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Correo de la Noche

Roberto F. Flores

Enrique Peña Nieto

La misma gata con una nueva revolcada. Así se interpreta el retorno del PRI a los viejos tiempos de la cargada y la matraca, puesto de manifiesto con la parafernalia y acarreo, consciente o inconsciente, que sirviera de escenario al registro del personaje mito, Enrique Peña Nieto, como precandidato único en las aspiraciones del dinosaurio de retorno a Los Pinos. Evento en el que por cierto se da por cerrado el ciclo en el que el PRI jugara desde el Congreso de la Unión el papel de cogobernante,  en auxilio del titular del Poder Ejecutivo Federal, Felipe de Jesús del Sagrado Corazón Calderón Hinojosa, delimitándose los campos que electoralmente dividen al PRIAN.

De aquí para adelante, el chaparrito pelón de lentes tendrá que vérselas a solas con la responsabilidad de gobernar, haciéndose acreedor a cuantos obstáculos quiera ponerle en el camino su no más aliado de facto. Sin que ello necesariamente implique romper con lo pactado en lo oscurito por los dos partidos representantes de las fuerzas políticas de la derecha en México para mantener un mínimo de gobernabilidad y control de la vida pública de los mexicanos.

Lo interesante del retorno a las viejas prácticas del priísmo es que, queriendo o sin querer, manda un mensaje al pueblo de México, lo mismo de disciplinada unidad de dientes para afuera que de lo que debemos esperar si el encopetado copetudo televisivo, ex gobernador de Edomex, alcanza la presidencia de la república. Ni más ni menos, simplemente más de lo mismo que a lo largo de un rosario de décadas nos recetara el tricolor, con la única diferencia que en el pasado nos dorara la píldora en nombre de la Revolución Mexicana y ahora, en contra de esta y sus logros históricos. ¿O acaso alguien en su sano juicio podría argumentar en contrario? Para muestra basta un botón y este se exhibió el pasado domingo contándose con la presencia de la élite tricolor, gananciosa de prebendas y cuantiosas fortunas acumuladas en décadas o en apenas tres años, como ahora se estila.

Unidad al interior del PRI, ni yendo a bailar a Chalma. Una cosa es la disciplina de quien espera ser salpicado y otra el que de un plumazo borre contradicciones y broncas desatadas entre los diversos grupos y corrientes en la pugna del poder por el poder. La profunda herida causada al partido por su nada honorable presidente nacional, que derivara en la declinación de Manlio Fabio Beltrones a favor de Peña Nieto, tardará en sanar y cicatrizar, dependiendo de lo que el primero exigió y el segundo otorgó en cónclave secreto que tuviera lugar en lo más oscuro de oscuro rincón de las alcantarillas priístas. Las patadas bajo la mesa, fuego amigo y los reclamos aún se escuchan pese al acto de humilde unidad puesta de manifiesto en el registro del ahora pre candidato único de la coalición integrada por el PRI, el verde del niño de igual color y el Panal de la Sra. Gordillo, entregado al mejor postor.

¿O acaso ya se olvidó afrenta tras afrenta, golpe tras golpe, que en contiendas electorales recientes aplicaran al PRI, tanto el Panal como el verde en contubernio con el PAN?  Borrón y cuenta nueva dice la cúpula tricolor pero, como en el amor, se olvida pero no se perdona y más, cuando a cambio de unos cuantos votos la morralla partidista sale ganando con senadurías y diputaciones federales en menoscabo de priístas de cepa, con suficientes merecimientos, indignidades, genuflexiones y capital de riesgo para ser tomados en cuenta por su partido. Los indignados no son pocos.

Al interior del PRI no cuenta que la unidad esté soldada con chicle. Al fin y al cabo siempre entre tanto brinco ha sabido siempre como caer de pie, aún en los casos en que fuera derrotado por el PAN. Arriba o abajo del caballo, dentro o fuera del río, con o sin jinete propio, encuentra siempre servida la charola con las mieles del poder. Para eso fue creado, está en su naturaleza.

Pero siempre hay una primera vez y a eso es a lo que teme, de ahí la parafernalia de los viejos tiempos y la viejas prácticas tan finamente expuestas en su tiempo por Cantinflas. Hoy se enfrenta a un presidente de la república empecinado por impedirle retome la estafeta, con el haiga sido como haiga sido por delante y al costo que fuere. Y, por si fuera poco, a un Andrés Manuel López Obrador que buscando la revancha, se mueve como pez en el agua entre un pueblo empobrecido y preñado de esperanza en el que no faltan exponentes del histórico voto duro priísta, que ya no están de acuerdo con el más de lo mismo a cambio de migajas.

Mientras salpique conserva la unidad, a no dudarlo, pero ni el PRI es el mismo de antes ni el antes es el hoy de un México dispuesto a ponerle un hasta aquí. Así que aguas, estimados dinosaurios.

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