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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Bueno, está visto que los principales actores políticos de Veracruz están empecinados en que no acabe la mascarada electoral, pese a que algunos adelantados claman porque se de ya por aceptado un vencedor de la contienda por la gubernatura y, a otra cosa mariposa, que ya la elección del 2010 se empató con la del 2011 en Edomex y Michoacán, e incluso con la el 2012 por la presidencia de la República.

Paradójico, la prolongación de la contienda está estipulada en la reforma al Código Electoral de la entidad promovida por el PRI, al estipularse la judialización de la elección de gobernador con su calificación por parte del Tribunal Electoral de Veracruz. Hoy, gracias a dicha reforma, el Sr. Javier Duarte deberá esperar en su calidad de presunto, hasta  que el órgano colegiado dicte su fallo. Plazo de espera dentro del cual deberá declararse procedente o improcedente la impugnación presentada por los adversarios del delfín. Eso, sin contar que estos pueden optar por llevar el caso al Tribunal Federal y prolongar la milonga hasta el mes de noviembre.

Y mientras esto sucede, la soberbia del priísmo veracruzano, que ya se daba más que satisfecho con el triunfo preliminar otorgado a Duarte de Ochoa por el Instituto Electoral Veracruzano, se transforma en miedo. Su candidato, enredado en su propia trampa, no para de anunciarse a bombo y platillo como Gobernador electo de Veracruz, en un esfuerzo por convencer a sus correligionarios y a la ciudadanía de que no hay vuelta de hoja, las cosas son así y así se quedan, ante el temor de perder lo que ya considera suyo. Paradójico también resulta el que tal esfuerzo se está revertiendo en contra del delfín, extendiéndose las manifestaciones de duda, histeria y paranoia al interior del PRI que ya desata una cacería de brujas contra “los traidores”, así como la duda razonable entre los ciudadanos de a pie, que se resisten a tragar la píldora fiel que recetara el partido del gobernador.

Entre tales manifestaciones se insiste en colocar el Código Electoral de Veracruz por sobre la Constitución General de la República, convencidos de que la ínsula escarlata se manda sola.

Todo parece indicar que no se entiende que pasa y, como consecuencia, el priísmo prolonga la guerra sucia arremetiendo contra los adversarios de Javier Duarte, descalificándoles por el simple hecho de ejercer un derecho que les concede la misma reforma legal que en su perversidad pretendiera capitalizar a su favor Fidel Herrera Beltrán. Otra paradoja, entre más se golpea y se provoca a Miguel Ángel Yunes Linares, más se fortalece éste en su afán de inclinar la balanza a su favor o, en su caso, nulificar la elección.

Pero no sólo sufre la espera Javier Duarte de Ochoa. Su mentor y padrino, el gobernador Herrera Beltrán vive los momentos quizá más amargos de su vida política. El tiempo se le escurre entre las manos y siente como cada día que pasa parece desvanecerse su proyecto de continuidad de la llamada Fidelidad. En un artículo anterior ya comentaba que para el “señor de los puentes”, el más largo y tortuoso de su carrera iniciaría el 5 de julio para desembocar el último día de noviembre con la entrega del poder. Al parecer no me equivoqué.

Pero no solo eso. La incertidumbre reinante también actúa en contrario de los planes futuros del hoy mandatario veracruzano. Conforme su pleito personal con el candidato panista apunta a un posible fracaso en su intención de imponer a Duarte, sus posibilidades de trascender y participar en el juego del 2012, también se diluyen. En el ámbito nacional su imagen se deteriora y la desconfianza alcanza a la cúpula de su partido, que se siente engañada y arrastrada a un pleito no previsto en el marco de las negociaciones con Felipe Calderón Hinojosa con vías al 2012. El miedo a perder Veracruz  tras no lograrse carro completo, se refleja en las histéricas declaraciones a los medios de la Sra. Paredes. Fidel Herrera le aseguró tener todo el control, cuando esta cuestionara la candidatura de Duarte, y las cosas no resultaron tan así.

Aquí cabe dar un punto a su favor al joven delfín. Públicamente al hacer un llamado a la unidad de los veracruzanos, reconoce la pluralidad política que se expresara en las urnas, confirmando que no todo es rojo en Veracruz. El control a que hiciera referencia el gobernador,  basado en la presunta aceptación de su administración por más del 90 por ciento de los veracruzanos, resultó ser un mito y, en un destello de madurez política, así lo reconoce Duarte de Ochoa, facilitándole la tarea a la cúpula priísta para su defensa ante el embate panista, pero dejando muy mal parado al gobernador.

En este escenario, nadie puede aún cantar victoria, la fiesta continúa pese a los buenos deseos de Javier Duarte, del gobernador,  e incluso de Doña Rosa Borunda, que ya la dan por terminada exhortando a los veracruzanos a cerrar el capítulo electoral y trabajar unidos por las mejores causas de Veracruz. Nadie se da por aludido y actúa en consecuencia Nadie quiere pasar por tonto, así que siga la pachanga y que retumbe la tarima, que para eso hay música de sobra. Si señor, que para eso nos pintamos solos.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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