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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Solidaridad con los mineros de Cananea

La cacareada democratización del PRI en la entidad quedó sólo en el papel. Nunca existió la voluntad política para llevarla adelante, como tampoco la idea permeó en la esclerótica estructura conformada históricamente por la simulación y el autoritarismo. Los pocos que más por razones personales que por compromiso ideológico han alzado la voz llamando a romper los cerrojos, son hoy sometidos a la picota bajo la acusación de ingratos y traidores.

El pragmatismo de ocasión y el absurdo maniqueísmo que germinara en tierra abonada por el odio irracional entre dos destacados personajes de la política estatal, rinde los mismos frutos que corrompidos pretendieran eliminarse con la renovación de ese instituto político, con la salvedad de que en el pasado estos bien se cuidaran de mantenerlos ocultos bajo la alfombra y hoy, eliminadas las formas, se ventilan en el tendedero público sin mayor recato.

Aquí solo mis chicharrones truenan y, a esta voz superior todos inclinan la cabeza en indigna sumisión y se aprestan a aceptar sin más la grosera imposición de un candidato a gobernador que a sotto voce se impugna por inútil y despilfarrador. Ay de aquellos que se resistan a la tan vernácula como absolutista expresión, para ellos, la condena, la picota, la muerte política súbita y el desprecio a su memoria. “El Estado soy yo”, y para quien no lo entienda o se resista, el linchamiento y la clásica clausura del pesebre oficial.

Así es como debemos entender a la orquestada y vil acción en contra de Héctor Yunes Landa; el linchamiento político para quien osa pretender doblarle la mano al primer priísta de Veracruz, es la consigna, y a ella se somete un parasitario ramillete de seudo periodistas y mercachifles  al servicio de la propaganda oficial que, sin el menor rubor, trocan la amistad fingida a lo largo de los años para con el ex diputado local y aspirante a la candidatura priísta por la gubernatura, por las 30 monedas que bajo la mesa del poderoso de rodillas pepenan para satisfacer su larvaria ambición.

Son estos y no otros, los que revolviéndose en el lodo se desgarran las vestiduras clamando justicia divina: ¡Picota Para el traidor! ¡Picota para el enemigo del PRI! ¡Muerte política para el que osa morderle la mano a quien manda en Veracruz!

Héctor Yunes Landa no me debe nada, ni le debo nada. Desde mi personal trinchera, le considero un adversario político tan digno como ingenuo. El indiscutible valor civil que le anima no alcanza para someter a la cúpula de su partido a tomar el camino de la democracia, ni es suficiente para cimbrar una estructura acomodaticia, sedienta de favores y prebendas. Se equivocó de tiempo y de lugar; su mayor pecado es no haber sabido reconocer desde la cercanía del cargo de secretario particular de Fidel Herrera, el poder absoluto y enfermizo  del soberano.

Al pié del patíbulo le deseo la mejor de las suertes.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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