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Bernardo Bátiz V. / La Jornada

Es, podrían decirnos, una utopía, puede ser, pero es una utopía indispensable en los días que corren; si de veras queremos un cambio más allá de nombres, siglas partidistas y coaliciones oportunistas, tenemos la oportunidad, el vehículo apropiado que es el movimiento y miles de compañeros y compañeras dispuestos a cumplir con su parte en la obra, conscientes de que, como lo dijo la joven regiomontana, estamos en un lugar y en un momento muy importante para la historia de México.

Otra vez, el domingo 25 del mes pasado una multitud colmó la plaza mayor de México y escuchó los 32 mensajes de las entidades federativas, después de la presentación inicial de un proyecto alternativo de nación, propuesto a los ciudadanos por intelectuales reconocidos e intachables y luego, la culminación, que fue un mensaje cargado de consideraciones éticas, entre las que destaca el llamado al amor al prójimo, como motivación profunda y auténtica de la política, que hizo Andrés Manuel López Obrador; rescatando con ello un concepto de más de dos siglos, hoy postergado, con el que nuevamente se sacudió la anquilosada vida política que padecemos.

Todos los días leemos, vemos y oímos a los políticos convencionales, cortados con la misma tijera, a pesar de pertenecer a partidos diferentes, y todos los días oímos asombrados a veces, aburridos otras, a los comunicadores, repetidores de noticias, o leemos en los encabezados de los diarios, alarmantes augurios de más desgracia, más pobreza y pocas, muy pocas propuestas efectivas, por ello el contraste no puede ser más brusco con lo que sucedió en el Zócalo.

Se trata de una multitud que recobra la esperanza y que, ante la presencia de los representantes de todos los estados, se percata de que sus propios grupos locales no están solos, pertenecen a un gran movimiento nacional. Las propuestas que se ponen a discusión para un nuevo proyecto de nación y los informes alentadores de los representantes de los grupos del movimiento en todo el país, nos muestran que se puede hacer política en México más allá de las intrigas, las mentiras, los arreglos entre cúpulas, los enérgicos pero inútiles extrañamientos de nuestros legisladores y los ardientes discursos al vacío del titular del Ejecutivo.

El ambiente del 25, fue de esperanza y de renovación; se escucharon propuestas para democratizar los medios de comunicación, combatir la corrupción y crear una nueva economía más cercana a la equidad, a la justicia distributiva y a la abolición de los privilegios fiscales; se reiteró la necesidad de que la riqueza de México, energéticos, campo, costas, bosques, banca, minas, beneficie a los mexicanos y se preserven para la nación las áreas estratégicas.

También se escucharon desde la tribuna mensajes alentadores provenientes de todos los rincones del país; las bombas del vocero de Yucatán, la oratoria seria y fogosa del representante de Guerrero y muchas más.

Un mensaje especial, que es una bocanada de aire fresco en la política, fue el alegre y sentido de la joven representante de Nuevo León, que en el minuto y medio que tuvo para expresarse en nombre de sus paisanos, dijo algo que tenemos y queremos recordar:

“Mi casa, su casa, es un lugar muy importante para la historia de México, de ahí salen los ejemplares de Regeneración que llegan a miles de hogares. Por las noches, mis padres, sus compañeros, mis primos y los jóvenes del comité Hacienda La Silla llegan alegres comentando la jornada de repartición del periódico. Mis abuelitos ayudan en todo lo que pueden. Isabella, mi sobrina, la brigadista más pequeña, tiene sólo dos años, desde el regazo de su abuela está siempre atenta de que nadie se quede sin Regeneración”.

Qué distinto el discurso de una joven que ha visto a su alrededor la ineficacia de malos gobiernos que se traduce en desgracias y desastres para los habitantes, que ha oído los encuentros con armas de fuego y que sin duda sabe de problemas y carencias, porque el gobierno no ha podido o no ha querido darnos el mínimo de seguridad que requiere nuestra convivencia, pero que no se desanima por ello, como no se desaniman sus vecinos y familiares y aportan lo que les corresponde para el cambio pacífico de las estructuras sociales.

Con mujeres y hombres como los que participaron en la magna asamblea, con un dirigente de talla nacional, con propuestas patriotas y factibles, no podemos menos que mantener y confirmar nuestra confianza en el trabajo político y en el esfuerzo de un movimiento que se distancia de la estrategia cotidiana y menor de los chismorreos y las intrigas y va a las bases, al fondo de las cuestiones fundamentales y que, en síntesis, propone el amor al prójimo como técnica de participación política.

Es, podrían decirnos, una utopía, puede ser, pero es una utopía indispensable en los días que corren; si de veras queremos un cambio más allá de nombres, siglas partidistas y coaliciones oportunistas, tenemos la oportunidad, el vehículo apropiado que es el movimiento y miles de compañeros y compañeras dispuestos a cumplir con su parte en la obra, conscientes de que, como lo dijo la joven regiomontana, estamos en un lugar y en un momento muy importante para la historia de México.

jusbbv@hotmail.com

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