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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Concluyendo la primera semana de las campañas de los candidatos a la gubernatura, ya se percibe agotamiento del discurso. Propuestas y promesas, tras de ser reiterativas empiezan a caer en lugares comunes, tanto, que se alejan de la realidad cotidiana, expectativas y  anhelos del votante potencial para desembocar nuevamente en dimes y diretes que no conducen a nada positivo.

Incluso la propuesta de Dante Delgado Rannauro, a mi juicio la más integrada, sustentada en un diagnóstico de gran visión y respaldada por la experiencia de quien ya ha gobernado a Veracruz, no parece tener ya el impacto deseado.

Ya no se diga de la de Javier Duarte de Ochoa, restringida por el riesgo de contradecir y exhibir el triunfalismo mediático de Fidel Herrera Beltrán, su maestro, padrino y conductor para quien necesidades sentidas y reales de los veracruzanos están, desde la particular visión del gobernante, presunta y plenamente satisfechas.

Miguel Ángel Yunes Linares y Dante Delgado Rannauro coinciden en que Veracruz exige cambios positivos, proponiendo  como vía del desarrollo a la reactivación de la economía, con mayores índices de inversión pública y participación ciudadana. Nada nuevo bajo el sol, sin crecimiento económico no hay desarrollo. Sin participación ciudadana no hay crecimiento. Lo que no dicen es que crecimiento económico sin una justa distribución de la riqueza, no conduce al bienestar de la gran familia veracruzana y ahí, es donde ambos candidatos no logran aterrizar sus propuestas al nivel de hombres y mujeres comunes, ávidos de respuestas a una crisis que no cede y que sí agudiza de manera creciente el deterioro de la economía familiar, cancelando expectativas y esperanzas.

La crisis, tanto en el entorno internacional como en lo doméstico, está ausente del discurso proselitista. Por sobre ésta se trata de imponer el voluntarismo mesiánico de los candidatos que, con varita mágica, pretenden resolver rezagos, carencias y necesidades de modernidad, si el voto popular les favorece.

Lo deseable ante lo imposible es el límite del discurso, cuando no se puede conjugar con lo posible a partir de lo disponible. Las arcas públicas estatales y municipales están quebradas y pignoradas a 30 años; las participaciones federales se restringen conforme el país se hunde; el ahorro interno y la demanda agregada en una población empobrecida y sin expectativas de mejoría, es entelequia. Reactivar la economía a partir de tal premisa, es algo menos que imposible, más cuando los sectores privado y social, generadores de riqueza,  no confían en las bondades ofertadas por un sector público ineficiente y corrupto.

Más allá no pueden ir propuestas tras propuestas. A una semana de iniciada la campaña de proselitismo de los candidatos, el discurso llegó al límite, cerrándose el círculo y, con ello, se percibe un cada vez más lento avance en los porcentajes de aceptación ciudadana.

Convencidos o no, el número de ciudadanos a los que se considera voto duro para el PRI y el PAN, ya está consolidado y bajo control de las Coaliciones contendientes siendo ya por tanto irrelevante el bla, bla, bla o las dispendiosas concentraciones de adeptos a los que ya no se requiere convencer. Faltaría aún que la Alianza de Convergencia con el PT y el PRD, tome el control real de lo que a su vez le correspondería como voto duro, dependiendo su consolidación de una más que urgente tregua coyuntural y pragmática  entre los “chuchos” del PRD y el Movimiento por la Defensa del Petróleo, la Soberanía y la Economía Popular, que en Veracruz sigue a Andrés Manuel López Obrador, y no ya de mayor difusión de la propuesta 6:30 de Dante Delgado Rannauro.

Los ciudadanos al margen, los sin partido, que son la mayoría de votantes potenciales, tras machacona insistencia mediática en anticipos de pre campañas, pre precampañas, precampañas, y ahora campañas electorales, no se han plegado aún a los llamados de las coaliciones partidistas en contienda, ni se sienten alentados a sumarse a un candidato en específico. Mirones de palo esperan hasta el último momento para definir su voto.  Cuando menos eso es lo que se alcanza a percibir a nivel de la calle.

