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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Ya en la recta final de un proceso electoral de lo más atípico,  las campañas de los aspirantes a la presidencia de la República concluyen con los cierres regionales. Por  lo que se refiere a propuestas y promesas están agotadas. Todo quedó en encuestas, slogans, generalidades y proyección mediática de imagen. En los últimos diez días no hemos escuchado nada que abone a enriquecer lo ofertado por los cuatro presidenciables.

 La percepción que se tiene es que las campañas como tales concluyen degenerando en dimes y diretes, descalificaciones con o sin sustento y, vale la pena señalarlo, en el sospechosismo en torno a las malas artes de lo que se ha dado en llamar “ingeniería electoral” de los partidos en contienda.

 Ahora, a escasos 7 días de la elección, el balón ya no está en manos de los candidatos, sus estrategas de campaña tienen hoy la batuta valiéndose de sus mejores armas de mercadotecnia política en el último tramo, bien para reafirmar ante la opinión pública que en un mundo de ganadores los perdedores no tienen cabida, bien para convencer de que en el castillo de la pureza democrática ya no es viable la opacidad y el fraude electoral.

 Sin embargo, a mi juicio este último intento por convencer al electorado de la autenticidad de la distancia que separa en las preferencias a uno u otro candidato conlleva, de manera no explícita, la intención lo mismo de parte de los estrategas del PRI que del PAN de construir un falso escenario mediático sobre las consecuencias del día después de la elección, caso de que el candidato del Movimiento Progresista sea derrotado en las urnas o resulte triunfador en la contienda. Manipulando a la opinión pública para desde ya sembrar una vez más  la semilla de odio en torno al reciclado “peligro para México”.

 Así, el énfasis mediático ya no esta puesto en el triunfo inobjetable de Enrique Peña Nieto o Vázquez Mota ó en lo que estos ofertan en el mercado electoral. Siendo ya prácticamente inamovible el voto duro de todos los partidos en contienda, la tónica de campaña ha dado un vuelco y ahora la estrategia tanto del PRI como del PAN es “jugar con el miedo” en la mente de los llamados “indecisos”, creando el enigma del día siguiente a las elecciones.

 Estrategia a la defensiva ésta última, curándose en salud tanto el PRI como el PAN por lo que pudiera suceder, pero enfocada a inhibir el voto a favor de Andrés Manuel López Obrador. Apuntando todo el potencial mediático con que aún cuentan, y algo más,  a la descalificación de las llamadas izquierdas, con Andrés Manuel a la cabeza tratando de sembrar “dudas razonables” entre los indecisos. Para ello pone a prueba a éste segmento ciudadano, ofreciéndole en bandeja de plata la opción de aceptar o rechazar al candidato de Movimiento Progresista por ser este un riesgo para la estabilidad nacional y un peligro para la seguridad de las familias. ¿Qué pasará si López Obrador no acepta la derrota en las urnas si desde ahora por anticipado anuncia un nuevo fraude electoral? ¿Qué pasará en México si la ciudadanía se equivoca y concede el triunfo a un enemigo de las instituciones democráticas? Es el enigma del miedo que ponen en la mente de los “indecisos” menos informados, más vulnerables a la manipulación,  bajo el supuesto de que estos también votan.

 El montaje mediático del día siguiente, indudablemente impacta con éxito en este segmento de los indecisos. Se escucha entre los que menos tienen decir que con el gobierno del político tabasqueño perderían sus magras propiedades, su empleo o los beneficios que hoy obtienen de los programas asistencialistas. Dejándose seducir por el canto de las sirenas mientras reciben despensas, utilitarios estrenando gorras y camisetas, si creían en la palabra de López Obrador, hoy dudan; el enigma está en su mente condicionando la intención del voto. Pero son los menos quienes repiten mecánicamente el mensaje subliminal que en su mente siembran quienes se oponen al triunfo de López Obrador. Lo que estaría por verse es si al jugar con  la capacidad de pensar y discernir de la gente, ello no se les revierte a los estrategas del PRI o del PAN frente a las urnas. Son más los que razonan que los que se dejan llevar por un manipuleo mediático que día a día pierde credibilidad.

 México está harto de violencia e inseguridad; pero también la ciudadanía es más madura, está mejor informada, más participativa, no se puede jugar a la ligera con la siembra de viento sin cosechar tempestades. El país ya es otro, eso deben entender tanto el PRI como el PAN. El peso específico de una nueva correlación de fuerzas políticas contrarresta mentiras que califican nuevamente al ex jefe de gobierno de la ciudad de México como “un peligro para México”; quien se valga de estos infundios para inducir el voto ó bien para violentar la voluntad popular, debe tener por seguro que saldrá raspado.

 Para las mayorías el enigma sembrado debe darse por resuelto. López Obrador podría no ser el mejor candidato deseado para responder a la actual coyuntura de un país en crisis, pero tampoco en el imaginario popular es el león autoritario y perverso como lo pintan sus detractores. Ni es un peligro para México ni su gobierno, de resultar triunfador en la elección pondrá al país patas arriba. Simplemente es el lider que México reclama.

 Estoy seguro que el electorado con madurez asimilará los resultados de la elección y, al día siguiente, a seguir en la cotidiana búsqueda de la chuleta, eufemismo con el que se disimula la lucha por la supervivencia en un país marcado por la desigualdad y la pobreza.

 Hojas que se lleva el viento

 Menudo enredo divide al priísmo veracruzano en vísperas de la elección. Ante la ausencia de un auténtico liderazgo del PRI en la entidad José Murat, ex gobernador de Oaxaca y cabeza visible del gobernador Duarte de Ochoa en el proceso electoral, no es aceptado por los integrantes del gabinete duartista encargados de la promoción del voto, tampoco por Erick Lagos, presidente del CDE y por Jorge Carvallo, coordinador de la campaña de Peña Nieto en la entidad. A su vez, el dirigente estatal no se entiende con Carvallo y, este último, no es bien visto por quien desde el quinto piso de la torre Ánimas administra los dineros para la campaña como tampoco por los aspirantes al senado. Haga su pronóstico estimado lector.

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 De que no lo quieren, no lo quieren en la capital veracruzana, pero Reynaldo Escobar Pérez no ceja en su intento de ganar la diputación por el distrito “Xalapa urbano”, cueste lo que cueste. Tan no lo quieren que ya le cuestionan el que esté jubilado por el IPE con ingresos superiores a los 85 mil pesos mensuales en una demarcación electoral en el que la población trabajadora apenas percibe dos salarios mínimos por jornadas de  8 o más horas de trabajo. Y eso que la mayoría no conoce de sus fastuosas residencias y ranchitos.

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 El abanderado del PRI a la presidencia de la República dice que “En democracia no cabe anticipar fraudes”. Los xalapeños pensamos diferente, sospechando que Fidel Herrera dejó una muy arraigada escuela en eso de comprar conciencias y voluntades entre la población más desprotegida. La burra no era arisca, no olvidamos que el filósofo de Nopaltepec en épocas electorales afirmaba que “En política lo que se compra con dinero es barato”. Aguas señores mapaches, el horno no está para bollos.- Xalapa; Ver., Junio 23 de 2012

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