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Monthly Archives: agosto 2011

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Quizá la decisión más importante hasta ahora de la administración a cargo del Dr. Duarte de Ochoa, sea la iniciativa de reestructuración de la deuda pública, aprobada con dispensa de trámite el pasado 28 de julio por las bancadas del PRI y del Panal en la LXII Legislatura.

Medida audaz, con la que en principio se ponen los pies sobre la tierra, aceptándose oficialmente que el gobierno de Veracruz está en bancarrota, al mismo tiempo que puede considerarse como señal inequívoca de un claro deslinde del Dr. Duarte. Lo que no es de su año no es de su daño.

No sólo se propone redocumentar pasivos bancarios y los servicios de la deuda no cubiertos en su oportunidad, también la iniciativa contempla la autorización para contratar nuevos créditos para cubrir compromisos no cumplidos de la anterior administración contraidos con el IPE, empresas constructoras, proveedores y medios de comunicación, que ascienden a más de 17 mil millones de pesos.

No se puede hacer gran cosa ni se puede exigir más del gobierno de Veracruz, cuando se hereda una deuda pública de 30 mil millones de pesos. Pesada lápida con la que se inicia el mandato del Dr. Duarte, luego la medida más que obligada, contiene a mi juicio dos aspectos relevantes.

 

Reconocerla y de ahí partir para rediseñar propósitos, estrategias, objetivos y metas para conjugar lo deseable con lo posible y, dejar claramente sentado que el despilfarro, pésima administración y presunto desvío de recursos, representa un daño al erario público que no se puede atribuir al gobierno duartista.

Quedando asentado en el Congreso local que sólo hay un responsable, Fidel Herrera Beltrán y la administración a su cargo y, en consecuencia, ello es antecedente a considerar en la revisión de la cuenta pública del 2010. Con el salvataje propuesto por el Dr. Duarte de Ochoa, sin necesidad de rupturas políticas incómodas, el ex gobernador es exhibido ante la opinión pública y para la historia de Veracruz.

Los veracruzanos tendrán que pagar en 30 años este conjunto de obligaciones que, a su vez, estarán garantizados por un porcentaje anual de las participaciones federales, lo que repercutiría en menores inversiones del gobierno estatal en bienes y servicios a favor de la comunidad. Como corolario, es de  considerarse que se incrementaría la dependencia financiera que se guarda con la federación e instituciones bancarias, reduciéndose en el futuro cercano el margen de maniobra de la administración pública estatal.

¿Quién será responsable de ello? Usted lo sabe estimado lector. Más claro ni el agua. Una vez que sea desahogado el trámite de redocumentación y contratación del nuevo crédito, será a partir de ahí que se podrá calificar el desempeño financiero de la administración pública veracruzana cargo de Duarte de Ochoa. Borrón y cuenta nueva.

Hasta aquí es lo que  puedo interpretar a grandes rasgos del contenido del texto del Decreto con el cual el Congreso de Veracruz autoriza al titular del ejecutivo la reestructuración de la deuda pública, asentado en la Gaceta Legislativa No.48 De fecha 28 de julio del 2011.

Lo que sigue es la gran interrogante: ¿Con qué recursos propios y de participaciones federales, sostendrá el Dr. Duarte de Ochoa el ejercicio financiero del gobierno en su sexenio sin recurrir nuevamente al endeudamiento? Esto no lo dice el decreto, puesto que las señoras y señores diputados del PRI y del Panal, seguramente o no lo analizaron o no lo tomaron en cuenta al aprobarlo sin mayor trámite, puesto que ni se relaciona la reestructuración con el Producto Interno Bruto de Veracruz ni con los presupuestos de ingresos y egresos del 2012 y años subsiguientes.

Al parecer ni Finanzas ni el Congreso tomaron la previsión de considerar un colchón que asegure un mínimo de liquidez para satisfacer las demandas de inversión y gasto corriente para lo que resta del presente año y el inicio del siguiente. Entre otras cosas, para terminar con el tiradero heredado de obras inconclusas. ¿O el reemplacamiento vehícular anunciado y la exigencia de pagos vencidos de tenencia no cubiertos en su oportunidad  es tal previsión?

2011 prácticamente ya se fue. Esperaremos lo que sobre el particular se apruebe en los presupuestos de ingresos e ingresos para el 2012.

