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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Estimando que en la elección de gobernador en el 2010 alrededor de 2 millones de veracruzanos no sufragaran a favor del Dr. Javier Duarte de Ochoa, éste está más que obligado a demostrar que conducirá a la entidad por el camino correcto. Se le ha brindado el beneficio de la duda a partir de considerársele un político limpio, preparado y bien intencionado, que fuera más que beneficiario, víctima de los excesos de Fidel Herrera Beltrán, pero debe hacerse acreedor a tal muestra de  generosidad.

Igualmente se le concede el justificarle confusión en el arranque; no es fácil para nadie estrenarse como gobernador de una entidad federativa tan compleja y desigual en sus vastas regiones y, aún menos, habiendo heredado de su antecesor una administración pública tan cuestionada por su corrupción y desorden, como financieramente desfondada.

Sin embargo,  tal beneficio no puede otorgarse ilimitadamente. Cien días al frente de la administración son suficientes para conocer si ofrece rumbo, certidumbre y voluntad política para atender a las necesidades crecientes de Veracruz.

En unos cuantos días se vence tal plazo y, sin ánimo de juzgar a priori, por lo que hemos visto hasta ahora honestamente considero no convence el estilo personal de gobernar del Dr. Duarte de Ochoa; la impresión a bote pronto es de que formado políticamente al lado de Herrera Beltrán, se inclina más a seguir el estilo aprendido de su mentor y amigo que a manifestar uno propio, congruente con su preparación académica y la esperada comprensión que como joven ilustrado debe tener respecto a los retos de nuestro tiempo.

Hasta hoy, domina el viejo y sobado estilo. Tremendismo mediático, anuncios espectaculares de propósitos difíciles si no imposibles de cumplir y, para no perder el camino aprendido de su antecesor, un triunfalismo sin sustento que choca con la realidad.

En la forma se refleja el contenido. Más que palabras del gobernante los ciudadanos esperamos políticas públicas acordes con necesidades reales y sentidas de la mayoría de los veracruzanos, empezando con aquellos más desprotegidos.

En este contexto, es de llamar la atención que, sin mayor análisis, el Dr. Duarte de Ochoa de un plumazo transfiera al DIF y al voluntariado de la mal llamada “sociedad civil”, tareas que son de la absoluta competencia del gobierno que preside, como es el caso de la atención a los quince municipios de mayor atraso relativo en la entidad.

A diferencia de mi amigo Alfredo Bielma Villanueva, quien me distingue generosamente con sus valiosos aportes a mi sitio en la Red de Redes, estimo que tal transferencia de responsabilidades constituye una pésima decisión.

El atraso de los quince municipios seleccionados en principio, no es coyuntural ni puede atribuirse a los mini huracanes que tanto se han publicitado. Tiene carácter estructural, identificado plenamente como rezago social y económico y deuda histórica con nuestros pueblos originarios condenados a sobrevivir en condiciones de explotación, exclusión, desigualdad y pobreza extrema, en las serranías veracruzanas.

Tal deuda histórica no se resuelve con políticas públicas asistencialistas, en palabras más crudas, con limosnas provenientes de personas o instituciones privadas o subsidiarias del poder público “bien intencionadas”, para las que la caridad es manera de alcanzar la gloria eterna, negocio terrenal redondo, vía exención de impuestos ó, en su caso, careta propagandística de pedestres intereses políticos.

Sólo faltó que se dijera que el rescate de los 15 municipios en cuestión, correría a cargo del “redondeo” que con toda impunidad aplican las cadenas comerciales a sus consumidores cautivos.

¿O es que acaso se pretende que, como en el pasado reciente, el DIF substituya a las secretarías de salud, educación, agricultura, desarrollo social y económico, finanzas, y al propio Congreso local? Instituyéndose de facto a la “primera dama” como “vice gobernadora”.

Si es así, ya empezamos mal.

Si verdaderamente existe interés en rescatarles e incorporarles a la senda de prosperidad que se anuncia para Veracruz, como prioridad ello se debe reflejar presupuestalmente en medidas serias y a profundidad a cargo de los gobiernos estatal, y municipales, para erradicar analfabetismo, insalubridad, desempleo, exclusión e injusticia, así como en la dotación integral de infraestructura. Estableciendo metas concretas en tiempo y espacio, soportadas con la participación activa de las propias comunidades, como sujetos con mayoría de edad y no objeto inerte a expensas de la caridad.

Estamos aún  a tiempo. Bien vale un alto en el camino recien andado y reflexionar sobre el que y como reorientar con visión de Estado, rumbo y destino perdido en el sexenio precedente. Está más que comprobado que los palos de ciego con eco mediático de tres cuadras a la redonda, no conducen a buen puerto. El joven Duarte tiene que aprender a paso acelerado que una cosa es ser gobernador y otra, más difícil y compleja, es gobernar.

No debe echar por la borda el beneficio de la duda que con generosidad le conceden alrededor de dos millones de votantes.

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