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Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para quienes hemos condenado el cochinero en que las tribus y grupúsculos de la llamada izquierda mexicana suelen dirimir sus diferencias y confrontar sus intereses en el Partido de la Revolución Democrática, deberíamos tener claro que la descomposición política no atañe sólo a esta entidad de servicio público. Es el sistema de partidos políticos en México el que en general viene acusando una profunda crisis que, a últimas fechas acelera su caída en picada, arrastrando consigo a la clase política, su sustento ideológico, así como su praxis histórica formal e implícita de usos y costumbres, contribuyendo a un mayor deterioro del tejido social.

Al sistema de partidos políticos le queda grande ya un México cuyas aspiraciones y expectativas de modernidad y progreso están inmersas en un proceso de involución estructural en el que frente a la desigualdad, pobreza, exclusión, abandono y estancamiento, el país se polariza; mostrándose, en un extremo, la obscena acumulación de capital especulativo y el proveniente de actividades criminales, con los paradigmáticos Carlos Slim y el “chapo” Guzmán entre los hombres más ricos del planeta  y, en el otro, más del 50 por ciento de la población en condiciones de pobreza o pobreza extrema.

El creciente vacío de poder político del Estado mexicano es algo que se percibe de manera cada vez más clara. Tanto los organismos internacionales como el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, advierten focos rojos de inminente ingobernabilidad en gran parte del territorio nacional. Calderón Hinojosa y la clase política en su conjunto, están rebasados y son los poderes fácticos los que toman la iniciativa.

Por lo que la población medianamente informada pudo constatar con el bochornoso sainete de dos días en la Cámara de Diputados, que confrontara de manera pedestre a las bancadas del PRI y el PAN y al que se sumara el oportunismo de la del verde y el disimulo cómplice del PRD, Convergencia y PT, no se necesita de agudos análisis para entender  que la representación popular en el Congreso de la Unión ha dejado de ser tal; asumiéndose como vulgar camarilla de demagogos, pillos y mentirosos, que más que negociar lo que al interés nacional compete, se disputan a la arrebatinga el botín.

Desde el momento mismo en que se asume con todo cinismo que la voluntad popular es objeto de trueque electoral, los partidos políticos dejan de cumplir su función social y, con todo merecimiento, se hacen acreedores al repudio generalizado de la ciudadanía. Ampliándose la brecha entre clase política y sociedad civil, en un creciente divorcio en propósitos, objetivos y metas de mediano y largo aliento; la carencia de escrúpulos, civilidad, credibilidad, transparencia, aceptación y voluntad política de la primera para impulsar el desarrollo del país, se hace acompañar del desencanto e indiferencia de la segunda. Condenándose a México a un permanente estado de subdesarrollo.

En la cúpula de la partidocracia se habla de corregir el rumbo. Se proponen para ello reformas estructurales con prioridad en la del Estado. Esfuerzo esteril y gatopardista, los encargados de llevarlas adelante, viejos y jóvenes, son los mismos que hoy medran con la miseria de los sectores más vulnerables  de la población; los mismos que truecan intereses electorales coyunturales por mayor carga tributaria para una sociedad postrada, no pueden ni deben asumirse como los grandes reformadores.

En otros países, con una ciudadanía educada y con vocación democrática, la situación política, económica y social que prevalece en México, sería suficiente para el consenso en torno a la reivindicación del “que se vayan todos”, en referencia a la clase política.

Nuestra aldea no escapa a la percepción de tal contexto. Con perdón del Maestro Fidel Herrera Beltrán, que todo lo ve color de rosa en  su exceso de triunfalismo sin sustento, Veracruz no es ni por asomo parte de las “ligas mayores”. Las condiciones atípicas y regresivas que prevalecen en el actual proceso electoral, son un síntoma más  de la descomposición política  que impulsa al país al salto atrás; la descomposición al interior de todos los partidos políticos, incluido naturalmente el PRI, y su constante alejamiento de los intereses de la mayoría de los veracruzanos, es un pálido reflejo de la profundidad de la crisis del sistema de partidos políticos que vive México.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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