De ahí que podríamos estimar que el sexenio del Dr. Javier Duarte de Ochoa, será el de un gobierno pobre que, parafraseando a Hank González, será un pobre gobierno, cuando los retos presentes y futuros por afrontar superan en mucho la capacidad de la administración pública veracruzana. Todo se lo debemos a Fidel Herrera Beltrán y aún así lo queremos como Senador plurinominal por Veracruz.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Era de esperarse que el PRI en Veracruz pretendiera deslindar la participación del gobierno estatal en el aumento de la pobreza en México, destacando la pésima actuación del gobierno federal a cargo de Felipe Calderón y minimizando o ignorando la parte de responsabilidad que le corresponde a la administración pública de la entidad durante el período de Fidel Herrera Beltrán, quien hoy por cierto con todo cinismo nos dice que “abatir la pobreza es un reto inaplazable”. 

Ello es lógico por dos razones:

  • Estamos ya inmersos en la carrera por la presidencia de la República, luego cabe cargarle todas las pulgas al PAN en la persona del “presidente del empleo”.

  • Descalificar al gobierno del oriundo de Nopaltepec descobijaría a la actual administración a cargo del “delfín” de Herrera Beltrán, obligando al Dr. Duarte de Ochoa   a reconocer el fracaso de su antecesor en materia de empleo y combate a la pobreza, habiendo sido pieza importante en el diseño y aplicación de políticas públicas fallidas, incluido el pésimo y opaco manejo financiero gubernamental.

Flaca memoria del priísmo veracruzano o interés sesgado por no reconocer la responsabilidad de Herrera Beltrán, para el caso es lo mismo. Los veracruzanos no olvidamos que a lo largo del sexenio fiel la tónica del discurso oficial ampliamente respaldado por la prensa, fue el éxito en la generación de nuevas fuentes de trabajo, colocando en todo tiempo a Veracruz por debajo de la media nacional en desempleo y pobreza. Tanto se hizo alarde de ello que incluso se llegó al extremo de involucrar a empresas chinas en un montaje circense que aún subsiste en las instalaciones del llamado “armadillo amarillo”, a un costado de la autopista Xalapa-Cardel,  tras el sonado viaje del ex gobernador al país asiático.

La verdad es tan terca como la realidad. Siempre terminan por imponerse por sobre la propaganda mediática artificiosamente diseñada para dorarle la píldora a un pueblo en constante indefensión frente a los despropósitos de los gobiernos en turno. Hoy, tras el anuncio en el que se atribuye a la administración calderonista el haber incrementado en 13 millones el número de pobres en el país a lo largo de lo que va del sexenio, la prensa internacional con base en las mismas cifras dadas a conocer por el Coneval, destaca que:  “De los 3.2 millones de mexicanos que en 2010 se sumaron a la población pobre, 600,000 fueron veracruzanos, lo que significa que el estado sureño contribuyó con el 18.75% del aumento de las personas que viven en pobreza, según los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) difundidos el pasado 29 de julio”.

Sin dejar de considerar que el “presidente del empleo” ha fallado de manera escandalosa tanto en sus propósitos como en sus logros, tergiversando el orden de las prioridades de su gobierno y profundizando las causas origen de la desigualdad y pobreza en México, no se puede menos que reconocer que el viraje priísta en la conducción del país, acatando las recetas neoliberales del llamado “Consenso de Washington”, tienen mucho que ver en el deterioro económico y social que hoy se padece y que, de manera fehaciente, dieran continuidad los gobiernos panistas en la alternancia. Si se debe atribuir responsabilidad alguna por la pobreza y desigualdad acumulada a lo largo de cuando menos cinco lustros, esta estaría compartida solidariamente por el PRI y el PAN y, en última instancia, por el masoquismo congénito de todos los mexicanos que con singular indiferencia dejamos hacer, dejamos pasar.

Por cuanto a Veracruz, a lo largo de los cinco lustros considerados, ha sido gobernado por el PRI bajo las mismas recetas neoliberales aplicadas por el gobierno federal. Ninguno de los gobernadores priístas en su momento se opuso o cuando menos se expresó en contra del cambio de rumbo derivado del “Consenso de Washington, siendo por omisión o comisión, corresponsables del desaguisado. Otra cosa es que el PRI lo niegue por así convenir a sus intereses electorales.

