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Pulso critico

J. Enrique Olivera Arce

A escasos días de que inicien formalmente las campañas de los candidatos que aspiran a la gubernatura de Veracruz, el proceso electoral en curso es un verdadero rompecabezas, sin instructivo racional al alcance de los votantes potenciales. A lo largo de las internas, el único mensaje que mediáticamente se trasmitiera a la ciudadanía  fue el de un galimatías de todos contra todos, alimentado por el prejuicio y el odio exacerbado que lo único que deja es la sensación de que todas las opciones electorales son iguales. Los 49 días de intenso proselitismo, no serán suficientes para borrar tal percepción y sí, para profundizar confusión y desconcierto.

El origen de tal estado de descomposición de un proceso electoral que debería ser ejercicio democrático, motivo de optimismo, reflexión y análisis, con vías a permitir que el ciudadano frente a la urna se inclinara a favor de la mejor opción para el futuro de Veracruz, no es otro a mi juicio, que el afán desmedido del Maestro Fidel Herrera Beltrán por perpetuarse en el poder; cada vez son más los que coinciden con esta percepción, atribuyéndosele al gobernador en turno la creación de un “Frankenstein” que se le ha salido de control.

Destruyó al PRD en la entidad; desestabilizó al panismo veracruzano; coptó a buena parte de la militancia de los partidos menores y a no pocos medios de comunicación; privó de credibilidad al Instituto Electoral de Veracruz, árbitro en la contienda y, de paso, contaminó a todo el quehacer político con su fobia personal  de rechazo a ultranza de  todo lo que huela a su enemigo. Esta  percepción  tiende a generalizarse en amplios sectores de la sociedad veracruzana.

Paradójicamente, el Maestro Herrera Beltrán también ha dividido al PRI, polarizándole en una soterrada pugna entre fieles e infieles y arbitrarias asignaciones de candidaturas a diputaciones locales y alcaldías sin que el candidato priísta a gobernador toque baranda. Tanto que ya ha trascendido que Javier Duarte de Ochoa cuenta con tres equipos de coordinación para la campaña, confrontados entre sí: el propio, integrado por personas de su entera confianza, el designado por el gobernador con Enrique Jackson a la cabeza, y el que, de manera marginal o de membrete, se hace figurar como tal para el “control de daños” y consumo mediático para una despistada opinión pública. Obviamente, la voz cantante la lleva Fidel.

Carlos Salinas de Gortari para prolongar su poder, pretendió en su momento vender la idea de un nuevo partido político sustentado en el programa “solidaridad”, Fidel hace lo propio con la corriente “fidelidad”, que responde a sus particulares intereses promoviendo el pensamiento único, con un también único color, el rojo. El primero no logró de manera ostensible su propósito, el segundo, perdió la ruta en el camino y sí ha creado confusión, desorden, descrédito en un proceso sucesorio al que no se le ve ni pies ni cabeza, orillando al electorado a sufragar el próximo cuatro de julio más por inercia, imitación o inducción extra legal, que por convicción razonada.

¿Quién pagará los platos rotos de tal desaguisado? Creo que la única respuesta válida es: Veracruz.

Gane el que gane la elección de gobernador, en su momento recibirá a una entidad federativa polarizada, cargada de odios y prejuicios, en el que el adversario político será visto y tratado como enemigo. Quien gobierne, carecerá ante un nutrido grupo de ciudadanos de legitimidad y autoridad moral y política para sumar y no restar y dividir en los esfuerzos colectivos por impulsar el ya de sí lento y desarticulado proceso del crecimiento económico y el desarrollo de la entidad. No puede olvidarse el efecto post electoral de la elección del 2006, con todas las consecuencias que hasta hoy venimos arrastrando como sociedad y como país.

También cabe preguntarse entonces,  si en el ánimo de los tres candidatos en contienda, cabría la prudencia y el buen juicio como para deslindarse de tal estado de cosas, contribuyendo, con la oportunidad que acotan los tiempos legales preestablecidos, a reencausar el proceso electoral privilegiando humildad, transparencia, legalidad, credibilidad y participación ciudadana, sin más interés que el atender con honestidad la demanda popular de dejar atrás gatopardismo y simulación.

La gente ya no quiere más de lo mismo y, al sufragar, debería dejarlo clara y concientemente sentado, si es que aún confía en la viabilidad de la vida en democracia como fórmula para una sana y productiva convivencia. Los aspirantes a gobernar Veracruz deben ser garantes de que sus conductas y propuestas están encaminadas a ir de la mano con el pueblo y su demanda sustantiva. Su mejor opción es convencer a un electorado hoy en ascuas, sin que medie más guerra de lodo y que gane en buena lid el que los votantes decidan.

La otra opción es dejar hacer, dejar pasar, hasta que Alicia en el país de las maravillas termine por apropiarse de nuestro destino común.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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