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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para mi entrañable amigo Melitón Morales, quién con trabajo, tesón y permanente deseo de trascender, celebra el treinta y tres aniversario de su revista “Análisis Político”.

 En sus últimas presentaciones públicas es de llamar la atención lo mismo actitudes que contenidos del discurso del gobernador Duarte de Ochoa, abonando a favor de realismo, congruencia y valentía, de un no por joven e inexperto servidor público, deja de tener conciencia de la fuerza que da el poder y la disposición para ejercerlo con inteligencia.

Los últimos discursos de Javier Duarte, contienen frases que ya hablan de realismo pie a tierra. “Hago lo que se puede, peor es no hacer nada”, conciente de que no puede ir más allá de lo posible pretendiendo bajar peras del olmo. Se enfrenta con valor a su circunstancia a sabiendas de que está atado de manos, no solamente por el problema financiero heredado, sino que se percibe también en sus palabras que no cuenta con el mejor equipo de trabajo que deseara ni el más confiable, así como tampoco con la comprensión y apoyo de la llamada sociedad civil para encontrar eco en sus propósitos, de ahí que llame a “cerrar filas” para enfrentar entre todos tanto la escalada de violencia como la amenaza de la crisis que se avecina con el tsunami norteamericano.

 

Todos vamos en el mismo barco, de cada quien su aportación y a cada quien lo que en justicia merezca, es el mensaje.

 

No sólo son palabras. En esta caso cuenta el tono y la contundencia; congruencia entre lo que se piensa y lo que se dice, en el tenor del discurso. Javier Duarte ha mostrado en los últimos días que en el gobernador presuntamente débil existe disposición y fortaleza de carácter para enfrentar el reto. “Es la clase empresarial la que crea empleos no los gobiernos. Nosotros sólo somos facilitadores de sus tareas y coadyuvantes”, dice a una iniciativa privada, privada de iniciativa, que espera todo de la administración pública estatal. El Dr. Duarte delimita campos y responsabilidad social en las tareas del combate a la pobreza y crecimiento económico. Si el empresariado no es eficiente y competitivo por sí mismo, el gobierno no le va a hacer su tarea. Ya era hora, y eso va también para aquellos dueños de medios de comunicación que no han sabido o no han querido conciliar sus legítimos intereses con la nueva realidad de Veracruz.

Pero no queda ahí la cosa, en su mensaje televisivo a los veracruzanos, reproducido por la prensa impresa y portales informativos en la internet, El Dr. Javier Duarte de Ochoa fue claro y contundente: “Quiero decirles a todos los veracruzanos que mi compromiso con la vigencia de la ley es total. Por esa razón, expreso que todos aquellos servidores públicos que por miedo o por interés económico estén coludidos con grupos delincuenciales, tendrán que responder a la sociedad por sus malos actos, por la traición a la confianza depositada en ellos y serán sancionados con todo el peso de la ley. Deseo también ser muy preciso en este tema: la delincuencia tiene además raíces y apoyo en diversos sectores de la sociedad. No podemos auto engañarnos y cerrar los ojos ante la participación de otros actores, quienes se escudan entre empresarios, periodistas, profesionistas y otros grupos sociales”.

No es pose mediática ni amenaza fruto visceral de impotencia, sino reconocimiento a la terca realidad, expresado con valor y congruencia. Tras advertencia no hay engaño, el que la debe, debe pagarlo, así sea un encumbrado personaje.

Aunque como dice en su columna Manuel Rosete Chávez, del dicho al hecho media un buen trecho, a lo que agregaría que tampoco es garantía de corrección en políticas públicas poco eficaces emprendidas por su gobierno.

Ya se verá en el terreno de los hechos si valor y congruencia percibidos en el discurso del Dr. Duarte se materializan en medidas concretas que desbrocen el camino del ejercicio del poder en beneficio de Veracruz; lo que trae a cuento la manida frase de que “el poder no se comparte”. Si es así, no debería dispersarse ni fragmentarse, por lo que el tono y contundencia de las palabras del gobernante, considero también son una primera llamada pública para aquellos que aún no asimilando que hoy por hoy quien gobierna es Javier Duarte, viven de y para el oneroso pasado reciente más que se desgañiten y aplaudan a rabiar, como si la casaca no fuera de su medida.

Es la hora de las definiciones. No se puede echar en saco roto enérgico y a la vez realista y conciliador  mensaje. Al buen entendedor pocas palabras.

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