderón, panistas y priístas consenso en su contra

El consenso es un artículo de lujo que difícilmente se encuentra en este heroico país, pero las más recientes decisiones del inquilino de Los Pinos, su servicial bancada en San Lázaro y sus queridos amigos tricolores han promovido lo que muy pocas veces se alcanza a registrar en este México lindo y querido: un punto de acuerdo entre diferentes grupos económicos, sociales y políticos para rechazar, tajantemente, el esperpento recaudatorio aprobado el pasado miércoles por los susodichos. Es tal la coincidencia, que hasta los propios legisladores priístas (pero en el Senado) rechazan el engendro y amenazan con practicarle urgente cirugía reconstructiva, si bien no por razones humanitarias, sí por el elevadísimo costo político que pagará el otrora partidazo por apoyar el saqueo fiscal a los de siempre.


Empresarios de todo color y tamaño, sindicatos, partidos políticos, académicos y, en lo inaudito, banqueros han condenado el paquetazo 2010 de Felipe Calderón (el cual, a final de cuentas, quedó igual, pero sin 2 por ciento de IVA disfrazado) aprobado por los corderos panistas y los tigres (de papel) priístas, y lo han hecho no sólo por el salvaje atraco que, en plena crisis, para la población representa el alud de impuestos que a partir del primer día del ya cercano año nuevo deberán pagar para que los señores de la clase política mantengan su tren de vida, sino por tratarse de otro parche fiscal, meramente recaudatorio, y de una política económica (por llamarle de alguna manera) abiertamente recesiva y dañina para los intereses nacionales.


Muy contentos deben estar en Los Pinos, porque si la primera mitad del gobierno calderonista resultó un verdadero fracaso, con el paquetazo 2010 arrancan la segunda mitad con aires renovados, el acelerador a fondo y toda la intención de empeorar su propio récord. Pero no todo es pérdida: después del triunfo prianista del pasado miércoles, por fin Humberto Roque Villanueva quedó liberado de su trauma histórico (provocado por las consecuencias políticas y sociales de su muy famosa roqueseñal); ahora, el político priísta podrá mofarse de otros que lo superaron (la oportunísima gráfica de Paco Olvera ayer en La Jornada da puntual cuenta de quiénes son los tres cochinitos) en eso de pasar a cuchillo a los mexicanos de siempre.


Lo más llamativo de todo esto es que, con sus decisiones el prianismo se cubre de estiércol, pero exige salir limpio y perfumado de la cloaca. Así, el adulador número uno y porrista oficial del inquilino de Los Pinos, César Nava, cínicamente se sacude el excremento y culpa a los tricolores del engendro recaudatorio; éstos, a su vez, achacan la deposición a los blanquiazules, mientras Felipe Calderón, hundido hasta el cuello, finge demencia, creyendo que alguien le cree. Lo cierto es que en eso de las mañas no hay quién le gane al otrora partidazo, y por medio de su nueva generación de legisladores en San Lázaro ya exhibió comprometedor documento oficial del doctor catarrito asumiendo la propuesta de incrementar la tasa del impuesto al valor agregado (el plan B que juraron no tener). El problema es que cada uno de ellos piensa que queda como recién salido de la lavadora cuando le echa la culpa al otro, cuando en realidad llevan muchos años revolcándose en el mismo lodo. Pero al doctor catarrito nada le importa: no me alcanza la lana, fue la primera reacción de Agustín Carstens.


Pues bien, los senadores tricolores son quienes pretenden salirse del chiquero y sacudirse el regalito enviado por sus correligionarios en San Lázaro. Informa La Jornada (Andrea Becerril y Víctor Ballinas) que la fracción del PRI en el Senado anunció que regresará la Ley de Ingresos a la Cámara de Diputados, ya que la modificarán a fondo para eliminar el (aumento al) IVA y otras cargas impositivas que lesionan a la mayoría. Las críticas que ha generado ese paquete en diversos sectores y las declaraciones del dirigente del PAN, César Nava, quién calificó la miscelánea aprobada en San Lázaro como insuficiente, son los factores que decidieron a los senadores enmendar la plana a sus compañeros de partido. En conferencia, Jesús Murillo Karam dijo que coinciden con lo expresado por el panista Nava y por ello van a cambiar las minutas. Eliminarán el aumento al IVA, al ISR y propondrán incrementar cuatro dólares el precio del barril de petróleo y subir a un punto el déficit fiscal. Retomaremos nuestra propuesta, porque no sólo se trata de salvar la caja del gobierno, sino de generar crecimiento y generar empleo. Si dicen que es nuestra propuesta la que se aprobó, pues que sea la nuestra de verdad.


Javier Lozano

Javier Lozano

Mientras eso sucede, si es que en realidad sucede, ayer, más diminuto que de costumbre, apareció en San Lázaro el porro oficial del gobierno calderonista: Javier Lozano Alarcón, a quien le fue como en feria de pueblo, no de gratis, porque a lo largo de casi tres años como (dice) carismático secretario del Trabajo ha hecho hasta lo impensable para granjearse las simpatías de propios y extraños. Al grito de que el chaparro ponga su changarro, el operador del presidente del empleo se vio en la penosa necesidad de rozarse con la chusma, él que a todas luces es sueco.


Fue tan exitosa su presencia ante el pleno de la Cámara de Diputados, con todo y séquito de edecanes panistas, que su comparecencia causó furor: la contabilidad se detuvo al llegar al millón de mentadas; sólo dijo sandeces durante los pocos minutos que parloteó; los borreguitos blanquiazules tuvieron que intervenir mil veces en su defensa y, sudoroso y al borde de un ataque de nervios, el simpático cuan resultón integrante del gabinetazo calderonista salió huyendo ante la presencia de un contingente de electricistas, al que no pudo evacuar por decreto ni con la Policía Federal Preventiva. El que rápidamente lo ayudó a resolver el entuerto fue el presidente en turno de San Lázaro, Francisco Javier Salazar Sáenz, una joya más de los blanquiazules y otrora secretario del Trabajo con la eminencia Vicente Fox, quien también corrió y corrió en Pasta de Conchos, ante las exigencias de los deudos. ¡Y todavía creen que el excremento no los toca!

La Jornada 23/10/09

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