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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Perdido todo referente histórico, y sin claridad sobre lo que depara el futuro cercano a nuestro país en el contexto de la crisis sistémica global, la coyuntura parece dominar en el escenario político de la izquierda electoral, manifestándose en un inmediatismo pragmático sin rumbo y sin destino en el que, como bien apunta Uriel Flores Aguayo en Veracruz, lo que está en duda es la supervivencia de un PRD ayuno de ideología, programa y visión de mediano y largo aliento, una vez concluida la elección en el 2012.

Lo comentamos en un artículo anterior: “…la crisis por la que atraviesa el sistema electoral en México y, por ende, los partidos políticos, tocó fondo y y está en suerte que el Partido de la Revolución democrática sea el primero en reventar”, en la inteligencia de que la morralla electoral no cuenta cuantitativa y cualitativamente, al ser el papel de ésta simple comparsa de los partidos mayoritarios.

Si algo ha impedido que el cadáver insepulto no pierda su registro, lo es sin duda la resistencia de sus bases a perder el único instrumento del que se pueden valer para expresarse social y políticamente. Pero tal resistencia tiene límites en un proceso desigual de maduración de la conciencia colectiva, en el que se combina el nivel más alto de información, cultura política contestataria y organización, focalizado en el centro del país, con el atraso mayoritario en el norte y sur-sureste de México en el que el PRD carece prácticamente de presencia.y liderazgo, salvo pequeños enclaves regionales que responden más a condiciones políticas y sociales específicas que a una estructura formal partidista.

La medida cuantitativa y cualitativa nos la dan los recientes procesos electorales en Guerrero y Baja California, donde el PRD pusiera de manifiesto su carencia de base social consecuente y su incapacidad para dar respuesta a las demandas populares, a la par que exhibiera el oportunismo a ultranza de las cúpulas partidistas estatales respondiendo a los intereses de una dirigencia nacional, defenestrada de facto y entregada al gobierno de Calderón Hinojosa.

Sin la organización y peso específico de las diversas corrientes o “tribus” que operan en la zona conurbada de la ciudad de México, el PRD en el resto del país no es nada. Como nada se puede hacer para su posible rescate y refundación en la periferia para pesar en la elección presidencial del 2012.

En este contexto todo apuntaría  a que el PRI y el PAN marchan en caballo de hacienda, rumbo a la elección presidencial, sin obstáculo que se les oponga por parte de la izquierda electoral. Sin embargo, a mi juicio no es así de lineal tal apreciación. Primero, porque tanto el PRI como el PAN llevan el mismo camino hacia su autodestrucción inmersos como están en sus propias contradicciones, que les divide y debilita y, en segundo término, representando a los mismos intereses de los poderes fácticos ni uno ni otro tienen respuesta  a las demandas crecientes de la población, que no sean las fórmulas neoliberales mal aprendidas del capitalismo tardío. Ideológica, programática y estructuralmente, no tienen ya nada novedoso que ofrecer electoralmente que satisfaga a una amorfa y escéptica masa de votantes.

Tanto el PRI como el PAN, dependen de frágiles alianzas a su interior que ya están chocando entre sí en la búsqueda de consensos válidos en la selección de su respectivo candidato que les abandere en la justa electoral por la presidencia de la República; sumándose el que cada gobernador atienda más a los intereses de sus cotos regionales de poder que al ya perdido sentido de unidad y disciplina partidista. La suma de estas contradicciones internas, aunque no de manera tan explícita, coloca a los dos partidos punteros en la misma tesitura del PRD en el marco de la crisis, tanto del sistema electoral como de la incipiente democracia representativa. De ahí que la elección de gobernador en el estado de México se considere por los tres partidos mayoritarios como “laboratorio” previo para medir sus fortalezas y debilidades con vías al 2012.

Sin aún considerar el contexto más amplio de una crisis mayor, la sistémica, que combina la debacle económico financiera con los efectos del cambio climático que afectando ya a todo el planeta, ofrece oscuros presagios en materia alimentaria; México, con cuarenta millones de personas en condiciones de pobreza y pobreza extrema, no está a salvo de una posible hambruna y, por ende, tampoco del efecto dominó de agitación social y disturbios que rebasan toda medida de control por parte de gobiernos, partidos políticos y liderazgos formales.

¿Qué hacer en la coyuntura, perdido rumbo y destino para el mediano y largo plazo? Eh ahí el dilema para una izquierda renuente a rescatar referente histórico. ¿Retornará al marxismo como herramienta de análisis? ¿Retomará las lecciones de Lenin, Trotsky, o Mariátegui, para enriquecer bagaje ideológico y organizativo? ¿O seguirá diluyéndose entre la denuncia estéril y el quejumbroso lamento con el que lame su impotencia?

Mientras la izquierda auténtica se decide “a salir del closet”, las masas enardecidas y sin control bien pudieran encontrar por sí mismas el camino para avanzar. Vale la pena reflexionar sobre ello, antes que pensar en el inmediatismo pragmático de bastardos intereses electorales.

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