Al Dr. Javier Duarte de Ochoa no se le puede señalar responsabilidad alguna, como gobernador. En el tema de la desigualdad y pobreza, en el breve lapso de su administración ni perjudica ni beneficia con su inocuo programa “Adelante”. Navegando con la bandera multicolor de la presunta prosperidad, atado de manos frente al tigre heredado, capea el temporal discursivamente,  procurando no hacer olas respecto a la pésima actuación de su antecesor al que ya se considera el peor gobernador que ha padecido Veracruz en los últimos cincuenta años, estirando la cuerda hasta donde aguante con medidas como la reciente aprobación por el Congreso de la redocumentación de la onerosa deuda pública con la que iniciara su mandato.

Por cierto, valdría la pena considerar que con la redocumentación de la deuda bancaria no necesariamente el gobierno estatal obtiene liquidez, por lo que la presión de los acreedores y demandantes de obra pública relevante, va para largo.

Coloquialmente, así las cosas al priísmo estatal más le convendría no hacerla de tos tratando de llevar agua a su molino con fines electoreros. Podría revertírsele el chirrión de sopesar el electorado que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata, pues no se puede hacer de lado que tan responsable de la lastimosa condición de pobreza en México es el presidente Calderón a nivel nacional, como los gobernadores, ahora virreyes, en sus respectivas heredades.

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J. Enrique Olivera Arce

“El éxito de Cancún en México como el primer polo de desarrollo turístico en el país, y destacado destino de alcance internacional, responde sin duda a dos factores, a saber, primero, que ha respondido a un proceso de planeación integral con visión de Estado, del que en lo general se derivan políticas públicas y acciones de los sectores público y privado que, en lo general,  permiten canalizar recursos y esfuerzos en torno a objetivos comunes, lográndose complementariedad y eficacia tanto en la dotación de la  infraestructura requerida como en capacitación del recurso humano y prestación de servicios. En segundo término el amplio abanico de oportunidades para todos, en el que sin distingo de origen todos tenemos algo que aportar y todos recibimos algo a cambio que nos hace sentir parte activa de una sociedad que vive de y para el turismo. Cancún es de todos, residentes y visitantes, en ello estriba el secreto del éxito”.

Esto me comenta un joven y exitoso arquitecto, xalapeño, egresado de la Universidad Veracruzana, que al igual que muchos veracruzanos se ha integrado a este pujante polo de desarrollo. Llegó a Quintana Roo como muchos mexicanos, sin un centavo en el bolsillo pero con muchas ganas de trabajar y trascender integrándose a las tareas de desarrollo, formando una familia que orgullosamente se siente cancunense.

El entusiasmo con el que me narra anécdota tras anécdota sobre sus peripecias para lograr el lugar que hoy ocupa como empresario en la industria de la construcción, me recuerda a varios amigos que integrados a las tres o cuatro primeras oleadas de veracruzanos que, en busca de oportunidades y más amplios horizontes, arribaran a tierras quintanarroenses logrando destacar en la política y en el servicio público, siendo algunos de ellos protagonistas valiosos en la transformación del entonces territorio federal en un estado de la República, como fuera el caso del cordobés Joaquín González Castro, “Quino” como se le recuerda con cariño, primer alcalde constitucional del naciente municipio de Benito Juárez, asiento de Cancún.

Testigo del nacimiento del hoy destacado polo turístico en mi carácter de servidor público, coincido con las apreciaciones de mi joven amigo. De la nada se levanta Cancún gracias a la visión del entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, que se hace acompañar del entusiasmo del gobernador del territorio, Gustavo Gutierrez Ruiz y el trabajo constante y eficaz de los tres primeros gobernadores constitucionales, Jesús Martínez Ross, Pedro Joaquín Coldwell y Miguel Borge Martín. La guía para la acción, coordinación de los tres órdenes de gobierno y la complementariedad en el quehacer social y económico, tuvieron sustento en un plan de largo aliento en constante revisión, evaluación y ajuste.

Primero lo primero. Integrar la región al resto del estado, a las entidades federativas vecinas y al resto del mundo, creándose la infraestructura carretera, aeroportuaria y portuaria; las primeras avenidas y lo que hoy puede considerarse como centro histórico, alojando los nacientes establecimientos de servicio público y privado. Así como en paralelo y en previsión a las necesidades de mano de obra, se dio paso al Nuevo Centro de Población Ejidal “Alfredo V. Bonfil” y a los primeros programas de vivienda de interés social de la localidad. Abriéndose las puertas a miles de familias que procedentes del interior de Quintana Roo y de todo el país, pusieran manos a la obra.

