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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

La sociedad xalapeña está conmocionada. El artero crimen que cegara la vida de un destacado empresario y su joven esposa, pertenecientes a dos respetables y destacadas familias, generó las más diversas reacciones en nuestra ciudad capital, así como no pocas especulaciones en torno al motivo de la agresión que diera lugar al fallecimiento de las víctimas. Más cuando este lamentable acontecimiento se da en medio de una ríspida contienda electoral, propiciando lamentablemente el que el hecho se politizara  incorporándole a los temas de campaña, entre los que destacan las propuestas de seguridad pública y abatimiento de la criminalidad en la entidad.

Dado el clima electoral imperante y los antecedentes de violencia criminal en diversas regiones del país, lo acontecido actuó como detonador para que políticamente una lamentable y sentida tragedia familiar, fuera pasto seco propicio para su partidización e incendio de la pradera política veracruzana. Pese a que hasta ahora en lo general y salvo hechos aislados de violencia criminal, predominantemente del orden común, no se percibe amenaza latente de inseguridad para la mayoría de la población.

Frente a ello, lo recomendable es no invocar a los demonios. Que no cunda el pánico ni se le siga el juego a intereses partidistas que ya claman por la presencia de la tropa en nuestras calles. Sí, exigir mayor vigilancia para preservar la seguridad pública y que se haga justicia en este y otros casos que, ilustrando cotidianamente las planas de nota roja de la prensa no por menos notorios por el origen humilde de sus protagonistas, deben preocupar a la sociedad,  pero hasta ahí. De lo contrario, el clima de tranquilidad del que los veracruzanos estamos orgullosos, podría dar el paso a una innecesaria sensación de incertidumbre, indefensión y paranoia colectiva que, lejos de contribuir a la preservación del orden y aplicación de la justicia, se revertería en contra  de una población que aún no presenta síntomas alarmantes de expresiones desatadas de violencia criminal.

Tampoco podemos caer en la ingenua y ampliamente propalada idea de que en Veracruz no pasa nada. Algo está pasando en Barataria y la violencia en sus diversas manifestaciones paulatinamente va cobrando carta de naturalización en nuestra entidad. Más no necesariamente a consecuencia de la indeseable presencia  y actuar de la delincuencia organizada en nuestras calles como en otras urbes y regiones del territorio nacional; a nadie escapa que históricamente nuestra entidad, e incluso en nuestra querida Xalapa, han sufrido embates de violencia y alteración del orden público a consecuencia de pugnas caciquiles de domésticos intereses económicos y políticos, sin que ello haya sido motivo para que los ciudadanos dominados por la histeria, se encerraran a piedra y lodo en sus hogares o se abstuvieran de cumplir con el deber cívico de sufragar.

Hay otras expresiones de violencia que aquellos que hoy se rasgan las vestiduras exigiendo la presencia del ejército en las calles se niegan a reconocer y combatir. Expresiones de incivilidad y pérdida de valores y principios en el seno mismo del hogar, la escuela, centro de trabajo, o en la competencia política, devienen cotidianamente en flagrante violación a la ley, vulnerando paz social y convivencia pacífica entre diferentes. La pobreza, la, insalubridad y desigualdad ancestral, cobra más víctimas inocentes que la absurda guerra calderonista o la confrontación entre bandas delincuenciales por el control de ilícitas actividades. De ello debemos tomar conciencia, reflexionar en torno a lo que parece ser tendencia irreversible y, como ciudadanos, participar activamente para su oportuna atención y solución, antes de que sea demasiado tarde. La tarea es de todos como lo es la responsabilidad social y política para construir en democracia un Veracruz y un país mejor para las futuras generaciones.

No es con ruido electorero, propuestas mesiánicas, ni con amarillismo mediático como habremos de lograrlo. La seguridad pública se construye entre todos, no baja del cielo ni es consecuencia del cumplimiento de una promesa coyuntural de campaña o dádiva graciosa de un gobernante. Participemos todos, solidaria y cotidianamente para hacerla posible. Que no cunda el pánico, dejemos a nuestros difuntos descansar en paz.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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