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Era la consigna que retumbaba cada vez más sonora. Cuatro años de lucha por la libertad de los presos políticos culminaba con un triunfo del movimiento popular. Con más canas que hace cuatro años, seguramente más curtido, Ignacio del Valle, el dirigente campesino que fue considerado enemigo público número uno por el gobierno de Enrique Peña Nieto, se quitó la sudadera azul reglamentaria del penal y se puso la camiseta negra que le entregó su mujer, Trinidad Ramírez; el sombrero de palma; el paliacate rojo y el machete. Una vez investido con los símbolos de los macheteros, dijo: Estoy aquí, estamos bien y más fuertes. La Jornada

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