Como centro de abastecimiento de materiales de construcción, mano de obra especializada, herramienta, equipo y alimentos, servicios bancarios y flujo de capitales, el vecino Yucatán jugó un papel de primer orden en el proyecto. Aprovechando la aviada, impulso programas de reordenación económica, diversificación productiva, y su propio proyecto turístico, colocando a Mérida como una de las ciudades más visitadas del país, tanto por nacionales como por un constante flujo de turismo extranjero. Debiéndole su actual condición en materia de desarrollo en todos los órdenes sin duda al boom de Cancún.

Todo respondiendo a un plan preestablecido bajo el control de gobierno federal y a un eficiente y eficaz mecanismo de coordinación entre los tres órdenes de gobierno. Nada quedaba al azar, hasta que el crecimiento hotelero y urbano se salió de cauce, alterando las previsiones originales que respondieran a un diseño que se quedó chico en sus alcances.

En su carácter de polo de desarrollo económico Cancún cumplió con su cometido, disparando la actividad turística, comercial, de la construcción e inmobiliaria en Cozumel, Isla Mujeres, y lo que hoy se conoce como “Riviera Maya”. De Punta Sam a Tulum en el litoral norte de Quintana Roo, la influencia permeó en el sur de la entidad impulsando la actividad turística en la franja costera que va de Mahahual a Xcalak en la frontera con Belice. Visión de Estado, planeación, trabajo consecuente y compromiso de la gente para con el proyecto y su región, se reflejan hoy en resultados palpables y envidiables a lo largo del litoral del Caribe Mexicano.

Frente a las oficinas de Fonatur, concluye mi charla con el paisano, coincidiendo ambos en que como todo, el crecimiento tiene límites. La retroalimentación inercial y constante de sus orígenes, rebasó la previsión inicial del desarrollo del polo turístico. Hoy Cancún dejó de ser sustentable, ya se devora a sí mismo.

Son de mal gusto las comparaciones, sin embargo, ante el triunfalismo sin sustento con el que se cacaraquea la prosperidad turística de Veracruz, obliga necesariamente a considerar lo que es un auténtico polo de desarrollo y lo que simplemente queda como buenas intenciones. Con el 65 % de ocupación hotelera en temporada baja, Cancún y la Riviera maya hacen de nuestra incipiente fortaleza turística, triste caricatura. Nos falta mucho por hacer, no cabe duda, empezando por un poco de imaginación,  compromiso y visión de Estado para transformar nuestro abundante y rico potencial turístico en auténtica palanca del desarrollo.

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José Enrique Olivera Arce

Si observamos lo que son hoy los partidos políticos en México resulta más que razonable la reticencia a confiarles nuestro voto en la elección del 2012. El resultado de la elección de gobernador en el estado de México, con un abstencionismo de seis millones de votantes potenciales, habla por sí mismo al mismo tiempo que echa por tierra el optimismo y presunta seguridad del PRI, respecto a su posible triunfo con Enrique Peña Nieto como candidato a la presidencia de la República.

Con todo, el aún gobernador no pudo vencer el rechazo de la mayoría de los votantes en su entidad, luego cabe preguntarse: ¿podrá vencer a nivel nacional la falta de confianza del electorado en los partidos políticos?

La interrogante queda en el aire, más sin embargo es más que obligado el pensar en un escenario para la elección del 2012, en el que el abstencionismo pudiera ser la mejor opción para una ciudadanía desencantada y escéptica.

Al día de hoy podría darse por sentado que el PRI retornará con relativa facilidad a Los Pinos, sin necesidad de imprimir un cambio sustancial a su rostro autoritario ni renunciar a sus prácticas antidemocráticas. Pero no puede hacerse de lado que con su triunfo en la elección presidencial pierde tanto la democracia representativa en México como la propia ciudadanía, frustrada e impotente para modificar la terca realidad.

Por otra parte, no se olvida que el PRI avaló el “haiga sido como haiga sido” del fraude electoral del 2006, facilitando la toma de posesión del que hoy a la luz de la confrontación del 2012,  llama  presidente espurio. Oportunismo y ausencia de congruencia como instrumentos electorales, tienen un costo político que el tricolor en su momento tendrá que saldar.

