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Daily Archives: julio 2nd, 2012

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Chueco o derecho el proceso electoral 2012 concluyó hoy domingo para los ciudadanos de a pie. En el terreno de la institucionalidad democrática el balón ya está en manos del IFE y, en su caso, en el Tribunal Federal Electoral. Con el sufragio la ciudadanía refrendó su decisión de transitar por el camino electoral en la búsqueda incesante por alcanzar mejores condiciones de vida y bienestar. Toca ahora a la autoridad hacer valer la voluntad popular, computar con transparencia y pulcritud el sufragio emitido y dar a conocer los resultados de lo que ya se considera el proceso electoral más competido  así como oneroso de la historia de México por el enorme e innecesario despilfarro de recursos del contribuyente. Así que a otra cosa mariposa.

Quien resulte triunfador en la contienda ya deberá saber por descontado que gobernará a un México diferente. No es el de 2006 y, ni siquiera el del primero de enero del 2012. La sociedad dio un vuelco, encontrando la ciudadanía en el proceso electoral la oportunidad de participar intensamente en la vida pública del país, manifestando lo mismo voluntad de cambio que cuestionando a un régimen político ya caduco e inoperante que ha dejado de ser referente para una sana y civilizada convivencia entre diferentes.

Con más de 110 millones de habitantes en el territorio nacional, México arrastra rezagos estructurales que ya no se pueden ni ocultar ni minimizar. Quien se haga cargo de la titularidad del Poder Ejecutivo Federal, tendrá que afrontar la tarea de impulsar el abatimiento de la desigualdad, pobreza y corrupción que el país demanda tanto para crecer en lo económico, como para con justicia y equidad dar sustentabilidad al desarrollo humano en todos los órdenes de la vida nacional. Tarea que de acuerdo a la experiencia ya no puede soportarse con programas asistencialistas que distorsionando la fábrica productiva del país posponen y agravan desigualdad y pobreza.

Los tiempos para dejar hacer dejar pasar, se agotaron. Una nueva sociedad, más informada y participativa se ha manifestado en tal sentido a lo largo del último tercio del proceso electoral, poniendo en jaque a la partidocracia. O se avanza en la democratización del país u ominosos nubarrones de tormenta ensombrecerán el horizonte futuro de México. Con la irrupción de los jóvenes en la vida política del país, talante crítico y talento propositivo marcan un nuevo derrotero para la sociedad en su conjunto. Quién resulte triunfador en la contienda electoral deberá así visualizarlo interpretando el sentir de las mayorías y actuando en consecuencia. No más gatopardismo ni acuerdos cupulares lesivos al interés nacional.

Quiero partir de un optimista supuesto de que en esta ocasión al pueblo de México no se le ha escamoteado una vez más su voluntad ciudadana como lo indican ya múltiples indicios a lo largo y ancho del país. Éste ya ha hablado en las urnas y “haiga sido como haiga sido”, sea cual fuere el resultado de la elección ésta debe respetarse por tirios y troyanos. Ni vencedores ni vencidos que polaricen la vida nacional en una circunstancia coyuntural en la que el país demanda unidad y a su búsqueda debemos comprometernos todos. Sólo con unidad de propósitos y esfuerzos se abonará al camino del fortalecimiento de la vida en democracia en el largo camino de la construcción del desarrollo. Lograrla es la tarea primaria de quien habrá de gobernarnos.

Sin liderazgo político el país seguirá sumido en el atraso, inseguridad y desconcierto. Quién resulte ganador de la elección deberá legitimarse con inteligencia y voluntad política para asumirlo, proponiéndose de palabra y en los hechos gobernar para todos como lo exige un Estado nación tan plural como desigual, manifestándose en todo tiempo como fiel intérprete de la voluntad ciudadana. No más simulación,  no más exclusión,  frente al cáncer de la corrupción e impunidad al toro por los cuernos.

Nada facil la tarea ni posibilidad alguna de que esta ofrezca resultados en el corto plazo. Si el horizonte en el mediano y largo plazo es de sí difuso ante la ausencia de un proyecto de Nación consensuado por las mayorías, en la coyuntura, con la permanente amenaza de la violencia criminal y una estructura social y política enferma hasta el tuétano de corrupción, impunidad y cinismo extremo, el transformar a México ni es facil ni es viable para quien habrá de gobernarnos, si este no se hace acompañar del concurso de todos.

Lograr en el corto plazo tal concurso es a mi juicio el primer reto para el próximo presidente de la República. Conjugar lo deseable con lo posible a partir de lo disponible como reza el principio sustantivo de todo proceso de planificación, es el camino. No se puede transformar la realidad del México de hoy sin entenderla integralmente poniendo en la balanza de las disponibilidades, fortalezas y debilidades del Estado-Nación para afrontar el reto con realismo. Promesas y propuestas de campaña han quedado atrás perdidas entre parafernalia y hueco discurso, hoy toca poner los pies sobre la tierra y reconocer que el mosaico nacional supera a la más lúcida imaginación. Una cosa es lo deseable y otra, muy lejana es lo posible y así debe ser entendido por la sociedad toda.

