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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Flaco favor que Uriel Flores Aguayo, diputado federal electo, pretende hacer a López Obrador al calificarle como un político “antisistema”. Como si los ataques de los detractores del tabasqueño no fueran suficientes. Lo he señalado, a mi juicio Andrés Manuel es un hombre bien intencionado, pertinaz, con visión de futuro y cercano  a la gente, pero ideológica y políticamente no deja de ser simplemente un reformista progresista formado en las filas de un partido hegemónico que gobernó a México por más de 70 años  y, por cierto, menos radical que otros líderes sociales latinoamericanos. Podrá estar en contra del régimen político caduco prevaleciente en México, pero no del sistema económico y social dominante.

Como muchos, no ve con buenos ojos al proyecto neoliberal que impuesto tardíamente a México, ha frenado crecimiento económico y justicia social, pero no puede considerársele como enemigo cazado del capitalismo sistémico.

Parafraseando al ex presidente López Mateos, en el contexto de la vida política nacional  es un “revolucionario dentro de la Constitución”. Asta ahí. No queramos pedirle peras al olmo o hacerle el caldo gordo a quienes califican a López Obrador como un peligro para México, o “para todos”, como afirmara en reciente artículo periodístico Rafael Martínez Zaleta, conocido amanuense veracruzano al servicio del mejor postor.

Vale también señalar que nuestro buen amigo Uriel Flores Aguayo sobredimensiona al PRD en Veracruz y, específicamente en Xalapa, apoyándose en la votación que el aspirante a la presidencia de la república y él mismo, obtuvieran en el Distrito “Xalapa urbano”. Los sufragios a favor de Andrés Manuel los ganó éste por méritos propios y el trabajo pie a tierra de sus seguidores, y no gracias a un cuestionado PRD, sino a pesar de este instituto político en Veracruz. A su vez, los xalapeños favorecieron a Uriel por ser la opción menos peor de entre tres candidatos que le quedan chicos a la problemática que acusa la capital veracruzana.

No nos engañemos, Uriel compitió contra un priísta repudiado por la ciudadanía y por amplios sectores de su propio partido, corrupto, oportunista, acomodaticio y mentiroso, así como contra una respetable dama panista que habiendo aterrizado de última hora en Xalapa, resulta del todo desconocida para los xalapeños. Si una vaca hubiera sido nominada para la candidatura a la diputación federal por el Distrito 10 (Xalapa urbano), frente a los aspirantes del PRI y de Acción Nacional, hubiera ganado, como lo afirmara el propio Uriel Flores Aguayo.

Si como se dice, el diputado federal electo pretende ser nominado por el PRD como candidato a la alcaldía de Xalapa, asumiéndose como uno más de los  políticos “chapulines” que tanto ha criticado, tendría que poner los pies sobre la tierra y valorar las razones últimas de su triunfo en la reciente elección. De no hacerlo sería más que anunciado su fracaso en un nuevo intento por gobernar a la ciudad capital.

El PRD goza de merecido repudio en Xalapa. Tanto o más que el PRI. Su reiterado protagonismo en pleitos internos, fragmentado en tantas tribus como seudo dirigentes tiene, sin calidad moral y política para hablar de honestidad, transparencia, unidad y congruencia, ha sido objeto de crítica aún por el propio Flores Aguayo, quien se ha manifestado en todo tiempo opositor a la corriente de “los chuchos” que a nivel nacional administran la franquicia. Postura que le distingue y le honra, pero que no es suficiente para ganar la alcaldía bajo el supuesto de que el perredismo veracruzano por así convenir a sus intereses le postulara. Cuenta más en el ánimo de los xalapeños la pésima imagen del PRD que las virtudes del ahora diputado electo.

En todos lados se cuecen habas, no puede ni debe olvidarse que el PRD en Jalisco favoreció al PRI en contra de López Obrador. La falta de consistencia y lealtad política es un síndrome que arrastra dicho instituto político en todo el país. La capital veracruzana no es la excepción.

Hojas que se lleva el viento

En Veracruz cuando no hay elecciones, hay elecciones. La contienda federal aún no concluye y ya la clase política se prepara para la elección de alcaldes de cuatro años y diputados locales. La grilla y los acomodos ya iniciaron a lo largo y ancho del territorio veracruzano preparándose el terreno para lo que viene en noviembre próximo. Para infortunio de los veracruzanos, el gobierno estatal se involucra activamente a favor del PRI, por lo que es de esperarse que la administración duartista distrayéndose de su función nos siga dando atole con el dedo en lo que resta del año y primeros meses del próximo. Si es que para entonces Duarte de Ochoa sigue siendo el primer priísta de Veracruz.

Si partimos de una nueva correlación de fuerzas en el estado, en la que tanto el PAN como la oposición de las llamadas izquierdas tienen acotado al PRI, el proceso electoral local será de pronóstico reservado, con muy pobres esperanzas para los candidatos del tricolor.

Por cierto, Duarte de Ochoa no confía más en sus correligionarios del tricolor. Sorpresivamente designó a Enrique Ampudia Mello como subsecretario de gobierno. Panista muy cercano a Miguel Ángel Yunes Linares, enemigo jurado de Fidel Herrera. El “sospechosismo” no espera, con esta designación se confirma que el gobernador veracruzano pactó en lo oscurito con Calderón Hinojosa para allanarle el camino a Josefina, se dice. ¿A cambio de qué? ¿Deslindarse del tío Fide?

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