Para éstos, mujeres y hombres, las propuestas contempladas para el mediano y largo plazo, no es aliciente suficiente para definirse; candidatos van y candidatos vienen a lo largo y ancho de Veracruz hablando un lenguaje que les es ajeno. “Reactivación de la economía”, Generación de cientos de miles de nuevos empleos”, “Modernización del campo”, “Industrialización”, “Bancos locales de ahorro e inversión”, “Saneamiento de finanzas públicas”, “Eliminación de impuestos”, “Macroproyectos carreteros, portuarios y turísticos”, “Puentes portento de ingeniería”, “Abatimiento de la corrupción y la delincuencia organizada”, etc., etc., o el simple “Vamos para adelante”, no les dicen nada, ni mucho menos apuntan a trasmitirles confianza en el futuro inmediato. El triunfalismo gubernamental no satisface estómagos vacíos.

El como, donde y cuando reducir desigualdad, pobreza extrema, insalubridad, analfabetismo, o el descongelar salarios de hambre y abatir el costo de la canasta básica, para la mayoría de los votantes no se percibe en las campañas de proselitismo. El hoy, donde se impone el “más seguro lo comido, ya mañana Dios dirá”, no está contemplado en el discurso.

De ahí que la percepción, para quienes saben del paño y no están comprometidos con ningún partido en especial,  es que el crecimiento de la aceptación ciudadana por tal o cual candidato, se frenó e incluso podría retroceder. Ya las pomposas propuestas son irrelevantes, salvo para calentar los ánimos entre las diversas fuerzas ya cautivas mejor conocidas como “voto duro”.

Con o sin debate, a mi modesto entender, hasta ahí llegaron. Más que la confrontación de ideas y propuestas, lo que la ciudadanía espera de los hasta ahora presuntos debates, es un show mediático en el que los candidatos exhiban ante el respetable lo mismo fortalezas que debilidades de imagen.

Si esto es así, ¿Qué sigue?

Algunos observadores consultados señalan que el siguiente paso en las estrategias partidistas ya no es convencer a los votantes indecisos por la vía de foros, propuestas y discursos.  Ello, a unas cuantas semanas de la elección, sería pérdida de tiempo y desgaste innecesario. Tampoco un bombardeo mediático que, por sus excesos a lo largo de varios meses, más que orientar el sentido del voto revierte la disposición del electorado.

¿Tocaría entonces el turno a la inducción del voto por la vía del miedo, el sometimiento y avasallamiento de la conciencia popular entre los sectores más desprotegidos de la sociedad con una placa de taxi, una despensa o una lámina de cartón y ya, en última instancia, la compra del sufragio a pie de urna?  ¿Se pasaría de civilidad y confrontación de ideas y propuestas a la delincuencia electoral?

No lo veo así, sería anticipar escenarios nada deseables. Lo que la lógica aconsejaría es que llegó el momento de que los candidatos bajen del templete, guarden el discurso vertical y, con humildad, escuchen a la gente sencilla, sin acarreos, sin costosa  parafernalia, haciendo del diálogo constructivo su mejor herramienta de convencimiento.

De otra manera, estarían cerrando el camino democrático a sus aspiraciones. Obligándose a tomar la ruta fácil del menor esfuerzo, avanzando a cualquier costo hasta alcanzar la victoria. Si así fuera, no cabe la menor duda de que de aquí para adelante el candidato que disponga de mayores recursos económicos  y menores escrúpulos, tendría hándicap positivo en la carrera por la gubernatura. El derroche de dinero a manos llenas mataría toda esperanza de avance democrático.

Triste esto último pero, desafortunadamente es posible; en el mundo real el pragmatismo domina a la política y somete a las mayorías. Ganar es lo que importa, lo demás queda para la posteridad como recuerdo anecdótico del surrealismo jarocho.

http://pulsocritico.com

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