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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si el TRIFE fuera Salomón, hubiera optado por la anulación de la elección de gobernador. Pero no. No es el Salomón justiciero del que nos habla la mitología judeo-cristiana al que le tocara juzgar el cochinero provocado por el odio visceral de dos históricos enemigos. Está integrado por siete notables que mensualmente perciben jugosos y onerosos salarios, prestaciones y canonjías, que paga el pueblo de México; seis hombres y una mujer, simples mortales con vicios, virtudes y ambiciones, con calidad de jueces; y en ellos está el acertar o errar como cualquier hijo de vecino, con la salvedad de que sus colegiadas sentencias o resolutivos en materia electoral, son inapelables e inatacables porque así está establecido en las leyes que, por cierto, todavía algunos creen que nos las hemos dado los mexicanos, de motu propio, a través de la representación popular ejercida por diputados y senadores, conforme al sistema político de democracia representativa que nos rige.

Así que para que tantos brincos estando el suelo tan parejo. Objetivamente, no caben más dimes y diretes ni controversia alguna sobre la determinación del tribunal de dictar sentencia a favor de la ratificación del Sr. Javier Duarte de Ochoa, como gobernador electo de Veracruz, “haiga sido como haiga sido”. Los contendientes del candidato priísta, así ya lo han aceptado, no había de otra.

Lo único que estaría a discusión, es si en este país, a lo largo de quinientos años, ha prevalecido la justicia por sobre la ley. Tema para eruditos y no para irrelevantes contiendas verbales de café ni mediáticas rasgaduras de vestiduras.

Las vísceras también juegan

Sin embargo, los ánimos siguen caldeados, gracias a la polarización que se diera a lo largo de un larguísimo proceso electoral, que iniciara con la toma de posesión del gobernador Herrera Beltrán, su proyecto de impulsar la meteórica carrera del joven Javier Duarte y la inesperada y belicosa oposición de su más enconado rival. El tema de la resolución del TRIFE ha sido de lo más acaloradamente discutido y controvertido en los últimos días.

Lo que más me llama la atención en tan bizantina como inútil discusión, es la declaración mediáticamente difundida del Mtro. Fidel Herrera Beltrán: “Ganó la democracia”. Aseveración que contrasta con la de la distinguida periodista Claudia Guerrero Martínez, quien afirma en su columna que “La democracia está de luto”. Posiciones encontradas que sólo tienen cabida en el terreno de lo absurdo. Ni triunfó la democracia ni esta está de luto o falleció, cuando de antemano se sabe que la democracia a secas es utopía largamente buscada por todos los pueblos de la tierra y, al día de hoy, aún quimera inalcanzable.

Si se refieren a la democracia adjetivada como representativa, establecida en nuestra Carta Magna, tampoco es procedente, triunfo o presunto fallecimiento de ésta. Desde los albores republicanos de los Estados Unidos Mexicanos, la ciudadanía nunca ha estado representada con la legitimidad obligada con apego a los términos establecidos en el texto constitucional. Menos aún en el presente, en que la representatividad y voluntad ciudadana está secuestrada por una partidocracia con poderes  metaconstitucionales, al servicio de los poderes fácticos que, tras bambalinas, gobiernan y determinan el rumbo del país.

Si en los hechos, nuestra incipiente democracia representativa, carece de vida propia, ante ningún caso o circunstancia puede triunfar, estar de luto por pérdida alguna, o colgar los tenis caso de repentino infarto, frente a una sentencia inapelable adoptada por nuestros preclaros siete notables que, al amparo de la ley, se niegan a impartir justicia.

La elección de gobernador es cosa juzgada. A gusto o disgusto visceral,  Javier Duarte de Ochoa, sucederá constitucionalmente al Mtro. Fidel Herrera Beltrán. Si de legitimidad de su mandato se trata, a su tiempo y no antes, queda en manos del joven sucesor convencer con su actuación su pleno derecho a conducir con honestidad, buen juicio y eficacia, la vida política, económica y social de Veracruz. Mientras eso no suceda, estamos obligados a concederle el beneficio de la duda.

Los retos

Desigualdad, pobreza, ínfima calidad de la educación, desempleo y bajo nivel de remuneración salarial de la mayoría de la población ocupada, discriminación y abandono de los pueblos indígenas, así como el deterioro creciente del medio ambiente, son problemas torales de Veracruz y a todos nos atañen. En estas expresiones de nuestro rezago descansa el raquítico nivel de la demanda agregada y la carencia de fortaleza del mercado interno. Lo que repercute en producción, productividad y competitividad en la proyección del crecimiento económico, autosuficiencia alimentaria  y  desarrollo. Y, por ende, fiscalmente en las finanzas públicas. Abatir el atraso económico y social de Veracruz, no es tarea de un solo hombre, por mucha madurez, experiencia y capacidad que éste sumara. Es tarea de equipo, en el que deberíamos jugar todos.

Que el  reto al que se enfrentará Javier Duarte de Ochoa,  es superior a su experiencia y juventud, no está a discusión y él debe saberlo y valorarlo. Las condiciones actuales de una entidad federativa tan compleja y tan golpeada, a lo que se agrega el recibir una administración pública en bancarrota, requiere de inteligencia, madurez y un franco y decidido apoyo en y de todos los veracruzanos, en los hechos conoceremos quien y de que madera está hecho el joven sucesor frente al hoy ya su reto vital.

De hasta donde Don Javier será capaz de afrontar la tarea que llevará a cuestas, está por verse, empezando por la selección de aquellos que integrarán los gabinetes legal y ampliado en su mandato. En las actuales condiciones de la entidad, equilibrar capacidad tecnoeconómica y experiencia política,  privilegiando lo primero, es a mi juicio prioritario. Observando con objetividad fortalezas y debilidades, los retos actuales implican más técnica y administración eficaz que política, y mucho menos estéril politiquería como la que tanto nos fascina en la entidad.

Lo inmediato

Lo que importa, en primera y última instancia, es Veracruz. Convencer para sumar y multiplicar esfuerzos para sacar al buey de la barranca, implicando cicatrizar heridas y agravios, y en ello la responsabilidad es de todos y no, necesariamente, del gobernador. Mucho menos de una clase política que no habiendo sabido estar a la altura de la exigencia de la entidad,  no se le puede tener confianza, tampoco se le debe ya  consentir ni dejarle las manos sueltas.

Y es en esto último donde estará puesta la atención de propios y extraños en las próximas semanas. Del acierto de Javier  o desacierto en esta su primera tarea, más allá de los compromisos a que está obligado, dependerá el convencer a los más de millón y medio de veracruzanos que en las urnas le negaran el voto y, con ello, sentar las bases para la unidad y suma de voluntades que la entidad exige.

No anticipemos vísperas juzgando a priori, ni elevando el tono de la crítica,  sustentándola en mantener en el presente lo que la historia registra ya como un pasado superado y enterrado. Tampoco incurriendo en el halago desmedido de imagen y actuación de quien a partir del primero de diciembre habrá de gobernar.

Sobre esto último, es la hora de que la prensa con toda responsabilidad, se ponga a la altura de lo que de ella ha estado esperando la ciudadanía. No más basura e ignominia a cambio de dinero y de  prebendas. El interés empresarial de los medios, aunque legítimo y respetable, debe ceder la prioridad a su alto objetivo de servir a la sociedad

Para concluir, insistiría en que la concordia, el trabajo y el esfuerzo compartido de todos, es la única manera de sacar adelante a Veracruz. Basta ya de desperdiciar tiempo y oportunidades en dimes y diretes, grillas y controversias absurdas, que a nada positivo conducen y que tanto dañan a Veracruz.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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