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“Ábrete Sésamo” y el milagro, más santero que cristiano, se hizo. El Dr. Fidel Herrera Beltrán (Tío Fide), deja al tambien Dr., Javier Duarte de Ochoa, no sólo una multimillonaria deuda pública, también una mina de oro.

Nada menos que con el oro y el moro, Fidel Herrera se despide tras haberle cumplido a los veracruzanos, como ya se anuncia en todos los medios oficiosos de comunicación, a los que vale recordar que Prometer el oro y el moro equivale a sugerir con ironía cantidades o beneficios sobresalientes; inmoderados y poco plausibles por regla general.

Veneros del diablo en Chicontepec y del diablo rentables inundaciones. Proyecto Fénix, frustrado pero capitalizable mediáticamente. Tractores, pozo y riego para los amigos, empleo bien remunerado para las amigas. Miles de puentes con destino a sal si puedes.

“Minas de oro, es lo que le faltaba para confirmar que Veracruz tiene todo, cultura y historia, presente y futuro para ser el estado que provea a su gente de justicia social como está garantizado en el gobierno de Javier Duarte de Ochoa que inicia el próximo 1 de diciembre”, dijo en Alto Lucero el ilustre hijo de Nopaltepec y hermano del alma de Don Rafa, el “negro” Cruz, asesor en ciencias ocultas y encargado de velar por la seguridad de las 40 tinajas.

Cual bíblicas, 700 mil onzas de oro serán repartidas con justicia y equidad por el Sr. Duarte a decir de Don Fidel. A todos los veracruzanos tocará su parte para que, con esfuerzo y talento, sean invertidas con inteligencia para proveer sustento a una entidad federativa que tras seis años de oscuridad, no sabe ni cuando ni con cuanto habrá de saldar las deudas de una hacienda en bancarrota.

El metal precioso siempre ha existido en Veracruz.  Sólo que miopes por soberbia y orgullo los más ni lo olfateáramos siquiera. No así mentes privilegiadamente informadas que, previsora y oportunamente, adquirieran cientos de hectáreas en superficie feraz cuyo subsuelo oculta onzas y más onzas de oro. Más que las que ya se tienen en paraísos fiscales o invertidas en fastuosos palacios.

El secreto fue guardado con estoica entereza, para hacerse público en las  últimas horas de uno de los más nefastos gobiernos que ha padecido la entidad. Bastó la frase mágica en poder de los “cuarenta ladrones” y del Ali Baba de la fábula de las Mil y una Noches”, para que se abrieran nuevos horizontes de  justicia social y equitativa distribución de la riqueza en Veracruz.

El oro no está en un banco caribeño, o de Ámsterdam y sus cientos de puentes y callejuelas, ni en Brasil, sudando etanol; Argentina y miles de cabezas de ganado; Dubai y palacete de ensueño, como tampoco en isleña y modesta cabaña de reposo y meditación en Tamiahua. Está aquí, no se ha movido, en las entrañas de tierras veracruzanas puesto y dispuesto para que el próximo gobernador inicie a bombo y platillo, también con una renovada ave Fénix, mítico  fruto de la engañifa de Vicente Fox, gran amigo, padrino y aliado, ahora sí, con justeza, del  “Negro de oro”.

Sin embargo, la ambición obnubila. Sorpresa, lo que las entrañas de la tierra han ocultado, no son de Veracruz ni están sujetas a municipal permiso de uso del suelo, como los otorgados a paradisíacos emporios turísticos, fraccionamientos residenciales para uso y disfrute de los ricos, e incluso para fraudulentos asentamientos para miserables.

El subsuelo pertenece en principio a toda la nación y, tras su muy segura privatización y entrega a una empresa extranjera para la extracción de miles de onzas de oro,  por ende, será la federación la que, previo acuerdo de la partidocracia que nos rige, dirá presupuestalmente a cuanto ascenderán anualmente las participaciones que derivadas del derecho concedido a particulares, mes a mes el “oro” será distribuido entre todos los veracruzanos;  empezando eso sí, con los más de dos millones de pobres que apenas subsisten en los territorios que aún gobierna el moderno Ali Baba, dando certeza a la justicia social anunciada.

Una engañifa más, quizá la última de tantas recetadas a un Veracruz que no alcanza a ver más allá de su propio ombligo. Se prometió el oro y el moro, y se cumplió. Es el mensaje  que mañana lunes escucharemos de labios del señor de los puentes y artífice de la mentira y la manipulación.

Antes de echar las campanas al vuelo, ya en el contexto de la necia realidad,  habría que ver con cuanto y como las poderosas empresas trasnacionales reportan beneficios por la explotación de oro o diamantes en el submundo humano del África negra, e incluso en territorio nacional donde ya están asentadas. Cuantos y de que magnitud los daños al entorno ecológico y explotación laboral inmisericorde y, por si fuera poco, con que nivel de fuero actúan los ejércitos de mercenarios a cargo de la seguridad de esas poderosas empresas depredadoras. Explotar una mina de oro en Veracruz, se ubica en tal contexto.

No hay que ir muy lejos, sólo preguntemos a nuestros sufridos mineros. Ellos tienen la respuesta,  aquí y acullá.

Proveer de justicia social a los veracruzanos con la explotación del mineral amarrillo, es una falacia más. Es el “Ya con esta me despido…” del tío Fide, quien marcha ya  al destierro al son de marcial tañido de  tambores destemplados.

pulsocritico@gmail.com

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