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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con debate o sin debate, es evidente que la decisión del electorado está tomada  de antemano, si las encuestas tienen algún valor más como indicador válido que como inductoras del sufragio. Para quienes se tomaran la molestia de ver y escuchar el debate entre los cuatro contendientes por la presidencia de México, posiblemente para éstos no hubo sorpresa alguna que modificara lo que sobre cada uno de los candidatos ya existe en el imaginario popular.

A lo sumo, cabría preguntarse como es que Peña Nieto adelanta con tantos puntos de ventaja a sus oponentes. Poco inteligente, de ideas cortas tuvo oportunidad de mostrar que lo hace estar en las preferencias del electorado como lo aseguran las encuestas y no la supo aprovechar, perdido en dar vagas respuestas a las provocaciones de Vázquez Mota, no logro establecer diferencia alguna de peso que le distinguiera frente a sus oponentes. Quizá la respuesta no esté en el terreno de lo político, correspondiendo a lo sociológico el explicar el por qué se ha mantenido como puntero desde fechas previas al inicio de la contienda formal.

El cuestionario y formato elaborado por el Instituto Federal Electoral no hace sino recoger aquello que los cuatro presidenciales ya han reiterado a lo largo del primer tercio de la campaña, lo mismo en el tema de la seguridad y justicia que en materia de crecimiento económico, empleo ó inclusión y desarrollo social. El debate en cuestión, al margen de los dimes y diretes, únicamente permitió una constante reiteración de lo ya expuesto en la plaza pública, ideas sueltas, generalidades, medias verdades, medias mentiras

Para el PRI, la participación del mexiquense en el debate, suficiente para que la balanza permanezca inclinada a favor de Enrique Peña Nieto, no porque sea el mejor del cuarteto, sino por contar con un voto duro mayoritario que sin mayor reflexión respalda al sobrino del ex gobernador Arturo Montiel, habiendo escuchado lo que quiere escuchar y visto lo que quiere ver. Ello sumado al más que obvio y sesgado respaldo del duopolio televisivo.

La actitud asumida por Salinas Priego no hace sino confirmar que para las televisoras y los más encumbrados opinadores de la prensa escrita o electrónica, con debate o sin debate ya se tiene un ganador. Los puntos de ventaja de Peña Nieto machaconamente reiterados por las casas encuestadoras, no tendrán variación alguna. “Carro completo para el PRI” en su triunfal retorno a Los Pinos, es el sentir del voto duro tricolor expresado sin ambages.

Con festinado entusiasmo afirman tener ganada la elección no porque su candidato sea el mejor de la contienda, sino porque el tenor de la parafernalia electoral muestra la fortaleza de una estructura electoral que, ni por asomo se asemeja a la pobreza de recursos humanos, financieros y materiales de partidos y candidatos que se oponen a la alianza del PRI y el verde ecologista.

En ello llevan razón. El imponente despliegue de recursos volcado por Peña Nieto no tiene parangón. Lo que se suma a una débil estructura electoral de sus oponentes, incapaz de vigilar y hacer valer el voto ciudadano a lo largo y ancho del territorio nacional, con los resultados ya por todos esperados. Con debate o sin debate, imagen mediática, gastos de campaña sin límite a la vista, compra venta de votos y conciencias, pesarán más en el ánimo pasajero del electorado, definiendo el resultado último de la elección.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, hasta ahora nadie ha tocado a profundidad el tema de los llamados “indecisos”, alrededor del 30 por ciento del padrón electoral según las encuestas publicadas,  ni el debate contribuyó en forma alguna a modificar su incómoda presencia en los sondeos de opinión,  Casi una tercera parte  de alrededor de 80 millones de electores que lo mismo podría no tener definida su inclinación a favor de uno u otro candidato, inclinarse a favor del voto útil ó simplemente negarse a sufragar.  Sea cual fuere el camino a seguir por estos “indecisos”, en la coyuntura podrían ser quienes dicten la última palabra el día de la elección.

Nada de lo dicho y hecho hasta hoy por los presidenciables ha modificado el porcentaje que desde los inicios del proceso se le asigna a unos “indecisos” cuyo número absoluto y su identidad nadie conoce. Con debate o sin debate, en el tiempo restante de campaña el que hoy es “indeciso” arribará a las urnas con la misma tesitura, salvo un imponderable que modifique el escenario. Así que, como estuviera previsto con antelación, la contienda se reduce a una pugna entre voto duro partidista en un proceso en el que a mayor disponibilidad de recursos mayor posibilidad de alzarse con el triunfo.

En este contexto, muchos se preguntan que es “Morena”, qué papel juega en el proceso electoral en curso, y si esta organización social existe más allá del discurso lopezobradorista, con suficiente presencia y fuerza en el territorio nacional como para suplir el endeble andamiaje de los autonombrados partidos de izquierda. Prestándose a confusión el hecho de que se le identifique como apéndice tribal menor del PRD y no como un movimiento social independiente, que lo mismo agrupa a militantes partidistas de diferente tonalidad que a ciudadanos sin partido deseosos de participar transitando por un camino diferente. En esta aparentemente difusa expresión política emergente ninguneada por los medios de comunicación,  confía Andrés Manuel López Obrador para inclinar de última hora la preferencia de los  “indecisos” a favor de su proyecto.

