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Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce

 En el marco de un imponente despliegue publicitario, ante más de cinco mil personas congregadas en instalaciones de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana, la tarde de hoy jueves, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, dio a conocer la estrategia toral de su gobierno proponiéndose con el Programa “Adelante”, joya del sexenio, abatir a la mitad pobreza y desigualdad en la entidad.

 Por razones obvias la presentación y puesta en marcha del la estrategia de desarrollo social contemplada en el llamado Plan Veracruzano de Desarrollo y denominada “Programa Adelante”, agitó memoria histórica y generó  lo mismo amplias y optimistas expectativas que justificadas dudas en cuanto a la viabilidad de la meta por alcanzar, reiterada por el gobernador en su discurso: abatir en un 50 por ciento la pobreza en Veracruz, con énfasis en los 16 municipios con mayor atraso.

 Prensa escrita, radio, televisión, portales informativos de internet y grandes espectaculares panorámicos, se encargaron de dar realce al evento en el que, al viejo estilo priísta, se echó la casa por la ventana, a sabiendas de que con lo anunciado el gobierno de Veracruz cuenta ya con una plataforma de despegue que pretende señalar rumbo, destino y prioridad en materia de desarrollo social para el sexenio.

 Lo que de primera intención llama a reflexionar sobre lo anunciado, más que el contenido del discurso que habrá que analizarse a detalle, desbrozando la paja y los lugares comunes para quedarnos con lo sustantivo, es que entre las expectativas generadas destaca la expresada a bote pronto por algunos priístas que, sin valorar aún alcances y requerimientos para materializar un programa que pretende ser innovador, así como expresión de voluntad y decisión política del gobernante para imprimir nuevo rumbo en el quehacer de la sociedad veracruzana, lo contempla ya como instrumento electoral con vías al 2012.

  Sin considerar éstos que la estrategia planteada por el gobernador,  puede resultar políticamente un arma de doble filo. Pues si bien de lograrse avanzar en la meta toral propuesta, ello beneficiaría electoralmente al PRI, caso contrario sería su derrumbe al pretenderse poner toda la carne en el asador y todos los huevos en una sola canasta, con un instrumento de política pública integrador de estrategias y acciones gubernamentales ahora dispersas, cuando este esfuerzo anunciado está dirigido a una población mayoritariamente hábida de respuestas palpables a demandas añejas, en un contexto nacional política y económicamente poco propicio para avanzar con rumbo cierto en el combate a históricos rezagos estructurales como la desigualdad, la pobreza y la marginación.

 Con “Adelante”, se comenta apenas concluido el faraónico evento, el gobierno estatal y, por ende, el PRI, “contará con el padrón de beneficiarios de los programas sociales que el gobierno panista de Calderón Hinojosa controla con fines electorales en Veracruz”. Viéndose así al tal padrón como botín, sin ver el bosque.

 Si la estrategia es correcta y tiene el éxito deseado, incidiendo de manera notable en el abatimiento de la pobreza, cuando menos en los municipios más atrasados, el resultado a obtener se da en tal corriente de opinión partidista como marginal e irrelevante, en aras de un pretendido éxito electorero. No se vale.

 Sin parar mientes que aún no se conoce si “Adelante” substituye a “Oportunidades” y si el ambicioso programa tendrá a su alcance el control de más de 250 programas y sus correspondientes presupuestos autorizados por el Congreso de la Unión  que, de acuerdo la Ley de Desarrollo Social y las políticas públicas para darle vigencia plena, maneja el gobierno federal. Antes al contrario, de entrada, lo anotado en el discurso de presentación apunta a que “Adelante” competirá con “Oportunidades”, sin contar con los recursos presupuestales que habría que bajar año con año, ni con la estructura operativa que la estrategia derivada del PVD requiere para su materialización.

 Si lo que pretende el gobierno estatal  es que “Adelante”  y sus subprogramas operativos anuales, se circunscriba a la coadyuvancia en las tareas de impulso al desarrollo social en beneficio de los estratos más pobres y vulnerables de la población veracruzana que, a cargo de “Oportunidades”  maneja el gobierno federal en la entidad, la situación sería diferente pero, siempre condicionada para su financiamiento  al Convenio Único de Coordinación y sus anexos programáticos, signado entre la federación y el gobierno de Veracruz. Con la salvedad de que de acuerdo a la normativa federal en materia de desarrollo social, se requeriría la intermediación de la delegación de Sedesol en el estado, así como del Copladever estatal, en la programación, seguimiento y control de la inversión convenida por las partes. Organismo este último que en Veracruz ya no figura en el organigrama gubernamental.

