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Daily Archives: noviembre 2nd, 2009

Desde el tapanco

R. Pérez y Pérez

Caray, cuanta razón tienen algunos filósofos. No los de antes que pensaban para sí mismos como si la virgen les hablara, sino los de ahora que conjugan teoría y praxis como quien conjuga el pluscuamperfecto del verbo haber con la observación de la luna en cuarto menguante. Los que practicando la virtud de no perder el tiempo viendo y escuchando las sandeces de algunos muy bien pagados lectores de noticias o leyendo a aquellos comunicadores que se alimentan de lo que escuchan en la caja idiota,  viven de observar el comportamiento de su vecino y del vecino del vecino, que bien pudiera ser un diputado federal. Uno de estos filósofos modernos, en un texto muy interesante afirma que: “La estupidez es la ideología más discreta (invisible y económica) de todas las que el ser humano ha (hemos) practicado”. A lo que agrega que es una verdadera lástima que aún no se estudie académicamente la estupidez como ideología, en la Sorbona, Oxford o Cambridge.

Y es que, como afirmara el doctor en Filosofía y Letras Pancracio Celdrán Gomariz en cierta ocasión, de la cual no guardo memoria, decirle imbécil a un imbécil es una verdadera ofensa, propia de un palurdo analfabeto, más si tenemos la atingencia de decirle al interfecto: “no sea usted imbécil, mejórese”, la cosa cambia. Tal connotación adquiere entonces categoría filosófica que bien podría encuadrar en la ideología de la estupidez que rige al mundo de hoy; disfrazar un hecho palpable, como el del ejemplo, con una puntillosa retórica, al imbécil no le quita seguir siendo un redomado imbécil, así aplique el mejor de sus esfuerzos para mejorar, y si nos hace igualmente estúpidos.

Para quienes no somos afectos a temas tan complejos como los filosóficos, ni tuvimos ni tendremos la dicha de leer a Platón o especular sobre si Carlos Marx se inspiró en Maquiavelo o en unos viejitos, a los que se les conoce entre la gente culta como los filósofos clásicos alemanes, esto de la ideología de la estupidez como que nos suena más familiar, mas cercano a nuestra comprensión y entendimiento. Sin mayor profundización basta ver a nuestros diputados federales, a los partidos que les asisten y a los gobernadores que les pagan sus ligerezas, para comprender, sin mayor trámite, que ideológicamente están más cerca de la llana estupidez de un Fox o un Bush, que de Sócrates, Heráclito, Hegel o el padre putativo de la teoría del fin de la historia, a los que por lo brumoso de sus aportaciones francamente nadie entiende.

Parece mentira, pero encontrándonos en los albores del Siglo XXI, apenas nos enteramos de que en México estamos igual que en los tiempos de Antonio López de Santa Ana o de Mamá Carlota: en pelotas y aportando tributos que jamás pasaría por la mente de un mandatario europeo de nuevo corte el aplicarlos. No. No es que paguemos impuestos por cada puerta, ventana o jardinera que adorne nuestro hogar. Mal haríamos en soportar tan tremenda ignominia fiscal; solo faltaría que se le impusiera un gravamen a Fido, nuestro perro tan querido como fiel, por mover la cola. No, lo que no entienden los señores diputados federales, tan cortos de mira y de cercanía con el pueblo de a de veras, es que es indudable que estamos obligados a pagar impuestos contribuyendo a nuestro propio desarrollo y bienestar pero, y ahí es donde la puerca tuerce el rabo, para su conocimiento es bueno advertirles que los mexicanos contribuimos a la hacienda pública con IVA, ISR, IETU, impuesto sobre la nómina, impuesto por dormir en un hotel de mala muerte, impuesto a la tenencia del auto sobre el que ya pagamos el impuesto de vehículos nuevos, impuesto predial, derechos sobre nacer, morir y ser enterrado en laica sepultura, consumo de agua potable que no es potable, drenaje y saneamiento que no es tal, recoja de basura por un mugroso camión que nunca pasa, alcabalas en las carreteras y puentes y, para acabarla de joder, el redondeo en el super como combate solidario a la  pobreza y la mordida al gendarme de la esquina, como contribución al combate de la delincuencia. ¿Se me olvida algún gravamen? ¿El diezmo?

Carga fiscal que más antes que después, termina agobiando parejo tanto  al más jodido de los consumidores como  al más circunspecto y cumplidor de nuestros cuentachiles empresarios del montón.

Si. Todo esto que descansa sobre la espalda de los mexicanos no lo alcanzan a ver los señores, señoras y ¿señoritas?  diputad@s. No es porque sean imbéciles y sujetos a que les demos un trato retóricamente puntilloso, para no contrariar a las buenas costumbres o a las buenas conciencias. No, no es así. Si fueran imbéciles o en lenguaje coloquial, pendejos,  no se enriquecerían en menos que canta un gallo. Si votan a favor de más y más altos gravámenes, es porque así se los dicta su ideología. Sí, la ideología discreta y del menor esfuerzo de la estupidez.

Si su ideología fuera el marxismo o de perdida la que anima a Obama a querer hacer de la educación y la salud derecho universal, por ejemplo, bien que tendrían en cuenta que en tiempos de crisis, como el amor en tiempos de cólera, basta una gota o un mal rumor para derramar el vaso.

Que conste que no es un insulto colocar a la diputación federal priísta en esta corriente del pensamiento moderno. Lo mismo podría denominárseles platónicos si así fuera el caso, o bushistas si hablaran con Dios. Más que una ofensa es apenas es un acto de justicia popular, un acto de caridad o autocompasión, que filosóficamente no registran sus entendederas pero que hombres y mujeres comunes bien conocido lo tenemos. Tiempo ha que todos los mexicanos navegamos en la tal corriente ideológica.

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