De ahí que me parezca inconsecuente la estrategia que el gobierno de Veracruz y su instrumento político satélite, el PRI en la entidad, con fines estrictamente electorales arremeta en contra del gobierno calderonista en el tema, por demás controvertido, del subejercicio de recursos del FONDEN;  como si “el gobierno federal” fuera únicamente el Poder Ejecutivo a cargo de Felipe calderón Hinojosa y no los tres Poderes Constitucionales, en los que por cierto el Legislativo, constituido por mayoría priísta, seguramente tiene mucho que decir al respecto.

El priísmo veracruzano se asume como juez y rehúye el de considerarse parte, en tanto ello conviene a sus intereses electorales. Llamándome la atención que el presidente del CDE del tricolor, en su artículo semanal, afirme en referencia al FONDEN: “Si el PAN quiere conservar la Presidencia para continuar con lo que hasta ahora ha sido un desastre de administración, definitivamente esta manipulación aviesa no es la mejor manera de hacerlo, y con ella sólo se evidencia más la certeza de que ya tienen a la vista su derrota. Lo peor, si puede haber algo peor en esto, es que veracruzanos, por el solo hecho de su militancia panista, hagan a un lado su origen y reserven su lealtad y solidaridad para su Partido, negándoselas a sus propios paisanos. Son los mismos a los que veremos el próximo año pidiéndonos el voto para sus candidatos”.

¿Por qué ahora tanta belicosidad? ¿Qué acaso los recursos del FONDEN que se reclaman no corresponden al ejercicio fiscal del 2010? Año en el que precisamente Héctor Yunes Landa fungía como diputado local, sin que conste en el desempeño de su representación popular reclamo alguno al gobierno federal, tanto por la lentitud como por el atraso de las ministraciones autorizadas en beneficio de los afectados por el huracán Karl y la tormenta tropical Matthew. Oportunismo y ausencia de congruencia como constante priísta, que se le revierte al dirigente estatal del PRI, que en su momento reservó su lealtad y solidaridad para con el gobernador en turno, negándosela a sus propios paisanos.

Yunes Landa, habla anticipadamente de la derrota del PAN en el 2012, atribuyéndola de antemano al desastre de la administración de Calderón. Seguramente nadie medianamente informado estaría en desacuerdo con esta percepción de un  pésimo desempeño y resultados de la gestión de Felipe Calderón, y más explícitamente de la derecha en el gobierno, pero el ex diputado local subestima la inteligencia de la mayoría de los mexicanos, si piensa que el único factor para inclinar la intención del voto a favor del PRI es el desempeño de la administración federal, hoy en manos del panismo; ignorando en su discurso el peso específico de la descomposición de la vida política del país, atribuible sí a la partidocracia en la que el tricolor de la mano con el PAN hacen cabeza como expresión de la derecha en México.

Deterioro político que arrastra a la economía, lo mismo que al bienestar y seguridad de los mexicanos. No hay partido político que se salve, todos son iguales y su crisis se refleja en su incapacidad para convencer al electorado. En 2012 todos sin excepción nos pedirán refrendemos nuestra confianza en ellos, concurriendo a las urnas y votando a favor de lo que cada uno nos oferte. Demasiado tarde, la confianza está perdida y no hay oferta partidista válida tendiente a recomponer el desastre recuperando el rumbo perdido.

De ahí que para cada instituto político, la estrategia toral gire en torno al llamado “voto duro”, que justifica la existencia misma de los partidos políticos en México. En esta minoría beligerante descansa el triunfo o la derrota electoral. El resto de los votantes potenciales les tiene sin cuidado, voten o no voten, puesto que el abstencionismo les es irrelevante.

En Veracruz el chillido, el reclamo, los dimes y diretes entre diversos actores, justificados o no, en torno al FONDEN, no tiene más objetivo que exacerbar visceralmente a este voto duro priísta o panista en la entidad, calentándolo para el 2012. Cortina de humo también por parte del PRI, tras la que se oculta el temor a la verdad; nadie desea y con mayor razón el gobernador, que antes de la elección presidencial se llegase a saber que el verdadero responsable de la desatención a los afectados por los fenómenos meteorológicos del 2010, es la administración pública estatal en manos del PRI, tanto la inmediata anterior por un presunto desvío de recursos a favor de las campañas políticas del 2010, como la actual por su silencio cómplice. 

Verdad que tarde o temprano tendrá que aflorar. Luego no se puede ser más papista que el papa, cuando se tiene la cola sucia.

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