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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Enrique Peña y Elba Esther

Dentro del marco del pragmatismo a ultranza que, en ausencia de ideología definida, programa y propuestas acordes con las necesidades y retos de una  realidad social y económica que se ignora, a la partidocracia se le hace bolas el engrudo.   

Mientras Calderón juega petate, ocultando sus cartas prolongando el período de definición de quien abanderará al PAN en la contienda presidencial, obligando a los demás contendientes a mostrar las suyas ante el electorado potencial, la descomposición del régimen político va en crescendo alterando la aritmética electoral de un proceso en marcha al que ya no se le ve ni pies ni cabeza.  

Si se trata de contar, no cuenten con Elba Esther, diría la vetusta plana mayor del PRI al Sr. Peña y su cofradía mexiquense, tras acuciosa revisión del cálculo aritmético de lo que representaría la rebelión de la granja que, de la periferia al centro se iniciara en Chiapas y Sinaloa, poniendo en riesgo la candidatura presidencial. 

Es más lo que se ganaría rompiendo con Elba Esther que sumando los votos que aportaría la franquicia magisterial, fue el criterio al que se sometiera a un Peña Nieto cazado con su estrategia aliancista, construida a espaldas del partido con la complicidad de Humberto Moreira y la propia líder moral  vitalicia del SNTE. Sería ingenuo pensar que el artífice de la Coalición PRI-PV-Nueva Alianza, fuera el denostado ex gobernador de Coahuila haciéndole el juego a la Gordillo. La mano del Sr. Peña Nieto meció la cuna y el tiro le salió por la culata.  

Uno más dos no da uno, como aconteciera en el pasado. La aritmética electoral que tan buenos resultados dejara al PRI en su carácter de partido hegemónico, ya no funciona. La realidad de México, sin un presidente priísta que imponga unidad, orden y disciplina, es otra y ésta fue ignorada por Peña Nieto, quien adelantándose a los tiempos, ensoberbecido confundió precandidatura con su aún lejano e incierto poder como inquilino de Los Pinos. 

A la hora de sumar, uno más dos arrojó como resultado más de tres. Pragmáticamente, cada partido político ve por sus intereses más inmediatos y, a su vez, la militancia en cada uno de éstos, ve para su santo en la capilla de su preferencia a la hora de definir candidaturas a gobiernos estatales, senadurías y diputaciones federales y locales. Lo que parecía ser una sola fuerza unitaria para apabullar al PAN y al PRD, con Peña Nieto como precandidato único de la coalición terminó en un puñado de tepalcates.  

Quiéralo o no, lo acepte o no lo acepte, el PRI con la ruptura hundió en unos cuantos días el trabajo de varios años con el que se construyera e impusiera la imagen del mexiquense como candidato ganador. Por más que se quiera minimizar el daño por parte del CEN del tricolor y por más que el Panal asuma que rompe con el viejo PRI pero mantiene su cercanía con Peña Nieto, el control de daños no será suficiente para borrar los traspiés del mexiquense y de Moreira en su pretendida alianza con las huestes de Elba Esther.  

Sin embargo, el PRI, o más bien su plana mayor, gana perdiendo. La ruptura al cuarto para las doce deja sin efecto las posiciones comprometidas de antemano, así como coloca en total indefensión al Panal de  la  líder moral del magisterio.  

Como el perro de las dos tortas, Nueva Alianza queda fuera de la coalición con el PRI y, para su desgracia, sin posibilidad de sumarse al PAN. Tendrá que ir sólo a la contienda y Elba Esther, en el margen, viviendo la amenaza de un nuevo “quinazo”. El dinosaurio le cobró con creces la factura de agravios no cicatrizados. 

De aquí para adelante, si no se decide otra cosa, la vieja guardia priísta marcará la pauta, dictando la agenda del Sr. Peña, antes que permitir un nuevo desliz 

Afortunadamente para bien de México, la supervivencia del férreo control corporativo del magisterio,  tiene los días contados.  

Así, de una coalición de tres, dos pierden y el que sale ganando es el Verde “Ecologista”, al fin experto en saber cachar las migajas que en su momento caen de la mesa del PRI o del PAN. Se conforma con lo que le den a cambio del voto ingenuo que ve en el partido del niño verde al adalid en la lucha por la preservación del medio ambiente y el combate al cambio climático.  

Exhibida la fallida estrategia del PRI y la debilidad de Peña Nieto, hoy rehén de la vieja guardia, cabe preguntarse:    

¿Para qué coalición electoral con dos rémoras, si el priísmo está convencido de que caminando solo derrotará a Calderón Hinojosa, festinando de antemano  su retorno a Los Pinos?   

¿Tan necesitado está el Sr. Peña de los votos que le arrimaría su alianza, hoy fallida, con Elba Esther y el niño verde? ¿No confía en la fuerza electoral de su partido?  

Lo que mal empieza, mal acaba, dice la conseja popular. Si en las cabañuelas al PRI se le hizo grumos el barniz, ¿que se esperará en los meses venideros cuando Calderón suelte a los perros? 

Y mientras en la farándula política se habla de sumas,  divisiones y restas que no cuadran, Andrés Manuel López Obrador y su frágil estructura partidista, gana ventaja, sumando de uno en uno.- Xalapa, Ver.- Enero 25 de 2012

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