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Pulso critico

J. Enrique Olivera Arce

Mérida, Yuc., Diciembre

Contradictoria y sin sentido de la realidad,  la vida política de Veracruz transcurre cotidianamente sin que a nadie parezca importarle lo que para la entidad, en lo colectivo,  y para cada ciudadano en lo particular, significa lo acertado o equívoco de las decisiones verticales de aquellos que, desde la administración pública, determinan presente y futuro de la sociedad. Los mandantes acatan y los mandatarios imponen; nada más alejado de la vida en democracia y nada más cerca del autoritarismo decimonónico del cacicazgo faccioso.

El gobernador de Veracruz, en su mensaje de toma de posesión el primero de diciembre, anuncia su pretensión de crear una nueva secretaría del medio ambiente y, sin el mayor talante crítico, conocimiento de causa,  ni consulta alguna con la ciudadanía a la que se debe, la LXII Legislatura del estado, apenas quince días después, aprueba a bombo y platillo lo que, a todas luces resulta un absurdo en las actuales condiciones de la administración pública veracruzana y de la sociedad en su conjunto.

Lo que públicamente exponen como justificación, tanto el gobernador Duarte de Ochoa, como los diputados involucrados, no pasan de ser lugares comunes, burda calca de los irrelevantes posicionamientos que, en materia ecológica y desarrollo sustentable, suelen adoptar los falsos profetas que se autonombran defensores del planeta azul, en tanto ello no modifique las reglas impuestas del capitalismo rampante.

“Con la aprobación de estas modificaciones, se contará con una dependencia especializada en la atención a los problemas ambientales, lo que permitiría, por un lado, combatir la contaminación de los cuerpos de agua y suelos, en busca de su saneamiento para apoyar las actividades productivas y, por otro, definir las políticas públicas orientadas a la preservación de nuestras riquezas naturales. De este modo, la nueva Secretaría será responsable de coordinar las políticas de preservación y restauración del equilibrio ecológico, cambio climático y protección del medio ambiente en el Estado”, dice el párrafo justificatorio que sustenta la aprobación de la iniciativa de reformas a la ley orgánica del poder ejecutivo por parte de la diputación, que da lugar a la creación de la secretaría del medio ambiente.

Para quienes conocen del paño, e incluso para los legos sin mayor sustento que el sentido común, el galimatías expuesto no resiste el menor análisis, confirmándose el absurdo en que se incurriera en la aprobación de la tempranera iniciativa. Veamos una primera aproximación a lo que los expertos tendrán mucho que decir:

a). La dependencia especializada en la atención a los problemas ambientales, permitirá combatir la contaminación de los cuerpos de agua y suelos, en busca de su saneamiento para apoyar las actividades productivas.

b). La dependencia especializada en la atención a los problemas ambientales será responsable de coordinar las políticas de preservación y restauración del equilibrio ecológico, cambio climático y protección del medio ambiente en el Estado”.

En el primer caso, son las actividades productivas las responsables del deterioro ambiental de tierra, aire y agua, y  no a la inversa, como lo suponen señoras y señores diputados.

En tanto que en el segundo apartado, el cambio climático no se preserva ni se restaura, se toman providencias para prevenir sus efectos negativos en todo ser viviente y su entorno. Por cuanto a la preservación y restauración del equilibrio ecológico, mediante la coordinación de políticas públicas, ello es tarea de los tres poderes gubernamentales e igual número de órdenes de gobierno, en estrecha vinculación con la sociedad en su conjunto. Lo cual ya está previsto en la legislación federal vigente.

Esto, sin considerar que no podemos hablar aún de políticas públicas en el ámbito estatal, cuando a esta fecha no se cuenta con un Plan sexenal de desarrollo, o programa de gobierno para el sexenio, en el que se establezcan con claridad propósitos, objetivos y metas por alcanzar, regional y sectorialmente,  y del que se derivarían las políticas ambientales conducentes.

Como tampoco se cuenta con el presupuesto autorizado y partidas específicas para ejercer en el presente año y los subsiguientes, como para que la dependencia especializada con holgura pueda cumplir con el cometido propuesto. Y es en este rubro en el que la marrana tuerce el rabo, cuando de todos es conocido por obvio, que tanto la administración pública estatal como la municipal tienen entre manos un problema de quiebra técnica, o como vulgarmente se comenta, están en bancarrota. Lo sabe la diputación, lo denuncian las bancadas opositoras en el Congreso y, aún así, unánimemente aprueban el desaguisado y sueño de un Veracruz verde, en tanto que el Dr. Duarte, un día después de lo aprobado, se apresura a tomarle protesta al secretario del nuevo ramo.

Ya veremos el jaloneo de la cobija, cuando de distribuir el presupuesto de egresos y  de la disponibilidad real de recursos líquidos se trate. Ofrecer no cuesta, cumplir es lo que aniquila.

Una nueva estructura burocrática de limitado alcance estatal, como la ya aprobada, en todo caso tendría carácter coadyuvante en la aplicación de políticas públicas ambientales, correspondiéndole al gobierno de Veracruz sumar esfuerzos orientados al cumplimiento de la normatividad existente y esto, en teoría, ha estado a cargo de la Secretaría de Desarrollo Social y Medio ambiente a lo largo de los últimos seis años, sin que la opinión pública conozca de los resultados de su gestión y, por ende, de la necesidad y pertinencia de las modificaciones a la estructura  orgánica del Poder Ejecutivo.

No es que se trate de aguarle la fiesta de asunción al Dr. Duarte, pero hay que reconocer que, en el tema ambiental se está equivocando, dejándose llevar por lo que en Cancún se puso de moda. No tiene caso ya insistir en que antes de crear una nueva secretaría, habría que ordenar aquello con lo que ya se cuenta, dándole eficiencia y eficacia. El palo está dado por el mandatario y sus diputados a modo, luego los mandantes tendremos que apechugar años de vacas flacas y los nocivos efectos de un cambio climático ya presente, en una entidad federativa en la que todo está acomodado para perder.

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