Convencer con la razón por delante al pueblo de México de la necesidad de construir lo posible para avanzar en el largo camino que conduce a lo deseable, ganándose la confianza y voluntad ciudadana, es reto y tarea para lo inmediato. En el logro de la unidad de propósitos y esfuerzo compartido, descansará la legitimidad de quien habrá de gobernarnos. Sin la participación consecuente de la ciudadanía en el marco de una democracia participativa de hecho más que de derecho, el gobernante bordará en el vacío, con el riesgo que ello implica en la compleja coyuntura presente.

Los resultados comiciales definitivos se sabrán en fecha próxima y con ello, el inicio de una nueva etapa. Hagamos nuestros mejores votos de que esta sea para bien de México; que nuestro compromiso individual y colectivo solidariamente sea de intenso trabajo compartido. La esperanza muere al último, no anticipemos su deceso. Xalapa, Ver., Julio 1 de 2012

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La Jornada / Editorial

02/07/2012

El proceso electoral que habría debido culminar ayer con resultados confiables y un ganador inobjetable de la contienda presidencial se encuentra, en cambio, en un preocupante compás de espera y se ha visto contaminado por malas conductas institucionales, civiles y mediáticas.

De entrada, la elección fue precedida por una parcialidad tan pronunciada de los medios –especialmente, de los electrónicos–, que derivó en la fabricación de una candidatura presidencial con base en el desmesurado poder de la pantalla televisiva sobre la opinión pública. Tal proceso no se limitó a la aplicación, para efectos políticos, de la mercadotecnia y la publicidad comercial tradicionales, sino incluyó campañas de descalificación y distorsión contra eventuales competidores del aspirante priísta, así como una manifiesta inequidad informativa muy semejante a un bloqueo. Otra vertiente de esa construcción de la candidatura de Enrique Peña Nieto fue la elaboración de cientos o miles de encuestas a todas luces divorciadas de la realidad.

Ya en la fase de las campañas electorales propiamente dichas, el Partido Revolucionario Institucional recurrió a su arsenal de maniobras tradicionales de manipulación y distorsión electoral: la compra y coacción de votos, el amedrentamiento y la agresión a simpatizantes de otros institutos y fórmulas políticas, así como un derroche aplastante de dinero en publicidad, logística y reparto de bienes o efectivo a cambio de voluntades ciudadanas. Ante tales prácticas indeseables y delictivas, tanto el Instituto Federal Electoral (IFE) como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) se comportaron con una tolerancia cercana a la omisión de sus facultades y obligaciones legales.

En la jornada del domingo proliferaron las denuncias de irregularidades –las más reiteradas se refirieron a la compra de votos, pero también las hubo por robos con violencia de urnas, así como por agresiones contra ciudadanos de fórmulas distintas a la que encabeza Peña Nieto y por manipulación indebida de papelería electoral por presuntos operadores priístas–; sin embargo, tanto los altos funcionarios electorales y judiciales como los portavoces de los medios informativos se empeñaron en retratar unos comicios limpios y apacibles.

Sin ser una cosa ni la otra, la elección tuvo, empero, una notable virtud: la alta participación ciudadana y el resurgimiento de un interés cívico que restableció el vínculo con las urnas –y con la política en general– de grandes sectores de la ciudadanía. La expresión más notable de ese fenómeno positivo es el surgimiento –al calor de las campañas– del movimiento estudiantil y juvenil #YoSoy132, el cual tuvo por elemento articulador un vasto malestar ante las miserias de un régimen político en el que participan, sin atribuciones legales, poderes fácticos como el de los medios electrónicos y, a estas alturas, de las casas encuestadoras que parecen más preocupadas por inducir tendencias electorales que por retratarlas.

Al fin de la jornada, cuando el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) llevaba computadas menos de 10 por ciento de las casillas, el presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita, salió a anunciar en cadena nacional los resultados de un sondeo rápido que difieren notablemente de los números del PREP, pero que convergen con los de las encuestas más impugnadas por la opinión pública. Inmediatamente después, el aún titular del Ejecutivo federal, Felipe Calderón, hizo uso del enlace nacional para proclamar el triunfo de Peña Nieto. Todo ello con el telón de fondo de medios informativos que no vacilaron en proclamar vencedor al aspirante priísta, el cual, posteriormente, pronunció un discurso de presidente electo, sin serlo.

Estos desfiguros institucionales e informativos resultan lamentables en la medida en que vician el proceso electoral e introducen en él factores de incertidumbre y hasta de sospecha. En un escenario competido, en efecto, proclamar ganadores cuando no se tienen resultados constituye una temeridad y puede dañar de manera irreparable a la elección en su conjunto.

Por su parte, el candidato presidencial de las izquierdas anunció que esperaría al recuento total de los votos para asumir una posición y llamó a la calma y a la civilidad a sus seguidores. No podrá achacársele, en consecuencia, la paternidad de una incertidumbre electoral que se gestó, en cambio, en el sistemático manipuleo televisivo, en la sostenida intromisión de la administración calderonista, en la pusilanimidad de las autoridades electorales y en la aplicación de las tradicionales malas artes comiciales del Revolucionario Institucional.

Lo cierto es que se ha vuelto a colocar al país en un escenario de falta de credibilidad que podría derivar en circunstancias ingobernables o en seis años más de un gobierno privado de legitimidad. Cabe esperar que ninguna de esas perspectivas se concrete y que, por el contrario, el cómputo total de los sufragios y la rápida resolución de las impugnaciones dé certeza sobre el sentido del veredicto popular emitido ayer en las urnas.

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