En honor a la verdad,  presencia, peso y capacidad del Movimiento de Regeneración Nacional” para revertir lo que ahora se considera triunfo inobjetable de Peña Nieto, sólo será visible para la mayoría de los mexicanos el día de la elección.  Ni antes ni después, con debate o sin debate se verá de qué cuero salen más correas cuando por principio, el rechazo casi unánime a los partidos políticos privilegia el sentido del voto ciudadano a favor del candidato que mejor sepa dar respuesta a las necesidades cotidianas,  reales o sentidas de las mayorías. Para Andrés Manuel contar o no contar con “Morena” el día de la elección marcará la diferencia.

Por lo pronto, hay dos propuestas sustantivas en un proceso electoral atípico que tiende a polarizarse: más de lo mismo ofertado por la derecha representada por Peña y Josefina ó el “cambio verdadero” que ofrece López Obrador. ¿O es que acaso hay otra opción viable puesta sobre la mesa?

Hojas que se lleva el viento

Conmovedor y contundente el discurso del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa al anunciar ante los representantes de las fuerzas armadas la creación de dos nuevos organismos burocráticos,  encaminados estos a la protección de periodistas y atención a las víctimas de la violencia desatada en la entidad. Ahogado el niño pretender tapar el pozo con saliva resulta extemporáneo y fuera de lugar para un gobernador que está quemando sus últimas cartas, al haber abusado en exceso del beneficio de la duda que la ciudadanía le otorgara al inicio de su cuestionado mandato. Las presuntas buenas intenciones del gobernante ante hechos consumados se pierden en el vacío, bien  por una ganada falta de credibilidad en las instituciones estatales, bien por la falta de congruencia entre lo que Duarte de Ochoa anuncia a bombo y platillo y los magros resultados de la administración a su cargo.

No hay más beneficio de la duda. Duarte de Ochoa exhibió a lo largo de su aún corto paso por la gubernatura de Veracruz que no es digno de confianza como cara a cara le expresaran los directivos del Semanario Proceso. Sin credibilidad el triunfalismo banquetero se agotó como estrategia.

El aquí no pasa nada, heredado de la administración anterior y el “Veracruz seguro” cómodamente hecho descansar en las fuerzas armadas federales, no satisfacen a una ciudadanía que percibe lo opuesto a lo machaconamente reiterado. El tema de la seguridad pública vulnerada, al igual que en materia de abatimiento de desigualdad y pobreza, crecimiento económico, educación o infraestructura básica, el mundo real desmiente el cotidiano mensaje mediático gubernamental. La estrategia de saliva en 17 meses de mandato no le ha funcionado al Dr. Duarte. El triunfalismo sin sustento alguno que le justifique fracasó,  y así debería aceptarse como primer paso para enmendar el rumbo, si no es que el gobernante antes de tiempo tire el arpa, aceptando su incapacidad manifiesta para interpretar la realidad y actuar en consecuencia.

Por cuanto a la creación de los organismos anunciados, vayamos por partes.

El gobierno estatal ofrece garantizar la libertad de expresión, otorgándoles protección a los periodistas para que ejerzan su labor sin sobresaltos. Habría que preguntarle al Sr. Dr. en ciencias económicas a que periodistas se refiere, ya que por principio de cuentas para la administración pública estatal y municipal en la entidad, son periodistas aquellos que están uncidos al pesebre oficial, bien porque laboren como subordinados en un medio de comunicación que mediante convenio expreso sirve a los intereses gubernamentales, bien porque en lo individual se desempeñen como texto servidores al servicio del régimen. Quienes no se encuentran en tal tesitura, además de incómodos no son oficialmente reconocidos como periodistas y, por tanto, quedan fuera y en franca indefensión. Lo que le da carácter de inicuo tanto al organismo que se crea como al anuncio propalado a bombo y platillo para, coyunturalmente, taparle el ojo al macho frente a la presión nacional e internacional para que no queden impunes los asesinatos de periodistas en Veracruz.

Los veracruzanos no queremos atención caritativa a las víctimas de la ola delincuencial que azota a la entidad, exigimos justicia a secas. No más impunidad, simulación, ni desgarre de vestiduras. Lo deseable en un estado de derecho que se precie como tal, es que no haya violencia que lamentar ni llanto a derramar por víctimas de políticas públicas ineficaces.

Crear un organismo burocrático más para la atención de víctimas es aceptar que la violencia y sus daños colaterales no tienen para cuando acabar en Veracruz. Luego resulta que el “Veracruz seguro” que tanto se cacaraquea, para el propio Duarte de Ochoa no es tal. Vaya enredo, el discurso triunfalista terminó en bumerang haciéndosele bolas el barniz al Sr. gobernador. Mérida, Yuc., mayo 6 de 2012

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