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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Antes de entrar en materia, con todo respeto y sin ánimo de polemizar, no estoy de acuerdo con la ligereza con la que Toño Nemi Dib trata un tema de la mayor relevancia, como es la obra de Marx, en su contexto histórico, y su vigencia en la etapa actual de crisis del capitalismo salvaje en todo el mundo. La declinación y derrumbe del socialismo real en la Unión Soviética y el este de Europa, no tiene nada que ver con el marxismo ni con su carácter doctrinario, como expresión de la utopía de un mundo mejor libre de la explotación del hombre por el hombre.

La inversión extranjera aplicada a la dinamización del aparato productivo, protección del empleo e incremento de la masa salarial en Veracruz, indudablemente es bienvenida en tanto suena agradable a nuestros oídos y, la costosa promoción para atraerla, por lo consiguiente. De ahí que los constantes y costosos viajes al extranjero del titular del ejecutivo con tal finalidad no sólo se justificaran, sino que merecieran el aplauso popular y el alto nivel de aceptación del gobernante por parte de una ciudadanía engañada y manipulada.

Es común escuchar que la fortaleza de Veracruz reside en sus ventajas comparativas y en ello se sustenta la promoción gubernamental; destacando la disponibilidad de materias primas, agua, energéticos, mano de obra barata, estabilidad social y política, así como nuestra inmejorable ubicación geográfica, cercana a la mayor economía del mundo, y a ello se enfocó la oferta del gobierno estatal en su política de promoción económica.

En teoría, tales ventajas serían suficientes, a considerar por el inversor extranjero en tanto garantiza,  bajo el supuesto de un mercado laboral excedentario con salarios congelados, precios a la baja de las materias primas disponibles y políticas fiscales proteccionistas, opción viable de altas tasas de ganancia y acumulación.

A la luz de la lógica, lo anterior sería suficiente para la canalización de nuevas inversiones en las actividades productivas y relanzamiento de la economía veracruzana. La realidad económico financiera global, sin embargo, apunta en contrario, y de ahí el fracaso de la promoción económica del gobierno de Fidel Herrera Beltrán.

Para los que saben del paño, en las condiciones actuales de contracción económica, lo mismo en el ámbito internacional, que en el doméstico, existe duda respecto a la factibilidad de que tal inyección de recursos se concrete en el corto y mediano plazo; en que áreas específicas podría aterrizar, y cuales serían los beneficios inmediatos para la mayoría de la población.

A las ventajas comparativas que supuestamente garantizan al inversor extranjero menores costos de producción y por tanto mayores índices de ganancia y competitividad en el mercado internacional, se les opone la contracción de la demanda de bienes y servicios en aquellos países que, gracias al TLCAN, estarían llamados a ser destinatarios naturales de la producción veracruzana, caso de estar esta orientada a la exportación como así está contemplado. El bajo costo de oportunidad  a ofertar como ventaja, en tales condiciones y en tanto no se resuelva el problema de la recesión en las economías de nuestros socios comerciales, pareciera haber sido  irrelevante en la promoción del crecimiento económico sectorial y regional de la entidad.

El mercado interno, como segunda opción,  estaría prácticamente descartado y fuera de la prioridad del posible inversor extranjero; el desequilibrio entre oferta y demanda laboral, la congelación salarial, y la restricción crediticia,  limitan la capacidad real de compra de la mayoría de la población  y,  por ende, a la luz de la relación costo beneficio, el margen de ganancia que podría esperarse en este momento de la inyección de recursos frescos al aparato productivo estatal, no le es suficientemente atractivo al capital foráneo.

No así para las grandes cadenas comerciales que ofertan de todo, menos productos veracruzanos, “cachando” con indudable beneficio lo que pueden de la exigua capacidad real de compra de la población,  prioritariamente destinada al consumo de alimentos, y de lo cual el fidelato auspicia y se siente satisfecho.

De ahí que los montos de recursos aplicados a la presunta promoción económica del gobierno de la fidelidad en el extranjero a lo largo del sexenio, no se vean reflejados en destacada ampliación de la planta productiva, con impacto en empleo real, incremento de la masa salarial, ahorro,  y fortalecimiento del mercado interno.

Los resultados de la política económica diseñada y aplicada por el gobierno que concluye, fueron más mediáticos que reales. Mucho ruido y pocas nueces, anuncios espectaculares, triunfalismo sin sustento, con el que se engañara a los veracruzanos con un alto costo y opacidad en propaganda gubernamental.

Lo señalábamos en artículo anterior. Tanto el gobierno de la República Popular China, como la administración del presidente Barack Obama en los Estados Unidos, está mostrando el camino; señalando enfáticamente como prioridad el fortalecimiento y expansión de la oferta y demanda interna, apoyando con criterios proteccionistas, en primer término, al  consumidor, y en paralelo a la pequeña y mediana industria.. En las actuales condiciones de México, esto estaría algo así como en sánscrito. No hay dinero ni voluntad política para modificar el esquema macroeconómico a favor de la economía familiar en el corto plazo. La ceguera gubernamental hace marchar al país en sentido inverso, propiciando estancamiento y retroceso.

Bajo esta óptica, el sentido común indicaría que al contrario de las falsas expectativas del gobierno de la fidelidad, antes que confiar al capital foráneo la reactivación del aparato productivo de la entidad, habría que poner primero el énfasis en el fortalecimiento del mercado interno; con políticas públicas que propicien y posibiliten el incremento de la capacidad real de compra de la población, descongelando el régimen salarial, incentivando en términos reales y no con simples declaraciones o apoyos insuficientes, asistencialistas y extemporáneos, al campo y  pequeña y mediana empresa industrial, poniéndole freno a la importación indiscriminada de bienes y servicios.

Estando a unos pasos de estrenar nueva administración pública en la entidad, en términos muy pragmáticos, por lo que toca a la mayoría de los veracruzanos, valen las siguientes interrogantes en relación a mantener la misma estrategia de promoción económica gubernamental, basada en la inversión extranjera, como parece ser la intención ya anunciada de Javier Duarte, en un contexto nacional por demás restrictivo.

¿Veracruz está en condiciones de ir contra la corriente mundial y ofrecer con políticas públicas neoliberales, crecimiento económico y desarrollo?

¿Abatiría la tendencia al alza de los precios de la tortilla, los energéticos, el transporte, el cuidado de la salud, e incluso la educación?

¿En que medida abatiría la creciente tendencia al desempleo formal?

¿Cómo incidiría en la obtención de mejores niveles salariales para varios millones que perciben ingresos entre uno y cinco salarios mínimos?

¿Que oportunidad ofrecería  a las nuevas generaciones, hoy sumidas en el desencanto y pérdida de expectativas para el futuro?

Vale la pena reflexionar sobre ello, antes de aplaudir por anticipado el que el nuevo gobierno incurra nuevamente en una onerosa promoción gubernamental para la obtención de nuevos y mayores montos de inversión extranjera en Veracruz. Ya nos engañaron una vez, no más espejitos a cambio del desastre.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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