  Caso contrario, si “Adelante” se contemplara como un instrumento netamente local, con modalidades, objetivos, y metas por alcanzar bajo el control estatal, éste tendría que ser financiado –“miles de millones de pesos”-con recursos propios, y aportaciones federales al presupuesto del gobierno de Veracruz y sus Ayuntamientos en el marco de  de unas muy cuestionada salud de las finanzas de la administración pública veracruzana. Y es ahí donde a mi juicio la marrana tuerce el rabo al topar con pared, cuando menos en lo que resta del año y previsiblemente en el 2012.

 En uno u otro caso, en lo sustantivo se seguiría dependiendo de la federación, que lleva la batuta, aporta los recursos presupuestales, y mantiene la modalidad asistencialista en materia de promoción del desarrollo social en el país que Duarte de Ochoa pretende cambiar.

 Por otro lado, no puede soslayarse que la Secretaría Estatal de Desarrollo social aún no está madura, organizada, ni cuenta con la capacidad técnica y administrativa de coordinación interinstitucional para una tarea “transversal” de tal envergadura que, entre otras cosas, contempla la integración de programas y acciones lo mismo de impulso al desarrollo social, que al fomento económico de cada una de las secretarías y organismos, en un solo instrumento integrador.

No debe olvidarse que en el pasado se vivió la experiencia de programas similares que hoy retoma “Adelante” en Veracruz, como el PIDER con Luís Echeverría y José López Portillo,  y SOLIDARIDAD con Carlos Salinas de Gortari, en los que el principal obstáculo para su operación y resultados exitosos, fue la coordinación interinstitucional entre los tres órdenes de gobierno.

 Pues una cosa es decir que se dará orden, eficiencia y eficacia al aparato gubernamental y otra, muy distinta, el que, en la práctica, se logre sumar esfuerzos y voluntades en torno a un ambicioso programa único, sin despertar celos burocráticos y políticos en el seno del gabinete legal y ampliado, a los que se adicionan intereses partidistas que contemplan en la población objetivo, el ansiado botín electoral.

Así que si los priístas veracruzanos, relamiéndose los bigotes creen que “Adelante” será un instrumento electoral a su servicio, con vías a influir en el concierto nacional para el 2012, honestamente creo que se están haciendo fuera del tiesto. Pues para que ello no suceda distorsionándose una buena intención en el camino, el gobernador del estado, quizá deseando ver materializado un propósito históricamente justificado y avanzar en la consecución de su meta de abatir pobreza y desigualdad en la entidad,  bien se guardará seguramente de no politizar lo que ya se considera como la joya de la corona del sexenio duartista.

Dentro de lo que cabe y con el mayor optimismo, esperamos que la estrategia adoptada le funcione al gobernador veracruzano. Falta aún conocer a detalle contenido, alcances programáticos e instrumentos operativos no mencionados en la presentación de “Adelante”, para familiarizarse con ella y, sin duda, ver si los presuntos beneficiarios, curtidos y escamados tras tantas promesas y programas fallidos, la reciban con confianza y auténticas expectativas de progreso para hacer suyos objetivos, acciones y metas de los casi 300 subprogramas considerados.

Si la población objetivo desconfía, o como suele suceder, se recurre al camino fácil de imponer verticalmente más que a convencer, pretendiendo ganar tiempo impidiéndose una legítima y auténtica participación de los beneficiarios, desde la etapa misma del diseño de las acciones por ejecutar hasta la evaluación de resultados, las consecuencias  pudieran ser desastrosas. Pues no puede dejarse de considerar que el pasar de una concepción asistencialista a un proceso de democracia participativa como la planteada por el gobernador, ni es “enchílame otra” ni viable en el corto plazo, cuando está de por medio el proceso electoral que desembocará el año próximo con el cambio de estafeta en el Poder Ejecutivo Federal. La partidocracia se encargaría de sabotear la obligada democratización de las tareas de impulso al desarrollo social propuestas.

Esperemos que esto último no suceda. El futuro de Veracruz está de por medio, sin olvidar el compromiso ético de la sociedad como lo señalara Duarte de Ochoa,  de saldar la gran deuda histórica con las comunidades indígenas en pobreza extrema a las que prioritariamente está dirigido el programa.

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